Boletín de la Organización Mundial de la Salud

Un aprendizaje que puede salvar vidas en torno a unas copas

En Uganda, lo que comenzó como una reunión de científicos se ha convertido en un evento social que está cambiando el comportamiento de la población de las comunidades rurales pobres en materia de salud. Informa Sarah Cumberland.

Cuando Sam [nombre ficticio] se enteró de que su mujer, entonces embarazada, era VIH-positiva, la abandonó creyendo que era inevitable que el niño naciera infectado por el virus. Desconocía las medidas existentes para reducir el riesgo de transmisión maternoinfantil del VIH. «De haberlo sabido antes no me hubiera divorciado de mi mujer», dice con remordimiento.

Los mitos y la desinformación abundan en las comunidades rurales, donde hombres como Sam prácticamente no tienen acceso a información sobre la salud. «Cuando se celebran reuniones especiales para informar a la gente sobre temas de salud los hombres no acuden porque creen que la salud es algo de lo que solo se deben ocupar las mujeres», dice Christine Munduru de la Iniciativa Sociedad Abierta para África Oriental (OSIEA). «Hay una enorme necesidad de información sanitaria en las comunidades con escasa alfabetización, porque muchos no tienen acceso a los medios de información. Los profesionales sanitarios ya tienen una carga de trabajo tan grande que en los centros sanitarios raramente se realiza una labor de educación sanitaria. E incluso cuando se realiza, solo abarca a quienes está enfermos y buscan atención.»

Kisubi Photo Studios Entebbe

Una iniciativa de base está cambiando la forma como las comunidades pobres de Uganda adquieren información sobre la salud. En 2007, Patrice Mawa Akusa, un investigador del Instituto de Investigación Virológica de Uganda, creó en un bar de Entebbe (Uganda) un «café científico», es decir, un lugar de encuentro informal de la comunidad científica y de amigos interesados por la ciencia. La idea de Akusa surgió de su experiencia personal en el instituto de investigación con miembros de la comunidad curiosos que querían saber qué les puede ofrecer la ciencia, y del éxito del concepto del Café Scientifique creado en 1998 por Duncan Dallas en Leeds (Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte). El objetivo es sacar a la ciencia del entorno académico y hacerla accesible mediante la celebración en locales públicos de reuniones gratuitas sobre temas que susciten debates interesantes entre los científicos y el público. Desde entonces el concepto se ha difundido y asentado por todo el mundo. Hay más de 300 «cafés» en 40 países, tales como la República Islámica del Irán, Japón, Polonia o Turquía, con nombres como «Ciencia en el pub» en Australia o «Té y por qué» en la India.

El problema en Uganda era que los «cafés científicos» se hacían en inglés, excluyendo así a la mayoría que no habla ese idioma, en general pobres que no pueden pagarse una cerveza en un bar. Esta gente oyó hablar de esas reuniones y pidió que se celebraran en las lenguas locales (Lugbara, Kiswahili, Luganda e Itesot) en las tertulias locales en torno a la malwa (cerveza de mijo).

«Los hombres pasan su tiempo de ocio bebiendo la cerveza local. Es así, ante una copa, como siempre se han tomado las decisiones en las comunidades tradicionales africanas», dice Munduru.

La primera charla en un idioma local abordó la cuestión de «Cómo vivir más tiempo con el VIH». Este evento fue el fermento para que muchos participantes manifestaran públicamente su seropositividad y hablaran más abiertamente del tema. Deseosas de recibir más información, las comunidades locales pidieron más charlas sobre el VIH y que se ofrecieran pruebas de detección y servicios de asesoramiento en una de las reuniones. «Fue increíble», dice Munduru. «Nadie quiso perdérselo. Se realizaron pruebas a 70 personas, y a las que dieron positivo se les ofreció tratamiento.”

Aunque esta malwa está a solo 300 metros de un hospital que realiza pruebas de detección del VIH de forma gratuita, la gente ha sido reacia a utilizar esos servicios. «Yo creía que los estuches de las pruebas del VIH eran del tamaño de un ordenador», dijo uno de los participantes, lo cual revela el grado de ignorancia existente.

Uno de los principales problemas de la educación sanitaria en Uganda es la falta de participación de los hombres. «Las mujeres reciben una buena información en los centros de salud, pero no pueden ponerla en práctica si los hombres no se implican también», dice Munduru. «Muchas mujeres se van a casa. Se callan los resultados de sus pruebas y siguen dando de mamar a sus hijos por temor a que las echen de casa. Lograr la participación del hombre es realmente importante porque es él quien toma las decisiones en África.»

Kisubi Photo Studios Entebbe

Las reuniones de los «cafés científicos» en lenguas locales se han convertido en importantes eventos comunitarios que están cambiando el comportamiento en materia de salud. Por ejemplo, tras una charla sobre los riesgos del paludismo en el embarazo, los hombres comprendieron la importancia de ceder los mosquiteros a sus mujeres, en vez de utilizarlos ellos.

«Dejamos que sea la comunidad quien elija los temas», dice Munduru, «aunque damos orientaciones para que haya un equilibrio. Les damos información y después dejamos que tomen sus propias decisiones. La salud es el tema que más afecta a la vida de la gente aquí, y eso es lo que más demandan.»

Otros temas de debate han sido el agua y el saneamiento, el cambio climático, los derechos humanos o la violencia doméstica. «Se trata de temas que son importantes para las comunidades rurales de África», dice Munduru, quien añade, «Dondequiera que se introduzca un «café» en una lengua local, tiene una rápida aceptación y publicidad.» La demanda se ha extendido a las comunidades religiosas, que piden a sus sacerdotes que reduzcan el tiempo dedicado al sermón y hablen de temas como los primeros socorros en casa.

Los «cafés» también han sido útiles para ligar los prestadores de atención sanitaria al pueblo. «A veces es frustrante que, después de haberse creado la demanda, los servicios de salud no siempre estén disponibles», dice Munduru.

Aunque el Ministerio de Salud no se ha involucrado en esta iniciativa, se reconoce que los «cafés» son un importante complemento del sistema de salud. «Es muy importante que estas charlas se hagan en idiomas locales, porque se aumenta la asistencia. Se trata de un programa muy bueno, pero todavía nos queda mucho por hacer, sobre todo con las comunidades rurales y los grupos de menor nivel social», dice el Dr. Jacinto Amandua, miembro de la Comisión de Servicios Clínicos del Ministerio de Salud:

Hasta hace poco, los «cafés» en idiomas locales se realizaban con lo que Munduru llama «espíritu de voluntariado» y algunas donaciones del Café Scientifique de Leeds. Una subvención reciente de Wellcome Trust International Engagement Award ayudará a extender el proyecto a otras comunidades y pueblos de las zonas de Entebbe y Kampala.

Duncan Dallas, director del Café Scientifique en el Reino Unido, destaca la necesidad de que estos «cafés» se mantengan a sí mismos. «Estén en Inglaterra o en África, uno de los problemas de los 'cafés' con escasos ingresos es mantener la independencia», dice. «No son instituciones de beneficencia, sino una forma de estimular a las comunidades locales para que adquieran conocimientos sobre la ciencia, la tecnología y la medicina.»

Está seguro de que la utilización de los idiomas locales iniciada en Uganda abre grandes posibilidades de crecimiento y puede servir como modelo a otros países africanos. «Estamos ante un ejemplo ilusionante de cómo los «cafés» pueden contribuir a conectar las ciencias médicas con las culturas locales», dice Dallas. «La mayoría de los «cafés» de Inglaterra están destinados a la clase media, y para mí es una lección que pudieran llegar al nivel de base que han alcanzado en África.»

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