Enfermedades crónicas y promoción de la salud

Prevención de las enfermedades crónicas


Medias verdades #1. La historia de Jonas Kassa

Medias verdades #1: "De algo nos tenemos que morir"

Sin duda, todos nos morimos de algo, pero la muerte no tiene por qué ser lenta, dolorosa o prematura. La mayoría de las enfermedades crónicas no provocan una muerte repentina. Antes bien, tienden a afectar y debilitar al paciente de forma gradual, sobre todo si no son objeto de un control correcto. La muerte es inevitable, pero no así una vida de mala salud prolongada. La prevención y el control de las enfermedades crónicas ayudan a las personas a vivir más tiempo y a disfrutar de una vida más sana.

Morir lenta, dolorosa y prematuramente: Jonas Kassa,
65 años, Tanzanía (diabetes)

Antes de jubilarse como profesor de matemáticas, Jonas Justo Kassa trabajaba sus tierras después de dar las clases. Recuerda que se sentía muy cansado y que tenía que orinar constantemente. «Suponía que estaba trabajando demasiado; ojalá hubiese sabido lo que de verdad ocurría», se lamenta muchos años más tarde.

A pesar de los síntomas, Jonas esperó varios años antes de buscar atención. «Primero fui a un curandero tradicional, pero después de tomar durante varios meses las hierbas que me recetó no sentía ninguna mejoría», recuerda. «Así que un amigo me llevó al hospital, a 90 minutos en coche desde aquí. Me diagnosticaron la diabetes en 1997.» Los dos años siguientes fueron de gran alivio pues Jonas se sometió a trata-miento médico para estabilizar los niveles de glucosa en sangre.Cambió también la dieta y dejó de beber siguiendo las recomendaciones de su médico. Pero Jonas no mantuvo mucho tiempo esos hábitos más sanos, y eso repercutió en su salud.

La prevención y el control de las enfermedades crónicas ayudan a las personas a vivir más tiempo y a disfrutar de una vida más sana

«Me empezaron a doler las piernas en 2001. No podía medirme el azúcar, y en las laderas del Kilimanjaro, tan alejado de todo, es difícil conseguir un médico.» El dolor se hizo mucho más intenso y, desafortunadamente, unas complicaciones que podían haberse evitado acabaron por aparecer. Jonas perdió las dos piernas, pues hubo que amputarlas en 2003 y 2004. «Ahora me encuentro condenado a esta situación y solo. Mis amigos me han abandonado. No puedo hacer nada por ellos ni por mi familia», declaró con resignación antes de morir en su casa, el 21 de mayo de 2005. Jonas tenía 65 años.

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