Boletín de la Organización Mundial de la Salud

Cómo proteger al personal y los establecimientos sanitarios en caso de guerra

El carácter de los conflictos armados está cambiando a tal grado que el personal sanitario se ve cada vez más expuesto al peligro. Una nueva campaña pretende aumentar la conciencia y mejorar las condiciones del personal y los establecimientos sanitarios en las zonas donde hay conflictos armados. Informe de Jack Serle y Fiona Fleck.

El doctor Robin Coupland conoce en carne propia lo que es verse atrapado en un conflicto armado. A comienzos de los años noventa, en Somalia, este excirujano militar estaba en el quirófano cuando un colega que estaba de pie a su lado fue alcanzado por un disparo. «Como no teníamos sacos de arena, apilábamos contra las ventanas las cajas de las soluciones intravenosas», recuerda.

En los últimos veinte años, el doctor Coupland, asesor médico del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), ha estado trabajando con el fin de disminuir las probabilidades de que tales incidentes ocurran mediante una combinación de actividades de promoción e investigaciones; en fecha reciente, ha publicado como coautor el estudio del CICR titulado Health Care in Danger, el primer intento que se hace por describir cómo y por qué el personal sanitario se ha visto atrapado en el fuego cruzado y cuáles son las consecuencias de esta situación. El informe se publicó en agosto del año pasado coincidiendo con el inicio de una campaña cuadrienal del CICR enderezada a aumentar la conciencia en torno al problema y mejorar la situación del personal sanitario expuesto.

Entrada a la sala de urgencias del Hospital Keysaney de Mogadiscio (Somalia)
CICR/B Schaeffer
Entrada a la sala de urgencias del Hospital Keysaney de Mogadiscio (Somalia), apoyada por el Comité Internacional de la Cruz Roja. Las ilustraciones sobre la pared muestran las armas que están prohibidas en el establecimiento.

El daño resultante de las agresiones al personal sanitario no se circunscribe al ataque en sí mismo, sino que tiene un efecto secundario que puede privar de tratamiento a quien lo necesita. Este es uno de los mensajes medulares del informe, que menciona el ejemplo de los seis agentes sanitarios del CICR asesinados en la aldea chechena de Novye Atagi (Federación de Rusia) el 17 de diciembre de 1996, lo que orilló a la organización a suspender sus operaciones en Chechenia. Según el informe, este solo incidente privó de atención quirúrgica a miles de heridos de guerra.

La pregunta que se impone es si la asistencia sanitaria, o el personal que la proporciona, corre ahora más peligro que, pongamos por caso, hace 63 años, cuando se redactaron las convenciones de Ginebra. La señora Susannah Sirkin, directora adjunta de Médicos en pro de los Derechos Humanos, está convencida de que la respuesta es afirmativa. «La intensidad de los ataques, especialmente el número de médicos que son amenazados, ha aumentado», comenta. Pero ante la carencia de datos fiables acerca de este fenómeno, esta organización, al igual que el CICR, solo puede conjeturar con alguna certeza lo que está sucediendo en realidad.

Las suposiciones del doctor Coupland están basadas en dos observaciones interesantes. La primera es la forma como la propia guerra se está transformando. «Se está involucrando en los conflictos a los heridos y los hospitales», explica, ya que es cada vez más común que las guerras se libren dentro de un país y no entre países con fronteras claramente demarcadas, y los combatientes no suelen conocer las convenciones internacionales que rigen la forma como se debe tratar a los civiles.

A causa del carácter borroso que ha cobrado la guerra en la actualidad, los establecimientos asistenciales a veces tienen que prestar servicios a todos los bandos del conflicto, con lo cual se exponen al peligro. Como señala el doctor Coupland, hoy en día es más común que un soldado entre en un hospital para ajustarle cuentas a un enemigo, por ejemplo, o que las fuerzas del gobierno vengan a buscar insurgentes —como se observó el año pasado con motivo de las protestas y alzamientos ocurridos en el Oriente Medio— e impedir que los médicos traten a los oponentes.

La segunda observación es la omnipresencia de las cámaras y los periodistas. «Lo que sucede en un hospital atrae la atención de los medios de comunicación», explica. En su opinión, de esta manera la asistencia sanitaria no solo se vuelve una parte integral del conflicto sino que resulta esencial desde el punto de vista del modo en que el conflicto es visto por el resto del mundo. Por tal motivo, la atención de los medios de comunicación propicia que en el hospital se congreguen personas que nada tienen que hacer allí.

Por esto es por lo que los profesionales con gran experiencia sobre el terreno despliegan esfuerzos ingentes para evitar esas intromisiones cuando abren las puertas de un hospital. El señor Andrew Cunningham, asesor de operaciones de la organización no gubernamental Médicos sin Fronteras (MSF), por su parte, afirma que resulta imprescindible negociar lo que denomina los «parámetros de intervención» antes de empezar las operaciones sobre el terreno. «En Afganistán pasamos unos nueve meses comunicándonos y negociando con todos los participantes militares y paramilitares, con el fin de crear un espacio neutral en el que pudiésemos trabajar», comenta.

Un médico voluntario en el frente, en la ciudad petrolera de Brega, durante los primeros días de los combates en Libia en 2011
CICR/A Liohn
Un médico voluntario en el frente, en la ciudad petrolera de Brega, durante los primeros días de los combates en Libia en 2011.

Estas negociaciones antes de la intervención también son un elemento clave del enfoque propuesto por el CICR como parte de su estrategia de Asistencia Sanitaria en Peligro, que destaca la importancia de crear condiciones seguras sobre el terreno, en especial la negociación anticipada con el fin de crear zonas seguras para el personal sanitario. Desde luego, dictar las reglas del juego es muy distinto de hacerlas cumplir; a este respecto, el señor Cunningham es tajante cuando agrega que MSF no se anda con medias tintas a la hora de denunciar cualquier incidente. Sin embargo, es probable que las organizaciones más pequeñas sean más vulnerables.

El establecimiento de condiciones seguras sobre el terreno resulta mucho más fácil si se establece un acuerdo con el nivel más alto del gobierno, y el CICR alienta a aprovechar al máximo los canales diplomáticos cuando se está preparando el terreno para intervenciones de carácter humanitario. Según el doctor Coupland, no hace falta firmar un tratado ni sancionar nuevas leyes, pues estas ya existen y solo es cuestión de hacerlas cumplir.

«Las convenciones de Ginebra no rigen únicamente para los gobiernos, sino también para los grupos armados. En el momento en que un grupo toma las armas y se lanza a la lucha como un cuerpo organizado, adquiere obligaciones de conformidad con el derecho humanitario», agrega el doctor Coupland.

El asesor del CICR está contento con el número cada vez mayor de organizaciones no gubernamentales relacionadas con la salud que participan en la campaña. También le estimula que el tema se haya planteado en la Asamblea Mundial de la Salud en mayo del año pasado, y que en su discurso inaugural la Directora General de la OMS, doctora Margaret Chan, instara «a todas las partes a que garanticen la protección de los trabajadores sanitarios y centros de salud en las situaciones de conflicto, para que puedan atender a enfermos y heridos».

Al intervenir en esa misma reunión, la doctora Mary Wakefield, administradora de la Dirección General de Recursos y Servicios de Salud de los Estados Unidos de América, puso de relieve el trastorno de los sistemas de salud a consecuencia de la violencia ejercida contra el personal sanitario en los conflictos armados y con posterioridad a ellos. Declaró que era necesario realizar investigaciones para obtener datos y crear un acervo documental sólido, con inclusión de las mejores prácticas, para hacer frente al problema.

El doctor Coupland y otros especialistas creen que la OMS tiene que participar en la recopilación de datos sobre la inseguridad que afecta a la asistencia sanitaria. «La OMS ha hecho un gran trabajo en la recopilación de información pertinente a las enfermedades infecciosas. ¿Dónde está el equivalente con respecto a los accidentes violentos que afectan al personal sanitario y los establecimientos asistenciales?», se pregunta.

Esta tienda de campaña forma parte de un proyecto de atención primaria de salud organizado por la Sociedad de la Media Luna Roja Yemení en colaboración con el CICR en Saada  (Yemen)
CICR/P Duda
Esta tienda de campaña forma parte de un proyecto de atención primaria de salud organizado por la Sociedad de la Media Luna Roja Yemení en colaboración con el CICR en Saada (Yemen).

De momento no hay un sistema equivalente para recopilar estos datos, y la carencia de pruebas fehacientes frustra a quienes quieren cambiar la situación. El doctor Tesfamicael Ghebrehiwet, consultor en políticas de enfermería y salud del Consejo Internacional de Enfermeras, subraya las dificultades. Por ejemplo, dice que él tiene que depender de Amnistía Internacional y otras fuentes para averiguar cuántos profesionales sanitarios han sido detenidos en un incidente en particular porque a veces estas personas tienen mucho miedo y no presentan la denuncia correspondiente, a pesar de su «deber ético» de protestar contra los abusos. Pero no los culpa por ello. «¿Quién delataría nada si supiera que su vida corre peligro? ¿Usted lo denunciaría? Yo no, desde luego.»

«A pesar de que hay poca información, pueden describirse algunas tendencias», opina el doctor Bruce Aylward, subdirector general del grupo orgánico Poliomielitis, Emergencias y Colaboración con los Países, de la OMS. Una parte del trabajo de este grupo de reciente creación consistirá en elaborar métodos y recopilar datos sobre la violencia dirigida contra el personal y los establecimientos sanitarios.

El funcionario cree que la OMS puede hacer una aportación importante propiciando que los grupos en pugna entiendan sus obligaciones jurídicas, como quedó demostrado recientemente en el Yemen, donde el representante de la OMS en ese país, doctor Ghulam Popal, propugnó «la prestación continua de servicios de salud a toda la población afectada, sin discriminación». Al cabo de prolongadas negociaciones, el pasado mes de abril se celebró una reunión en la oficina de la OMS en el país, en la capital, Saná, a la que concurrieron el ministro de salud y representantes de la oposición. Al final de la reunión, ambas partes firmaron un memorando de entendimiento acerca de la prestación de «servicios de salud de manera imparcial y neutral» a todas las personas que los necesitaran.

La OMS está ayudando a supervisar la ejecución del acuerdo y resolver cualquier disputa. Asimismo, formó a 30 instructores principales para que a su vez capacitaran a unos 200 médicos en la atención de víctimas en gran escala. Con apoyo de la OMS se establecieron puestos médicos y hospitales de campaña en las zonas de demostración, atendidos por personal médico de la oposición (los llamados «voluntarios jóvenes»).

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