Boletín de la Organización Mundial de la Salud

Plan de acción mundial para la prevención y el control de la neumonía

Brian Greenwood

Una consecuencia inesperada del actual interés por controlar el VIH/SIDA, la tuberculosis y la malaria ha sido un relativo descuido de otras enfermedades infecciosas, como la neumonía y la diarrea, que siguen matando a muchos niños en el mundo en desarrollo.

[1]¿Por qué se ha desdeñado de esta manera el control de la neumonía entre los niños pequeños? Entre las razones sugeridas cabe citar la naturaleza del grupo objetivo (niños de comunidades desfavorecidas), la etiología múltiple de la neumonía, la falta de acuerdo entre los expertos sobre las estrategias de intervención más apropiadas y la incorporación del manejo de casos de neumonía a la estrategia de Atención Integrada a las Enfermedades Prevalentes de la Infancia (AIEPI), que ha reducido la notoriedad de la enfermedad.

A lo largo de los últimos años se ha intentado en varias ocasiones resaltar la importancia de la neumonía en la niñez como prioridad de salud pública [2], pero es mucho lo que queda por hacer. Un paso adelante en ese sentido ha sido el reciente establecimiento del Plan de Acción Mundial para la Prevención y el Control de la Neumonía (GAPP), que hasta la fecha se ha concretado en dos reuniones formales (marzo de 2007 y febrero de 2008), varios debates informales y un proyecto de plan de acción. Este número del Boletín contiene varios artículos encargados por el GAPP, junto con otros trabajos de interés.

La iniciativa GAPP está contribuyendo a justificar el control de la neumonía en la niñez como emergencia de salud pública; sin embargo, para que se dedique a la neumonía infantil la atención que merece, quienes orientan y financian la salud internacional habrán de emprender una campaña potenciada y sostenida de alto nivel. Si hay que articular un programa de promoción eficaz, se requerirá una definición clara del problema, la identificación de las intervenciones eficaces para solucionarlo, un plan para aplicar esas intervenciones, y una evaluación de sus costos y beneficios económicos más probables. Hasta hace poco no se disponía de suficiente información para emprender una campaña de esa naturaleza contra la neumonía en la niñez, pero recientemente se han registrado avances importantes en ese sentido, como demuestran los artículos publicados en este número del Boletín.

Según muestran Rudan y cols.,[3] disponemos hoy día de estimaciones razonablemente precisas sobre el número anual de episodios de neumonía entre los menores de cinco años (aproximadamente 150 millones de niños), así como del número anual de defunciones por neumonía (aproximadamente 2 millones), y se han identificado dos grupos de intervenciones eficaces, a saber, la vacunación y el manejo de casos. Últimamente se han hecho grandes progresos en lo que respecta a ampliar la cobertura de vacunación antisarampionosa,[4] y Madhi y cols.[5] informan de que se ha logrado acumular una sólida evidencia en apoyo de la introducción generalizada de vacunas conjugadas contra Haemophilus influenzae tipo b y contra el neumococo en los países en desarrollo. Se trata de vacunas seguras, pues DeStefano y cols.[6] señalan que el único efecto secundario importante que puede aparecer asociado a las vacunas antineumocócicas conjugadas es un aumento de la incidencia de enfermedad reactiva de las vías respiratorias poco después de la vacunación. Otras medidas potencialmente eficaces para prevenir la neumonía en los niños de corta edad son la promoción de la lactancia natural exclusiva durante los primeros meses de vida, la administración de suplementos de zinc (Roth y cols.)[7]y la reducción de la contaminación del aire en espacios interiores (Dherani y cols.)[8] No obstante, es necesario emprender nuevas investigaciones para determinar cómo podrían llevarse a cabo esas dos últimas intervenciones con la máxima eficacia antes de poder recomendar su expansión a nivel nacional.

Probablemente ninguna de esas medidas preventivas evitará por completo la neumonía en la niñez, de modo que sigue haciendo falta una estrategia eficaz de manejo de casos. El tratamiento con antibióticos en la comunidad reduce la mortalidad y la morbilidad por neumonía,[9] pero, según informan Marsh y cols.,[10] esa estrategia no ha llegado a aplicarse de forma generalizada debido a la preocupación que suscita el uso de antibióticos por personal no formado al efecto. Sin embargo, si se quiere garantizar que todos los niños con neumonía grave puedan acceder rápidamente al tratamiento necesario con un antibiótico eficaz, el tratamiento en el seno de la comunidad a cargo de trabajadores con una formación limitada se impone como ineludible en muchas situaciones en los países en desarrollo (Källander y cols.)[11] y es fundamental para garantizar la equidad en el acceso al tratamiento (Mulholland y cols.)[12]Los programas de manejo comunitario se pueden expandir eficazmente, como demuestran Dawson y cols.[13] en el caso de Nepal. Los agentes de salud comunitarios son probablemente la alternativa más eficaz en las zonas rurales con poblaciones dispersas. En muchas zonas urbanas del mundo en desarrollo la neumonía es tratada con frecuencia fuera del sector formal de la salud por profesionales que tienen distintos niveles de formación. Se podría hacer un mayor esfuerzo para mejorar la calidad de la atención que prestan, por ejemplo capacitando a quienes tienen consultas y concediéndoles franquicias. La atención dispensada a los niños con neumonía en los centros de salud también debe ser objeto de mejoras (Graham y cols.),[14] y exige medios para suministrar oxigeno (Enarson y cols.).[15]

Habrá que emplear argumentos contundentes y competitivos si se desea persuadir a los grandes donantes internacionales para que inviertan en la lucha contra la neumonía en la niñez a nivel nacional y mundial. Ello constituye hoy una prioridad urgente y exigirá mucho trabajo y entrega por parte de un equipo de expertos cualificados que necesitarán apoyo financiero. Los artículos presentados en este número del Boletín constituyen un buen punto de partida para iniciar ese proceso.


Referencias

Contacto

Brian Greenwood: Departamento de Enfermedades Infecciosas y Tropicales, Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, Keppel Street, Londres WC1E 7HT, Inglaterra.

Compartir