Boletín de la Organización Mundial de la Salud

El desarrollo en peligro: la reunión de alto nivel de las Naciones Unidas se ocupará de las enfermedades no transmisibles

Ala Din Alwan a, Gauden Galea b & David Stuckler c

a. Departamento de Enfermedades No Transmisibles y Salud Mental, Organización Mundial de la Salud, Ginebra, Suiza.
b. División de Enfermedades No Transmisibles y Promoción de la Salud, Oficina Regional para Europa de la Organización Mundial de la Salud, Copenhague, Dinamarca.
c. Harvard School of Public Health, 665 Huntington Ave, Boston, MA, 02115, United States of America.

Correspondencia: David Stuckler (e-mail: dstuckler@hsph.harvard.edu).

Boletín de la Organización Mundial de la Salud 2011;89:546-546A. doi: 10.2471/BLT.11.091074

Las enfermedades no transmisibles (ENT) causan más de la mitad de todas las defunciones en los países de ingresos bajos y medios, cobrándose según las estimaciones 29 millones de vidas cada año (del total mundial de 36 millones por ENT).1 Aproximadamente un 30% de esas muertes se producen antes de los 60 años. Las defunciones y los casos de discapacidad por ENT están aumentando en todas las regiones del mundo, pero más rápidamente en el África subsahariana, donde el incremento previsto de esas enfermedades superará la reducción de las enfermedades infecciosas (contribuyendo así al crecimiento de la "doble carga" de morbilidad).2 En el África subsahariana, las mujeres de 15-49 años están muriendo ya por ENT a un ritmo cuatro veces mayor que las que viven en países de ingresos altos.1

Esta carga de mortalidad prematura y discapacidad supone una amenaza para el desarrollo humano, social y económico. Más de la mitad de las muertes por tuberculosis registradas en la India se deben al tabaco, y más de una cuarta parte de los casos nuevos de tuberculosis en los países con mayor carga de esa enfermedad son atribuibles al consumo de tabaco y la diabetes.3 Cuando el sistema de salud pública funciona precariamente, los pagos por atención sanitaria pueden atrapar a los hogares pobres en ciclos de deuda y enfermedad. En la India, por ejemplo, los costos de tratamiento de la diabetes para una persona afectada equivalen como media a un 15%-25% de los ingresos familiares.4 Un estudio del Banco Mundial mostró que las enfermedades cardiovasculares conllevan gastos catastróficos para el 25% de las familias indias y conducen a la pobreza al 10% de las familias.5 Las personas con ENT tienden también con más frecuencia a faltar al trabajo, quedarse sin empleo o jubilarse anticipadamente.6 A la vista de esos datos, el Foro Económico Mundial ha clasificado las ENT como una de las principales amenazas mundiales para el desarrollo económico. 7

Los científicos coinciden en que es posible reducir sustancialmente la carga de ENT mediante un conjunto integral de medidas de prevención primaria, intervenciones sanitarias y mejoras de la vigilancia.8,9 Basándose en esa evidencia, los 193 Estados Miembros de la OMS adoptaron una estrategia mundial para la prevención y el control de las ENT en la Asamblea Mundial de la Salud en el año 2000. Posteriormente, la OMS ha adoptado el Convenio Marco para el Control del Tabaco, la Estrategia Mundial sobre Régimen Alimentario, Actividad Física y Salud, y la Estrategia mundial para reducir el uso nocivo del alcohol. Así pues, se dispone ya de instrumentos para reducir la carga de ENT, plasmados en el Plan de Acción 2008-2013 de la OMS para la aplicación de la estrategia mundial.10

Reducir la carga de ENT no es solo una cuestión técnica, es también un problema político.11 Los ministros de salud y los formuladores de políticas de los países en desarrollo son conscientes de esa carga y de la existencia de intervenciones costoeficaces contra ellas. Sin embargo, hasta ahora los donantes y la comunidad internacional para el desarrollo han tardado en reaccionar, en parte porque las ENT no figuran entre los Objetivos de Desarrollo del Milenio. A pesar de los reiterados compromisos de los donantes, como la Declaración de París sobre la Eficacia de la Ayuda y el Programa de Acción de Accra, las ENT reciben menos del 3% de la asistencia para el desarrollo destinada a la salud, pese a que causan más de un tercio de todas las muertes prematuras.12

El Plan de Acción de la OMS para la Estrategia Mundial para la Prevención y el Control de las Enfermedades No Transmisibles proporciona la hoja de ruta para los cambios necesarios.13 Desde su adopción en 2008, ha empezado a cobrar forma un movimiento mundial en torno a sus objetivos comunes, liderado por dirigentes de los países en desarrollo. Por ejemplo, en la Declaración de Doha sobre las Enfermedades No Transmisibles y los Traumatismos se exhortaba a integrar la prevención y el control de las ENT en la agenda mundial del desarrollo. Los debates mantenidos durante la reunión del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas en julio de 2009 desembocaron en mayo de 2010 en una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas en la que se pedía a esta Organización que convocara una reunión de alto nivel para septiembre de 2011, en la participasen Jefes de Estado y de Gobierno.4 Al igual que la reunión de alto nivel sobre el VIH/sida celebrada en 2001 marcó un punto de inflexión en la evolución de la epidemia de VIH,15 esta reunión brinda la oportunidad de otorgar más prioridad a las ENT en la agenda mundial del desarrollo.

Los preparativos para la reunión de alto nivel han dado ya comienzo mediante consultas regionales en las seis regiones de la OMS. Estas consultas han dado como fruto declaraciones y documentos de conclusiones en los que se señalan las prioridades de acción contra las ENT y se esbozan las expectativas de los Estados Miembros. Según se desprende de las consultas regionales, entre esas expectativas figuran un mayor compromiso de los formuladores de políticas para prevenir las ENT; mecanismos y vigilancia más eficaces de la acción intersectorial; una mayor rendición de cuentas de los sectores no sanitarios, y la expansión del Plan de Acción de la OMS.

En última instancia los resultados de la reunión de alto nivel dependerán de las prioridades expresadas por los Estados Miembros. Como mínimo, en la reunión se debería fomentar la toma de conciencia sobre las ENT entre las instancias normativas, y lograr mayores niveles de compromiso político. La participación de los profesionales de la salud es crucial para conseguir que los países se preparen convenientemente para la reunión de alto nivel y centren sus debates en la intensificación de las medidas preventivas contra las ENT y el fortalecimiento de las intervenciones sanitarias. Si los profesionales sanitarios ofrecen liderazgo y apoyo para las iniciativas mundiales y nacionales dirigidas contra las ENT, su participación activa será una contribución fundamental para alterar la evolución de la epidemia y evitar millones de muertes prematuras.


Referencias

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