Boletín de la Organización Mundial de la Salud

Las mujeres y la epidemia de tabaquismo: cambiar la tendencia

Vikram S Pathania a

a. Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres, Houghton Street, Londres, WC2A 2AE, Inglaterra.

Sírvanse remitir la correspondencia a Vikram S Pathania (e-mail: v.s.pathania@lse.ac.uk).

Boletín de la Organización Mundial de la Salud 2011;89:162-162. doi: 10.2471/BLT.11.086389

En este número del Boletín de la Organización Mundial de la Salud, un trabajo de Hitchman y Fon pone de manifiesto que en muchos países existe una estrecha asociación entre la razón de tasas de mujeres y varones fumadores y la potenciación de la mujer. Esta asociación está claramente relacionada con el nivel de desarrollo económico, que se mide por el ingreso por habitante y la desigualdad en los ingresos.1 En sus conclusiones, los autores formulan una pregunta descarnada: ¿conducirá inevitablemente la tendencia a una mayor potenciación de la mujer a una epidemia de tabaquismo entre las mujeres?

Los hallazgos expuestos en el trabajo se ajustan a las predicciones de un modelo de la epidemia de tabaquismo en los países en desarrollo que fue propuesto por López et al. sobre la base de la experiencia histórica de diversos países.2 El modelo describe una tendencia de crecimiento rápido en la prevalencia del hábito de fumar que alcanza su punto álgido tras varios decenios y luego desciende. La mortalidad relacionada con el tabaquismo llega a su nivel más alto entre tres y cuatro decenios después del punto álgido en la prevalencia de este hábito. Históricamente, la mujer ha ido a la zaga del varón en cuanto al tabaquismo, generalmente algunos decenios. Por consiguiente, los efectos adversos del hábito de fumar para la salud en una población empiezan a manifestarse más o menos al mismo tiempo que comienza a crecer la tasa de tabaquismo en la mujer. Se considera que esto ha moderado el crecimiento en la prevalencia del hábito de fumar en la mujer, que se ha observado que alcanza un máximo de aproximadamente el 35-40%, en comparación con el nivel más alto en la prevalencia del tabaquismo en el varón, del 50% al 80%.2

La mayor parte de las publicaciones sobre las diferencias entre hombres y mujeres en el tabaquismo se han centrado en las diferencias en las funciones tradicionales de cada sexo. Esas funciones se han concretado históricamente en normas sociales, como la desaprobación de que la mujer fume, y en características personales específicas para cada sexo, como una mayor rebeldía entre los hombres, lo cual se relaciona con unas tasas más elevadas de tabaquismo.3

Sin embargo, los países pueden presentar unas epidemias de tabaquismo muy distintas entre ellos. Es bien conocido que en China la prevalencia del hábito de fumar en la mujer ha sido baja a pesar de que durante decenios la misma tasa correspondiente al varón haya sido elevada. Esta diferencia generalmente se atribuye a unas normas sociales rígidas y persistentes que se oponen a que la mujer fume. Lo que quizá no sea tan conocido es que en ese país las tasas de mujeres fumadoras de hecho se redujeron a lo largo de la mayor parte del siglo XX. La prevalencia del tabaquismo entre las mujeres chinas nacidas en 1908-1912 llegó al 25% pero descendió bruscamente en las sucesivas cohortes de mujeres. En comparación, la prevalencia del hábito de fumar en las cohortes de varones nacidos en el mismo periodo era del 70% y se mantuvo en valores elevados en las posteriores cohortes masculinas.4

La generalización del hábito de fumar en las mujeres chinas en el decenio de 1930 está relacionada, al menos en parte, con la facilidad de acceso a los cigarrillos a precios reducidos y la publicidad agresiva utilizando modelos femeninas que representaban a la mujer china moderna afirmándose en un mundo en rápida evolución. La subsiguiente inversión de tendencia en la prevalencia del tabaquismo en la mujer parece estar motivada, en parte, por las fuerzas culturales y socioeconómicas que lograron contener las campañas de comercialización. Por ejemplo, el Movimiento de Nueva Vida de la Sra. Chiang Kai-Shek realzaba los valores tradicionales del confucionismo y desaprobaba hábitos perjudiciales para la salud como el de fumar.4

Este patrón no es exclusivo de China; los datos del Japón y la República de Corea también parecen indicar que a lo largo de gran parte del siglo XX hubo un descenso en la prevalencia del tabaquismo en las sucesivas cohortes de mujeres.4 Esta es una sorprendente desviación del modelo descrito por López et al. y merece investigarse más. El mensaje clave es que, si bien este modelo proporciona un marco de referencia útil para hacer proyecciones, el aumento sostenido de la prevalencia del hábito de fumar en la mujer no es necesariamente inevitable.

En la mayoría de los países del mundo en desarrollo, las normas sociales que ralentizaron la expansión del tabaquismo entre las mujeres están perdiendo claramente fuerza. Esta es una de las consecuencias no deseadas de los por otra parte muy bien acogidos procesos de potenciación y crecimiento económico de la mujer, que le permiten tomar decisiones libremente y le proporcionan recursos económicos para llevar a la práctica esas decisiones. Una consecuencia perversa de ello la encontramos en las cada vez más estrechas diferencias que se observan en las tasas de experimentación y adopción del hábito de fumar entre los adolescentes de ambos sexos en todo el mundo.5 La Organización Mundial de la Salud está tan preocupada por este fenómeno que dedicó el tema del Día Mundial Sin Tabaco de 2010 al género y el tabaco.

Para una formulación de políticas eficaz, necesitamos comprender mejor las diferencias entre los sexos en la adopción, intensidad y abandono del hábito de fumar. Incluso en un país como Alemania, con un elevado nivel de potenciación de la mujer, las diferencias por razón de sexo en aspectos socioeconómicos observables como la educación, el empleo y el nivel de ingreso solamente parecen dar explicación a una pequeña parte de las diferencias entre sexos en la prevalencia e intensidad del hábito de fumar.6

Convendría estudiar más cómo perciben las mujeres los desencadenantes que pueden llevar a la adopción del hábito de fumar, tales como la presión de grupo y los modelos sociales, cómo se desarrolla la adicción en las mujeres fumadoras y cómo éstas sopesan los costos y beneficios de fumar. Paradójicamente, son los comerciantes de cigarrillos quienes tienen un mejor conocimiento de lo que induce a la mujer a experimentar y, a la postre, adoptar el hábito de fumar. Los comerciantes adaptan y orientan sus mensajes a grupos demográficos y socioeconómicos específicos. Una comercialización social eficaz abanderada por destacadas personalidades de la salud pública requiere una respuesta compleja y personalizada similar que debería basarse en el contexto cultural local. Esto no solo es importante por las normas sociales que prevalecen en cada país o cultura, sino también porque el tabaco se consume de muy distintas formas en todo el mundo. Para nuestra tranquilidad, tenemos cada vez más pruebas de que las campañas de los medios de comunicación pueden ser eficaces en la inducción de cambios de comportamiento positivos.7 La respuesta de comercialización social debe ir de la mano de otros instrumentos normativos, como impuestos, limitaciones en la publicidad y restricciones en la disponibilidad de productos de tabaco.


Referencias

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