Boletín de la Organización Mundial de la Salud

La aventura de los datos y las cifras

Hans Rosling explica a Fiona Fleck por qué es fácil conseguir que las estadísticas de sanidad sean interesantes, pero difícil persuadir a la gente para que acepte una visión del mundo basada en los datos.

Courtesy of Hans Rosling

Hans Rosling es un conocido orador de talla internacional en cuyas conferencias sobre la salud y las pautas demográficas mundiales utiliza innovadores programas informáticos animados. Es profesor de salud internacional en el Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia) desde 1997 y presidente de la Fundación Gapminder, que él mismo creó en 2007 junto con su hijo y su nuera. También ellos fueron los creadores del programa Trendalyzer, que convierte datos de secuencias temporales en gráficos-burbuja animados e interactivos. Rosling estudió estadística y medicina en la Universidad de Uppsala (Suecia) de 1967 a 1974 y salud pública en la Escuela de Medicina St. Johns de Bangalore (India) en 1972. De 1979 a 1981 prestó servicio como funcionario médico de distrito al norte de Mozambique y en 1981, junto con su equipo de investigación, identificó una nueva enfermedad paralizante, a la que denominó konzo. En 2010 su filme The Joy of Stats ganó el Premio Griarson al mejor documental científico.

Bulletin of the World Health Organization 2013;91:904-905. doi: http://dx.doi.org/10.2471/BLT.13.031213

P: ¿Se utiliza la estadística de la mejor forma posible?

R: Muy pocos lo hacen. Las Naciones Unidas siguen perpetuando el viejo concepto de un mundo dividido en países desarrollados y países en desarrollo, aunque las propias estadísticas de esa organización demuestran que esa división ya no existe. Por ejemplo, en 2012 la OMS publicó junto con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y el Banco Mundial el informe titulado Levels and trends in child mortality. Siempre lo llevo en la mochila. En ese informe, el mundo sigue dividido en regiones desarrolladas y en desarrollo. Entre los países en desarrollo se incluyen Singapur, el país con menor mortalidad infantil, Qatar, el país más rico del mundo, y la República de Corea, el país que más rápidamente se está desarrollando. ¿Cuál es el criterio de tales clasificaciones? Una tasa de fertilidad que data de 1963 de cinco o más nacidos vivos por mujer, por la que un país quedará encasillado para siempre como país en desarrollo. (¡Tardé meses en averiguar este dato!)

P: ¿Qué hacer para desechar conceptos tan erróneos?

R: Tenemos que dividir los países del mundo en tres o más grupos: dos grupos no bastan para plasmar realidades socioeconómicas sumamente divergentes. La situación de los países más pobres no debe presentarse como la situación general del «mundo en desarrollo». En concreto por lo que se refiere a la salud, el Brasil y la República Democrática del Congo ya no encajan en el mismo grupo.

P: ¿Es esta una visión del mundo muy extendida?

R: Sí. La Fundación Gapminder decidió utilizar un planteamiento basado en hechos. Este año hemos empezado a hacer encuestas sobre el conocimiento que el público en general tiene del mundo: formulamos a la gente en Suecia y el Reino Unido preguntas como «¿cuál es la esperanza de vida media en el mundo, o la tasa de alfabetización?» Descubrimos que en Suecia y en el Reino Unido la gente ha oído hablar de la tragedia en Afganistán, la elevada mortalidad por SIDA en Zambia y la guerra civil en la República Democrática del Congo, y que piensa que la mortalidad es elevada en general en el mundo en desarrollo. Ante tres opciones, la mayoría de los que respondieron dijeron que la esperanza de vida media en el mundo era de 50 o 60 años, pero la respuesta correcta es 70. Solo un 10-15% de los que respondieron lo sabían [de modo que la mayoría de ellos tiene una visión del mundo muy deformada]. Si hubiéramos encuestado a chimpancés, el doble hubiera elegido la respuesta correcta simplemente por azar.

P: ¿Por qué sabía tan poca gente la respuesta?

R: En los países más ricos todavía se considera que la salud mundial está en una situación catastrófica, al igual que el crecimiento de la población mundial. Siempre trato de aclarar esos conceptos erróneos exponiendo simples hechos. Cuando yo nací en 1948 había menos de 1 000 millones de niños en el mundo (de 0 a 14 años de edad). Hasta las postrimerías del siglo XX esa cifra se más que duplicó hasta llegar a casi 2 000 millones. ¿Cuáles son las previsiones de las Naciones Unidas para finales del siglo XXI: un crecimiento continuo hasta los 4 000 millones de niños, un crecimiento más lento hasta los 3 000 millones o que habrá dejado de crecer el número de niños? Solo el 10% de los que respondieron sabían que el número de niños en el mundo ha dejado de crecer. El acontecimiento más grande de la historia de la humanidad y a los medios de comunicación se les escapó por completo.

P: El público necesita tener acceso a estadísticas de salud fiables para poder aceptar una visión del mundo basada en hechos. Usted ha criticado a la OMS en el pasado por no dar mejor acceso a sus datos, ¿ha mejorado la situación?

R: Muchos programas de la OMS solían publicar sus datos en páginas web separadas con objeto de exponer a los donantes los excelentes resultados del programa. El acceso a los datos de la OMS ha mejorado con el Observatorio Mundial de la Salud [un portal de estadísticas para los departamentos técnicos de la OMS creado en 2010] y, por ejemplo, las estadísticas ahora pueden descargarse e imprimirse. Admiro esa labor de centralización de las estadísticas de la OMS, pero sigue habiendo problemas, como las celdas combinadas de la parte superior de las hojas de Excel, que tienen que «descombinarse» para poder utilizarse. También me gustaría disponer de más datos directos, por ejemplo, el número de cigarrillos fumados por persona y los casos de cáncer de pulmón en los países, para poder comparar. Esos datos con frecuencia no son completos y las distribuciones por edad son diferentes.

P: ¿Cuál es la solución?

R: Que las personas que elaboran las estadísticas centralizadas en la OMS tengan más poder y más recursos financieros. No cabe duda de que su labor cuenta con el apoyo de la Directora General, la Dra. Margaret Chan, quien dice que nunca cambiará las cifras a las que hayan llegado los expertos de la OMS. La OMS necesita más autoridad e integridad, lo que solo se consigue con un presupuesto básico que constituya un porcentaje más elevado en la división actual de 25-75 entre presupuesto básico (contribuciones señaladas) y contribuciones voluntarias. Los países deberían reorganizar su forma de financiar las organizaciones internacionales; la OMS, en concreto, necesita que se aumente el presupuesto básico.

P: En febrero se reunieron en la OMS expertos en estadística internacional que examinaron la forma de llegar a estimaciones mundiales de salud, incluidas las que figuran en el último estudio sobre la carga mundial de morbilidad efectuado por el Instituto de Sanimetría y Evaluación Sanitaria (IHME). ¿Por qué fue un problema el intercambio de datos?

R: Cuando el Instituto recibió la subvención de la Fundación Bill y Melinda Gates para trabajar en el estudio sobre la carga mundial de morbilidad, anunció que sus métodos serían transparentes y sus datos de libre disposición. Sin embargo, desde la publicación del estudio no he podido conseguir todos los datos. En la reunión de febrero Chris Murray, el director del IHME, explicó que, por ejemplo, las autoridades chinas permiten al Instituto utilizar sus datos para efectuar cálculos, pero le prohíben diseminarlos. Si alguien quiere los datos, debe pedírselos a las autoridades chinas. Eso es justo. Otros países hacen lo mismo. El problema es que si le pido a China los datos sobre, por ejemplo, el alzheimer, y me los da, nunca será la misma versión que utilizó el IHME. Todos en la reunión reconocieron este hecho, que la vida no es tan sencilla como pensábamos y que no podremos compartir conjuntos de datos compilados como esperábamos. Los participantes reconocieron también que los países tienen todo el derecho a dar diferentes versiones y que la mayoría no quieren esconder los datos, sino tan solo ser dueños de sus errores: quieren poder corregirlos.

P: ¿Qué le parecieron los métodos utilizados en el nuevo estudio sobre la carga mundial de morbilidad?

R: No llego a entender los avanzados métodos de creación de modelos que utilizaron. Un participante en la reunión estableció una comparación interesante con lo que las instituciones financieras hicieron con las hipotecas antes de la crisis: las procesaron hasta tal punto que nadie entendía el resultado. Cuando tan poca gente entiende los métodos que se utilizan, no es posible verificar de forma independiente o replicar con facilidad la labor realizada. Yo pregunté: «¿Qué sería mejor? ¿Procesar todos los datos sobre mortalidad infantil existentes para la República Democrática del Congo utilizando los nuevos métodos en lugar del método de las Naciones Unidas, o llevar a cabo otra encuesta demográfica y de salud?» Por supuesto, es mejor realizar otra encuesta porque produce más datos empíricos. En la inauguración del IHME, señalé en mi discurso, en calidad de evaluador: «Que el Instituto sea un contrapeso para las Naciones Unidas, pero que no trate de ocupar su lugar». Ahora me dicen que las Naciones Unidas van a tratar de crear modelos de datos más avanzados. No estoy convencido de que ese sea el planteamiento adecuado, pero el tiempo lo dirá. Debemos estar abiertos a nuevos métodos en salud pública, y el IHME nos obliga a tener en cuenta muchos métodos nuevos.

P: ¿Así pues, qué se necesita para mejorar las estadísticas mundiales de la salud?

R: La principal dificultad en cuanto a los datos mundiales de la salud es que para los países más pobres necesitamos datos subnacionales y no solo estimaciones nacionales derivadas de encuestas también nacionales. Los cálculos por quintiles (desglosados por quintos de población) pueden efectuarse a partir de datos procedentes de los servicios nacionales de salud, pero no son tan útiles como las estimaciones basadas en datos procedentes de unidades administrativas subnacionales. En una ocasión dijo un ministro de sanidad: «No necesito datos de quintiles porque el quintil no tiene un director al que yo pueda despedir. Necesito datos de provincias y distritos, porque en esos ámbitos puedo actuar». La aplicación de planes para producir datos subnacionales y por quintiles entraña sin duda alguna dificultades, aunque estas no son insalvables. Ahora bien, sí que inútil clamar periódicamente por datos de registros civiles.

P: ¿Por qué es inútil?

R: Nadie ha llevado a cabo una buena investigación para identificar los determinantes que permitirían una aplicación satisfactoria de un sistema de registro civil. ¿Qué podría empujar a todas las familias rurales pobres a notificar muertes a las autoridades? Conocemos un modelo histórico: se permite solamente una religión en el país, se obliga a todos a formar parte de esa iglesia y se les dice que si no bautizan a sus hijos, los niños que mueran irán al infierno. A continuación se da al sacerdote la tarea de informar al gobierno. Esto es lo que hicimos en Suecia para establecer el registro civil en 1750. No es probable que pueda repetirse la experiencia en otros países porque para instaurar el registro civil es necesaria una transformación cultural y social más profunda de lo que creen los expertos. Ciertamente, no creo que se aplique con rapidez en los países en los que más necesitamos los datos.

P: Ya se están debatiendo los objetivos de desarrollo que sucederán a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y se trabaja en las propuestas de nuevos objetivos. ¿Cree que las estadísticas de salud reciben una atención suficiente en esas campañas?

R: La campaña de los ODM tiene una relación problemática con los datos, en parte porque no aportó ni un solo dólar a ampliar y mejorar la recogida de datos. Simplemente depende de datos ya existentes, muchos de los cuales tienen intervalos de incertidumbre muy amplios. Ahora se dice que faltan x días para la fecha límite de 2015. Con ello, no se tiene en cuenta que en el caso de la mayoría de los ODM no sabremos si se han conseguido o no hasta 2018 o 2019. La razón de ello es que esos datos se basan en encuestas que se realizan con intervalos de tres a cinco años. La OMS ha hecho un buen trabajo en sus estimaciones de la mortalidad materna, dada la reciente reducción señalada en el número de muertes de mujeres durante el embarazo y el parto, pero algunos activistas se enojaron con ello, puesto que veían que una mortalidad baja podría ser una amenaza para la financiación de sus programas. En cuanto a los ODM, el único objetivo que medimos bastante bien es la mortalidad infantil.

P: Desde que empezó a presentar datos gráficos animados hace ya 15 años, ¿los planificadores de políticas han comenzado a aceptar un mundo más basado en hechos?

R: Los políticos de rango superior y los funcionarios de las organizaciones internacionales siempre han estado bastante bien informados, mientras que el público y los activistas de las organizaciones no gubernamentales no, curiosamente. Para influir en los políticos, sobre todo en una democracia, no conviene centrar la atención en los planificadores de políticas; se ha de informar a los votantes, al público, y eso no es nada fácil.

P: ¿Quiere añadir algo?

R: Solo que tengo un conflicto de intereses: Soy un gran admirador de las Naciones Unidas y de la OMS.

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