Boletín de la Organización Mundial de la Salud

Enfermedad de Chagas: 100 años después

En abril de este año se cumplió el centenario del descubrimiento de una nueva enfermedad por Carlos Chagas. Sin embargo, la mayoría de los afectados todavía carecen de acceso a su diagnóstico y tratamiento. Informa Claudia Jurberg.

Se llama Maria Luiza Alves Ferreira y nació en 1949 en una explotación ganadera de Minas Gerais, al sureste del Brasil. De sus nueve hermanos sólo han quedado tres. «La enfermedad de Chagas me ha matado a seis hermanos», dice. «Murieron todos en poco tiempo.» La causa de su muerte fue un parásito transmitido por un insecto hematófago de la familia de los redúvidos. Cuarenta años antes de que naciera Maria Luiza, el médico brasileño Carlos Ribeiro Justiniano das Chagas, criado en una granja como ella, había identificado el parásito y la enfermedad que produce.

Chagas destaca en los anales de la medicina tropical por ser el único investigador que ha descrito una nueva enfermedad infecciosa en todos sus aspectos: el patógeno que la causa, el vector que la transmite (un triatomino hematófago), el ciclo vital del parásito y sus reservorios naturales, y la enfermedad en sí misma. En 1908 descubrió el parásito y el año siguiente, al examinar las muestras de sangre de una niña de 2 años, identificó el mismo protozoo flagelado como el patógeno causante de la infección que padecía la niña. Descubrió que el parásito estaba presente en el intestino de un insecto conocido en las Américas con diferentes nombres, tales como "barbero" o "chinche besadora", porque pica a sus víctimas en la cara mientras duermen.

Carlos Ribeiro Justiniano das Chagas
Cortesía del Instituto Oswaldo Cruz
Carlos Ribeiro Justiniano das Chagas

Chagas creyó equivocadamente que la principal vía de transmisión de la infección era la picadura del triatomino. En realidad, la transmisión se produce a través de las heces del insecto, que defeca en la piel de la víctima mientras se alimenta de su sangre. Pero eso no resta importancia a los logros de Chagas. Tras identificar al patógeno como una nueva especie de Trypanosoma, le dio el nombre de Trypanosoma cruzi (abreviado T. cruzi) en honor al gran científico brasileño Oswaldo Cruz, su jefe y mentor. «El descubrimiento causó gran revuelo en la comunidad científica brasileña», dice la historiadora Simone Kropf, de la Fundación Oswaldo Cruz, y señala que la Academia Nacional de Medicina tomó en 1910 la medida sin precedentes de ampliar el número de sus miembros expresamente para acoger a Chagas.

Generalmente la infección se produce cuando las heces del triatomino penetran en la picadura o cuando las personas se frotan los ojos o se rascan y las introducen a través de excoriaciones cutáneas. T. cruzi también puede transmitirse a través de transfusiones de sangre y trasplantes de órganos, de alimentos y bebidas contaminadas, y por vía congénita (de la madre infectada al recién nacido). La fase aguda de la enfermedad dura unos 2 meses y suele ser asintomática. Se le sigue una fase crónica que, en ausencia de tratamiento, dura toda la vida. En un 30% de los casos se produce afectación cardiaca, y en un 5–10% afectación digestiva o mixta (cardiaca y digestiva).

«Aunque la comunidad científica brasileña celebró el descubrimiento de Chagas, también tuvo que reconocer las precarias condiciones sanitarias y de vida de muchos de sus compatriotas residentes en zonas rurales», dice Kropf, quien señala que la enfermedad estaba y sigue estando estrechamente asociada a la pobreza. Según la Organización Panamericana de la Salud, la Oficina Regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para las Américas, la mayoría de los afectados por la enfermedad de Chagas en la actualidad pertenecen a grupos con escasos ingresos que viven en casas de mala construcción. En su estado natural, las chinches que transmiten el parásito viven en palmeras y grietas en las piedras, pero algunas se han adaptado a las viviendas humanas, escondiéndose durante el día en las grietas de las paredes de adobe o ladrillo y adobe, de las que salen por la noche para alimentarse.

Se calcula que en las Américas hay uno 10 millones de personas con enfermedad de Chagas, de los cuales 2 millones en el Brasil. Anualmente mueren más de 10 000. Como la enfermedad de Chagas afecta sobre todo a personas pobres de países en desarrollo, las inversiones en diagnóstico y tratamiento han sido escasas, a pesar de que la enfermedad se ha investigado de forma intensiva. Sin embargo, en los últimos años varios proyectos han afrontado el reto.

El Programa Especial de Investigaciones y Enseñanzas sobre Enfermedades Tropicales, patrocinado por la OMS y otros organismos de las Naciones Unidas, está prestando apoyo a tres proyectos sobre nuevos medicamentos y productos diagnósticos para la enfermedad de Chagas. Uno consiste en un ensayo clínico en colaboración con los Institutos Canadienses de Investigaciones Sanitarias para examinar el papel del tratamiento tripanocida en pacientes con enfermedad de Chagas asintomática en fase crónica.

Se están realizando otras investigaciones, y en particular proyectos en la Argentina, el Brasil, el Canadá, Colombia, Francia y los Estados Unidos de América, algunos de ellos con el apoyo de la Iniciativa Medicamentos para las Enfermedades Desatendidas. También hay un proyecto sobre el genoma de T. cruzi dirigido por el Instituto de Investigación Biomédica de Seattle (EE.UU.) y el Instituto Karolinska (Suecia).

José Rodrigues Coura, investigador del Instituto Oswaldo Cruz en Río de Janeiro, Brasil.
José Rodrigues Coura, investigador del Instituto Oswaldo Cruz en Río de Janeiro, Brasil.

«Es una vergüenza que conozcamos la enfermedad de Chagas hace 100 años y a pesar de ello la mayoría de las personas sigan sin tener acceso a su diagnóstico y tratamiento», dice el Dr. Pedro Albajar Viñas, funcionario técnico del departamento de Enfermedades Tropicales Desatendidas de la OMS en Ginebra. «Pero con el renovado compromiso de los países de las Américas, Europa y el Pacífico Occidental, esperamos que esto cambie.»

Los países más afectados por la enfermedad están colaborando entre sí para controlar la enfermedad de Chagas por otras vías, y en particular mediante iniciativas intergubernamentales. Una de ellas es la Iniciativa del Cono Sur, lanzada en 1991, que reúne a los ministerios de salud de la Argentina, el Brasil, Chile, el Estado Plurinacional de Bolivia, el Paraguay y el Uruguay. Desde entonces, la Argentina, el Brasil, Chile y el Uruguay han hecho progresos considerables en la reducción de la transmisión de la enfermedad. João Carlos Pinto Dias, investigador del Instituto René Rachou de la ciudad brasileña de Minas Gerais, dice que la transmisión vectorial y transfusional de la enfermedad de Chagas ha disminuido espectacularmente en grandes zonas del país. «La incidencia de nuevos casos notificados fue de 100 000 al año en la década de los setenta, mientras que en la actualidad se producen 100 a 150 casos anuales, la mayoría de ellos por transmisión oral en la región de la Ama¬zonía», aunque añade que «no podemos olvidar los millones de casos crónicos, que siguen suponiendo un reto.»

Los Estados Miembros de la OMS se comprometieron en una resolución adoptada en la Asamblea Mundial de la Salud de 1998 a detener la transmisión de la enfermedad de Chagas para 2010, objetivo que no se alcanzará. Los obstáculos son grandes. T. cruzi es una diana móvil que no se limita a los triatominos, sino que tiene múltiples reservorios animales. Además, a medida que cambia el hábitat también cambian las oportunidades de colonización del parásito. André Luiz Rodrigues Roque, investigador que con sus colegas ha instalado laboratorios móviles en los estados brasileños de Santa Catarina, Tocantins, Pará y Ceará, pasa gran parte del tiempo investigando brotes sobre el terreno, y ha observado que la deforestación y la reducción de la diversidad de la fauna pueden hacer que aparezcan animales con gran carga de T. cruzi en su sangre. «La región de la Amazonía es un mosaico», dice Roque. «Esto significa que no podemos tomar solamente una medida para luchar contra la enfermedad, puesto que hay diferentes hábitats y diferentes perfiles epidemiológicos.”

En los últimos años, la rapidez de los viajes en avión y las migraciones han llevado a la exportación de casos de enfermedad de Chagas fuera de América Latina, a países como Alemania, Australia, el Canadá, España, Francia, Italia, el Japón o los EE.UU.

El investigador André Luiz Rodrigues Roque (al frente y la derecha) y sus colegas trabajan en un laboratorio móvil que investiga brotes de la enfermedad de Chagas.
José Pantoja
El investigador André Luiz Rodrigues Roque (al frente y la derecha) y sus colegas trabajan en un laboratorio móvil que investiga brotes de la enfermedad de Chagas.

Para José Rodrigues Coura, investigador del Instituto Oswaldo Cruz en Río de Janeiro, para hacer frente a la enfermedad de Chagas hace falta una “vigilancia constante”, un ataque implacable en todos los frentes que incluya el control del vector, en la medida de lo posible; la mejora de las viviendas; la prestación de cuidados médicos integrales y accesibles; programas de cribado de la sangre, y tratamiento de las personas ya infectadas. «Se trata de una enfermedad que existe hace miles de años y persistirá otros mil», dice Coura. Aunque no se puede pensar en erradicarla, cabe la esperanza de detener su transmisión.

Después de todo, en los últimos 40 años se han hecho progresos importantes y hay algunas innovaciones diagnósticas y terapéuticas prometedoras. El Dr. Albajar Viñas, de la OMS aguarda con interés el año 2010, cuando está previsto que los países renueven su compromiso con el control de la enfermedad de Chagas en una resolución que será adoptada por la Asamblea Mundial de la Salud. La resolución, inicialmente prevista para la Asamblea de este año, se aplazó al año próximo. «Disponemos de mejores conocimientos para tratar la enfermedad de Chagas. Sabemos que utilizando los instrumentos actuales podemos controlarla en la mayor parte de las zonas del mundo», dice. «Necesitamos ese compromiso para aumentar al máximo la utilización de los instrumentos de los que ya disponemos.»■

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