VIH: un descubrimiento importante que ya permite soñar con la posibilidad de curación
Entrevista de Françoise Barré-Sinoussi, premio Nobel de medicina 2008
Françoise Barré-Sinoussi, viróloga francesa, es jefa de la Unidad de control de las infecciones retrovirales del Instituto Pasteur de París. Se incorporó al Instituto a principios del decenio de 1970 y durante los años ochenta llevó a cabo algunos de los trabajos fundamentales de identificación del VIH como causa del SIDA, un descubrimiento por el cual se le ha concedido el premio Nobel de medicina en octubre de 2008, junto con su colega Luc Montagnier.
Gran parte de su trabajo más reciente ha consistido en entablar colaboraciones entre expertos franceses y agentes de salud y personas que viven con el VIH en países de bajos ingresos del África subsahariana y Asia sudoriental.
Françoise Barré-Sinoussi habló para el Boletín acerca de sus investigaciones sobre el VIH y su esperanza de avanzar en los conocimientos y el tratamiento.
P: ¿Cuál fue la secuencia de acontecimientos que condujeron al descubrimiento del VIH a principios de los años ochenta? ¿Cuál era la atmósfera en su equipo cuando usted se dio cuenta que había identificado un virus nuevo?
R: El descubrimiento no se hizo en un momento determinado sino que fue un proceso gradual en el que se trabajó en estrecha colaboración con nuestros colegas clínicos, desde la cabecera [de los pacientes] hasta el laboratorio y de nuevo a la cabecera. En junio de 1981 comenzaron a aparecer informes en los Estados Unidos de América de casos de neumonía por Pneumocystis carinii entre hombres anteriormente sanos en Los Ángeles, y más tarde en otras ciudades. En enero de 1983, Willy Rozenbaum, un clínico que sabía que estábamos trabajando sobre los retrovirus, nos trasladó el caso de un paciente que había entrado en una etapa de inmunodeficiencia y había aceptado que se realizara una biopsia de sus ganglios linfáticos.
Pensamos que podía ser un tipo de HTLV (virus linfotrópico-T humano, el primer retrovirus humano, que se identificó en 1977), de modo que tuvimos que hacer un cultivo del virus y ver si tenía alguna relación con el HTLV. Verificamos el cultivo cada tres o cuatro días y conseguimos mantener vivas las células infectadas durante tres semanas añadiendo linfocitos de donantes. La estrategia resultó provechosa. Si hubiéramos dejado el cultivo durante meses, todas las células habrían muerto.
En mayo de 1983 pudimos informar en Science que habíamos aislado un virus nuevo, que probablemente causaba la enfermedad conocida como SIDA. Esto quedó comprobado unos meses después. Recuerdo que llamé por teléfono a un amigo en los Estados Unidos para decirle que pensaba que estábamos frente a un nuevo descubrimiento. Me dijo bromeando que tendría que tirar todo a la basura teniendo en cuenta lo que íbamos a desencadenar.
P: Según el ONUSIDA, en 2007 había 33 millones de personas viviendo con el VIH, 2,7 millones de personas recientemente infectadas por el virus, y dos millones de defunciones en el mundo entero. ¿Qué problemas subsisten en la lucha contra el VIH/SIDA 25 años después de su descubrimiento?
R: Se han hecho muchos progresos para ofrecer acceso al tratamiento, pero aún queda mucho por hacer en esta esfera. Es una meta de las Naciones Unidas que para 2010 cada persona que vive con el VIH tenga acceso al tratamiento antirretrovírico. Hoy, sólo el 30% de las personas que lo necesitan tienen acceso a él en los países de bajos y medianos ingresos. Si bien el acceso universal será muy difícil de conseguir, tenemos que defender esta meta para que los gobiernos sigan trabajando por su consecución. El cuidado de las personas que viven con el VIH es un compromiso de toda la vida que implica ocuparse del tratamiento de crónicas, la farmacorresistencia y, naturalmente, la prevención.
Hemos tenido un éxito parcial en la prevención de la transmisión, particularmente de la madre al niño, pero son muchas todavía las mujeres que no tienen acceso a estos programas. Se está trabajando en el desarrollo de una vacuna y de microbicidas, así como en la profilaxis previa y posterior a la exposición. Si bien hay limitaciones económicas, el sueño es encontrar una cura para la infección por el VIH.
P: ¿Por qué es tan difícil obtener una vacuna contra el VIH?
R: La variabilidad genética del VIH es un obstáculo; otro es la forma en que el virus se almacena en «reservorios» como los ganglios linfáticos de la región intestinal. La erradicación no será fácil dado que el virus se mantiene en estos «reservorios» y no se ve afectado por la respuesta inmunitaria, incluso después de diez años de tratamiento antirretrovírico. Cuando el tratamiento se interrumpe, el virus se reactiva y el paciente experimenta una recurrencia de la enfermedad. Hoy hay pruebas de que la respuesta inmunitaria al VIH se produce mucho más temprano de lo que se pensaba anteriormente.
Es posible que todo quede determinado en las horas que siguen a la infección. El diagnóstico y el tratamiento tempranos son muy importantes; puede que ahora estemos tratando a la gente demasiado tarde. Si podemos comprender mejor de qué manera evoluciona la infección en el huésped, entonces podremos trabajar en la obtención de vacunas terapéuticas. La vacuna debe tener por finalidad bloquear la transmisión de una célula a otra, pero aún no sabemos cómo hacerlo. Si podemos avanzar en el desarrollo de estrategias vacunales contra el VIH, estoy convencida de que progresaremos también en la producción de vacunas contra otras enfermedades.
P: Las personas que trabajan sobre otros problemas sanitarios a veces consideran que se asignan cantidades de dinero desproporcionadas al VIH/SIDA
R: Me sorprende mucho que haya un conflicto entre quienes trabajan, por ejemplo, en investigaciones sobre la gripe aviar o el paludismo, y se diga que se dedican demasiados fondos al VIH y no los suficientes a otras enfermedades. Es un error y una concepción equivocada oponer la lucha contra el VIH a la preocupación por otros problemas sanitarios. Trabajar juntos es la mejor respuesta a los problemas mundiales de salud en general. He visto el impacto que los programas de atención, prevención y tratamiento del VIH tienen en el fortalecimiento de los sistemas de salud. Me pregunto si no podríamos haber evitado la situación actual de multifarmacorresistencia de los pacientes tuberculosos si las comunidades que trabajan sobre el VIH y la tuberculosis hubieran colaborado más estrechamente desde el principio.
Mi mensaje a la comunidad sanitaria mundial es que debemos proseguir los esfuerzos que hemos iniciado, con un firme compromiso por parte de los gobiernos de los países industrializados. La transmisión de este virus se puede prevenir con facilidad y la promoción de prácticas como el uso de preservativos es fundamental. También tenemos que fomentar la realización de pruebas que allanan el camino para el diagnóstico y el tratamiento tempranos
P: ¿Puede dar un ejemplo de algún lugar donde ya se esté actuando así?
R: En Camboya ha habido un mejoramiento general del sistema de salud a raíz del trabajo concreto sobre el VIH. En 1995, el sistema sanitario del país prácticamente no funcionaba. En 2008, el país contaba con 50 centros para pacientes con infecciones oportunistas y tratamiento antirretrovírico, 26 centros de atención pediátrica del VIH y cuatro centros para la vigilancia del recuento de células CD4+.
Con el apoyo del Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria, hay ahora 30 000 pacientes inscritos en los programas TARGA (terapia antirretroviral de gran actividad). Esperamos que todos los que allí necesitan tratamiento puedan recibirlo de aquí a 2010. El efecto no es sólo el mejoramiento de la salud de las personas con VIH sino también de aquellas que padecen otras enfermedades, como la tuberculosis.
P: ¿Qué proyecciones puede hacer con respecto a un niño nacido hoy con el VIH?
R: Como investigadora, no puedo ser absolutamente optimista. Pero si podemos tratar tempranamente a las personas, también podemos darles esperanza. Prolongar la vida podría dar tiempo para elaborar nuevas estrategias para el futuro. No estoy segura de que tengamos éxito en erradicar la enfermedad, pero estoy convencida de que podremos tratar a todos los portadores del VIH de modo que ya no tengan concentraciones detectables del virus y no puedan transmitirlo a otras personas.
P: ¿Cómo se siente tras haber ganado el Premio Nobel?
R: Siento una enorme responsabilidad. Espero poder transmitir un firme mensaje a las autoridades, a las organizaciones políticas y a los jóvenes en el sentido de que es tiempo de dar incentivos a los jóvenes investigadores para que trabajen sobre el VIH. Necesitamos imperiosamente un nuevo espíritu si queremos desarrollar estrategias novedosas y creativas para obtener una vacuna.
Tenemos que alentar a los científicos de otros campos, como la inmunología, e incluso la nanotecnología. Por mi parte, quiero volver al laboratorio. En un momento de mi vida me preguntaba si había hecho una buena elección al concentrarme en este virus en particular. Pero me alcanza con ir a África o a Asia sudoriental y relacionarme con personas que viven con el VIH. La motivación se hace potente cuando siento que puedo realmente ayudar a las personas afectadas.■