Alerta y Respuesta Mundiales (GAR)

Medidas para los establecimientos escolares

Gripe pandémica (H1N1) 2009. Nota informativa núm. 10

La OMS publica una serie de recomendaciones acerca de las medidas que se pueden adoptar en las escuelas para atenuar el impacto de la pandemia de gripe por H1N1. Las recomendaciones se basan en las recientes experiencias de varios países, así como en estudios de las consecuencias sanitarias, económicas y sociales del cierre de escuelas. Los estudios han sido realizados por miembros de una red oficiosa de la OMS de modelización matemática de la pandemia.

Según los datos obtenidos hasta la fecha, las escuelas participan en la amplificación de la transmisión del virus, tanto en el interior de los establecimientos como en el conjunto de la sociedad. No cabe duda de que la aparición de brotes en las escuelas es un aspecto importante de la actual pandemia, pero no se dispone de ninguna medida que por sí sola pueda detener o limitar la transmisión en las escuelas, que son lugares particularmente propicios para la transmisión del virus.

La OMS recomienda la aplicación de una serie de medidas que se pueden adaptar en función de las situaciones epidemiológicas locales, los recursos disponibles y el papel social que desempeñan muchas escuelas. Las autoridades nacionales y locales son quienes mejor pueden decidir cuáles son las medidas que habría que adaptar y aplicar, y de qué modo.

La OMS sigue recomendando que los alumnos, los profesores y los demás empleados que no se encuentren bien se queden en sus casas. Por otra parte, habría que disponer de planes y de espacio para aislar a los estudiantes y los empleados que enfermen en la propia escuela.

Las escuelas deberían promover la higiene de las manos y una conducta cívica al toser y estornudar, y hacer acopio de los suministros apropiados. Asimismo, se aconseja limpiar y ventilar adecuadamente los locales, para disminuir los efectos de la aglomeración de personas.

Cierre de escuelas y suspensión de las clases

Las decisiones relativas a la conveniencia de cerrar las escuelas son complejas, y dependen en gran medida del contexto. La OMS no puede formular recomendaciones específicas a favor o en contra del cierre de escuelas que sean de aplicación en todos los entornos. Sin embargo, sí pueden ofrecerse orientaciones generales a la luz de las experiencias recientes de varios países tanto del hemisferio septentrional como del austral, de la modelización matemática, y de las experiencias adquiridas durante las epidemias de gripe estacional.

El cierre de escuelas puede ser una medida proactiva, encaminada a disminuir la transmisión en la escuela y la propagación al resto de la comunidad, pero también puede ser una medida reactiva, si se cierran los establecimientos o se suspenden las clases porque el elevado ausentismo entre los estudiantes o el personal impida proseguir la actividad docente.

El efecto benéfico principal del cierre proactivo de las escuelas, en términos sanitarios, es el freno de la propagación del brote dentro de una zona determinada, y por consiguiente el recorte del número máximo de infecciones en el momento álgido. Ese efecto es particularmente importante cuando el número de personas que necesitan asistencia médica en el pico de la pandemia amenaza con saturar o desbordar la capacidad de los servicios de atención de salud. El cierre escolar puede también proporcionar algo de tiempo a los países en el momento en que intensifican las medidas de preparación o hacen acopio de reservas de vacuna o medicamentos antivirales, o prevén otras intervenciones.

Es particularmente importante el momento elegido para cerrar las escuelas. Los estudios de modelización sugieren que el cierre escolar ofrece los mayores beneficios si se efectúa en una fase muy temprana del brote, en lo posible antes de que enferme el 1% de la población. Se estima que en condiciones ideales el cierre de las escuelas puede disminuir entre el 30% y el 50% la demanda de asistencia sanitaria en el máximo de la pandemia. Sin embargo, si el cierre se produce demasiado tarde en el transcurso de un brote que afecte al conjunto de la comunidad, la disminución de la transmisión probablemente sea muy escasa.

Las políticas de cierre de establecimientos escolares deben prever medidas que limiten el contacto entre los escolares fuera de los centros. Si los estudiantes se reúnen fuera de las escuelas, seguirán transmitiéndose el virus, y los beneficios del cierre disminuirán en gran medida, si no se anulan por completo.

Costos económicos y sociales

En el momento de adoptar medidas, las autoridades sanitarias y escolares deben tener presentes los costos económicos y sociales, que pueden ser desproporcionadamente elevados respecto de esos beneficios potenciales.

Los principales costos económicos son consecuencia del ausentismo laboral de los progenitores o tutores, que deben quedarse en casa para ocuparse de los niños. De las estimaciones de los estudios se desprende que los cierres escolares pueden provocar el ausentismo del 16% de la fuerza de trabajo, que habrá que sumar a los niveles ordinarios de ausentismo y a los provocados por la enfermedad. De todos modos, esas estimaciones varían considerablemente según los países en función de varios factores, en particular de la estructura de la fuerza laboral.

Paradójicamente, el cierre de una escuela puede disminuir la demanda máxima impuesta a un sistema de salud y a la vez perturbar la prestación de atención de salud esencial, puesto que abundará el personal médico y de enfermería con hijos en edad escolar.

A la hora de tomar la decisión habrá que considerar asimismo las cuestiones sociales, pues la salud y el bienestar de los niños pueden verse perjudicados si se interrumpen determinados programas escolares socialmente muy benéficos, tales como los de distribución de alimentos, o si los niños tienen que quedarse en casa solos y sin supervisión.

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