Directora General

Mensaje de fin de año del Director General a todo el personal de la OMS

Estimados colegas:

El final de un año es un buen momento para mirar hacia atrás y reflexionar sobre los logros, así como para mirar delante de nosotros lo que queda por hacer.

En una organización tan grande como la OMS, que tiene más de 8000 empleados desplegando una amplia variedad de actividades en muchas partes del mundo, nadie puede ver la totalidad de nuestro trabajo. Es una lástima porque, de hecho, es notable lo que podemos hacer en apoyo de nuestros Estados Miembros y su población. Generalmente no llamamos la atención sobre el trabajo individual del personal porque trabajamos juntos. Pero en este mensaje quiero destacar algunos momentos del año en los cuales me he sentido muy orgulloso de lo que hemos conseguido. Y desde ya quiero agradecer a todos, en especial a quienes están lejos de sus hogares, la labor cumplida en lugares remotos o difíciles.

La semana pasada estuve en la zona del Pakistán afectada por el terremoto. Dondequiera que iba, la gente elogiaba la respuesta sanitaria al desastre y expresaba su agradecimiento a la OMS.

Rápidamente, a los primeros días del desastre, nuestro personal envió suministros médicos a las zonas afectadas y comenzó a salvar vidas. Llegaron expertos de todas partes del mundo para contribuir a los esfuerzos de socorro. La Oficina Regional en El Cairo tuvo la excelente idea de enviar a equipos sensibles a las necesidades especiales de la población, por ejemplo veló por que hubiera trabajadoras de salud a disposición para ayudar a las numerosas mujeres que daban a luz.

La Dra. Bushra Shams es la funcionaria del programa antituberculoso de la OMS en la zona de Cachemira administrada por el Pakistán. Cuando ocurrió el desastre ella ofreció rápidamente sus servicios como médica; curó y suturó heridas y atendió a cientos de personas. Funcionarios del Programa nacional como Bushra desempeñan un papel cada vez más importante en el trabajo de la OMS en el mundo entero. Valoramos la función esencial que cumple cada uno de ustedes.

En situaciones de desastre hay numerosos héroes no reconocidos debidamente, como los muchos que no aparecen aquí fotografiados, quienes evaluaron las necesidades, reunieron a los equipos, enviaron suministros a los lugares más necesitados, iniciaron tratamientos para salvar vidas y se conectaron con los demás participantes en las actividades de socorro.

Las respuestas a los desastres han figurado este año entre nuestras actividades sobresalientes. Cuando golpeó el maremoto del 26 de diciembre del año pasado, muchos de ustedes estaban de vacaciones. Poco después de haberse enterado de las noticias se comunicaron con nosotros. No faltaron voluntarios para integrar los equipos internacionales. La escala del desastre fue casi abrumadora: más de cinco millones de personas afectadas simultáneamente en ocho países.

Fuimos uno de los primeros organismos en llegar sobre el terreno. En poco tiempo teníamos a expertos trabajando en un centro de operaciones de urgencia en la Oficina Regional en Nueva Delhi y a bordo del portaaviones de los EE.UU. Abraham Lincoln frente a las costas de Aceh. Esos expertos se conectaron a su vez con el Centro Estratégico de Operaciones Sanitarias de la Sede, desde donde se coordinaba nuestra respuesta. Fueron momentos de exigencias increíbles. Pero ustedes estuvieron a la altura de los desafíos, y seguirán estándolo durante las obras de reconstrucción.

En 2005 hubo una serie de crisis, las más visibles de las cuales fueron desastres naturales como el maremoto, los terremotos ocurridos en Asia meridional y los huracanes en América del Norte. Pero los conflictos también generan crisis sanitarias: las poblaciones devastadas y desplazadas pierden contacto con los servicios médicos y experimentan una mayor vulnerabilidad y traumatismos. Por otra parte, se producen brotes impredecibles de enfermedades, como la fiebre hemorrágica del Ebola en el Congo o la fiebre hemorrágica de Marburgo en Angola, que requieren una respuesta técnica especializada. En cada uno de esos casos la OMS ha estado a la altura de las expectativas. Nuestros Estados Miembros saben que pueden contar con que nos movilizaremos rápidamente y responderemos bien. Confían en nosotros.

Una y otra vez, el personal de la OMS está haciendo mucho más que un trabajo.

La oficina de la OMS en la República Centroafricana es una de las muchas donde las condiciones son difíciles. No es fácil trabajar allí. Hay problemas de seguridad, y la oficina ha sido saqueada.

Augustin Dibert, un funcionario de la OMS basado en Bangui, la capital de la República Centroafricana, no se limita a hacer su trabajo cotidiano. También conduce un programa radial semanal sobre diversos temas de salud, por ejemplo sobre la importancia de un agua potable segura.

Hacer frente a crisis agudas es sólo una pequeña parte de lo que ustedes hacen. En el Níger, tras una sequía grave y una invasión de langostas, 3,6 millones de personas padecen de escasez de alimentos. Ésta tiene consecuencias sanitarias de largo alcance. Abunda la malnutrición: seis de cada diez niños muestran signos de retraso del crecimiento y son vulnerables a las enfermedades. No podemos ayudar a resolver el problema de las malas cosechas, pero nuestras actividades relacionadas con las prácticas de alimentación pueden contribuir notablemente a mejorar la supervivencia infantil. Casi la mitad de la población, o sea 32 millones de personas, de nueve países de África occidental sufren de malnutrición. A más largo plazo, esos países necesitan inversiones en iniciativas de desarrollo y cambios estructurales. Sin esos cambios más fundamentales, sus poblaciones vivirán al borde del desastre año tras año.

Hay muchas amenazas externas para la salud que poco ceden a las medidas de salud pública. Pero los servicios de salud pueden efectuar una contribución considerable a la salud de las familias y las comunidades, y hay muchas herramientas eficaces que deben ponerse más ampliamente a disposición y volverse accesibles. Podemos ayudar a las madres a tener un embarazo seguro, dar a luz a niños sanos y alimentarlos apropiadamente. Podemos ayudar a proteger a esos niños, por ejemplo con vacunas, mosquiteros y la difusión de conocimientos sobre el agua potable.

Recientemente Bill Gates dijo a la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización (GAVI) que la inmunización era la mejor inversión que había hecho la Fundación Bill y Melinda Gates. Este año hicimos retroceder la poliomielitis en África occidental y central, y se introdujo la nueva vacuna antipoliomielítica monovalente con gran efecto en la India, el Yemen e Indonesia; se registraron progresos continuos en los demás países con endemicidad como el Pakistán, a pesar del desastre reciente. Los esfuerzos de erradicación han requerido una enormidad de energía, recursos y dedicación. Lo siguen requiriendo, y sobre la marcha se está formando un equipo extendido de voluntarios y trabajadores de salud en países en desarrollo.

Estamos avanzando a grandes pasos hacia la eliminación de la lepra. Desde 1985 se ha curado a más de 14 millones de pacientes. A comienzos de 2005 el número de casos de lepra en todo el mundo era de 286 000, lo que representa una disminución del 38% desde comienzos de 2004. El mérito mayor de este progreso es de los gobiernos comprometidos y del personal de los programas nacionales, que han mejorado la cobertura de los servicios de lepra. Gracias al apoyo de donantes, la polifarmacoterapia está gratuitamente a disposición de todos los países con endemicidad. La iniciativa «tres millones para 2005» y el trabajo realizado por ustedes para aumentar el acceso a los antirretrovirales han dado resultados notables. Estos éxitos han inspirado la promoción del acceso universal al tratamiento para quienes lo necesitan. El G8 se ha comprometido con esta meta y los países participantes en la Cumbre del Milenio la han reafirmado.

Éstas son las enfermedades de gran visibilidad que atraen la atención del mundo. Hay muchas que no reciben tanta atención, como la enfermedad del sueño o la leishmaniasis, pero que nuestros colegas están combatiendo de forma sostenida.

La OMS tiene una imagen destacada en el mundo. Las expectativas siguen aumentando. Ustedes siguen respondiendo a ellas. Y con esas expectativas y la confianza depositada en nosotros, han llegado recursos sin precedentes, pruebas tangibles de la gran importancia mundial asignada a la salud. Este año, en la Asamblea Mundial de la Salud, los Estados Miembros aumentaron nuestro presupuesto ordinario un 4% y aumentaron nuestro presupuesto general un 17% para el próximo bienio. Las contribuciones voluntarias han aumentado un 40% este bienio.

La distribución de ese dinero se ha modificado de manera decisiva. Mi objetivo cuando asumí este cargo era asegurar que nuestros recursos se utilizaran responsable y eficazmente. Eso significaba asignar la mayor parte del presupuesto a aquello que lo necesitaba, en los países, y establecer mecanismos fuertes de rendición de cuentas. Hace tres años sólo el 40% de nuestros recursos iba a los países y las regiones. Este año esa proporción ha pasado a un 60%. En mayo de este año los Estados Miembros votaron a favor de que en 2006-2007 se asignara un 75% de nuestros recursos a las actividades en los países y las regiones.

Las tecnologías de la información están facilitando nuestro trabajo. Alcanzamos un hito muy importante este mes, porque todas las oficinas de país africanas ya se han asociado a la Red Privada Mundial. El Sistema Mundial de Gestión, que se introducirá el año próximo, cambiará extraordinariamente la manera en que trabajamos. Aunque quienes trabajan en las oficinas de apoyo administrativo no siempre pueden ver las repercusiones de su trabajo en la salud de la gente, deseo asegurarles que éste es muy importante y muy apreciado.

Nuestros Estados Miembros nos siguen apoyando y expresando con frecuencia su confianza en nuestro trabajo. Con la amenaza de la gripe pandémica, nunca ha habido mayor necesidad de liderazgo y alianzas en la esfera de la salud. Como lo ha demostrado nuestro trabajo realizado este año, trabajamos mejor cuando colaboramos.

Este año la Asamblea Mundial de la Salud dio pruebas de su voluntad de que encontremos soluciones juntos. Algunos de ustedes trabajaron hasta altas horas de la madrugada para ayudar a que los Estados Miembros lleguen a un acuerdo viable sobre el Reglamento Sanitario Internacional (2005). Esto muestra que el Reglamento tiene una fuerza real con la cual se puede contar y que es posible hacer progresos mediante un consenso internacional. En febrero entró en vigor el Convenio Marco para el Control del Tabaco, que ha pasado a ser legislación internacional vinculante. Es la primera de la OMS, y otra muestra de la nueva manera en la cual podemos aprovechar los puntos fuertes de nuestra Organización en coordinación con los Estados Miembros para lograr adelantos. Éste es el mensaje que me gustaría que transmitiéramos en 2006.

Podemos hacer proyecciones para el nuevo bienio con confianza, esperanza y flexibilidad. Sabemos que hay grandes problemas por delante: la pertinacia de la pobreza, la fragilidad de la seguridad internacional y la certidumbre de que habrá brotes imprevistos de enfermedades. Pero también sabemos que tenemos los recursos correctos para afrontar esos retos.

Muchas gracias por el arduo trabajo realizado. Deseo a todos ustedes lo mejor para el nuevo año.

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