Boletín de la Organización Mundial de la Salud

Innovación social para la prestación de atención de salud en África

Incentivar la prestación de atención de salud favorece el acceso a la atención sanitaria en países con ingresos bajos. Informe de Claire Keeton.

Boletín de la Organización Mundial de la Salud 2017;95:246-247. doi: http://dx.doi.org/10.2471/BLT.17.020417

Millie Balamu visita uno por uno los aproximadamente 200 hogares del distrito de Wakiso (Uganda) para prestar atención sanitaria que puede salvar vidas.

Una agente de salud comunitaria de Living Goods realiza una prueba de diagnóstico de paludismo a un niño en el condado de Busia, al oeste de Kenya.
Una agente de salud comunitaria de Living Goods realiza una prueba de diagnóstico de paludismo a un niño en el condado de Busia, al oeste de Kenya.
Living Goods

La gente del lugar le llama masawu («doctor» en luganda, el idioma local), aunque en realidad no es médico sino una agente de salud comunitaria.

Esta madre de tres niños, que en 2011 recibió formación de Living Goods, la organización no gubernamental que sigue prestándole apoyo, lleva siempre consigo pruebas de diagnóstico y medicamentos para el paludismo, la diarrea y la neumonía, las principales causas de muerte en menores de cinco años en Uganda. Utiliza el teléfono móvil para realizar las pruebas de diagnóstico de estas afecciones y para inscribir a las embarazadas en un registro con miras a realizar su seguimiento.

«Nos hemos apoyado en el modelo empresarial de venta directa con comerciales: nuestros agentes encargados de promover la salud comunitaria trabajan de modo independiente, no son empleados», dice Shaun Church, presidente de Living Goods, organización establecida en San Francisco (Estados Unidos).

«En lugar de vender productos comerciales típicos, nuestros agentes venden medicamentos a precios asequibles y productos y servicios que pueden cambiar la vida».

El proyecto de Living Goods se inició en Uganda en 2007 y en Kenya en 2015. Es uno de los 23 proyectos en 43 países que fue seleccionado por la Iniciativa de Innovación Social en Salud, de entre 170 proyectos propuestos en 2015, como novedad prometedora para mejorar la prestación de atención de salud.

La Iniciativa de Innovación Social en Salud es fruto de una colaboración entre el Programa Especial de Investigaciones y Enseñanzas sobre Enfermedades Tropicales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Centro Bertha de Innovación Social y Emprendimiento de la Universidad de Ciudad del Cabo, el Centro Skoll para el Emprendimiento Social de la Universidad de Oxford y la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres.

Para el Dr. Francois Bonnici, cofundador y director del Centro Bertha, estos proyectos proponen soluciones novedosas y sostenibles que pueden extenderse a otros lugares.

«Estos proyectos necesitan ir más allá de la prestación de servicios sanitarios para dotar a la gente de capacidad de acción y decisión, y para crear puestos de trabajo u ofrecer otros valores sociales para la comunidad», declara.

El concepto de innovación social viene de los estudios empresariales y económicos, y se refiere a las iniciativas que se realizan para movilizar e incentivar a las comunidades.

En el mundo de la salud, la innovación social puede referirse a la prestación de atención de salud privada a bajo costo mediante aplicaciones de teléfono móvil (como la que utiliza la Sra. Balamu para realizar pruebas de diagnóstico de las enfermedades infantiles más comunes) y otras formas novedosas de hacer más accesible y asequible la prestación de atención de salud en comunidades de ingresos bajos, dice el Sr. Bonnici.

Según un artículo de trabajo publicado en 2016 por el Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR) en el que se presentan los resultados de los ensayos clínicos aleatorizados y controlados que se realizaron en más de 8000 hogares de Uganda, el proyecto de Living Goods ayudó a reducir la mortalidad en la niñez en esos hogares en un 27% entre 2011 y 2013.

Living Goods calcula que el método cuesta menos de US$ 2 por persona atendida; estos costos corren a cuenta de la propia organización.

«El proyecto se elaboró para hacer frente a tres problemas que socavaban la salud de la comunidad: la dificultad de encontrar voluntarios en comunidades empobrecidas, la falta de supervisión y una cadena de suministro poco abastecida», declara Church.

«Cada agente comunitario lleva consigo una bolsa con varios "instrumentos"». Se trata de productos preventivos y curativos, como papillas vitaminizadas, antipalúdicos y productos para el tratamiento de la diarrea. Los agentes también venden productos del hogar, como hornos que funcionan con energías limpias, lámparas solares y filtros para el agua.

«La demanda de estos artículos es alta y el costo que acarrea llevarlos al terreno se cubre en gran parte con lo que se ahorra por comprarlos al por mayor», declara Church.

Living Goods forma a sus agentes de salud comunitarios, les ofrece un crédito inicial para comprar los productos a precios subvencionados y vigila su prestación y les recompensa en función de esta. Los agentes de salud comunitarios se comprometen a trabajar al menos dos horas al día, cinco días a la semana. La mayoría trabajan a tiempo parcial y ganan US$ 10-15 al mes por el margen de beneficios en sus ventas. Los ingresos medios mensuales en las aldeas donde trabajan se sitúan entre US$ 30 y 120.

Según Church, Living Goods espera atender a 6,5 millones de personas para finales de 2018 gracias a sus alianzas con otras ONG en Myanmar, Uganda y Zambia.

Otro de los 23 proyectos seleccionados por la Iniciativa de Innovación Social en Salud es gestionado por Kheth’Impilo, una ONG de Sudáfrica que intenta paliar la grave falta de farmacéuticos en ese país.

El proyecto tiene por objeto aumentar el número de personas que pueden realizar el pedido y la dispensación de medicamentos esenciales a unos tres millones de sudafricanos para el tratamiento antirretrovírico de la infección por el VIH (de los aproximadamente siete millones de personas infectadas por el virus) y a personas con diabetes, cardiopatías, hipertensión y otras afecciones crónicas.

Mediante el proyecto Kheth’Impilo se gestiona un programa de formación acreditado en toda Sudáfrica para que graduados de educación secundaria puedan trabajar como ayudantes de farmacia en cuatro provincias del país. Una vez que obtengan el diploma podrán trabajar en una farmacia pública o privada bajo supervisión directa de un farmacéutico.

Estos ayudantes también pueden realizar determinadas tareas en los dispensarios de atención primaria bajo supervisión indirecta de un farmacéutico, como el pedido y dispensación de medicamentos y el asesoramiento en materia de salud. La supervisión indirecta es cuando el farmacéutico trabaja en una farmacia cercana y visita de forma regular al ayudante para supervisarlo.

El objetivo principal es formar a estudiantes para que trabajen en comunidades en las que una mayor capacidad para dispensar medicamentos mejorará notablemente la situación sanitaria y laboral (un cuarto de los 53 millones de personas del país no tiene trabajo).

«Aprovechamos los recursos existentes e intentamos reforzar a las comunidades aplicando principios de gestión, entre otros la motivación de las personas, una supervisión rigurosa y una mejora de la logística», declara el Dr. Ashraf Grimwood, director ejecutivo de Kheth’Impilo.

En Uganda, una agente de salud comunitaria de Living Goods toma la temperatura a un recién nacido con una aplicación de su teléfono móvil.
En Uganda, una agente de salud comunitaria de Living Goods toma la temperatura a un recién nacido con una aplicación de su teléfono móvil.
Living Goods/Tine Frank

En el marco de este modelo de formación, los ayudantes de farmacia pasan cuatro días a la semana en el dispensario bajo supervisión, y uno en clase. Un 95% de los estudiantes de este programa de dos años obtiene el diploma, y un 99% encuentra trabajo posteriormente.

«Una vez finalizada la formación, los ayudantes pueden desempeñar la mayoría de las labores de los farmacéuticos cualificados, con lo que estos últimos pueden visitar centros de atención primaria de salud para comprobar que las operaciones de farmacia discurren correctamente», declara Lizette Monteith, administradora de los servicios farmacéuticos en Kheth’Impilo.

«Uno de los objetivos principales es la creación de empleo mediante la formación de personal calificado, tan necesario en la economía sudafricana», declara Monteith.

La participación en el proyecto ha crecido desde unos pocos alumnos en 2011 hasta 800 el año pasado. Este programa de formación sigue uno de los dos modelos de delegación de funciones en la asistencia farmacéutica que se han elaborado para paliar la ausencia de farmacéuticos en Sudáfrica. El otro consiste en formar a enfermeras para que dispensen medicamentos.

En un estudio publicado en abril de 2016 en el Journal of Acquired Immune Deficiency Syndrome en el que se comparaban los dos modelos, se concluía que el modelo de los ayudantes de farmacia supervisados indirectamente proporcionaba una asistencia farmacéutica de mayor calidad y de menores costos en su implementación que el modelo de gestión por enfermeras.

«Hemos comprobado que en los centros donde se contratan ayudantes de farmacia se reduce la medicación caducada y el desabastecimiento. Los resultados son fantásticos, pero necesitamos estudiar más el asunto ya que en el estudio trabajamos con modelos y poblaciones diferentes», declara Monteith, uno de los autores.

Los ayudantes, muchos de ellos sin empleo antes del proyecto, también están obteniendo ventajas sociales y económicas. «Muchas de las más de 400 personas que han finalizado la formación de dos años no tenían trabajo. Ahora envían 62 millones de rands (US$ 4,4 millones) al año a sus países o sus comunidades gracias al sueldo que ganan», declara Monteith.

«Los estudiantes muestran una increíble dedicación. Un grupo de alumnos recorrió cada semana, durante todo un año, unos 350 km para asistir a clase, desde sus casas en la Provincia Oriental del Cabo hasta la ciudad de East London. Nunca llegaron tarde ni nunca se fueron antes de la hora», declara Monteith.

Otro proyecto de la Iniciativa de Innovación Social en Salud es el proyecto Learner Treatment Kit en las escuelas en Malawi, organizado por Save the Children en colaboración con el Ministerio de Salud y el Ministerio de Educación del país.

Los maestros que participan en el proyecto realizan a sus alumnos pruebas de diagnóstico de paludismo y les ofrecen tratamiento en la misma escuela. El servicio reduce el absentismo porque los niños acuden a la escuela incluso si no se sienten bien, ya que saben que se les podrá realizar pruebas de diagnóstico y tratar en el mismo lugar.

Los maestros tienen que trabajar más, pero lo hacen gustosamente por las mejoras que supone, según explica Victor Kadzinje, coordinador del proyecto.

«El Learner Treatment Kit es el único servicio de salud médica disponible en las escuelas de primaria durante las horas lectivas principales. Es un servicio que salva vidas», declara Kadzinje.