Boletín de la Organización Mundial de la Salud

Brotes de origen alimentario: gestión de los riesgos

El brote mortífero de Escherichia coli (E. coli) registrado en Alemania suscitó temores y dudas en materia de inocuidad de los alimentos en países que cuentan con buenas medidas de regulación. Fiona Fleck entrevista a Maged Younes.

Maged Younes/OMS

Maged Younes es el Director del Departamento de Inocuidad de los Alimentos de la Organización Mundial de la Salud. Después de una trayectoria académica como profesor de toxicología de la Universidad de Medicina de Lübeck, Alemania, en 1991 pasó a trabajar en la Organización Mundial de la Salud (OMS). Ocupó diversos puestos clave tanto en el Centro Europeo para el Medio Ambiente y la Salud como en la sede de la OMS, en particular en el ámbito de la seguridad de los productos químicos y de la salud ambiental y ocupacional. De 2006 a 2007 fue jefe de la Dependencia de Productos Químicos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Posee el título de doctor y un máster en bioquímica y química fisiológica por la Universidad de Tübingen, así como el título de doctor en toxicología y farmacología bioquímica por la Universidad de Medicina de Lübeck, Alemania.

Boletín de la Organización Mundial de la Salud 2011;89:554–555. doi:10.2471/BLT.11.040811

P: ¿Qué hemos aprendido, después del brote de infección por E. coli en Alemania, acerca de la comunicación de riesgos en caso de amenaza sanitaria para el público? ¿Era necesario lanzar una alerta respecto a determinados tipos de alimentos antes de confirmar el origen del brote?

R: Se necesitará cierto tiempo para poder evaluar plenamente todas las lecciones a extraer de lo sucedido en Alemania, pero cabe destacar algunos puntos. Los brotes de enfermedades transmitidas por los alimentos tienen con frecuencia implicaciones económicas, pues suelen estar mediados por productos comercializados. A menudo los consumidores reaccionan a la inquietud suscitada por un alimento en particular evitando el consumo de productos parecidos, aunque no haya ningún dato que lo justifique. Para gestionar el riesgo de perjuicios para la población, los gobiernos deben evaluar la evidencia disponible y tomar decisiones para proteger la salud de las personas, aunque ello tenga consecuencias económicas. Lo inusual de este evento fue la recomendación general de que se evitaran tres tipos de alimentos. Hay muchas variedades de lechuga, tomates y pepinos, y la probabilidad de que esos tres grupos de alimentos estuvieran en el origen del brote era muy baja. Aunque esas advertencias generales pueden estar justificadas, si se mantienen mucho tiempo pueden causar pérdidas económicas y destruir medios de subsistencia, incluso fuera del país afectado, como se ha visto en este caso. Sin embargo, hay que subrayar que las autoridades de salud pública deben sopesar y comparar siempre los riesgos sanitarios para la población y el alcance de otras consecuencias indeseables. Otro aspecto también importante es que las autoridades alemanas han compartido toda la información de que disponían con la OMS por los canales adecuados.

P: Después del brote de infección por E. coli registrado en Alemania, la Federación de Rusia prohibió la importación de alimentos de la Unión Europea, y agricultores españoles se vieron obligados a tirar sus productos. ¿Cómo pueden los gobiernos comunicar los riesgos que corre la población durante los brotes de intoxicación alimentaria, evitando al mismo tiempo unas pérdidas económicas innecesarias?

R: La prioridad debe ser siempre la protección de la salud pública, de modo que las consideraciones económicas no deben comprometer nunca la seguridad de la población. Las soluciones para reducir al mínimo el perjuicio económico y proteger la salud pública son las mismas. En ambos casos se requiere una respuesta rápida y coordinada en la que participen epidemiólogos, microbiólogos y las autoridades responsables de la inocuidad de los alimentos para reunir la evidencia disponible, identificar el origen del brote y retirar el producto del mercado lo antes posible. Cuanto más rápida y exactamente se pueda identificar el origen del problema, más concretos serán los consejos que se den a los consumidores, y más focalizadas las medidas que se adopten para retirar el alimento responsable.

P: ¿Existen mecanismos para coordinar las comunicaciones sobre esos brotes a fin de evitar mensajes contradictorios?

R: Cada país organiza con ligeras diferencias la manera de coordinar esas comunicaciones a nivel nacional. En el plano internacional, hay mecanismos claramente útiles para intercambiar información. Uno de ellos es el Reglamento Sanitario Internacional (RSI), y otro es una red técnica de autoridades en estas cuestiones denominada Red Internacional de Autoridades en materia de Inocuidad de los Alimentos (INFOSAN). Estos dos mecanismos funcionan a menudo de forma complementaria. Por ejemplo, en diciembre de 2009 se detectó en Australia un problema de toxicidad por yodo relacionado con la presencia de altos niveles de ese elemento en un producto de leche de soja producido en el Japón. Ese mismo producto se había exportado a otros países. Australia notificó el problema a la OMS, en el marco del RSI, y esa información se comunicó a otros gobiernos para que fueran conscientes de los posibles efectos en la salud de la población de sus países. La información se envió también a los miembros de INFOSAN para que se tomaran a su debido tiempo las medidas adecuadas al objeto de retirar el producto implicado.

P: ¿Cuál es la función de INFOSAN?

R: La red INFOSAN es una red técnica de carácter voluntario, administrada por la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la OMS, que reúne a autoridades nacionales implicadas en el control de la inocuidad de los alimentos. Dicho control es una responsabilidad compartida en la mayoría de los países: no hay ningún organismo que se encargue de todo. Por ello, en INFOSAN participan representantes de los ministerios de salud, agricultura y comercio, así como de las autoridades de control de la inocuidad de los alimentos y los organismos de protección del consumidor. INFOSAN propicia el intercambio rápido de información entre esas autoridades nacionales y promueve el intercambio de las prácticas óptimas para hacer frente a los problemas relacionados con la inocuidad de los alimentos, en particular en las situaciones de emergencia.

P: Se ha criticado a la OMS aduciendo que tardó en responder al brote de E. coli en Alemania, pues transcurrieron varios días hasta que emitió una declaración y suministró información. ¿Está justificada esa crítica? ¿Cuál es el papel de la OMS ante un incidente de esa naturaleza?

R: Es importante destacar que la OMS reaccionó con rapidez desde las atribuciones que le confieren su mandato y sus responsabilidades. Este evento se notificó a la OMS el 22 de mayo, de conformidad con el RSI, y la Organización empezó a compartir información sobre el brote con sus Estados Miembros a través del sitio web cerrado del RSI y de la Red Internacional de Autoridades en materia de Inocuidad de los Alimentos. Al mismo tiempo, la OMS difundió información en su sitio web público. Aunque se han detectado casos de E. coli enterohemorrágica entre viajeros que han visitado Alemania, este brote en particular se centró en el norte del país y fue investigado por tanto por las autoridades nacionales. La función de la OMS consiste en garantizar que sus Estados Miembros notifiquen los casos que pudieran estar relacionados con ese brote; poner al día sobre las novedades y recomendaciones que puedan afectar a otros países, y tomar en consideración cualquier repercusión para los alimentos que son objeto de comercio internacional.

P: ¿Cuándo deben los países informar a la OMS de los brotes de enfermedades transmitidas por los alimentos con arreglo a lo estipulado en el RSI?

R: Depende de la situación. Los países (y otras partes en el RSI) han de evaluar si se debe notificar a la OMS un brote o cualquier otro evento de salud pública que se produzca dentro de su territorio, y para ello deben plantearse cuatro preguntas: ¿serían graves las consecuencias potenciales del evento en la salud pública? ¿Se trata de un evento inusual o imprevisto? ¿Existe un riesgo considerable de propagación internacional? Y, por último, ¿conlleva el evento riesgos importantes para el comercio internacional o restricciones de los viajes para otros países? Si la respuesta a dos o más de estas preguntas es afirmativa, el país en cuestión está obligado a notificar a la OMS el evento en un plazo de 24 horas tras la evaluación.

P: En los países desarrollados, como Alemania, hay en vigor muchas normas y leyes en materia de inocuidad de los alimentos. ¿Por qué, pese a ello, seguimos viendo en esos países brotes importantes de enfermedades transmitidas por los alimentos?

R: La rápida globalización del comercio de alimentos ha incrementado el riesgo de incidentes internacionales por alimentos contaminados. La contaminación puede producirse en numerosos puntos de la cadena alimentaria. Como la producción de alimentos está a menudo centralizada y estos productos se distribuyen ampliamente por todo el mundo, cualquier incumplimiento de las prácticas de fabricación adecuadas puede tener gran repercusión en la inocuidad de alimentos consumidos por gran número de personas. Unas prácticas adecuadas de fabricación desde el productor hasta el consumidor son esenciales para garantizar que los alimentos sean inocuos para el consumo. Los consumidores también deben cumplir la parte que les corresponde en el hogar, aplicando las cinco medidas clave para la inocuidad de los alimentos. Hay en vigor muchas normas y mecanismos de regulación internacionales -la mayoría de ellos contemplados en el Programa Conjunto FAO/OMS sobre Normas Alimentarias (Codex Alimentarius)- pero a pesar de todo pueden surgir problemas. Ello se explica por varias razones, como por ejemplo el incumplimiento de las prácticas de higiene, averías en los equipos de procesamiento, fenómenos meteorológicos extremos o sabotajes deliberados, por citar solo algunos. De ahí que las autoridades responsables de la inocuidad de los alimentos deban estar vigilantes y disponer de recursos suficientes para realizar las inspecciones necesarias a fin de hacer cumplir las normas y garantizar la aplicación de unas prácticas seguras de producción y distribución de alimentos.

P: ¿Hay diferencias relevantes entre los brotes de enfermedades transmitidas por los alimentos que afectan a los países desarrollados y los que se producen en los países en desarrollo?

R: La principal diferencia es que los países desarrollados disponen normalmente de mecanismos de vigilancia más elaborados para detectar ese tipo de brotes y de sistemas más robustos de control de la inocuidad de los alimentos en lo que respecta a las inspecciones. Pero, incluso con esos mecanismos, pueden surgir problemas. Puede parecer que hay más brotes en los países desarrollados, pero eso se debe tal vez a que en los países menos desarrollados los brotes no se notifican con tanta frecuencia. En los dos casos, esos brotes se han de abordar de manera similar con todos los sectores implicados, colaborando para descubrir el origen lo antes posible de manera coordinada.

P: Las noticias sobre brotes de enfermedades transmitidas por los alimentos han sido frecuentes en los últimos años. ¿Es un problema en aumento, o bien lo que ocurre es simplemente que los medios de comunicación informan más sobre ellos?

R: Nuestra capacidad para detectar esos brotes y vincular casos distribuidos de forma muy amplia ha mejorado mucho en los últimos 20 años. Además, se han puesto en marcha mecanismos como el RSI e INFOSAN, que permiten compartir la información sin demora y actuar en consecuencia. Esto puede hacer aumentar el número de brotes internacionales efectivamente notificados y dados a conocer en los medios de comunicación. Como dije antes, la globalización del comercio de alimentos incrementa el riesgo de incidentes internacionales por alimentos contaminados. Al mismo tiempo, sin embargo, los sistemas de control de la inocuidad de los alimentos siguen mejorando y los países son cada vez más conscientes de la necesidad de cooperar y compartir las prácticas óptimas a fin de garantizar la inocuidad de los alimentos a nivel mundial.

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