Boletín de la Organización Mundial de la Salud

Abordar la vulnerabilidad de las refugiadas embarazadas

Mary Malebranche a, Kara Nerenberg a, Amy Metcalfe b y Gabriel E Fabreau a

a. Departamento de Medicina, Universidad de Calgary, Calgary, Alberta T2N 4N1, Canadá.
b. Departamento de Obstetricia y Ginecología, Universidad de Calgary, Calgary, Canadá.

Correspondencia con Mary Malebranche (correo electrónico: mary.malebranche@ucalgary.ca).

Boletín de la Organización Mundial de la Salud 2017;95:611-611A. doi: http://dx.doi.org/10.2471/BLT.17.193664

Se calcula que el número de refugiados, definidos como personas que huyen de guerras o de situaciones violentas o que tienen un miedo fundado de ser perseguidas por su raza, religión, nacionalidad, opinión política o pertenencia a un grupo social determinado,1 es actualmente de 22,5 millones,2 una cifra sin precedentes. Los países de reasentamiento de refugiados precisan urgentemente abordar las necesidades mentales, físicas y reproductivas específicas del creciente número de mujeres refugiadas. Esto es especialmente importante durante el embarazo, cuando la vulnerabilidad de las refugiadas aumenta considerablemente, lo que incrementa el riesgo de que se produzcan resultados maternos y neonatales adversos que son ampliamente prevenibles.

En septiembre de 2016, durante la Reunión de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre Refugiados y Migrantes celebrada en Nueva York, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció la importancia de abordar la vulnerabilidad específica de las refugiadas mediante la adopción de la Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes,3 en la que se hace un llamamiento internacional a la acción.

Nuestra perspectiva como profesionales sanitarios canadienses es que los países de ingresos altos como el Canadá pueden desempeñar un papel esencial en la optimización de la salud de las refugiadas. Aunque actualmente la mayoría de los refugiados en todo el mundo están acogidos en países de ingresos bajos y medianos,4 los países de ingresos altos con programas de reasentamiento de refugiados como el Canadá, Alemania y Suecia han aumentado enormemente sus esfuerzos en este ámbito. Esto se refleja en el aumento del 77% del número de refugiados que se reasentaron en países de ingresos altos en 2015 y 2016.4

No obstante, diversos estudios en los que se han analizado los resultados sanitarios de refugiadas reasentadas en países como Australia, el Canadá y Suecia muestran disparidades significativas en lo que respecta a la salud materna y perinatal en comparación con los resultados de mujeres no desplazadas.57 Entre dichas disparidades figuran mayores tasas de parto antes del término, insuficiencia ponderal al nacer, mortinatalidad y mortalidad materna.57

Estos resultados adversos no solo tienen consecuencias para las madres y sus recién nacidos en el periodo inmediatamente posterior al parto: un número creciente de pruebas indican que los resultados adversos asociados al nacimiento pueden tener repercusiones duraderas para la salud y el desarrollo del recién nacido hasta bien entrada la edad adulta. Por ejemplo, los niños nacidos antes del término tienen un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes y enfermedades cardiovasculares en etapas posteriores de la vida.8

Por otro lado, los datos demuestran que no solo las poblaciones migrantes de primera generación corren un mayor riesgo de padecer enfermedades mentales, sino que dicho riesgo puede perdurar en la segunda generación de las familias reasentadas.9 Por tanto, si no se abordan las complejas necesidades sanitarias y sociales de las refugiadas embarazadas que son reasentadas en países de ingresos altos, se perderá una valiosa oportunidad para optimizar la salud de dos generaciones.

Si se aplican intervenciones sanitarias basadas en la evidencia y se garantiza la accesibilidad a las mismas, podemos trabajar para mitigar los resultados maternos y neonatales adversos de las refugiadas reasentadas en países de ingresos altos. Muchos de estos resultados adversos se deben a factores ampliamente prevenibles como una salud deficiente antes de la concepción, breves intervalos entre embarazos y dificultades para acceder oportunamente a la atención prenatal, ocasión en la que se pueden identificar y tratar afecciones maternas preexistentes.

Sin embargo, debido a múltiples factores, como los obstáculos lingüísticos y culturales y las dificultades para desenvolverse en los complejos sistemas sanitarios y sociales de los países de acogida, las refugiadas suelen acceder tardíamente a la atención prenatal y asisten a menos consultas prenatales.10 Si se eliminan estos obstáculos y se garantiza que las refugiadas tengan acceso a una atención reproductiva en la que se tenga en cuenta el aspecto cultural y que abarque desde la concepción al posparto, podemos reducir los factores de riesgo modificables y avanzar en la eliminación de las disparidades en los resultados maternos y neonatales.

Asimismo, las intervenciones que mejoran los resultados maternos y neonatales son costoeficaces a largo plazo.11 Los costos directos e indirectos en que se incurre a lo largo de la vida en relación con embarazos de alto riesgo, partos antes del término y niños con insuficiencia ponderal son mucho mayores que los asociados a niños sanos nacidos a término.12

Habida cuenta de los desafíos cada vez mayores a que hacen frente los países desarrollados por el creciente aumento del gasto sanitario, es esencial invertir en intervenciones focalizadas y costoeficaces, como la atención prenatal para poblaciones vulnerables, especialmente las refugiadas. La inacción a este respecto puede conllevar una persistente morbilidad entre las madres refugiadas y sus recién nacidos y costosas secuelas a largo plazo.

En el contexto de la actual crisis mundial de refugiados y los llamamientos internacionales para proteger los derechos de los refugiados y eliminar las chocantes disparidades en los resultados maternos y perinatales de las refugiadas, debemos tomar medidas urgentes para satisfacer sus necesidades sanitarias desatendidas, especialmente durante el periodo altamente vulnerable que rodea el embarazo. Mediante intervenciones focalizadas, costoeficaces y basadas en la evidencia, podemos asegurarnos de que las refugiadas y sus hijos disfruten en última instancia de igualdad de oportunidades para desarrollar plenamente su potencial educacional, social y económico mientras reconstruyen sus vidas en sus nuevos hogares.

Aunque nos hemos centrado específicamente en el papel de los países de ingresos altos en este ámbito, el desafío es mundial. En todos los países, ya sean de ingresos altos, medianos o bajos, no podemos permitirnos obviar el llamamiento a la acción realizado por las Naciones Unidas para proteger y atender a las mujeres refugiadas.


Referencias