Boletín de la Organización Mundial de la Salud

La cirugía como intervención de salud pública: las ideas erróneas más frecuentes y la verdad

Jin Yung Bae a, Reinou S Groen b & Adam L Kushner c

a. Universidad de Nueva York, Nueva York, Estados Unidos de América (EE.UU.).
b. Surgeons OverSeas (SOS), 225 E 6th Street (Apt. 7F), Nueva York, NY, 10003, EE.UU.
c. Universidad de Columbia, Nueva York, Estados Unidos de América.

La escalada de violencia en el noroeste de África ha acaparado la atención mundial en los últimos tiempos. Las noticias diarias de lesiones y muertes procedentes de la región suscitan preocupación. Sin embargo, lo que no siempre trasciende es el hecho de que muchos de esos países carecen de la capacidad quirúrgica necesaria para curar a sus heridos, y esta incapacidad de proporcionar cuidados quirúrgicos está contribuyendo a un aumento sustancial del número de víctimas mortales. Un estudio llevado a cabo recientemente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) llegó a la conclusión de que más del 90% de las muertes por traumatismo acaecen en países de ingresos bajos y medios.1

Este dato no es sorprendente si tenemos en cuenta que al tercio más pobre de la población mundial tan sólo le corresponde el 3,5% de las operaciones quirúrgicas practicadas en todo el mundo.2 Muchos hospitales de esos países no tienen abastecimiento seguro de agua potable, oxígeno, electricidad o anestesias, lo que hace sumamente difícil que se puedan practicar en ellos hasta las operaciones quirúrgicas más básicas.3

Pese a este desequilibrio mundial en materia de capacidad quirúrgica, la cirugía sigue siendo "el hijastro olvidado del sector de la salud mundial".4 Ninguna organización mundial de financiación se centra específicamente en la prestación de cuidados quirúrgicos, y ninguno de los principales donantes están dispuestos a apoyar y reconocer la cirugía como un aspecto imprescindible de la salud pública mundial. Esto obedece principalmente a las siguientes ideas erróneas sobre la cirugía que no están basadas en la verdad.

En primer lugar, mucha gente cree que la atención quirúrgica sólo es aplicable a una parte muy limitada de la carga mundial de morbilidad y que por ello no es una prioridad. En realidad, cada año, los traumatismos son responsables de la muerte de más de cinco millones de personas en todo el mundo, es decir, de casi una de cada diez muertes.5 Muchas de las víctimas son el principal sostén de la familia.

Según un estudio reciente, un tercio de las defunciones por traumatismo afectan al grupo de edad de 15-44 años, que es el segmento económicamente más productivo de la población.6 Además, la función de la atención quirúrgica va más allá del tratamiento de los traumatismos. La cirugía es uno de los elementos clave de la atención primaria e incluye la gestión de luxaciones traumáticas, el tratamiento de fracturas abiertas para prevenir la osteomielitis y el drenaje de abscesos.

También es una intervención esencial para limitar la mortalidad materna e infantil. En un informe reciente de la OMS se calcula que, en todo el mundo, alrededor de 260 000 defunciones se debieron a anomalías congénitas 7 y 342 900 a la mortalidad materna.8 Una parte importante de estas muertes podrían haberse evitado aplicando cuidados quirúrgicos simples y eficaces en función del costo.

En segundo lugar, se suele creer que la atención quirúrgica es demasiado onerosa para ser brindada como intervención de salud pública. Sin embargo, la cirugía puede ser sumamente eficaz en relación con el costo, incluso si se compara con intervenciones no quirúrgicas que suelen aplicarse como medidas de salud pública. El costo por AVAD (año de vida ajustado en función de la discapacidad) de la atención obstétrica de emergencia en un hospital rural de Bangladesh era de US$ 10,93 por AVAD evitado.9

La misma medida para todos los servicios de atención quirúrgica prestados en un hospital de Sierra Leona era de US$ 32,78 por AVAD evitado.10 Esto se compara favorablemente con muchas otras intervenciones primarias, tales como la distribución de vitamina A (US$ 9 por AVAD evitado), la detección y tratamiento en el hogar de las infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores (US$ 20 por AVAD evitado) o la inmunización contra el sarampión (US$ 30 por AVAD evitado).

Por último, gran parte de la atención prestada por la comunidad sanitaria mundial a la cuestión del desequilibrio en la capacidad quirúrgica se ha limitado a proporcionar alivio a corto plazo a través de misiones médicas. Si bien esas misiones han desempeñado y siguen desempeñando un papel importante en la prestación de ayuda inmediata en situaciones de crisis, no pueden sustituir a las inversiones a largo plazo en infraestructura de salud local y capacitación del personal que permitan a los países de ingresos bajos y medios desarrollar sus propias capacidades quirúrgicas a largo plazo.

En resumen, la cirugía puede y debería ser reconocida como una intervención de salud importante a nivel mundial. Para lograr este objetivo, es fundamental mejorar la capacidad quirúrgica local en los países de ingresos bajos y medios. Si bien la realización de este objetivo no será fácil, es ciertamente posible, especialmente si unimos fuerzas con los proveedores y los responsables políticos que marcan la dirección de un movimiento de salud pública que ha experimentado un cambio drástico y que ha visto reforzada su autoridad en el último decenio.

Como señaló recientemente Paul Farmer, cofundador de la organización internacional Partners in Health, "la salud mundial no tiene por qué ser una carrera competitiva para procurarse recursos escasos... podemos construir un movimiento coherente que incluya en su seno a la cirugía".3 La OMS debería ejercer su liderazgo y contribuir a que la atención quirúrgica adquiera un papel más relevante en el ámbito de la salud mundial, y debería organizar planes de acción para abordar las necesidades de capacidad quirúrgica hasta ahora desatendidas.


Referencias

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