Boletín de la Organización Mundial de la Salud

Europa exige pruebas de las declaraciones de propiedades saludables

En los últimos veinte años, los fabricantes de alimentos han engrosado sus ingresos vendiendo «alimentos funcionales» que afirman tener propiedades saludables. Ahora, los reguladores de Europa les están pidiendo que aporten pruebas científicas para apoyar semejantes declaraciones. Informe de Mireia Bes.

El surgimiento de los así llamados alimentos funcionales (productos que se han modificado para promover una mejor salud de un modo u otro) ha logrado maravillas en el aumento de los ingresos de las empresas alimentarias en los últimos veinte años. Un ejemplo destacado son los productos lácteos denominados probióticos. A comienzos de los años noventa, la aparición de Yakult, una bebida a base de yogur enriquecida con bacterias y elaborada por una firma japonesa del mismo nombre, disparó la venta de estos productos. Lo mismo puede decirse de Activia, un producto probiótico fabricado por el grupo industrial francés Danone.

Al lanzar estos productos, las empresas se estaban adelantando a las tendencias de consumo. Como dice Sue Davies, asesora principal en materia de políticas de Which?, una organización de consumidores sin afán de lucro que tiene su sede en el Reino Unido: «La gente acogió los productos que ofrecían propiedades saludables porque existe una tendencia natural a optar por la solución fácil en vez de reducir el consumo de grasas saturadas, azúcar o sal, o de comer más frutas y verduras».

OMS/Mireia Bes
Muchos anuncios de productos alimentarios promocionan el valor de los suplementos.

Hoy en día, no se puede caminar por los pasillos de un supermercado de cualquier país desarrollado sin toparse con anuncios que promocionan los beneficios de suplementos alimentarios como el ácido docosahexanoico (omega-3), los licopenos o los antioxidantes. Incluso las bebidas gaseosas ricas en azúcar proclaman su «contenido de electrólitos» y se autodenominan «bebidas para deportistas». Pero detengámonos a reflexionar: ¿el agua azucarada se vuelve saludable por el solo hecho de agregarle vitaminas? ¿ocurre algo parecido si al yogur se le agregan más bacterias?

Estas mismas preguntas se planteó en 2004 la revista Drug and Therapeutics Bulletin, y la conclusión a la que llegó fue que las pruebas científicas de que los productos probióticos mejoraban la flora intestinal eran «fragmentarias» y que la afirmación más general en el sentido de que tales productos aumentaban el bienestar de los consumidores y los ayudaban a combatir las alergias «no era fidedigna». Beber grandes cantidades de Activia no supuso mayor diferencia para una persona sana, según se comprobó; aunque tampoco le produjo efectos nocivos. Cosa que, desde luego, no significa que otros productos que proclaman poseer propiedades saludables no puedan causar daño.

«Agregarle vitaminas a un dulce no lo hace más saludable», dice el doctor Francesco Branca, director del departamento de Nutrición para la Salud y el Desarrollo de la OMS, y comenta que si la adición de vitaminas alienta a las personas a consumir dulces en exceso, se puede afirmar que ello es dañino.

Precisamente, el hecho de que tales productos pudieran estar engañando a los consumidores para que estos hagan elecciones malsanas constituye el meollo del reglamento de la Comisión Europea número 1924/2006 relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos, que entró en vigor en julio de 2007 y apenas está empezando a producir resultados. En palabras de la señora Davies: «Antes de 2007 no había en la Unión Europea un control suficiente para velar por que las afirmaciones de propiedades saludables fomentasen en efecto opciones más sanas en vez de socavar algunos de los consejos sobre alimentación sana impartidos por nutricionistas independientes y las autoridades públicas».

La legislación está basada en la idea de que las declaraciones que se hagan con relación a las propiedades saludables tienen que estar respaldadas por datos científicos. El organismo que decide si tales afirmaciones están en efecto respaldadas por datos fidedignos es la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (AESA), que brinda asesoramiento científico a la Comisión Europea. En julio de 2008, la Comisión le pidió a esta dependencia que preparase un dictamen científico sobre las afirmaciones de propiedades saludables que fuesen permisibles en la Unión Europea, y para ello le facilitó una lista preliminar de 4185 afirmaciones de este tipo, seleccionadas de las 44 000 que habían presentado los Estados Miembros. Hasta la fecha, la AESA ha pedido aclaraciones acerca de más de la mitad de los elementos de la lista y, como dice el doctor Branca, «se está ahogando en papeles».

El problema deriva en parte del carácter poco claro de los textos que está intentando evaluar. Comenta el doctor Branca: «En algunos casos la información que se tiene es incompleta porque los efectos potenciales se han observado en circunstancias experimentales. Pero puede haber variaciones en la dosis, el compuesto y las circunstancias de la absorción. Va a ser difícil evaluar las complejas interacciones que se producen con la alimentación en la realidad». La AESA ha anunciado que en julio aprobó la primera tanda de dictámenes sobre las declaraciones de propiedades saludables atinentes al artículo 13, y que en septiembre del año en curso dará a conocer el dictamen acerca de otras 1024 declaraciones de este tipo. Entre tanto, se cierne sobre este organismo la inminencia del plazo, fijado para el 31 de enero de 2010.

OMS/Gloria Jaconelli
Los cereales para el desayuno suelen afirmar que los suplementos alimentarios son saludables para el consumidor.

La Comisión Europea y los Estados Miembros de la Unión Europea están preparando los perfiles de nutrientes, es decir, los requisitos nutricionales que los productos alimentarios deben cumplir para poder hacer afirmaciones veraces en cuanto a sus propiedades saludables. La finalidad del sistema es evitar que los consumidores sean engañados con respecto al valor nutricional global de los productos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) también está trabajando en esta esfera y espera elaborar un patrón internacional de los perfiles de nutrientes que pueda ser aplicado por muchos países: «Actualmente, hay sistemas diferentes en los distintos países; por ejemplo, uno en Francia, otro en Nueva Zelanda, un par de ellos en los Estados Unidos de América y dos en el Reino Unido», informa el doctor Branca.

Susanne Döring, directora de información para los consumidores relativa a la alimentación y la salud, de la Confederación de Industrias de la Alimentación y las Bebidas de la Unión Europea (CIAA por la sigla en inglés), cree que la incertidumbre acerca de los perfiles de nutrientes de la Comisión Europea y la lista de afirmaciones genéricas que los productos alimentarios pueden hacer, que están preparando la Comisión y los Estados Miembros de la Unión Europea, «obstaculizará las innovaciones» y ocasionará que haya menos productos en el mercado y que los consumidores tengan menos opciones. El reglamento ha colocado a las empresas alimentarias en una especie de limbo, pues no pueden diseñar nuevos productos hasta saber qué tipo de declaraciones de propiedades saludables están permitidas. Lo que es más, agrega la señora Döring, el reglamento viene a colocar a las empresas pequeñas y medianas en una situación de desventaja competitiva porque estas, a diferencia de las grandes multinacionales que tienen mucho dinero, no pueden permitirse el lujo de llevar a cabo las investigaciones necesarias para diseñar un producto alimentario que pueda hacer afirmaciones específicas y no genéricas, pues para ello hace falta reunir un expediente científico completo.

La señora Döring argumenta que el reglamento es demasiado estricto, lo cual tiene repercusiones para la industria y los consumidores: «También es un problema para el consumidor, pues si no puede leer la información impresa en el envase del producto, no se entera de lo que es este».

Algunas empresas podrían optar por retirarse del proceso al darse cuenta de que sus productos no cumplirán los requisitos de la AESA relativos a las afirmaciones sobre propiedades saludables, bien sea genéricas o específicas.

Otras empresas tienen previsto volver a presentar los datos cuando esté claro lo que exige la AESA. Por ejemplo, en abril de 2009 Danone retiró las solicitudes de aprobación de las declaraciones de propiedades saludables bajo las que se amparan sus productos probióticos Actimel y Activia. La AESA aún no ha dado a conocer su dictamen sobre las principales marcas probióticas específicas y, si bien ha publicado comentarios generales, por lo menos en cinco ocasiones ha rechazado las declaraciones sobre propiedades saludables relacionadas con estos productos.

Las declaraciones sobre propiedades saludables que proclama Activia están respaldadas por estudios científicos, cuyos resúmenes pueden encontrarse en los sitios web de este producto, afirma Michael J. Neuwirth, director principal de relaciones públicas de Danone en los Estados Unidos de América. «Activia y DanActive no solo cuentan con un fundamento científico sino que también están avalados por la gran satisfacción de los millones de consumidores que los toman regularmente».

Danone no es la única empresa que tiene motivos para preocuparse. En julio pasado, la AESA causó considerable revuelo al anunciar que sus científicos habían rechazado 54 de las 70 declaraciones que habían examinado. Representantes de la industria declararon que la AESA estaba siendo extremadamente estricta, pero la Comisión Europea no ha cejado en su propósito. Según un funcionario encargado de las políticas de la Comisión que se ocupa de las declaraciones, «la AESA ha sido blanco de las críticas de una parte de la industria con respecto al grado de comprobación científica que exige para emitir un dictamen favorable. Pero ningún Estado Miembro ha manifestado insatisfacción por la manera como la agencia procede en la valoración científica de las solicitudes».

En los Estados Unidos también se están imponiendo reglamentos relativos a las declaraciones de propiedades saludables. En mayo del año en curso, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) ordenó a la poderosa empresa General Mills que retirara unas declaraciones específicas atribuidas al cereal para el desayuno Cheerios, pues éste se había «promovido para tratar trastornos, lo que lo equipararía a un medicamento». La empresa había declarado que este producto podía reducir 4% la colesterolemia en seis semanas. Bruce Silverglade, director de asuntos jurídicos del Center for Science in the Public Interest (CSPI), con sede en Washington, D.C., vio con buenos ojos la medida. «Espero que represente un nuevo compromiso de la FDA para hacer cumplir la ley».

Mientras que por un lado los representantes de la industria afirman que el reglamento relativo a las declaraciones sobre propiedades saludables es muy estricto, los grupos de consumidores manifiestan que no es suficiente. Por ejemplo, la señora Davies dice que si bien al principio la AESA emitió un dictamen inicial acerca de los perfiles de nutrientes, en la actualidad estos son elaborados por la Comisión y los Estados Miembros. «A las organizaciones de consumidores les preocupa que la redacción más reciente es muy débil, pues permite, por ejemplo, que alimentos como los donuts puedan hacer este tipo de declaraciones ». ■