Directora General

Salud y política exterior

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Declaración pronunciada en la reunión ministerial sobre diplomacia y salud global
Nueva York, Estados Unidos de América

27 de septiembre de 2007

Secretario General, honorables ministros, distinguidos huéspedes:

Acojo complacida esta oportunidad de presentar algunas ideas relacionadas con nuestra búsqueda de maneras de conseguir que la salud sea un asunto más destacado en la política exterior. Quisiera en particular reflexionar sobre nuestros valores compartidos e intereses recíprocos al considerar el lugar de la salud en un mundo globalizado.

La salud es, creo, un terreno fructífero y amigable para la diplomacia exterior. Es decisiva para impulsar el progreso económico y social. Contribuye a la estabilidad y es fundamental para la prosperidad. Una evolución hacia una mayor estabilidad y prosperidad mundiales beneficia a todos los países.

Sin embargo, en materia de salud nuestro mundo está extremadamente desequilibrado. Entre los países ricos y pobres la esperanza de vida acusa diferencias que pueden llegar a ser de 40 años.

Nunca había tenido el mundo un arsenal tan perfeccionado para curar enfermedades y prolongar la vida. No obstante, cada año, más de 10 millones de niños y embarazadas mueren por causa de afecciones que se podrían haber tratado o prevenido con medios de bajo costo que no requieren tecnología de avanzada.

¿Por qué debería este desequilibrio ser de interés para la política exterior?

Las fuerzas que intervienen en la salud y determinan la disparidad de los resultados sanitarios son cada vez más internacionales. Algunas enfermedades emergentes y epidemiógenas constituyen amenazas directas a la seguridad nacional e internacional. Permítanme mencionar algunas: el SIDA, una gripe pandémica, una enfermedad nueva como el SRAS o la utilización de un virus como el de la viruela por bioterroristas.

La contaminación del agua y del aire se propaga. Las consecuencias del cambio climático ya se están sintiendo. La globalización difunde cambios de los modos de vida y éstos aceleran el aumento de la morbilidad crónica.

Las diferencias entre ricos y pobres se están agrandando. Como sabemos, la globalización genera riqueza, pero carece de reglas que garanticen una distribución equitativa de ésta.

Creo que ningún sector está mejor ubicado que el de la salud para argumentar de manera convincente en favor de la equidad y la justicia social.

A nadie se debe negar por motivos injustos, por ejemplo por causas económicas o sociales, acceso a intervenciones que salvan la vida y promueven la salud. En el sector de la salud, la inequidad es realmente una cuestión de vida o muerte.

En la Declaración del Milenio se formula un marco de principios que pueden orientar las relaciones exteriores, a saber: equidad, justicia social y, sobre todo, responsabilidad compartida. Vemos que los mismos principios orientan la actividad internacional de salud pública: un compromiso con la justicia en la obtención de resultados sanitarios y una responsabilidad colectiva en esa dirección.

A veces la motivación surge de una vulnerabilidad compartida ante una amenaza, por ejemplo la de una enfermedad emergente. El propio interés bien informado también es un factor motivador. Como indican tan claramente los Objetivos de Desarrollo del Milenio, la mejora de la salud es una estrategia de reducción de la pobreza. Un mundo con menos desigualdades sociales y económicas es, creo, un mundo políticamente más saludable.

Ésta es mi observación final. En los nueve meses transcurridos desde que asumí mis funciones actuales, me ha impresionado sobremanera el compromiso de los líderes políticos mundiales con el sector de la salud pública, a menudo en lo concerniente a enfermedades que tienen escasas repercusiones dentro de las fronteras de sus respectivos países.

Éste es para mí el mejor indicio de que la salud importa verdaderamente como instrumento de política exterior, que es en efecto un terreno fructífero y amigable para la diplomacia.

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