Directora General

Alocución del Director General a la 58a Asamblea Mundial de la Salud

Ginebra, Suiza
16 de mayo de 2005

El Director General empieza hablando en francés.

Señor Presidente de la República de Maldivas, señor Bill Gates, señora Presidenta, honorables mi-nistros, distinguidos delegados, señoras y señores:

Hace 60 años los dirigentes mundiales protagonizaron un intenso debate sobre la manera de garanti-zar el bienestar de la humanidad después de la Segunda Guerra Mundial. Tenían ante sí la ocasión de apli-car los conocimientos tan dolorosamente adquiridos tras los devastadores enfrentamientos de los años pre-cedentes. Como logro destacado de esos esfuerzos nació el sistema de las Naciones Unidas.

Por nuestra parte, nos hemos reunido aquí esta semana para sacar enseñanzas del pasado y poner esa información en práctica. La situación mundial ha seguido evolucionando, y nuestras instituciones han continuado adaptándose. El orden del día de esta 58ª Asamblea Mundial de la Salud refleja esa evolución e ilustra la importancia capital y permanente de la lucha contra las enfermedades y de la mejora de la salud para conseguir una sociedad mundial viable.

El Director General continúa en inglés.

Quiero dar las gracias a la Orquesta Filarmónica de Viena por ser, a partir de esta mañana, nuestra embajadora de buena voluntad. En el concierto que nos ha ofrecido con esa ocasión ha sabido resumir de forma excelente el mensaje de la OMS al mundo; a saber, que una acción sanitaria eficaz, como bien seña-laron nuestros fundadores, es «básica para la felicidad, las relaciones armoniosas y la seguridad de todos los pueblos».

Esta Asamblea de la Salud brinda una oportunidad excepcional para garantizar que nuestras activi-dades estén bien informadas y nuestros conocimientos se utilicen correctamente. La acción sanitaria nos recuerda sistemáticamente que la acción sin conocimientos es un esfuerzo inútil, al igual que los conoci-mientos sin acción son un recurso inútil.

La más reciente expresión integradora de la voluntad de los gobiernos de todo el mundo son los Ob-jetivos de Desarrollo del Milenio, que resaltan la centralidad de la salud. Sin embargo, la aplicación prác-tica de esas metas dista mucho de haber concluido, y los progresos hacia ellas no invitan a la complacen-cia. A menos que consigamos hacer realidad en un futuro muy cercano los importantes cambios por los que estamos trabajando, las metas de reducción de la mortalidad en la niñez no se habrán alcanzado en 2015. Se trata de un hecho simple y claro. Aunque las tasas de cobertura de algunas intervenciones sanitarias han aumentado conforme a lo previsto, aún no hemos detectado las mejoras esperadas en los indicadores sanitarios. De hecho, en algunas zonas las tasas de mortalidad han aumentado de resultas de una pobreza extrema y de las epidemias. Disponemos de los conocimientos teóricos y prácticos precisos para poner las bases de la salud mundial, pero aún no hemos encontrado la manera de aplicarlos a escala suficientemente amplia.

La tendencia más alentadora hasta ahora ha sido el aumento de la financiación para el desarrollo sanitario. Aunque se trata sólo de una pequeña fracción de lo que se necesita, los fondos han aumentado marcadamente. Ello significa que al menos hemos empezado a superar uno de los principales obstáculos a los progresos hacia las metas del Milenio, que no es otro que la falta de recursos. Esto subraya la necesi-dad de optimizar el uso de los medios que tenemos a nuestra disposición.

Van a examinar ustedes a principios de esta semana nuestro proyecto de presupuesto por programas para 2006-2007. Se pretende con él reforzar esa tendencia positiva mejorando los resultados en los países. Para ello, el presupuesto muestra aumentos en las áreas de alerta y respuesta ante epidemias, salud mater-noinfantil, enfermedades no transmisibles, control del tabaco y respuesta en emergencias. El presupuesto refleja nuestro compromiso de aumentar la eficiencia de nuestras actividades mediante una presupuesta-ción basada en los resultados y una mayor responsabilidad en el punto de prestación de atención de salud.

La negociación es un poderoso instrumento para traducir los conocimientos en acción. El Convenio Marco para el Control del Tabaco es un ejemplo meridiano de lo que puede lograrse cuando un diálogo creativo permite combinar los esfuerzos de muchos asociados. El Convenio ha entrado ya en vigor y ha aglutinado a 64 Partes Contratantes. Nuestro objetivo es que se sumen a ellas el mayor número posible de Estados Miembros, a fin de maximizar el impacto del Convenio y de aprovechar todas sus posibilidades para salvar vidas.

El éxito que ha supuesto lograr un acuerdo y avanzar sin demora hacia la ratificación demuestra lo fructífera que puede ser una negociación paciente. Mañana examinaremos los resultados de otros debates cuyas implicaciones potenciales para la salud mundial son incluso mayores. El Reglamento Sanitario In-ternacional revisado ha sido objeto de un minucioso examen durante los últimos meses, y especialmente, como muchos de ustedes pueden atestiguar, durante estos últimos días y noches. El acuerdo alcanzado sobre el Reglamento constituirá un hito para la salud pública, pero su trascendencia sólo podrá apreciarse plenamente cuando entre en vigor y sea observado y aplicado.

Esa aplicación exigirá por parte de los países una muy notable capacidad de detección, verificación y respuesta a los brotes epidémicos y otros eventos, y conseguir esos medios será una ambiciosa empresa en un futuro inmediato.

Una valiosa baza para la coordinación mundial es el Centro Estratégico de Operaciones Sanitarias, construido y puesto en marcha el pasado año. Actúa como centro neurálgico para reunir los medios logís-ticos y la información sanitaria que se necesitan para responder a las emergencias de salud pública. Más de 60 oficinas forman parte ya de la Red de Emergencia, incluidas la Sede, las regiones y los países. Pro-porciona un entorno de comunicación inmediata para los Estados Miembros y los asociados técnicos. Tras el maremoto de Asia, nuestra unidad de Acción Sanitaria en las Crisis lo utilizó al máximo para coordinar las respuestas. Y actualmente, gracias a él, agentes de salud locales, nacionales e internacionales están logrando contener el brote de fiebre hemorrágica de Marburgo en Angola.

En Tailandia, en la conferencia sobre el maremoto celebrada este mes, los periodistas me pregunta-ron por la preocupación expresada por la OMS acerca de los riesgos sanitarios durante los primeros días tras la devastación. Difundimos serias alertas en previsión de casos de cólera, malnutrición y epidemias que podrían causar las malas condiciones higiénicas, y ahora algunos se preguntan si no fueron acaso fal-sas alarmas. Mi respuesta fue un no rotundo. Nosotros y nuestros asociados tomamos medidas rápidas para garantizar la salubridad del agua, una correcta nutrición y la fiabilidad de la vigilancia de las enfer-medades. Así fue como se evitó que el desastre se agravara. En este esfuerzo sin precedentes de colabo-ración participaron todo tipo de organizaciones: gubernamentales, no gubernamentales y del sector priva-do, y el resultado ha sido una grata demostración de lo que es posible hacer.

En ese caso la acción fue eficaz porque estaba basada en conocimientos. Los asistentes a la confe-rencia también pusieron de relieve muchos ámbitos en los que la acción fue ineficaz o incluso contrapro-ducente debido a la falta de conocimientos y de coordinación. En las situaciones de emergencia se consta-ta con especial claridad que la acción sin conocimientos es tan inútil como los conocimientos sin acción. Estamos colaborando con nuestros asociados para conseguir un mayor equilibrio en ese sentido en las fu-turas crisis.

En general, la rápida y eficaz respuesta al maremoto fue posible gracias a los extraordinarios esfuer-zos desplegados por colegas nuestros en los países afectados y en otros lugares en todo el mundo. Cuando tienen éxito, las actividades de prevención pasan con frecuencia desapercibidas; por ello, quisiera aprove-char esta ocasión para reconocer el enorme esfuerzo realizado por los numerosos agentes de salud y perso-nal de socorro que trabajaron día y noche durante muchas semanas para paliar los devastadores efectos de ese desastre.

Es indispensable que la salud pública del siglo XXI pueda responder a las amenazas para la salud sin dilación y con medidas bien coordinadas. Esa capacidad de respuesta está aumentando rápidamente. La OMS puso en marcha la Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos hace cinco años. Con la cooperación de las instituciones técnicas de los Estados Miembros y los centros colaboradores de la OMS, la Red ha dado respuesta a más de 50 brotes epidémicos graves. Actualmente está integrada por 130 instituciones, entre las que abundan cada vez más las pertenecientes a países en desarrollo. Entre los principales problemas que ha afrontado cabe citar los relacionados con la gripe aviar, los virus del Ebo-la y de Marburgo, la meningitis, la miocarditis y la peste. La Red también participa en la puesta en fun-cionamiento de los sistemas de pronta alarma establecidos tras el desastre del maremoto.

Nuestros esfuerzos a escala mundial para mantener y aumentar la seguridad sólo serán fructíferos si disponemos de información fiable que sea clara y accesible para todos los que la precisan. Tenemos que determinar con claridad y exactitud las necesidades sanitarias existentes y los medios de que disponemos para afrontarlas.

La red de sanimetría contribuirá de forma sumamente valiosa a esa labor. El objetivo de esta nueva asociación, acogida en la OMS y que recibe el generoso apoyo de la Fundación Bill y Melinda Gates, es fortalecer los sistemas de información sanitaria nacionales. Los progresos realizados en esa función básica de información para todas nuestras actividades también se destacan este año en una nueva publicación, titulada Estadísticas Sanitarias Mundiales. En ella se ofrece información regional, nacional y mundial sobre 50 indicadores sanitarios.

También es imprescindible una comunicación clara, un entendimiento mutuo y el acuerdo en todas las esferas de la lucha contra la morbilidad. Cuando se desconoce el motivo por el que se adoptan las me-didas, es probable que éstas fallen, como desafortunadamente sucedió en las primeras fases de la lucha contra el virus de Marburgo en Angola, donde los aldeanos temían más a los agentes de salud que a la en-fermedad que se intentaba atajar. No sólo tenemos que ampliar y utilizar los conocimientos especializados disponibles, sino conseguir que se entienda su objetivo y su importancia.

Siempre hemos otorgado alta prioridad a la investigación, y quizá ahora tenga más importancia que nunca para nuestras actividades. La necesidad de disponer de nuevos medios de diagnóstico, vacunas y tratamientos es apremiante, como también lo es la de identificar otras maneras de utilizar las tecnologías ya existentes. La Cumbre Ministerial sobre Investigación en Salud celebrada en México en noviembre del año pasado puso de manifiesto esa necesidad. En ella se pidió que la política de investigación pasara a formar parte de las actividades de fortalecimiento de los sistemas de salud nacionales.

Tras una serie de reuniones de búsqueda de consenso, estamos preparados para avanzar en el esta-blecimiento de un registro internacional de pruebas clínicas. Ello contribuirá en gran medida a reforzar el proceso de investigación y su capacidad para ganarse la confianza pública.

El pasado mes de marzo, en Santiago de Chile, pusimos en marcha la Comisión sobre Determinan-tes Sociales de la Salud, con grandes y fundadas esperanzas. Destacados médicos de nuestras seis regio-nes están aportando sus excepcionales conocimientos a esa labor. Su tarea más inmediata, concebir inicia-tivas para que los sistemas de salud funcionen de manera eficaz y justa, se enmarca en el contexto de la determinación de las principales causas que subyacen a la mala salud en el siglo XXI y la lucha contra ellas.

Por su parte, la Comisión de Propiedad Intelectual elaborará sus conclusiones y las presentará a la Asamblea de la Salud dentro de un año. Sus actividades promoverán formas de colaboración más eficaces en materia de medicamentos y vacunas esenciales para la prevención y el control de enfermedades.

El establecimiento de lazos de colaboración es el signo distintivo de nuestras actividades más im-portantes. Este año, ello ha quedado especialmente patente en la importancia que se ha concedido a la sa-lud de la madre, el recién nacido y el niño en el Informe sobre la salud en el mundo y en el Día Mundial de la Salud. Es preciso que todas las organizaciones que trabajan en esas áreas de la salud aúnen fuerzas, y es necesario que, a su vez, esas áreas de atención se combinen. Muchas personas de numerosos países y organizaciones se han esforzado para lograr que en este año de 2005 se produzca un verdadero cambio hacia la reducción de la mortalidad maternoinfantil.

El UNICEF es nuestro principal colaborador en ese empeño. Como muestra de la solidaridad exis-tente entre nuestros dos organismos, me gustaría presentar a su nueva Directora Ejecutiva, Ann Veneman, que entró en funciones hace dos semanas. Le he pedido que se dirija hoy a todos nosotros para exponer-nos sus planes para el UNICEF y nuestra misión común. Con su permiso, señora Presidenta, me gustaría invitarla a que tome la palabra. Habla la Sra. Ann Veneran.

El Director General reanuda su alocución.

Muchas gracias. La cooperación entre nuestras organizaciones ha sido uno de los puntos fuertes de nuestra labor desde sus inicios, y creo que lo será aún más en las tareas que tenemos por delante.

La solidaridad creativa entre todos los participantes en la lucha por la salud es la clave para lograr nuestros objetivos, y constituye en sí misma uno de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio. Encon-trar formas eficaces de combinar nuestros recursos y conocimientos técnicos es ahora nuestra principal necesidad y también la base más sólida para la esperanza. Con la colaboración de nuestros asociados en la lucha contra las principales enfermedades infecciosas, la erradicación de la poliomielitis y la prevención y el tratamiento de las enfermedades crónicas es posible alcanzar el objetivo primordial de la OMS: el acce-so universal a la atención de salud.

Este hecho queda proverbialmente ilustrado en nuestra actual campaña para proporcionar tratamien-to a tres millones de personas afectadas por el VIH/SIDA a finales del presente año. Se trata de un esfuer-zo mundial en el que participan cientos de organizaciones asociadas y que está cobrando impulso. Hemos superado la meta del pasado diciembre, que consistía en tener a 700 000 personas en tratamiento, y el próximo informe de situación está previsto para junio.

El Proyecto de Precalificación de la OMS proporciona un apoyo vital al empeño de poner los medi-camentos y las pruebas diagnósticas a disposición de quienes los necesitan, y estamos colaborando con nuestros asociados para fortalecerlo y aumentar su capacidad.

La rápida expansión de las actividades está permitiendo atender a familias y personas que habían perdido toda esperanza. La meta de «tres millones para 2005» representa un primer paso hacia la conse-cución del acceso universal. La planificación de los pasos siguientes, para 2006 y más adelante, ya está en marcha. La prevención eficaz es indispensable para derrotar a la pandemia de VIH, y la prestación de tra-tamiento forma parte integral de ese esfuerzo más amplio. La OMS y el ONUSIDA han intensificado su esfuerzo conjunto de investigación y desarrollo de una vacuna.

Esas actividades también están impulsando el programa más amplio de salud pública consistente en fortalecer los sistemas de salud y ampliar los servicios de prevención y tratamiento de las enfermedades crónicas.

Los progresos hacia las metas mundiales de control de la tuberculosis no se han interrumpido. La tasa de éxito del tratamiento ha alcanzado el 82%, pero la detección de los casos todavía es inferior al 45%. Las mayores necesidades se dan en África, donde la epidemia de VIH alimenta el resurgimiento de la tuberculosis. Tenemos que llegar a más pacientes y curarlos. Ello significa adoptar las políticas de la OMS relativas a la tuberculosis relacionada con el VIH y a la tuberculosis farmacorresistente, y reforzar la calidad de los servicios. La lucha contra la tuberculosis nos exige a todos determinación y tenacidad.

El paludismo sigue matando cada año más de un millón de personas, además de empobrecer a mu-chos millones más. La escasez de inversiones en la lucha contra el paludismo ha acelerado la farmacorre-sistencia y excluido a poblaciones completas de una protección adecuada frente a la enfermedad. Se sabe que los mosquiteros tratados con insecticidas de larga duración y los nuevos tratamientos combinados ba-sados en la artemisina son muy eficaces. Es necesario un gran esfuerzo para conseguir que estos y otros recursos dispongan de financiación, estén disponibles y sean utilizados a la escala necesaria. Para conse-guirlo, estamos preparando una gran iniciativa estratégica.

Tras cada área vulnerable de los sistemas de salud nacionales y mundiales se encuentra la escasez de personal debidamente formado. Es en los propios trabajadores de la salud donde los conocimientos se trans-forman en acciones capaces de salvar vidas. El Informe sobre la salud en el mundo 2006 tratará de los recur-sos humanos para la salud, que será también el tema del Día Mundial de la Salud, en cuyos preparativos está participando un amplio grupo de partes interesadas. El Informe lanzará el decenio de los Recursos Humanos para la Salud y marcará la pauta para afrontar este importante reto en todo el mundo.

También se encuentran bien avanzados los preparativos del Programa General de Trabajo pa-ra 2006-2015, que se presentará a la Asamblea de la Salud el año próximo. Tratará del modo de fomentar el bienestar humano a través del acceso a la asistencia, el control de las epidemias y el mejoramiento de la calidad de vida. La distribución de las enfermedades cambia, pero está claro que hoy y mañana, como cuando se redactó la Constitución de la OMS, la salud es básica «para la felicidad, las relaciones armonio-sas y la seguridad de todos los pueblos».

La erradicación de la poliomielitis ha vuelto a los titulares de prensa porque está afectando nueva-mente a países que, como el Yemen o Indonesia, habían estado exentos de la enfermedad durante una dé-cada. Ello destaca la necesidad urgente de acabar ese trabajo. Ninguno de nuestros hijos estará seguro hasta que la poliomielitis se erradique en todo el mundo. El mayor peligro no reside en esos casos impor-tados, sino en los países a partir de los cuales se puede seguir propagando el virus.

Pero a ese respecto las noticias son buenas. En Nigeria se ha reiniciado la inmunización, con lo que se ha conseguido reducir el número de casos en un 50% desde el año pasado. La India y el Pakistán están ganando terreno y están a punto de conseguir la erradicación. En la actualidad, la mayor amenaza para la erradicación de la poliomielitis es el déficit financiero, al que debemos hacer frente con igual rapidez, a fin de asegurar la protección de los niños del Cuerno de África y de otras zonas de alto riesgo.

Señora Presidenta, quiero terminar señalando a la atención la amenaza sanitaria más grave a la que se enfrenta hoy el mundo: la gripe aviar. Aunque no se pueda predecir cuándo sucederá, es seguro que cuando aparezca el virus pandémico la propagación mundial será veloz. Ello representa un grave peligro para la población de todos los países. Podemos hacernos una idea de su magnitud a partir de lo ocurrido con la epidemia de gripe de 1918 (la llamada «gripe española»), que mató entre 20 y 50 millones de personas.

Entonces, la ciencia médica y la salud pública no supieron lo que estaba ocurriendo hasta que fue demasiado tarde. Por fortuna, esta vez hemos tenido tiempo, y todavía lo tenemos, para prepararnos ante la próxima pandemia mundial, porque las condiciones para que se produzca se han detectado antes de que se desencadene el brote. Debemos hacer todo lo que esté en nuestras manos para lograr el máximo grado de preparación. Cuando se produzca la pandemia, nuestra respuesta tendrá que ser inmediata, integral y eficaz.

Disponemos de soluciones para todos los grandes problemas de salud que se nos plantean en la ac-tualidad, pero tenemos que llevarlas a la práctica. Nuestra tarea esta semana y la próxima consiste en de-cidir cómo hacerlo. La energía y la buena voluntad existentes hoy en el mundo son más que suficientes para hacer frente a los retos que tenemos por delante, pero tienen que estar respaldadas por una buena in-formación. Disponemos de los conocimientos y las aptitudes, pero hay que ponerlos en práctica. Aprove-chemos plenamente la oportunidad histórica que tenemos ahora para colmar esa doble necesidad.

Muchas gracias.

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