Alerta y Respuesta Mundiales (GAR)

Fiebre hemorrágica de Marburgo – Nota descriptiva

31 de marzo de 2005

La fiebre hemorrágica de Marburgo es una enfermedad grave y de alta letalidad, provocada por un virus de la misma familia que el virus de la fiebre hemorrágica del Ebola. Al microscopio electrónico, las partículas víricas aparecen como filamentos alargados, que a veces se enrollan adoptando formas singulares; de ahí el nombre de esta familia: Filoviridae. Estos virus se encuentran entre los patógenos conocidos más virulentos para el hombre.

Aunque están causadas por virus distintos, las dos enfermedades son casi idénticas desde el punto de vista clínico. Ambas son raras, pero pueden originar brotes epidémicos alarmantes, con alta letalidad. En general, las autoridades sanitarias sólo han prestado atención a los brotes anteriores cuando la transmisión se ha intensificado debido a un control inadecuado de la infección en el entorno asistencial.

No se dispone de vacuna ni de tratamiento específico para ninguna de estas dos enfermedades. A pesar de que durante años se han realizado investigaciones minuciosas en centenas de mamíferos, insectos y plantas, no se ha logrado identificar ningún reservorio ni ninguna fuente ambiental de estos virus. Los monos pueden infectarse, pero no se consideran reservorios viables, puesto que prácticamente todos los animales infectados mueren demasiado rápidamente como para permitir la supervivencia del virus. Se piensa que los seres humanos no forman parte del ciclo de transmisión natural y que su infección es accidental.

Historia natural y cuadro clínico

Agente causal. Marburgvirus, de la familia Filoviridae.

Distribución geográfica. Se han descrito brotes epidémicos y casos esporádicos en Angola, Kenya, la República Democrática del Congo y Sudáfrica (en una persona que había viajado poco tiempo atrás a Zimbabwe). Los primeros brotes, registrados en Alemania y en la antigua Yugoslavia en 1967, se produjeron tras el contacto con monos verdes africanos (Cercopithecus aethiops) importados de Uganda para trabajos de laboratorio.

Transmisión. La transmisión del virus de persona a persona requiere un contacto muy estrecho con un enfermo. El contagio se produce por contacto con sangre u otros líquidos corporales (heces, vómitos, orina, saliva y secreciones respiratorias) con alta concentración de virus, especialmente cuando estos líquidos contienen sangre. Se puede producir transmisión a través de semen infectado hasta siete semanas después de la curación clínica. Se piensa que el contagio por contacto casual es extremadamente raro. La baja tasa de transmisión en caso de contacto casual sugiere que la transmisión por aerosoles provenientes de las vías respiratorias no es eficiente, si acaso se produce. La transmisión no ocurre durante el período de incubación. Los pacientes parecen ser más contagiosos durante la fase aguda de la enfermedad, que se acompaña de manifestaciones hemorrágicas. El contacto estrecho con un paciente grave, durante la asistencia domiciliaria u hospitalaria, y ciertas prácticas funerarias son vías de infección frecuentes. Cuando la transmisión se produce a través de material de inyección contaminado o por pinchazo accidental con una aguja, la enfermedad resulta más grave, el estado del paciente se deteriora rápidamente y es posible que la letalidad sea mayor.

Período de incubación. Entre tres y nueve días.

Susceptibilidad. Los seres humanos son susceptibles a esta infección a cualquier edad, pero la mayoría de los casos se han registrado en adultos. Antes del actual brote epidémico en Angola, se pensaba que los casos pediátricos eran sumamente raros. Durante el mayor brote epidémico registrado anteriormente, que tuvo lugar en la República Democrática del Congo desde finales de 1998 hasta 2000, sólo 12 casos (8%) tenían menos de 5 años.

Cuadro clínico. La enfermedad causada por el virus de Marburgo comienza súbitamente, con cefalea y malestar intensos. Las mialgias son síntomas frecuentes.

Por lo general, el primer día aparece fiebre alta, seguida por un debilitamiento progresivo y rápido. Alrededor del tercer día comienza una diarrea líquida profusa, acompañada de dolor abdominal y cólicos, náuseas y vómitos. La diarrea puede durar una semana. Según se ha descrito, en esta fase de la enfermedad los pacientes presentan un aspecto «fantasmal», con ojos hundidos, rostro inexpresivo y letargo extremo. En el brote epidémico europeo de 1967 la mayoría de los pacientes presentaron un exantema no pruriginoso entre el segundo y el séptimo día después del inicio de los síntomas. Muchos pacientes presentan manifestaciones hemorrágicas graves entre el quinto y el séptimo día, y en los casos mortales suele producirse algún tipo de hemorragia, generalmente en múltiples localizaciones. La observación de sangre fresca en vómitos y heces coincide generalmente con hemorragias nasales, gingivales y vaginales. Las hemorragias espontáneas en los puntos de punción venosa pueden ser muy problemáticas. Durante la fase aguda de la enfermedad, los pacientes presentan continuamente fiebre alta. La afectación del sistema nervioso central puede ocasionar un estado confusional, irritabilidad y agresión. Se ha descrito ocasionalmente la aparición de orquitis en la fase tardía de la enfermedad (15.° día).

En los casos mortales, el paciente suele fallecer entre ocho y nueve días después de la aparición de los primeros síntomas, generalmente tras hemorragia masiva y choque.

Historia de los brotes registrados

Reservorio natural del virus. Desconocido.

1967: Alemania y Yugoslavia. La fiebre hemorrágica de Marburgo se detectó por primera vez al producirse brotes epidémicos simultáneos en Marburgo y Frankfurt (Alemania), y Belgrado (antigua Yugoslavia). Los casos iniciales ocurrieron en personal de laboratorio que trabajaba con monos verdes africanos importados de Uganda. Se registraron en esa ocasión 25 casos primarios, siete de los cuales fueron mortales, y seis casos secundarios, sin fallecimientos. Los casos primarios se observaron entre el personal de laboratorio expuesto al virus de Marburgo por contacto con monos infectados o con sus tejidos. Los casos secundarios comprendieron dos médicos, una enfermera, un ayudante de autopsias y la esposa de un veterinario. En todos estos casos se había producido un contacto directo ―generalmente por contacto con sangre― con un caso primario. Ambos médicos se contaminaron al pincharse accidentalmente cuando extraían sangre a pacientes.

1975: Sudáfrica, posiblemente a través de Zimbabwe. A mediados de febrero de 1975 ingresó en un hospital de Johannesburgo (Sudáfrica) un varón de 20 años, de nacionalidad australiana, en estado grave. A principios del mismo mes, el joven y su compañera de 19 años habían recorrido Zimbabwe, durmiendo a menudo al aire libre. El paciente murió cuatro días después de su ingreso. Se procedió entonces al aislamiento de todas las personas que habían estado en contacto directo con él y se tomaron medidas estrictas para controlar la infección. No obstante, la enfermedad se propagó a su compañera de viaje y a una enfermera de 20 años que había atendido a ambos pacientes. Las dos mujeres recibieron un tratamiento de apoyo enérgico y finalmente se recuperaron.

1980: Kenya. El 8 de enero de 1980, un francés de 56 años de edad que trabajaba en la provincia Occidental presentó repentinamente fiebre, seguida de cefalea, diarrea y vómitos. Entre sus antecedentes recientes de viaje figuraba una visita a la cueva de Kitum, en el Parque Nacional del Monte Elgon (Kenya). A pesar de la asistencia especializada que recibió en Nairobi y de los intentos de reanimación intensiva realizados, el paciente murió el 15 de enero. El médico que había efectuado la reanimación presentó síntomas nueve días después, pero se recuperó.

1987: Kenya. El 13 de agosto de 1987, un adolescente danés de 15 años que estaba en Kenya desde hacía un mes fue hospitalizado con un cuadro de cefalea, malestar general, fiebre y vómitos, de tres días de duración. Nueve días antes de que aparecieran los síntomas, había visitado la cueva de Kitum, en el Parque Nacional del Monte Elgon (Kenya). A pesar del tratamiento de apoyo enérgico administrado, el paciente murió el 11.° día de la enfermedad. No se detectó ningún otro caso.

1998–2000: República Democrática del Congo. El brote de la República Democrática del Congo fue el primer gran brote de la enfermedad que se produjo en condiciones naturales. Se desarrolló de fines de 1998 a 2000 y se registraron 154 casos, de los cuales 128 fueron mortales, lo que corresponde a una tasa de letalidad del 83%. Las personas afectadas fueron mayoritariamente hombres jóvenes que trabajaban en una mina de oro de Durba, en el nordeste del país, donde se localizó el epicentro del brote. Posteriormente se detectaron casos en el pueblo vecino de Watsa. Entre los familiares que participaban directamente en el cuidado de los pacientes se registraron algunos casos, pero la transmisión secundaria pareció ser infrecuente. Los estudios virológicos posteriores indicaron que, en más de siete ocasiones, se habían introducido en poblaciones humanas diversas cepas de virus, provenientes de alguna fuente ambiental desconocida.

2004–2005 (en curso): Angola. Se piensa que el brote comenzó en la provincia de Uíge, en octubre de 2004. Al 2 de abril de 2005, el Ministerio de Salud había notificado un total acumulado de 163 casos, 150 de los cuales habían sido mortales. La mayoría de los casos detectados en otras provincias se han relacionado directamente con el brote de Uíge. A petición del gobierno angoleño, se ha organizado una asistencia internacional, coordinada por la OMS, para ayudar a controlar este brote.

En el sitio OMS Brotes epidémicos se puede encontrar información actualizada sobre la evolución de este brote.

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