Boletín de la Organización Mundial de la Salud

Replanteamiento del excepcionalismo del VIH: ética de las pruebas de exclusión voluntaria del VIH en el África subsahariana

Michael D April

Las pruebas de exclusión voluntaria del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) incluyen pruebas asistenciales rutinarias para todos los pacientes, a menos que renuncien a ellas. La ética de este criterio terapéutico es un tema polémico en el África subsahariana. Se prevé que la prueba del VIH de exclusión voluntaria puede mejorar la supervivencia mediante la detección temprana de los casos, gracias a la cual se podrá vincular a las personas infectadas por el VIH con el tratamiento temprano, siempre y cuando se cuente con un seguimiento eficaz del paciente y con la sostenibilidad del programa. Estos beneficios pueden superar las posibles consecuencias adversas de las personas que sufren el estigma del VIH a nivel de la población. Estas justificaciones apelan al consecuencialismo moral, para el que la aceptación de un hecho depende de sus resultados. Por otra parte, el liberalismo moral afirma que la autonomía del individuo debe quedar siempre protegida, a menos que deba restringirse para proteger el bienestar de los demás. El consentimiento de exclusión voluntaria podría restringir la autonomía y no queda del todo claro si únicamente beneficiaría a las personas tratadas. Es más, el paternalismo libertario propone que está justificado y es conveniente utilizar mecanismos discretos para ayudar a los individuos a tomar decisiones en favor de su bienestar máximo. En el núcleo central de esta idea se encuentran las premisas que ofrecen los partidarios del consentimiento de exclusión, según las cuales, los individuos no siempre adoptarán la mejor opción para su propio bienestar, pero se les puede influir para que lo hagan de manera que no quede comprometida su libertad de elección. También es importante la premisa según la cual todas las políticas ejercen inevitablemente alguna influencia: el consentimiento de inclusión voluntaria favorece el rechazo a la prueba, así como el consentimiento de exclusión voluntaria favorece su aceptación. En base a estas premisas, las pruebas de exclusión voluntaria pueden constituir una política eficaz y éticamente aceptable como respuesta a la epidemia por VIH en África.

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