Boletín de la Organización Mundial de la Salud

Resistencia a los antimicrobianos: el drama del abuso

Cuando las bacterias que producen la enzima NDM1 causaron infecciones graves en la India, el Pakistán y el Reino Unido a comienzos de este año, los medios de comunicación culparon de la propagación del llamado «supermicrobio» al turismo médico. Pero en esta entrevista el doctor John Conly argumenta que el abuso constante de los antibióticos que da origen a la resistencia los antimicrobianos —el tema del Día Mundial de la Salud de 2011— es el problema más importante.

Doctor John Conly
Doctor John Conly

El doctor John Conly es profesor de Medicina, Microbiología y Enfermedades Infecciosas, así como de Anatomía Patológica y Medicina de Laboratorio en el Centro para el Estudio de la Resistencia a los Antimicrobianos de la Universidad de Calgary (Canadá). También es codirector del Instituto Snyder para el Estudio de las Infecciones, la Inmunidad y la Inflamación de la misma casa de estudios, y ex presidente del Comité Canadiense sobre Resistencia a los Antimicrobianos.

¿Qué tiene de especial este nuevo tipo de resistencia vinculada con la enzima NDM1?

La NDM1 es una enzima que confiere resistencia a una de las clases de antibióticos más potentes, los carbapenémicos. Lo que se ha observado en este caso es muy diferente a lo que habíamos visto con anterioridad. Este nuevo tipo de resistencia se ha comprobado en diferentes tipos de bacterias, y al menos una de cada diez cepas que producen NDM1 presenta panresistencia, lo cual quiere decir que no hay de momento ningún antibiótico capaz de tratar las infecciones causadas por estos microorganismos. Un motivo de preocupación es que no se están desarrollando suficientes antimicrobianos nuevos. Además, este tipo de resistencia está determinado por un conjunto de genes que pueden pasar fácilmente de una bacteria a otra. Por si fuera poco, la enzima NDM1 se ha encontrado en Escherichia coli, la causa más común de infecciones de la vejiga urinaria y los riñones en los seres humanos. También preocupa que la colistina, uno de los dos medicamentos que podrían servir para tratar una infección causada por estas cepas multirresistentes, causa efectos tóxicos renales en alrededor de una tercera parte de las personas tratadas.

¿Sería esta una especie de catástrofe final en un mundo sin antibióticos?

Por desgracia, sí, pues las nuevas cepas que contienen NDM1 son multirresistentes y pueden propagarse por todo el mundo. Los médicos se enfrentarán con un terrible dilema cuando una embarazada presente una infección renal y septicemia causadas por una cepa resistente que produzca NDM1 y no haya opciones de tratamiento. En esencia, retrocederemos a la época en que no había antibióticos.

En 2001 la Organización Mundial de la Salud dio a conocer una estrategia mundial para atajar la resistencia a los antimicrobianos, en la que se ponía de relieve el intenso abuso de estos medicamentos como la causa principal del fenómeno. ¿Qué ha sucedido?

En el año 2000, en el informe sobre las enfermedades infecciosas de la OMS titulado Overcoming antimicrobial resistance, la ex Directora General de la Organización, doctora Gro Harlem Brundtland, calificó el aumento de la resistencia a los antimicrobianos como una crisis mundial. Sin embargo, la publicación posterior de la estrategia mundial y la campaña correspondiente encabezada por la OMS coincidieron con los ataques del 11 de septiembre de 2001. Estos acontecimientos trágicos, así como la gran atención que debió prestarse a la seguridad y el bioterrorismo, eclipsaron el inicio y la ejecución de la campaña y determinaron su fracaso.

¿Qué se puede lograr con el Día Mundial de la Salud de 2011 para atajar la resistencia a los antimicrobianos?

Será una oportunidad sin precedentes para que la OMS dé un paso adelante y reúna a todo el personal que trabaja en esta esfera —uso racional de los medicamentos, redes de vigilancia epidemiológica, laboratorios, el equipo del Día Mundial de la Salud, el de prevención y control de las infecciones y muchos más— a fin de crear un grupo especial que ponga al día el excelente trabajo realizado hace diez años. Además, los Estados Miembros y la OMS podrán centrar la atención en el Reglamento Sanitario Internacional (RSI) con respecto a estas nuevas cepas panresistentes. Estoy convencido de que su propagación constituye una emergencia de salud pública de importancia internacional pues ya ha involucrado a varios países. A principios de septiembre, en los Estados Unidos se habían notificado casos en tres estados, y en el Canadá, en tres provincias. También se han notificado casos en Australia, Bélgica, Japón, Suecia y Viet Nam, de modo que el problema no se circunscribe a la India, Pakistán y el Reino Unido, donde se describió inicialmente. La aplicación del RSI ayudaría a establecer pautas comunes para la vigilancia y el control de las cepas productoras de NDM1.

¿En qué lugares es motivo de preocupación la resistencia a los antimicrobianos?

El fenómeno está sucediendo en todas partes, pero la preocupación principal son los países donde no se reglamenta la prescripción de antibióticos y estos se pueden comprar sin receta médica. Esto sucede en muchos países, en particular algunos que tienen poblaciones enormes como China y la India, donde la venta de antibióticos ha aumentado en consonancia con el crecimiento de una clase media con más poder adquisitivo, y también en muchos países de Asia y América Latina. Pero la utilización de estos medicamentos en los seres humanos es un pálido reflejo de lo que ocurre en el sector agroalimentario —cría de ganado, aves de corral y cerdos, acuicultura y apicultura—, donde estos productos se utilizan para promover el crecimiento. Algunos cálculos indican que la utilización de antibióticos en la cría de animales, incluidos los peces, es como mínimo mil veces mayor, en toneladas, que en la medicina.

¿De qué manera pueden los gobiernos conciliar los intereses económicos de los ganaderos con los intereses sanitarios de la población?

Déjeme poner un ejemplo. Para contrarrestar la pesca excesiva del bacalao en el océano Atlántico, frente a la costa oriental canadiense y estadounidense, los gobiernos de ambos países impusieron una veda indefinida a la captura de este pez en la zona conocida como el Gran Banco de Terranova. Los pescadores se quejaron, pero era necesario tomar esa medida. Por desgracia, las reservas de bacalao todavía no se recuperan y algunos científicos temen que los efectos de la sobreexplotación sean permanentes. La resistencia a los antimicrobianos puede equipararse con esta situación, con el sobrepastoreo de las tierras comunales (el llamado «drama de los bienes comunales») o con la deforestación de la Isla de Pascua, que ocasionó la extinción de sus pobladores. La resistencia a los antimicrobianos es consecuencia del uso excesivo de los antibióticos, que sigue aumentando incesantemente. La solución estriba en lograr el equilibrio ecológico adecuado. Llega el momento en que los gobiernos y las entidades de reglamentación tienen que adoptar decisiones difíciles. La Unión Europea lo ha hecho al prohibir el empleo de antibióticos para promover el crecimiento del ganado. Es cuestión de tener la voluntad política y de hacerlo con tiempo y aplicando un plan bien elaborado.

¿Qué adelantos han logrado los gobiernos en la lucha contra la resistencia a los antimicrobianos?

En Francia, se llevó a cabo una campaña nacional de información de la comunidad para reducir la resistencia a los antimicrobianos que se denominó «Los antibióticos no se deben dar automáticamente», y con ella se consiguió una disminución del 26,5% en el uso de antibióticos para tratar síndromes gripales (que en su mayoría son de origen vírico) a lo largo de cinco años. Ha habido otras campañas, en particular la campaña «Póngase listo» de los Estados Unidos para usar juiciosamente los antibióticos, y el programa canadiense «¿Necesitan antibióticos los microbios?», gracias al cual se logró un descenso de casi el 20% en el uso de antibióticos para tratar las infecciones de las vías respiratorias en la comunidad. Fue adoptado por varias provincias, pero por desgracia no lo adoptó la Dirección General de Salud Pública del Canadá.

¿Cómo podemos educar a los pacientes para que logren entender que los antibióticos no surten efecto en las infecciones víricas, como el catarro común?

Ese es un mensaje muy importante. Algunas de las campañas que mencioné entrañaban la educación del público. Los análisis comportamentales han demostrado que los médicos y otros profesionales sanitarios facultados para extender recetas ceden a menudo a la presión de los pacientes y les recetan antibióticos porque temen que de lo contrario no regresen a la consulta. Por este motivo los gobiernos y las organizaciones de pacientes deben trabajar de consuno. El liderazgo de la OMS y los mensajes del Día Mundial de la Salud de 2011 pueden desempeñar un papel decisivo haciendo llegar este importante mensaje al público en general.

Aparte del Día Mundial de la Salud, ¿se han producido otras iniciativas internacionales para atacar el problema?

Han sucedido varias cosas. El año pasado, el Primer Ministro de Suecia [Fredrik Reinfeldt], que ocupaba a la sazón la presidencia de la Unión Europea, y el Presidente de los Estados Unidos [Barack] Obama, establecieron un grupo especial conjunto de este país y la UE sobre resistencia a los antimicrobianos. Además, en la Asamblea Mundial de la Salud de este año el Ministro de Salud y Asuntos Sociales de Suecia [Göran Hägglund] instó a la OMS a asumir el liderazgo para atacar el problema. De manera que, una década después del informe de la OMS de 2000, el círculo se ha cerrado y hemos atestiguado cómo la resistencia a los antimicrobianos representa un riesgo mucho mayor que antes. En junio de 2010, el Centro para el Desarrollo Mundial solicitó a la OMS que preparase otro informe para contrarrestar lo que denominó «una década de incuria» en la materia.

En septiembre de 2010, el Instituto de Medicina de los Estados Unidos publicó un informe en el que la resistencia a los antimicrobianos se describe como una «catástrofe mundial tanto sanitaria como ambiental» y un ejemplo clásico del «drama de los bienes comunales». Con ello se hacía alusión al famoso ensayo publicado por Garrett Hardin en Science, donde el autor afirmaba que las tierras comunales de pastoreo acababan por agotarse porque no había quien las vigilara y eran objeto de abuso. Esta situación es análoga al drama del abuso de los antibióticos ¿Quién está vigilando el abuso constante de los antimicrobianos en las esferas veterinaria, agroalimentaria y médica? Por desgracia, estamos frente a un drama ecológico porque, como reza el refrán, «lo que es del común es del ningún».

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