Boletín de la Organización Mundial de la Salud

Resistencia a los antimicrobianos: del compromiso político a la acción nacional

Hajime Inoue a y Ren Minghui b

a. Oficina del Director General, Organización Mundial de la Salud, Avenue Appia 20, 1211 Ginebra 27 (Suiza).
b. Grupo orgánico VIH/Sida, Tuberculosis, Paludismo y Enfermedades Tropicales Desatendidas, Organización Mundial de la Salud, Ginebra (Suiza).

Dirigir toda correspondencia a Hajime Inoue (correo electrónico: inoueh@who.int)

Boletín de la Organización Mundial de la Salud 2017;95:242. doi: http://dx.doi.org/10.2471/BLT.17.191890

La resistencia a los antimicrobianos es actualmente uno de los retos de la salud mundial más complejos. El mundo lleva tiempo desoyendo los avisos de la pérdida de eficacia de algunos antibióticos tras décadas de uso excesivo e indebido en la medicina humana, la veterinaria y la agricultura.

También los antivíricos, los agentes antiparasitarios y los antifúngicos son cada vez más ineficaces. Pese a vivir en una era de tecnología e innovación, pronto podríamos encontrarnos con que cada año millones de personas mueren por simples infecciones.

Enfermedades frecuentes como la neumonía bacteriana, las infecciones posoperatorias, algunos cánceres, así como las enfermedades infecciosas más mortíferas –la tuberculosis, la infección por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y el paludismo– son cada vez más difíciles de tratar debido a la farmacorresistencia y su propagación1 .

El empeoramiento de la resistencia a los antimicrobianos podría tener graves consecuencias sociales, económicas y de salud pública en todo el mundo. El Banco Mundial ha advertido de que la resistencia a los antimicrobianos podría ser tan dañina para la economía mundial como la crisis financiera de 20082.

Solo se puede hacer frente a la resistencia a los antimicrobianos con iniciativas concertadas de ámbito mundial, lideradas por los jefes de Estado y las instituciones mundiales, y con una acción coordinada por los sectores sanitario y agrícola, en colaboración con la industria alimentaria, grupos de activistas y organizaciones comunitarias.

Los gobiernos necesitan políticas estrechamente alineadas sobre el uso responsable de los medicamentos para la salud humana y animal, y nuevas normas sobre el uso de antibióticos en la agricultura y la producción de alimentos. Todos los gobiernos deberían poner en marcha urgentemente un enfoque sanitario unitario, con la coordinación estrecha de todos los agentes y sectores pertinentes.

En los dos últimos años hemos sido testigos de un impulso político mundial contra la resistencia a los antimicrobianos. En mayo de 2015, en la 68.ª Asamblea Mundial de la Salud, los gobiernos adoptaron un plan de acción mundial con un conjunto de objetivos estratégicos1,3.

En 2016, la Asamblea General de las Naciones Unidas celebró la primera reunión de alto nivel sobre la resistencia a los antimicrobianos y aprobó una declaración política4. La cuestión también ha figurado en el orden del día de reuniones recientes del Grupo de los Siete (G7) y de los 20 (G20).

Desde mayo de 2015, se ha avanzado también en la aplicación de esos compromisos mundiales. Más de 100 países han ultimado, o están a punto de ultimar, sus planes de acción nacionales multisectoriales. La OMS ha puesto en marcha un sistema mundial de vigilancia de la resistencia a los antimicrobianos para averiguar cuáles son los patógenos farmacorresistentes que más problemas acarrean5.

En mayo de 2016, la Iniciativa Medicamentos para las Enfermedades Desatendidas y la OMS constituyeron una alianza para desarrollar nuevos antibióticos y promover un uso responsable de ellos6. En agosto de 2016, la OMS actualizó sus directrices para la prevención y el tratamiento de las tres infecciones más frecuentes de transmisión sexual: clamidiosis, gonorrea y sífilis7.

Con arreglo al examen y análisis de las directrices nacionales y las prácticas de prescripción para 20 síndromes frecuentes, la OMS ha iniciado la revisión de los antibióticos que figuran en la Lista Modelo OMS de Medicamentos Esenciales8. Además, la Organización ha puesto en marcha una campaña de sensibilización de ámbito mundial dirigida a los responsables de formular políticas y a los trabajadores y comunidades sanitarios y agrícolas.

Para intensificar las actividades, los gobiernos pueden apoyarse en los marcos regulatorios existentes, los sistemas de vigilancia, infraestructuras de laboratorio y control de infecciones y recursos humanos con los que ya se cuenta para gestionar la farmacorresistencia en la tuberculosis, el VIH y el paludismo.

Las herramientas de diagnóstico, la logística y las tecnologías de intercambio de datos pueden utilizarse para vincular programas en el ámbito de país. La mayoría de los laboratorios de referencia supranacionales para la tuberculosis ya han confirmados que podrían ampliar las pruebas de sensibilidad para otros patógenos, si se dispone de financiación.

La labor sobre la farmacorresistencia de la tuberculosis, el VIH y el paludismo exige también un esfuerzo acelerado e inversiones considerables en investigación y desarrollo. Se estima que la tuberculosis multirresistente provocó la muerte de 250 000 personas en 2015 y, en tanto que enfermedad que se transmite por el aire, se considera un riesgo para la seguridad sanitaria mundial9.

En el caso de los virus, por ejemplo, el incremento de la farmacorresistencia del VIH complica los esfuerzos para ampliar el acceso a un tratamiento efectivo y amenaza el objetivo mundial de poner fin a la epidemia para 2030. Por lo que respecta a los parásitos, la propagación del paludismo farmacorresistente es igualmente una gran preocupación.

Todavía queda mucho por hacer, tanto a nivel mundial como nacional. El Secretario General de las Naciones Unidas está en proceso de crear un grupo especial de coordinación interinstitucional, en consulta con la OMS, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y la Organización Mundial de Sanidad Animal.

La OMS prepara propuestas para un marco mundial de desarrollo y rectoría a fin de respaldar el desarrollo, control, distribución y uso adecuado de nuevos medicamentos antimicrobianos, herramientas de diagnóstico, vacunas y otras intervenciones. A más tardar en mayo de 2017, todos los países deberían tener listos sus planes de acción nacionales, tal como se exige en la resolución WHA68.73.

Para poder ver un progreso tangible, estos compromisos mundiales deben traducirse en acción coherente en el ámbito regional y nacional en todo el espectro de enfermedades y patógenos.


Referencias