Directora General

Alocución ante el Comité Regional para África

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Comité Regional para África, 57ª reunión
Brazzaville (República del Congo)

27 de agosto de 2007

Excelentísimo señor Mvouba, Primer Ministro de la República del Congo, honorable Ministro Raoul, República del Congo, honorable Ministro Tedros Yesus, Presidente de la 56ª reunión del Comité Regional, honorable representante de la Unión Africana, Director Regional Dr. Sambo, honorables ministros, excelencias del cuerpo diplomático, distinguidos delegados, colegas de la familia de las Naciones Unidas, señoras y señores:

En abril de este año, los ministros de salud de este continente, reunidos bajo el liderazgo de la Unión Africana, adoptaron la primera estrategia de salud coordinada de ámbito regional para África.

Permítanme expresar mi satisfacción con esa estrategia, a la que doy todo mi apoyo.

Se trata de una estrategia con visión de futuro, que se extiende hasta 2015, año muy importante y prometedor para la Declaración del Milenio y sus objetivos.

Es una estrategia integral, que aporta cohesión y unidad de propósito a los responsables de la salud en África.

Pese a la gran diversidad de países y culturas que hay en el continente africano, la estrategia reconoce la existencia de problemas y necesidades comunes, y las ventajas de un enfoque conjunto.

Ante todo, la estrategia hace saber de forma inequívoca a los organismos de ejecución y a los asociados para el desarrollo que, si bien el apoyo externo es necesario y valorado, África asume su responsabilidad.

Como se ha dicho en repetidas ocasiones, los dirigentes africanos conocen muy bien los problemas de salud de su población.

También conocéis las soluciones, que están definidas en un número cada vez mayor de planes y estrategias nacionales de salud.

Estáis creando las condiciones propicias para el desarrollo sanitario.

Vuestro compromiso se ve acompañado de un profundo conocimiento de los obstáculos que afronta el continente, muchos de los cuales están ligados a factores históricos, geográficos, climáticos y ecológicos, que favorecen la proliferación de agentes patógenos y de sus vectores.

También tenéis presentes los obstáculos que tienen su origen más allá de la fronteras de África.

Permitidme mencionar algunos: la ayuda internacional no es siempre eficaz; las promesas no siempre se cumplen.

Un buen número de iniciativas quedan abandonadas cuando los intereses de los donantes cambian. Los países africanos están repletos de vestigios de proyectos para el desarrollo que han fracasado.

La financiación puede ser imprevisible, temporal o inflexible, dificultando, cuando no imposibilitando, la planificación a largo plazo.

Los costos de transacción son elevados, al igual que lo es la exigencia de tener que presentar informes a múltiples asociados. Los distritos sanitarios están masificados.

Se están introduciendo sistemas paralelos para dispensar un número limitado de servicios, cuando lo que más urge es una atención básica integral.

Los enfoques basados en la prevención pueden quedarse en la cuneta.

No se aprovechan las oportunidades de aumentar la eficacia de las intervenciones. Mientras que algunas enfermedades que presentan aspectos comunes son manejadas por varias iniciativas diferentes, otras enfermedades, singulares, son manejadas por múltiples iniciativas a la vez, a veces utilizando distintas estrategias y medicamentos.

La capacidad de respuesta de los sistemas de salud ha disminuido, justo cuando la carga de morbilidad está aumentando. Los profesionales sanitarios formados en vuestros países están siendo contratados para trabajar en otros lugares.

Ya no hay suficiente personal disponible para dispensar atención de salud esencial.

Los sistemas de salud se desmoronan, tras no haber invertido durante décadas en infraestructuras básicas.

Hay enfermedades que afectan de forma desproporcionada a África, para las que se necesitan urgentemente mejores medicamentos y nuevas vacunas; sin embargo, los incentivos a la investigación y el desarrollo están orientados a los mercados con poder adquisitivo.

Al considerar todos esos problemas en su conjunto, no sorprende que sean pocos los países africanos que estén en vías de alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Sin embargo, pese a ese panorama desolador, los dirigentes africanos del sector sanitario están convencidos de que esos obstáculos pueden superarse. Como habéis dicho, ese legado puede cambiar.

Advertimos, pues, indicios de éxito. A ellos me referiré más adelante.

Estoy completamente de acuerdo: los obstáculos que frenan el desarrollo sanitario de África pueden y deben superarse. Y ello ha de ocurrir con el carácter más urgente posible.

África soporta una carga mucho mayor de enfermedad, miseria y muerte prematura de lo que le corresponde. Una gran parte de ese sufrimiento es innecesario.

Disponemos de intervenciones eficaces y económicas para prevenir o tratar prácticamente todas las causas de enfermedad que asedian al continente africano.

Ésa es una gran injusticia social. Ése es el deber moral que nos impulsa a pasar a la acción de forma inmediata.

Señor Presidente:

Éste es un momento de gran trascendencia para África. Estamos prácticamente a mitad de camino en la cuenta atrás para 2015.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio constituyen el compromiso más ambicioso que haya contraído la comunidad internacional. Abordan las causas profundas de la pobreza y tienen en cuenta que éstas están relacionadas entre sí.

Los Objetivos también reconocen que hay una relación bidireccional entre la pobreza y la salud.

La pobreza favorece la enfermedad, y la enfermedad sume a la población en la pobreza. Pero si mejora su salud, la población podrá salir de la pobreza por sí sola y emplear sus ingresos familiares en otras cosas que no sean la enfermedad.

Ante todo, los Objetivos de Desarrollo del Milenio convierten a la salud en un factor clave de progreso económico y social. Con ello se confiere a la salud un papel de una importancia sin precedentes.

La salud ya no es un mero consumidor de recursos; también es un generador de beneficios económicos.

Ese cambio de planteamiento se ve reflejado cada vez más en las estrategias internacionales de salud y desarrollo.

El 5 de septiembre presenciaremos un convincente ejemplo de ese cambio de forma de pensar.

El Reino Unido, en asociación con Noruega, Alemania, el Canadá, la OMS y otros importantes organismos que trabajan en pro de la mejora de la salud, pondrán en marcha una nueva iniciativa con un nuevo acuerdo de compromiso.

El objetivo es asegurar que se haga un uso más eficaz de los recursos para mejorar los resultados sanitarios. Ello responde a muchos de los problemas que acabo de mencionar, los cuales surgen cuando la ayuda es imprevisible, no está coordinada y cambia constantemente.

La iniciativa tiene en cuenta la necesidad de garantizar una financiación flexible a largo plazo, así como de prestar apoyo a los planes dirigidos por los países. Varios países africanos serán incluidos en la primera fase de ejecución.

Permítanme que cite uno de los principios rectores: “No hay mejor modo de paliar la tremenda injusticia provocada por pobreza mundial, que mejorar la salud de la población”.

¿Qué significa todo esto para la salud de los africanos?

En primer lugar, la injusticia es, en efecto, tremenda; y también intolerable.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio se ven impulsados por un espíritu de solidaridad y por el principio ético de equidad.

Como establece la declaración del Milenio: “Los que sufren, o los que menos se benefician, merecen la ayuda de los más beneficiados”.

Ese espíritu de solidaridad y compromiso con la equidad ha situado las necesidades sanitarias de África en el centro del programa para el desarrollo.

De todas las regiones del mundo, África es, con mucho, la que más tiene que ganar del logro de los Objetivos.

En segundo lugar, las preocupaciones expresadas con respecto a la lentitud de los progresos realizados, en especial en África, han obligado a la comunidad internacional a examinar con detenimiento las razones que lo explican.

Solamente en el decenio que acaba de transcurrir, el panorama de la salud pública ha cambiado considerablemente.

Por primera vez, gozamos de compromiso político, fondos de nuevas fuentes, intervenciones sólidas y estrategias de eficacia probada para su ejecución.

Por ultimo, teniendo una coyuntura tan favorable, no resulta difícil ver cuál es el motivo de nuestro retraso: los sistemas de salud son nuestro escollo.

No podemos proporcionar intervenciones esenciales a los más necesitados a una escala suficiente.

Parte del problema reside en que durante décadas no se ha invertido suficientemente en infraestructuras básicas de salud pública en prácticamente ningún lugar del mundo.

Sin embargo, también nos hallamos ante un dilema: en el último decenio hemos presenciado un aumento enorme del número de asociaciones y de programas para la puesta en marcha de iniciativas en los países.

Esas iniciativas tienen por objeto la obtención de determinados resultados sanitarios, a menudo centrados en una sola enfermedad.

La capacidad para obtener esos resultados depende del buen funcionamiento de los sistemas de salud. Ahora bien, el fortalecimiento de los sistemas sanitarios rara vez es uno de los objetivos fundamentales de esas iniciativas.

He ahí donde ese alentador compromiso, financiación e impulso llega a un punto muerto. La existencia de sistemas deficientes de prestación de servicios y la falta de suficiente personal obstaculiza todo progreso.

Me gustaría profundizar un poco más en esa conclusión.

No creo que podamos alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio relacionados con la salud, salvo que volvamos a los principios, valores y enfoques de la atención primaria de salud.

Señor Presidente:

Como han señalado recientemente algunos líderes mundiales, la falta de avance en África no sólo requiere medidas urgentes. Estamos ante una emergencia de desarrollo.

Estoy totalmente de acuerdo con esa afirmación. En efecto, se trata de una emergencia.

Éste debería ser un momento de trabajo incansable y de noches en vela para todos los que desempeñamos funciones rectoras en el campo de la salud.

Crear un sistema de salud y formar a personal sanitario lleva tiempo, pero hemos de encontrar el modo de avanzar pese a esos problemas.

No tenemos tiempo para empezar de cero. Tampoco podemos permitirnos salidas en falso, ineficiencias o derroches.

Hemos de utilizar las intervenciones de que disponemos y sacarles el máximo partido desde un punto de vista estratégico, insistiendo, al tiempo, en la necesidad de nuevos instrumentos.

Debemos encontrar medios que nos permitan solventar los problemas derivados del mal funcionamiento de los sistemas de salud y de la falta de personal, y, al mismo tiempo, tratar de hacer mejoras duraderas.

En África, eso también significa hacer uso de la medicina tradicional y de las personas que la ejercen, de un modo más eficaz y sistemático.

Hemos de seguir intensificando los programas de prevención, tratamiento y atención del VIH/SIDA, la tuberculosis y el paludismo.

Al mismo tiempo, debemos encontrar el modo de integrar esas actividades en los servicios generales de salud y alinearlos con los principios de la atención primaria de salud.

Ante todo, tenemos que aprovechar todas las oportunidades de mejorar la eficiencia de nuestras operaciones. Permítanme proponer algunas estrategias a tal efecto.

En primer lugar, hay que manejar de forma integrada las enfermedades que presentan aspectos comunes. La estrategia de la OMS para el tratamiento integrado de las enfermedades de la infancia constituye un buen ejemplo, tal y como se plasma en la estrategia de salud para África.

Ese enfoque tiene en cuenta que la mayoría de las muertes infantiles se produce a consecuencia de un número reducido de causas, que pueden prevenirse aplicando un número también reducido de intervenciones costoeficaces.

La estrategia combate esas causas, en particular, la malnutrición, de forma integrada, utilizando protocolos de tratamiento estandarizados. Además, permite dispensar atención médica de primer orden, con arreglo a un enfoque de salud pública y los principios de la atención primaria de salud.

Les daré otro ejemplo. El año pasado, la OMS inició una estrategia integrada para el manejo de varias enfermedades tropicales desatendidas, que afectan de forma desproporcionada al sector más pobre de los pobres en África.

En lugar de una gran cantidad de programas diferentes que funcionen de forma independiente, hemos puesto en marcha una estrategia unificada e integrada, que simplifica la distribución de medicamentos, reduce la duplicación y atenúa la demanda que soportan los sistemas de salud y su personal.

En segundo lugar, hay que gestionar las enfermedades individuales con un enfoque unificado. Somos conscientes de que cuando varios asociados combaten la misma enfermedad con una multiplicidad de estrategias y medicamentos, se produce confusión y despilfarro.

Una estrategia bien definida desde el punto de vista técnico, basada en datos comprobados, es el mejor modo de convencer a los distintos asociados de que conjuguen sus esfuerzos en un enfoque coherente.

Ése es el planteamiento adoptado con el principio de “los tres unos” en la lucha contra el VIH/SIDA y la estrategia DOTS para el control de la tuberculosis.

Ésa es, finalmente, la estrategia aplicada en la lucha contra el paludismo.

A principios del año pasado, la OMS publicó una serie de orientaciones normativas claras sobre el uso de las terapias combinadas basadas en la artemisinina, y presionó a la industria farmacéutica para que retirara del mercado las monoterapias.

La OMS ha utilizado su influencia para apoyar el uso delo DDT en la fumigación de interiores con insecticidas de acción residual.

Sólo hace diez días, la OMS, cerró el debate sobre la forma óptima de distribuir mosquiteros. Los mosquiteros tratados con insecticida de larga duración deben estar disponibles de forma gratuita o a un precio muy subvencionado. El objetivo de esa intervención debe ser llegar a una gran parte de la población.

En tercer lugar, hay que lograr que los sistemas de salud existentes se ocupen de un mayor número de enfermedades. Por lo general, los programas de inmunización son el medio más eficaz para hacer llegar las intervenciones a las poblaciones de difícil acceso. Es perfectamente lógico utilizar esos programas para prestar servicios adicionales.

África ha encabezado la lucha para reducir la mortalidad por sarampión. El número de defunciones por sarampión descendió en el continente en un 75% en seis años, superando el objetivo fijado.

Este logro es ahora un valor añadido, ya que se están multiplicando sus efectos en beneficio de la salud. En África se están aprovechando las campañas contra el sarampión para distribuir mosquiteros, comprimidos vermífugos, suplementos de vitamina A, vacunas antipoliomielíticas y vacunas antitetánicas para las mujeres embarazadas.

En cuarto lugar, hay que tener en mente los principios de la atención primaria de salud. En las tres últimas décadas hemos aprendido que ésa es la mejor vía para lograr que la atención sea duradera, equitativa y aceptable.

La estrategia basada en el tratamiento dirigido por la comunidad, concebida con el fin de garantizar la distribución continua de ivermectina, es un buen ejemplo.

Utilizando la misma estrategia, las comunidades han empezado a distribuir mosquiteros, suplementos de vitamina A y medicamentos para el tratamiento domiciliario de la malaria, además de ivermectina.

Los ensayos en curso en Uganda muestran que las tasas de cobertura son de dos a cuatro veces más elevadas que antes.

Si se les brinda el apoyo adecuado, las comunidades se harán cargo de su propia salud con resultados sorprendentes y duraderos.

En ese aspecto hemos aprendido otra lección. La campaña para eliminar la ceguera de los ríos empezó siendo el programa más vertical que pueda imaginarse: los helicópteros lanzaban insecticidas desde el cielo.

En su búsqueda de continuidad, el programa ha adoptado los principios de la atención primaria de salud.

Hay una quinta estrategia que está íntimamente ligada a esos principios: la capacitación de las mujeres para que desplieguen todo su potencial humano y vivan la vida que desean. Ello puede lograrse mediante planes de microfinanciación, educación, formación profesional, legislación y otras medidas.

Hay abundantes pruebas que nos muestran que lo que desean las mujeres es una vida saludable para sí mismas y para sus familias.

Como he dicho, las mujeres no son únicamente un grupo vulnerable o una fuente gratuita de atención.

Son agentes de cambio y un recurso fundamental para el desarrollo sostenible.

Por ultimo, hay que utilizar instrumentos internacionales para reforzar la defensa colectiva contra las amenazas para la salud que transcienden las fronteras.

Tales amenazas incluyen la comercialización y distribución de los productos del tabaco, y la propagación internacional de enfermedades emergentes y epidemiógenas.

El Convenio Marco para el Control del Tabaco se ha convertido en uno de los tratados que goza de mayor adhesión en la historia de las Naciones Unidas. Es el mejor ejemplo de medicina preventiva a escala mundial.

En junio de este año entró en vigor un Reglamento Sanitario Internacional considerablemente reforzado.

El Reglamento revisado ha pasado de concentrarse en el establecimiento de barreras pasivas en las fronteras nacionales, como ocurría antes, a la adopción de una estrategia proactiva de gestión del riesgo.

Esta estrategia tiene por objeto detectar precozmente un evento y contenerlo en origen, antes de que pueda convertirse en una amenaza internacional.

En ese sentido, me gustaría encomiar la labor del Gobierno de Uganda, la oficina de la OMS en el país y la Oficina Regional por haber gestionado de forma impecable el brote de fiebre hemorrágica de Marburgo que se declaró el mes pasado.

En cuanto tuvo las primeras sospechas, el Gobierno respondió en diferentes frentes.

Se desplegaron equipos de respuesta rápida, se puso en funcionamiento el equipo necesario y se instalaron salas de aislamiento.

La transmisión logró detenerse. La eficaz localización de los contactos y de la realización de pruebas permitieron concluir, sin lugar a dudas, que el brote había sido controlado en un tiempo récord.

No hubo posibilidad de que se convirtiera en una amenaza nacional o internacional.

Señor Presidente:

La batalla que libran los microbios y sus huéspedes humanos es permanente. Son muy pocas las oportunidades que tenemos de lograr una victoria contundente.

Tenemos algunos asuntos pendientes. Me refiero a la erradicación de la poliomielitis.

Nunca antes habíamos estado tan cerca. En África, Nigeria es el único país donde la poliomielitis sigue siendo endémica. El 21 de agosto, Nigeria había notificado 159 casos en lo que va de año, frente a los 687 notificados en el mismo periodo el año pasado.

Pero hay otros cuatro países africanos donde sigue habiendo brotes e importaciones esporádicas. En algunos casos, el virus importado ha estado circulando durante más de un año.

Hay que proseguir con las campañas en esas zonas reinfectadas hasta que se ponga fin a todos los brotes. La erradicación requiere una gran persistencia.

He manifestado mi compromiso personal para acabar esa labor. Agradezco el pleno apoyo del Dr. Sambo en este empeño.

También encomio las ofertas de colaboración transregional de otras regiones de la OMS. Juntos concluiremos nuestra misión.

Señoras y señores:

He convertido la salud de África en una de mis prioridades. Los resultados sanitarios de África son un indicador de la eficacia general del trabajo de la OMS.

He expuesto algunos de los obstáculos y esbozado algunos de los medios que permitirán aumentar la eficiencia de las operaciones.

Ahora me gustaría referirme a algunos ejemplos que muestran el liderazgo de África en el complejo panorama actual de la salud pública.

En el año 2000 se emprendió una rigurosa evaluación multipaís de la estrategia para el tratamiento integrado de las enfermedades de la infancia, con el apoyo financiero de la Fundación Bill y Melinda Gates.

Cuando los resultados de Tanzanía se hicieron públicos, el Ministerio de Salud adoptó la estrategia para llevarla a cabo en todo el país.

Se trata de una estrategia integral, basada en un enfoque que abarca a todo el sistema. Es una estrategia difícil, y no es barata, pero da resultados.

Este ejemplo nos muestra que los gobiernos africanos son capaces de asumir proyectos sanitarios ambiciosos e intensificarlos, cuando tienen pruebas de que sus efectos son rentables. Celebro su compromiso.

He aquí un segundo ejemplo del liderazgo de África. La política de la OMS en materia de distribución de mosquiteros se basa en los datos obtenidos en Kenya, donde una campaña recientemente emprendida, objeto de un riguroso seguimiento, tuvo por efecto un descenso de la mortalidad por paludismo del 44%.

El apoyo financiero provino de fuentes externas. La OMS proporcionó apoyo técnico y logístico.

Pero la estrategia fue ideada por el Ministerio de Salud. Y el compromiso vino del Presidente de Kenya, quien puso en marcha la campaña personalmente.

Además de lograr que se redujera el número de defunciones por paludismo a prácticamente la mitad, los resultados de esa iniciativa modificaron la política internacional y permitieron concebir un modelo que puede replicarse en toda África.

Imaginen las repercusiones que tendrá esta estrategia en los años venideros.

Por supuesto, los resultados obtenidos con relación a la lucha antipalúdica han sido bien recibidos y han estado en los titulares de los medios de comunicación de las principales ciudades del mundo.

Esto refuerza mi opinión personal: el mundo quiere oír buenas noticias de África; quiere que África avance.

En la Asamblea de la Salud de este año, la OMS y la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización (GAVI) pusieron en marcha una nueva iniciativa para luchar contra la fiebre amarilla. El apoyo de esa iniciativa permitirá vacunar a 48 millones de personas en los próximos cinco años.

Con ello se levantará una barrera inmunitaria, gracias a la cual podrá eliminarse el riesgo de brotes fulminantes en las zonas urbanas. La inmunización sistemática de los niños permitirá, entonces, mantener este logro.

Para empezar, centraremos nuestros esfuerzos en doce países de África Central y Occidental, donde la carga es elevada.

El compromiso político y financiero demostrado por el gobierno de cada uno de esos países para combatir la fiebre amarilla fue decisivo a la hora de conseguir apoyo externo.

Vemos, una vez más, el poder del compromiso para obtener apoyo, en vuestras condiciones.

El compromiso con los objetivos sanitarios también puede estimular el gran poder del ingenio humano.

África, con su sólida tradición de vínculos comunitarios, ha demostrado que un cambio de conducta es posible.

En Uganda, un grupo de mujeres elaboraron un método “Stepping Stones” para cambiar las prácticas tradicionales que contribuyen a la propagación del VIH, que ahora se utiliza en todo el mundo.

Cuando hayamos alcanzado el objetivo de erradicar la dracunculosis, de lo que estamos muy cerca, ésa será la primera enfermedad que se erradique únicamente gracias a un cambio de comportamiento, sin ayuda de vacunas o medicamentos.

Señor Presidente, honorables ministros, distinguidos delegados, señoras y señores:

Una y otra vez, vemos las mismas, poderosas fuerzas en funcionamiento: el compromiso político, el liderazgo, el convincente poder de los datos científicos y el creativo poder de la determinación humana.

Estoy de acuerdo: los obstáculos a que se enfrenta el desarrollo sanitario en África son enormes, pero pueden superarse.

El legado puede cambiar.

Solamente en los últimos meses, he presenciado importantes cambios en la forma de pensar de los organismos bilaterales de asistencia, las organizaciones internacionales que trabajan en el ámbito de la salud y las principales instituciones de financiación.

A título de ejemplo, se reconoce la necesidad de fortalecer los sistemas de salud y la importancia de apoyar la financiación de la salud en favor de los pobres.

El costo de la atención sanitaria no debe sumir a familias empobrecidas aún más en la pobreza.

Vuestros mensajes se están escuchando y vuestras orientaciones estratégicas se tienen en cuenta.

Liderazgo en África significa crear las condiciones propicias para el desarrollo sanitario, según vuestras condiciones.

África asume cada vez más sus responsabilidades.

Gozáis de todo el apoyo de la OMS; sus oficinas en los países y su oficina regional os respaldan, ahora que África toma el mando. Muchas gracias.

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