Enfermedades crónicas y promoción de la salud

Prevención de las enfermedades crónicas


Error #8. La historia de Roberto Campos

ERROR #8: Las enfermedades crónicas afectan principalmente a las personas ricas

Muchos creen que las enfermedades crónicas afectan principalmente a los ricos. La verdad es que, salvo en los países menos adelantados, en todo el mundo las personas pobres tienen muchas más probabilidades que las ricas de desarrollar enfermedades crónicas, y en todas partes tienen más probabilidades de morir por esa causa. Además, las enfermedades crónicas conllevan un considerable gasto financiero y pueden hundir a individuos y hogares en la pobreza.

Hacer frente a la enfermedad y a una pobreza creciente: Roberto Campos, 52 años, Brasil (accidente cerebrovascular)

Roberto Severino Campos vive en una barriada de las afueras de São Paulo con sus siete hijos y 16 nietos. Roberto nunca dio importancia a su hipertensión ni a su costumbre de beber y fumar. «Era tan tozudo», recuerda su hija de 31 años, Noemia, «que no podíamos hablar de su salud». Hace seis años Roberto sufrió su primer accidente cerebrovascular. Con 46 años, sus piernas quedaron paralizadas. Cuatro años más tarde perdió el habla de resultas de dos accidentes cerebrovasculares consecutivos. Roberto se ganaba la vida como trabajador del transporte público, pero ahora depende absolutamente de su familia para sobrevivir.

Desde el primer accidente cerebrovascular, su esposa ha trabajado muchas horas como mujer de la limpieza para mantener a la familia. Su hijo mayor también está ayudando a pagar los gastos, pues la mayor parte de los ingresos de la familia se dedican a comprar los pañales que necesita Roberto. «Afortunadamente la medicación y los chequeos son gratuitos, pero a veces no tenemos dinero para el autobús que va al centro médico local», nos dice Noemia.

Las personas que ya son pobres son las que más probabilidades tienen de sufrir problemas económicos a causa de las enfermedades crónicas

Pero los problemas no acaban ahí: el hogar ha perdido no sólo al sostén de la familia, sino también a un padre y abuelo dedicado en el que todos los miembros de la familia podían confiar. Roberto está ahora atrapado en su propio cuerpo y necesita en todo momento a alguien que le alimente y atienda sus necesidades más básicas. Noemia lo saca de cuando en cuando de casa para que pueda respirar aire fresco: «Nos gustaría poder conseguirle una silla de ruedas». Noemia y cuatro de sus hermanos también padecen hipertensión.



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