Boletín de la Organización Mundial de la Salud

Los científicos adoptan el planteamiento «Un Mundo, Una Salud»

Aumenta la sensibilización de la población y de los políticos acerca de las enfermedades infecciosas emergentes, y los especialistas en sanidad animal y humana colaboran más estrechamente para evitar posibles brotes. Informan Fiona Fleck y Theresa Braine.

En los estados australianos de Queensland y Nueva Gales del Sur habían muerto más de 20 caballos infectados por el virus de Hendra. Cundía el pánico por la posibilidad de que el virus pasara a la población humana, como había hecho en el pasado, matando a cuatro de cada siete infectados.

En julio, la primera ministra de Queensland invitó a un grupo de científicos para que asesoraran al consejo de ministros sobre las medidas que había que tomar. «Les dije que era una "suerte" que el virus matara rápidamente a los caballos y no se transmitiera con facilidad», recuerda Linfa Wang, que dirige el equipo de investigación sobre virus emergentes en el Laboratorio Australiano de Sanidad Animal del CSIRO. «De ese modo no podía propagarse rápidamente e infectar al ser humano.»

Linfa Wang con un murciélago
Geelong Advertiser/R Ryan
Linfa Wang con un murciélago.

En los últimos 15 años, su pariente cercano, el virus de Nipah, había matado a cientos de personas en Bangladesh, la India, Malasia y Singapur. Los virus de Hendra y de Nipah causan en el ser humano una enfermedad grave, caracterizada por encefalitis o enfermedad respiratoria.

El jefe de la oposición en el estado había pedido que se sacrificaran los murciélagos, que son los huéspedes naturales de estos virus. «Bombardead los murciélagos», decía el titular de un periódico que lo citaba.

«Les explicamos que no podíamos exterminar los murciélagos porque los necesitamos para mantener el equilibrio ecológico», dice Wang, quien señala que los murciélagos tienen una importante función en la dispersión de las semillas, la polinización y el control de los insectos. «A su vez, esto nos ayuda a controlar otras enfermedades infecciosas transmitidas por los insectos.» Si los murciélagos se estresan por falta de comida o migración forzosa, ese estrés puede aumentar su carga vírica y desencadenar más brotes de enfermedad, le explicó al gobierno.

En consecuencia, el gobierno del estado potenció la información del público sobre la enfermedad e invirtió más en investigación.

Los gobiernos buscan cada vez más el asesoramiento de los científicos, dice Wang, que recuerda una visita reciente de una delegación de alto nivel de China. «Es fundamental que los políticos tengan información científica correcta antes de que tomen una decisión.»

El fantasma de un brote epidémico causado por un virus desconocido para el que no haya vacunas ni curación se ha convertido en la gran pesadilla de nuestros días, y no solo para los políticos. La reciente película de Hollywood Contagio aprovecha el miedo de la gente a los brotes epidémicos y está basada en una historia real: el descubrimiento de los virus de Hendra y de Nipah por Wang y sus colaboradores en los años noventa.

Profesionales sanitarios hablan con personas posiblemente infectadas por el virus del SRAS en China
OMS/P Virot
Profesionales sanitarios hablan con personas posiblemente infectadas por el virus del SRAS en China.

«Nuestro laboratorio es uno de los mayores centros mundiales de bioconfinamiento que trabaja con patógenos animales, algunos de los cuales pueden infectar y matar al ser humano. Unos 50 de nuestros trabajadores han visto la película», dice Wang. «Estábamos entusiasmados con la idea de ver nuestro trabajo en la pantalla. Lo que muestra la película se parece a lo que nos ocurrió; por ejemplo, cómo desarrollamos medios de diagnóstico y líneas celulares especiales de murciélago para multiplicar el virus.»

Wang y sus colaboradores forman parte de un nuevo movimiento mundial que reúne a expertos que antes tenían escasas o nulas relaciones, como los especialistas en investigación básica, vigilancia de enfermedades, ecología o medicina veterinaria.

«Estamos trabajando intensamente para fomentar la idea de «Un Mundo, Una Salud». Nuestros conocimientos siguen teniendo enormes deficiencias y necesitamos conocer mejor los huéspedes salvajes de los patógenos; de lo contrario no podremos evitar futuros brotes», dice Wang.

En los últimos 30 años han aparecido más de 30 nuevas enfermedades infecciosas humanas, la mayoría de ellas con origen en los animales. El movimiento «Un Mundo, Una Salud» trata de detectarlas precozmente, así como de prevenir situaciones como la deforestación y algunas prácticas agrícolas que fomentan su aparición.

Cada vez hay más científicos trabajando sobre las llamadas interacciones entre el ser humano y los animales, con el fin de identificar patógenos que podrían mutar y pasar de los animales al hombre. Joseph Fair es científico jefe de Global Viral Forecasting Inc., una empresa con sede en los Estados Unidos de América (EE.UU.) que forma parte de esta colaboración mundial.

Fair dice que los políticos de su país han empezado a prestar más atención a la amenaza de grandes epidemias desde que terminó la Guerra Fría. «En los tiempos de [Ronald] Reagan, la pesadilla era la catástrofe nuclear», dice Fair refiriéndose a los años ochenta, cuando Reagan era el Presidente de los EE.UU.

Courtesy of Yi Guan

El trabajo de Fair se centra en aquellas zonas del planeta donde es probable que los patógenos víricos pasen de los animales al ser humano, como las regiones tropicales de África Central y Asia Sudoriental. «Lugares donde hay una gran biodiversidad y muchas interacciones entre los seres humanos y los animales salvajes debido a la caza y al consumo de carne de esos animales», dice Fair. «Pero el gran problema no es el consumo, sino el despiece. Es ahí que en la mayoría de los casos se produce el salto de los animales al ser humano.»

En 2009, el Gobierno de los EE.UU. lanzó el programa Amenazas Pandémicas Emergentes para «adelantarse a las enfermedades que podrían causar pandemias en el futuro o luchar contra ellas». El programa funciona en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) con el fin de crear redes de laboratorios que refuercen la capacidad de diagnóstico en los lugares donde aparecen las nuevas enfermedades.

«En los años ochenta recogí muchas muestras sobre el terreno en África, pero entonces no teníamos a mano laboratorios avanzados para analizarlas», dice Pierre Formenty, que dirige el equipo de la OMS que se ocupa de los patógenos emergentes y peligrosos. «De haber tenido estos sistemas hace 50 años, quizás hubiéramos detectado el HIV (el virus causante del sida) y evitado la pandemia que ha matado a millones de personas.» El VIH se originó a partir de un virus del chimpancé.

Wang y otros expertos en salud animal están colaborando más estrechamente que nunca con sus colegas encargados de la salud humana. La OMS ha aumentado su colaboración con la FAO y la OIE según los principios del planteamiento «Un Mundo, Una Salud».

Uno de los mejores ejemplos de cómo convergen la salud humana y animal es el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS). Cuando finalizó el brote en julio de 2003, la OMS, la FAO y el Gobierno de China encargaron a los científicos de descubrir de dónde había venido la enfermedad con el fin de mejorar las medidas preventivas.

Unos meses después, el virólogo Yi Guan, de la Universidad de Hong Kong (Región Administrativa Especial de China), investigó un nuevo brote de SRAS. Entre octubre y diciembre de ese año visitó Guangdong, la provincia de China donde apareció el SRAS por vez primera, y obtuvo muestras de los animales que se vendían en los mercados.

«En esos mercados de animales suele haber muchas especies en jaulas apiladas», dice Yi. «El estrés causado por la falta de espacio y la amenaza para la vida de esos animales es un factor que aumenta la transmisión al ser humano.»

En esa zona de China, el boom económico empezó a mediados de los años ochenta, y la mayor riqueza incrementó la demanda de civeta, una carne de caza rara y exquisita. El número de criaderos de civetas aumentó de 15 a 2000 entre el inicio del boom económico y la aparición de SRAS en 2002–2003.

«Encontramos varios tipos de animales infectados por un virus que tenía una semejanza del 99% con el virus del SRAS encontrado en los seres humanos, lo cual confirmó una vez más que la fuente de la infección humana era un virus similar al del SRAS presente en los mercados de animales vivos de Guangdong», dice Yi. En consecuencia, en 2004 se prohibió el comercio de civetas en esos mercados. «Fue esta medida la que rompió la cadena de transmisión y la que ha hecho que el SRAS no haya vuelto a aparecer desde entonces.»

Pero aunque los datos científicos demostraron que eran las civetas quienes transmitían el SRAS al ser humano, hubo que esperar a 2005 para resolver el misterio sobre el origen del SRAS.

«Dados mis antecedentes con los virus de Hendra y de Nipah, tenía el presentimiento de que el reservorio natural podrían ser los murciélagos», dice Wang. «Pero al principio fue difícil convencer de ello a los científicos chinos.»

Wang y sus colaboradores en instituciones de China, Australia y los EE.UU. recogieron muestras, y los resultados publicados en 2005 en la revista Science Express indicaron que los murciélagos eran sin duda los huéspedes naturales del SRAS. «El virus que encontramos en los murciélagos era lo más cercano que habíamos encontrado al virus del SRAS aislado en los humanos, con unas semejanzas genéticas de más del 90%», dice Wang.

«Esto es solo un ejemplo, pero demuestra que los especialistas en salud pública y en vida salvaje tienen que colaborar. El SRAS empezó en China, pero los murciélagos pueden haber venido de cualquier lugar de la región», dice Wang. «Encontramos pruebas de todos los tipos de transmisión: de animales a humanos, de animales a animales, de humanos a humanos y de humanos a animales. No hay duda de que el SRAS volverá, pero su impacto será mucho menor, dado que ahora estamos mucho mejor preparados para detectarlo precozmente y evitar posibles brotes.»

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