Alerta y Respuesta Mundiales (GAR)

Inicio en Guinea: el brote se irradia —sin detectarse— durante más de tres meses

Seis meses después de la declaración del brote de ebola

El 26 de diciembre de 2013, un niño de dos años del remoto pueblo guineano de Meliandou enfermó misteriosamente. Los síntomas que presentaba eran fiebre, heces negras y vómitos. Murió dos días después. Más tarde, la labor de detección retrospectiva de casos llevada a cabo por la OMS permitiría identificar a ese niño como el primer caso de enfermedad por el virus de Ebola (EVE) en África Occidental. Las circunstancias en torno a su enfermedad fueron premonitorias.

El bosque: la cuna del virus

Durante los muchos años de inestabilidad civil en el país, los recursos naturales fueron explotados por empresas mineras y madereras. El medio ambiente de la zona de bosque denso cambió. Los murciélagos de la fruta, considerados por la mayoría de los científicos como el reservorio natural del virus, se acercaron a los asentamientos humanos.

Casi con toda seguridad, hubo cazadores —cuya seguridad alimentaria y subsistencia dependen de la carne de caza—que abatieron animales salvajes infectados, probablemente monos, antílopes de los bosques o ardillas (en las investigaciones de la OMS acerca de los orígenes de brotes anteriores de EVE se han encontrado primates y otros animales salvajes muertos en selvas y bosques). Las esposas de los cazadores prepararon la carne para el consumo familiar.

Aunque nadie lo sabía entonces, el virus del Ebola había encontrado un nuevo acomodo en una población altamente vulnerable.

Meliandou se encuentra en lo que actualmente se denomina «la zona caliente» del brote: una zona boscosa triangular en la que convergen las fronteras de Guinea, Liberia y Sierra Leona. Estos tres países tenían un altísimo nivel de pobreza, y sus infraestructuras sanitarias estaban seriamente dañadas tras años de inestabilidad civil.

La pobreza es generalizada. Muchas personas carecen de un empleo estable y remunerado. La búsqueda de trabajo por estas personas contribuye a la existencia de movimientos fluidos de población a través de fronteras extremadamente permeables, lo que representa una situación ideal para un virus altamente contagioso.

Tras la muerte del niño, la misteriosa enfermedad siguió expandiéndose sin ser detectada y generó varias cadenas de transmisión mortal.

En un país en donde no existían casos de Ebola, era difícil detectarlo

Más tarde —en mayo de este año—, una vez identificado el agente causal, una investigación retrospectiva de la OMS sobre este primer evento dirigida por el Dr. Pierre Formenty, especialista superior en EVE de la Organización, permitiría rastrear los primeros 14 casos con gran detalle.

Como señaló el Dr. Formenty, en estos primeros casos, las características clínicas de la enfermedad y la pauta de transmisión no proporcionaron pistas sólidas o convincentes de cuál podría ser el agente causal, especialmente en un país con numerosos antecedentes de otras muchas enfermedades mortíferas.

Sin embargo, era sin duda una enfermedad mortal: esos 14 pacientes murieron, la mayoría de ellos pocos días después del inicio de los síntomas. Estaba claro que había habido exposiciones de alto riesgo (cuidado de familiares enfermos, preparación de cadáveres para su entierro o partos), pero ello tampoco brindaba pistas decisivas. Las alarmas podrían haber saltado si algún médico o funcionario de salud del país hubiera visto alguna vez un caso de EVE. Nadie había visto ninguno anteriormente. Tampoco sospecharon nada ni el Gobierno ni la comunidad internacional de salud pública.

Como señaló el Dr. Formenty, nadie que no conociera el virus del Ebola podría haber adivinado en una fase tan temprana que esta podía ser la causa. La investigación de la OMS también puso de manifiesto un hecho que se convertiría en un factor fundamental de la evolución de los brotes en Guinea y en otras partes: el rápido movimiento de población desde los pueblos hasta la capital de Guinea y a través de la frontera con Sierra Leona. Un indicio premonitorio de lo que estaba por llegar es que uno de esos primeros casos de EVE murió en Sierra Leona.

Los habitantes de los pueblos estaban asustados y desconcertados, al igual que sus médicos. La zona es tristemente conocida por los brotes de cólera y muchas otras enfermedades infecciosas. Aunque los casos de paludismo han disminuido en los últimos años, esa enfermedad sigue siendo la causa de muerte más persistente y preponderante en el país. Las autoridades sanitarias estaban en estado de alerta elevada pero no lograban dar con el agente causal, debido a que sus síntomas iniciales se parecían a los de muchas otras enfermedades endémicas. Mientras que el brote seguía propagándose, su agente causal permanecía oculto.

Propagación del virus

En ulteriores investigaciones retrospectivas de la OMS se puso de manifiesto la manera en que el primer grupo de casos de Meliandou había desencadenado la propagación del virus a otros lugares. Las cadenas de transmisión que comenzaron con la enfermedad y muerte de dos parteras sumieron a más pueblos en una situación de crisis.



Empezaron a aparecer casos en un hospital de Gueckedou –una ciudad situada en esa misma zona caliente–, donde las sospechas iniciales de los médicos tratantes se centraron en el cólera. De las nueve muestras de pacientes analizadas para detectar la bacteria del cólera, siete dieron positivo. No parecía que se tratara exactamente del cólera, pero las pruebas realizadas eran sensibles y específicas para dicha enfermedad y, una vez más, el virus del Ebola pasó inadvertido.

A medida que la investigación avanzaba, empezaron a aparecer vínculos entre muertes de causa desconocida ocurridas en diferentes lugares. Comenzaron a aparecer conexiones entre las distintas zonas afectadas. Posiblemente se trataba de un único agente patógeno, pero se desconocía cuál.

Afortunadamente, varios miembros de Médicos Sin Fronteras (MSF) se encontraban ya en el país para hacer frente a un grave brote de paludismo. Posteriormente, los médicos de MSF pasarían rápidamente a gestionar la atención clínica del abultado número de pacientes de EVE.

A principios de marzo, los funcionarios de salud de Guinea, el personal de MSF y la OMS sabían que algo extraño y muy preocupante estaba pasando, pero nadie sabía exactamente qué. Más de tres meses después de esa primera muerte ocurrida a finales de diciembre, el virus del Ebola seguía sin figurar entre los agentes sospechosos de provocar las misteriosas muertes en África Occidental.

Con gran preocupación, el MSF envió a mediados de marzo un informe a uno de los especialistas en detección de enfermedades más experimentados e intuitivos de su oficina en Ginebra. Ese experto sospechó inmediatamente de que se trataba de una fiebre hemorrágica, provocada posiblemente por el virus de Marburgo (el mayor brote de la historia se registró en Angola en 2004-2005) o incluso el virus del Ebola (un evento sin precedentes en esta parte del mundo).

Diagnóstico

El Ministerio de Salud envió muestras al Instituto Pasteur de París. Las primeras conclusiones fueron estremecedoras: el agente causal era efectivamente el virus del Ebola. ¿Quién podría haber imaginado que ese infame virus, anteriormente confinado en África Central y el Gabón, emergería en otra parte remota del continente? Los resultados de los análisis virológicos subsiguientes fueron incluso peores: se trataba de la especie Zaire, la más letal de las cinco especies de virus del Ebola.

La OMS publicó la notificación oficial del virus del Ebola en su sitio web el 23 de marzo. Por entonces, la OMS ya había enviado equipos de protección personal a Conakry y había activado su centro de vanguardia para el rastreo de casos y la respuesta al brote en tiempo real. Los primeros equipos médicos, desplegados en el marco de la Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos (GOARN) de la OMS, llegaron al país el 25 de marzo.

La implacable propagación del virus

Entre tanto, el virus había proseguido su implacable avance. Las malas noticias incluso se agravaron cuando el virus se extendió a Conakry, donde se confirmaron los primeros casos –que se multiplicaron rápidamente– el 27 de marzo. En Conakry y en otras partes, el número de nuevos casos crecía como un incendio alimentado con combustible.

El fuego había prendido. Por entonces, las llamas, avivadas por las nuevas cadenas de transmisión, ya no se podían apagar, aun si seguían llegando equipos médicos extranjeros de la GOARN de la OMS y otros asociados.

La evolución posterior de la situación fue desgarradora, a medida que la rotunda respuesta nacional e internacional se ampliaba y se intensificaba la presión para detener el virus. En al menos tres ocasiones hubo perspectivas alentadoras de control a nivel nacional y se emprendió la cuenta atrás de un periodo de incubación de 21 días con la esperanza de que no se produjera ningún nuevo caso de EVE.

Se contuvo la respiración cuando Guinea pareció lista para iniciar el segundo periodo de 21 días sin ningún caso nuevo de EVE, requisito exigido por la OMS para poder declarar el fin del brote. En cada ocasión, la vigilancia se relajó y la sensación de emergencia disminuyó porque los funcionarios de salud locales dieron por hecho que el brote se había acabado.

El país nunca lo logró. A medida que se acercaba el plazo, el virus aparecía de repente en pueblos y ciudades anteriormente controlados. En otros casos, el virus continuó avanzando e infectó zonas anteriormente intactas.

Un problema regional

Algunos observadores han conjeturado que estos aciagos ciclos de mejora y deterioro en los que periodos de aparente control van seguidos de un recrudecimiento de la situación ponen de manifiesto la virulencia que ha adquirido este virus del Ebola-Zaire. Sin embargo, estos episodios se deben más probablemente a la reintroducción del virus en Guinea a través de unas fronteras tristemente permeables desde los países vecinos de Liberia y Sierra Leona, en los que el brote tiene una magnitud considerable.

Esta explicación más realista evidencia claramente que el control de la enfermedad en Guinea no será posible hasta que no disminuya la carga de casos en los países vecinos. Dadas las tendencias actuales, las perspectivas de que esto pase en un futuro cercano no son nada alentadoras.

Obstáculos para controlar la enfermedad

Actualmente, uno de los principales obstáculos para controlar la enfermedad es la violencia ejercida por una población empobrecida, aterrorizada y destrozada que no sabe contra qué hay que luchar y se defiende de la única forma que puede.

La semana pasada, varios trabajadores sanitarios de diversas partes del país fueron atacados brutalmente por multitudes enfurecidas, lo que obligó a algunos equipos médicos a huir para salvar sus vidas. Un equipo se escondió en el monte durante más de un día. Otros vieron cómo una multitud destrozaba sus vehículos y cogían y quemaban públicamente sus medicamentos y equipos, a modo de ritual de «limpieza».