Alerta y Respuesta Mundiales (GAR)

Fiebre hemorrágica de Marburgo en Angola - actualización

23 de marzo de 2005

En pruebas de laboratorio se ha determinado que el agente causal de un brote de supuesta fiebre hemorrágica vírica ocurrido en Angola es el virus de Marburgo. El 21 de marzo se identificó el virus en muestras de nueve de los 12 casos mortales registrados.

Mediante un análisis retrospectivo se han atribuido ahora 102 casos a ese brote, que se remonta a octubre de 2004. De ellos, 95 han sido mortales.

La mayoría de los casos se concentran en estos momentos en la provincia de Uige, en el norte del país.

Desde el comienzo del brote, el número de casos mensuales ha ido aumentando progresivamente, pero ese incremento podría deberse a la intensificación de la vigilancia. Un 75% de los casos se han dado en niños menores de cinco años. Entre los casos adultos se cuentan un pequeño número de miembros del personal de salud.

La enfermedad por el virus de Marburgo carece de vacuna y de tratamiento, y puede provocar la muerte con gran rapidez. En el presente brote, la mayoría de las defunciones se han producido entre 3 y 7 días después de la aparición de los síntomas.

Se sabe, por brotes anteriores, que el contacto directo con líquidos orgánicos de personas infectadas (por ejemplo, en los servicios de atención de salud o durante determinadas prácticas funerarias), aumenta el riesgo de infección.

La OMS presta apoyo a los esfuerzos desplegados por el Ministerio de Salud de Angola para reforzar el control de la infección en los hospitales, mejorar la detección de los casos y la localización de los contactos, y aumentar el conocimiento público de la enfermedad y de sus modos de transmisión.

Antecedentes

La enfermedad por el virus de Marburgo es una afección febril aguda que se acompaña de manifestaciones hemorrágicas severas. Tiene un periodo de incubación de entre 3 y 9 días. En los primeros estadios de la infección, sus síntomas son inespecíficos y pueden confundirse fácilmente con otras enfermedades más comunes, como la malaria, la fiebre amarilla y la fiebre tifoidea. Sus primeros síntomas son diarrea líquida intensa, dolor abdominal, náuseas y vómitos, y dolor torácico y pulmonar intenso, irritación de la garganta y tos. Una gran proporción de los casos presentan manifestaciones hemorrágicas severas a los 5-7 días, que casi siempre afectan al aparato gastrointestinal y a los pulmones. En ese momento aparece una erupción característica, que en ocasiones cubre el cuerpo entero.

La enfermedad se describió en 1967, cuando sendos brotes simultáneos afectaron a personal de laboratorio de Marburgo y Frankfurt (Alemania) y Belgrado (Yugoslavia). Los brotes provocaron 31 casos, siete de ellos mortales, y pudieron vincularse posteriormente con el contacto con monos infectados que se habían importado de Uganda.

El virus desapareció hasta febrero de 1975, cuando un varón gravemente enfermo que había estado poco antes en Zimbabwe fue ingresado en un hospital de Sudáfrica. La infección se contagió al compañero de viaje del enfermo y a una enfermera del hospital. El hombre murió, pero las otras dos personas se recuperaron.

En 1980 se registraron dos casos en Kenya, uno de ellos mortal. En 1987 se produjo un nuevo caso en Kenya, también mortal.

El mayor brote conocido, ocurrido en la República Democrática del Congo desde finales de 1998 hasta finales de 2000, produjo 149 casos, 123 de ellos mortales. Inicialmente, el brote afectó a los trabajadores de una mina de oro de Durba.

La enfermedad por el virus de Marburgo es muy infrecuente y parece confinada geográficamente a un pequeño número de países de la parte austral del continente africano. Cuando se declara, la enfermedad es potencialmente epidémica, pues se propaga entre personas, muy a menudo durante el cuidado de los pacientes. Por esa razón, en el tratamiento de los casos hay que aplicar estrictamente las medidas pertinentes de control de la infección, Para contener los brotes de enfermedad por el virus de Marburgo es necesario también localizar y aislar rápidamente a los contactos. Se precisan medidas de educación sanitaria para informar a las comunidades de los riesgos que pueden presentar algunas prácticas funerarias tradicionales.

Pese a las intensas investigaciones realizadas a lo largo de estos años, no se ha logrado encontrar ningún reservorio animal del virus ni determinar en qué lugar de la naturaleza se oculta entre los brotes.

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