Boletín de la Organización Mundial de la Salud

Financiación de los sistemas sanitarios y soluciones para avanzar hacia la cobertura universal

David B Evans a & Carissa Etienne b

a. Departamento de Financiación de los Sistemas de Salud, Organización Mundial de la Salud, 20 Avenue Appia, 1211 Ginebra 27, Suiza.
b. Sistemas y Servicios de Salud, Organización Mundial de la Salud, Ginebra, Suiza.

Sírvase dirigir toda correspondencia a: David Evans (e-mail: evansd@who.int).

Boletín de la Organización Mundial de la Salud 2010;88:402-402. doi: 10.2471/BLT.10.078741

Los compromisos de los donantes en materia de salud han aumentado en más de cuatro veces desde la firma de la Declaración del Milenio en septiembre de 2000, superando los US$ 20 mil millones en 2008 [1]. Aun así, los avances hacia el logro de algunos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) relacionados con la salud dejan mucho que desear en numerosos entornos [2]. El mero incremento de la recaudación de fondos internacionales no basta, por sí solo, para alcanzar esos objetivos si los sistemas sanitarios son demasiado débiles para apoyar una rápida expansión de la cobertura de servicios [3]. Cuando no se dispone de suficientes profesionales de la salud y establecimientos sanitarios, o cuando las personas no pueden obtener atención de salud por carecer de medios para costearla, es necesario aplicar medidas complementarias.

Los sistemas nacionales de financiación sanitaria deben ser suficientemente robustos para lograr y mantener una cobertura ampliada. La asignación de recursos para avanzar hacia una cobertura universal responde a dos aspiraciones, relacionadas entre sí. La primera consiste en asegurar que los obstáculos financieros no impidan a las personas hacer uso de los servicios que precisen, ya sean de prevención, promoción, tratamiento o rehabilitación. La segunda es evitar que las personas sufran dificultades financieras por tener que pagar esos servicios de su propio bolsillo [4].

Los servicios de salud cuestan dinero, y alguien tiene que financiarlos. Pese al reciente aumento de los fondos externos para fines sanitarios destinados a los países de ingresos bajos, estos últimos tienen que recurrir a fuentes internas para sufragar cerca del 75% del gasto en salud. El modo en que los países recaudan los fondos para esos fines es pues decisivo. Los métodos consistentes en exigir el abono directo por cada servicio prestado (como los sistemas de pago por el usuario) hacen que ya de entrada muchas personas no acudan a recibir la atención que precisan y pueden sumir a los hogares en graves crisis financieras e incluso arrastrarlos a la pobreza [5].

Para mejorar la cobertura asistencial, se precisan sistemas capaces de recaudar el grueso de los fondos en forma de contribuciones anticipadas (por ejemplo, a través de impuestos y/o seguros) y de mancomunarlos para repartir el riesgo financiero asociado a las enfermedades entre el conjunto de la población. También es primordial que los sistemas de financiación sanitaria incorporen incentivos que garanticen un uso eficaz y equitativo de esos fondos.

La Organización Mundial de la Salud dedicará su próximo Informe sobre la salud en el mundo al tema de la financiación sanitaria, partiendo de la premisa de que prácticamente todos los países, sean ricos o pobres, pueden mejorar su cobertura de servicios o su protección contra los riesgos financieros centrándose en uno o varios de los cometidos básicos de todo sistema financiero, que son: recaudar fondos en cantidades suficientes, mancomunar los recursos obtenidos para repartir los riesgos financieros, y gastarlos con buen criterio.

El Boletín de la Organización Mundial de la Salud ha venido publicando desde diciembre de 2009 una serie de artículos que muestran cómo los sistemas de financiación repercuten en las vidas de las personas. Los estudios en cuestión se han centrado, por orden cronológico, en España [6], China [7],Tailandia [8], la República de Corea 9, Suiza [10], Nigeria [11] y (el número actual) los Estados Unidos de América [12].

En el número de este mes, se resaltan además algunas de las dificultades con las que inevitablemente tropiezan los responsables de la formulación de políticas a la hora de adoptar medidas de desarrollo de los sistemas de financiación sanitaria. En lo referente al incremento de los niveles de recaudación, Fryatt y Mills [13[ resumen los principales logros de Grupo Especial de Alto Nivel sobre Formas Innovadoras de Financiación de los Sistemas de Salud. En opinión de estos expertos, el Grupo Especial ha contribuido a mantener el empeño por incrementar el apoyo financiero internacional en pro de la salud en los países de ingresos bajos en un momento de crisis financiera. McCoy y Brikci [14], en cambio, sostienen que el informe de Grupo Especial deja mucho que desear, ya que apoya con escaso entusiasmo la opción, dirigida al sector bancario, de gravar las transacciones financieras, en tanto que respalda la aplicación de impuestos al consumo que afectarían a los grupos poblacionales más desfavorecidos.

La focalización en formas de financiación innovadoras también podría tener el efecto negativo de alentar a los países a incumplir sus compromisos de asistencia oficial para el desarrollo; de hecho, por ahora solo unos pocos cumplen con sus promesas internacionales en esta esfera.

Yates [15] analiza los modos de recaudación de los fondos destinados a la salud y aboga por la supresión del pago de tasas por el usuario, empezando por los servicios de atención a la mujer y al niño. Jowett y Danielyan [16], por otro lado, opinan que el debate sobre los sistemas de financiación a cargo del usuario es más complejo de lo que puede parecer a primera vista. Los autores citan el ejemplo de Armenia, que ha elaborado una lista oficial de tarifas para los servicios de atención sanitaria a fin de combatir los pagos extraoficiales o «en negro».

Por último, Leatherman y Dunford [17] señalan que los sistemas de microfinanciación están ofreciendo cada vez más a personas relativamente pobres – en muchos casos mujeres – oportunidades de obtención de ingresos y sugieren que también pueden ayudar a las personas a acceder a los servicios sanitarios en los casos en que éstos tienen que ser costeados por el propio usuario.

Muchos países están a punto de alcanzar la cobertura universal y otros están realizando grandes avances en ese sentido. Los artículos del Boletín sobre este tema plantean una serie de cuestiones fundamentales que deben tenerse en cuenta a la hora de estudiar el mejor modo de desarrollar o adaptar los sistemas nacionales de financiación sanitaria con miras a lograr la cobertura universal.


Referencias

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