Directora General

Alocución ante el Comité Regional para las Américas en su 59ª reunión

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Alocución ante el Comité Regional para las Américas en su 59ª reunión
1 de octubre de 2007

Señor Presidente de la 26ª Conferencia Sanitaria Panamericana, ilustres ministros y embajadores, distinguidos delegados, Dra. Roses, señoras y señores:

Ante todo, quisiera señalarles lo mucho que valoro esta oportunidad de dirigirme al Comité Regional.

Les estoy personalmente muy agradecida. Esta región es la que ha mantenido encendida la antorcha de la atención primaria.

Superado el año 2000, y relegada en consecuencia "la Salud para Todos" en el debate sanitario internacional, esta región ha mantenido –incluso reforzado- su compromiso en favor de la atención primaria de salud.

Me alegro de que hayan actuado así.

Éste es mi quinto Comité Regional en otras tantas semanas. Llevo en el cargo nueve meses. En casi todos los lugares que visito, en casi todas las reuniones a las que asisto, constato el resurgir de los valores, principios y estrategias de la atención primaria de salud. No siempre se los califica así, pero ahí están.

Oigo decir que las comunidades deben comprometerse, que las iniciativas sanitarias deben asumirse y ser dirigidas por los países, que la mejor ayuda es la autoayuda, que la prevención es la mejor arma de la salud pública, y que es necesario abordar las causas subyacentes de la mala salud.

Los medicamentos deben ser asequibles y accesibles. La cobertura universal debe ser la meta. Y quizá lo más importante: el signo más claro del buen funcionamiento de un sistema de salud son unos resultados sanitarios equitativos.

La Declaración de Alma-Ata, firmada hace casi 30 años, tenía que ver con la equidad y la justicia social. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio persiguen asimismo la equidad y la justicia social.

La atención primaria se concibió para lograr un desarrollo sanitario equitativo y sostenible.

Puede que la salud para todos no haya alcanzado todas sus metas, pero el enfoque de la atención primaria sigue siendo, de manera sostenible, pertinente.

De hecho, sus elementos casi han adquirido vida propia, reapareciendo y recuperando su protagonismo en el centro de la agenda del desarrollo.

Señoras y señores,

La documentación presentada a este Comité describe a las Américas como la región que presenta las mayores desigualdades sanitarias.

La edición de 2007 de Salud en las Américas califica estas desiguadades de “extensas y profundas”.

En lo referente a la distribución de los ingresos, dentro de los países y entre ellos, su agenda sanitaria para los próximos diez años describe a esta región como la más desigual del mundo.

Observo que interviene aquí un principio moral.

Una región caracterizada por unas desigualdades considerables aboga por una renovación de la atención primaria, esto es, de un enfoque concebido específicamente para promover la equidad. La preocupación por los grupos más desfavorecidos y vulnerables de la sociedad impregna la política sanitaria de esta región.

Ello tiene que ver con la gobernanza. La manera en que un gobierno trata a sus ciudadanos más desfavorecidos nos muestra en cierto modo el valor que la sociedad asigna a cada vida humana.

El compromiso a favor de la atención primaria es un compromiso en pro de la equidad de los resultados sanitarios y una promesa de solidaridad y responsabilidad compartida en la prosecución de ese objetivo.

Esto es panamericanismo de la mejor especie.

Es además, en pocas palabras, una decisión inteligente.

Coincido plenamente con la documentación presentada a este Comité. Un enfoque centrado en la atención primaria es la opción más eficiente y rentable para organizar un sistema de salud.

La evidencia internacional demuestra de forma abrumadora que los sistemas de salud orientados a la atención primaria consiguen mejores resultados, a un costo menor y de forma más satisfactoria para los usuarios.

La salud es un pilar de la prosperidad. Las políticas sanitarias favorables a los pobres son un factor de estabilidad, y una región próspera y estable sirve a los intereses de todos los países.

Señoras y señores,

En mis conversaciones con los Directores Regionales y cuando asisto a sus Comités, hay dos cosas que siempre procuro hacer.

Primero, intento comprender los problemas abordados en la región y determinar de qué manera se podría prestar apoyo mediante actividades emprendidas a nivel internacional.

En segundo lugar, busco lecciones regionales que puedan aplicarse internacionalmente.

Empezaré refiriéndome a algunas lecciones de esta región.

Felicito a los ministros de salud por su agenda sanitaria decenal y por el nuevo documento de posición: "Renovación de la Atención Primaria de Salud en las Américas".

Se trata de un documento conciso, que aclara muchos conceptos y malentendidos y reordena los valores, principios y elementos de la atención primaria para afrontar los singulares retos de este siglo.

Eso nos será muy útil a nivel internacional, y se lo agradezco.

La premisa de su iniciativa Rostros, Voces y Lugares es incuestionable.

Los progresos con miras a alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio no se medirán considerando los promedios nacionales. Se medirán considerando las mejoras introducidas en la vida de las comunidades más miserables y menos visibles de la sociedad.

Han empleado ustedes una sofisticada metodología para identificar esos lugares invisibles y ubicarlos en los mapas, y están empleando enfoques participativos para dar a sus habitantes rostro, voz y poder.

Están elaborando ustedes un abanico de opciones avalado por la evidencia sobre lo que funciona mejor en las peores circunstancias posibles.

Sus estrategias reflejan una búsqueda constante de una mayor eficiencia operacional. Así, cuando sus programas abordan un problema, procuran que ese esfuerzo sirva también para abordar otros problemas.

Han adoptado una estrategia de ámbito regional para la lucha antivectorial integrada.

Esa estrategia funciona con el dengue, con la malaria y con muchas de esas enfermedades tropicales desatendidas que son causa de miseria y discapacidad entre los más pobres de los pobres, especialmente entre las mujeres.

Esta región fue la primera en erradicar la viruela y la poliomielitis y ha allanado el camino para eliminar el sarampión y el tétanos neonatal.

Ahora mismo, están aprovechando ustedes ya esos éxitos, con una iniciativa de ámbito regional encaminada a eliminar la rubéola y el síndrome de rubéola congénita.

Al mismo tiempo, están valiéndose de esa iniciativa para mejorar la infraestructura en múltiples sectores, desarrollar modelos para la inmunización de adultos y la introducción de nuevas vacunas, y promover una cultura de la prevención.

Su estrategia para mejorar la calidad de la atención y seguridad del paciente es fundamental para renovar la atención primaria de salud. No me sorprende que esa estrategia otorgue prioridad a la calidad de la atención dispensada a los grupos más vulnerables de la sociedad.

En toda la región, han fortalecido ustedes enormemente los planes de preparación para una pandemia de gripe. Y paralelamente, esos esfuerzos han servido para fortalecer la capacidad regional y subregional para aplicar el Reglamento Sanitario Internacional revisado.

En el caso del VIH/SIDA, esta región sobrepasó las metas de cobertura de la población con tratamiento antirretroviral fijadas por mi predecesor, el Dr. Lee, en su iniciativa "tres millones para 2005".

Ése es quizá el ejemplo más destacado de compromiso político con la equidad y de lo que puede lograrse mediante ese compromiso. Como bien sabemos todos, fueron países de esta región los que mostraron el camino a seguir al resto del mundo.

Esta región sabe usar bien la evidencia. Los sólidos datos empleados les ha permitido identificar las comunidades y los municipios más desfavorecidos, y concentrar en ellos las actividades.

La evidencia les ha permitido también medir grandes progresos, en los últimos decenios tan sólo, en lo que respecta a reducir la pobreza extrema. Pueden estar orgullosos de esos éxitos.

Pero la evidencia también les aconseja prepararse para nuevos casos de infección por VIH y para un aumento continuo de las enfermedades crónicas.

Y hay otros problemas que no se pueden resolver fácilmente.

Esta región está sufriendo uno de los peores brotes de dengue de los últimos decenios, con los consiguientes trastornos sociales y económicos. La amenaza de una pandemia de gripe sigue ahí.

Todavía no existe un tratamiento seguro y eficaz contra la enfermedad de Chagas, ni una prueba sencilla y específica para el diagnóstico precoz de esa enfermedad.

En esta región, la violencia en las calles de las ciudades y en los hogares, las enfermedades mentales y la discriminación constituyen graves motivos de preocupación. Las mujeres en particular sufren a menudo doblemente esa situación: como víctimas de la violencia, y como víctimas de discriminación debido a esa violencia.

Esta región se ve especialmente castigada por los desastres naturales. Deseo expresar mi más sincero pésame a los ministros de Perú y de Nicaragua por las grandes pérdidas que han sufrido este año. La región ha dado grandes pasos en materia de preparación, y ahora está dando otro paso con la nueva iniciativa sobre los establecimientos de salud resistentes a desastres. Esto les será muy útil para afrontar lo que, como bien sabemos, está por llegar.

Los datos científicos son contundentes: el cambio climático es inevitable. Aunque hoy se pusiera fin a las emisiones de gas de efecto invernadero, el clima seguiría cambiando a lo largo del siglo.

El calentamiento del planeta será gradual, pero la frecuencia y gravedad de los fenómenos meteorológicos extremos –tormentas intensas, olas de calor, sequías e inundaciones– aumentarán abruptamente y sus consecuencias se sufrirán de forma aguda.

Los países en desarrollo serán los primeros y más afectados, y las zonas con infraestructuras sanitarias precarias serán las menos preparadas para hacer frente a la situación.

He aquí una razón más para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Señoras y señores,

En esta región, como en otros lugares del mundo, todos los que trabajamos en el campo de la salud pública tendremos que seguir luchando aún mucho en el futuro.

Trasladémonos ahora al plano internacional. Preocupa en esta región el hecho de que las diferencias en los resultados sanitarios están aumentando. Lamentablemente, se trata de una tendencia mundial.

Todos conocemos el problema. La globalización crea riqueza, y eso es bueno, pero la globalización no incluye ninguna norma que garantice una distribución justa de esa riqueza.

Nadie cuestiona que existe una estrecha relación entre pobreza y mala salud. Este mundo no se transformará espontáneamente en un lugar justo en lo tocante a la salud.

En todo el planeta, la salud se ve determinada poderosamente por fuerzas idénticas. Algunas de esas fuerzas agravan la carga de morbilidad, y otras tienden a acentuar las desigualdades.

La urbanización no planificada es una tendencia mundial, al igual que el envejecimiento demográfico. La globalización del mercado de trabajo y las mayores necesidades sanitarias de unas poblaciones cada vez más viejas han provocado una escasez crítica de personal sanitario, que se manifiesta tanto en esta región como en todo el mundo.

Las nuevas formas de interacción de la humanidad con el planeta han perturbado el delicado equilibrio del mundo microbiano, y el resultado es que están surgiendo nuevas enfermedades a un ritmo sin precedentes.

Al mismo tiempo están reapareciendo viejas amenazas. La emergencia de la tuberculosis extremadamente farmacorresistente, casi imposible de tratar, es muy mala señal.

La globalización del suministro de alimentos, así como de los canales de comercialización y distribución, propaga cambios del modo de vida que aceleran el aumento de las enfermedades crónicas.

Las enfermedades crónicas, durante largo tiempo consideradas típicas de las sociedades opulentas, han cambiado de lugar. Estas enfermedades castigan ahora en especial a los países de ingresos bajos y medios. En las Américas, las enfermedades crónicas degenerativas son hoy la principal causa de morbilidad y mortalidad.

Esa transición epidemiológica se acompaña de otro cambio relevante. Muchas de las causas de las enfermedades crónicas –dieta insalubre, sedentarismo y consumo de tabaco y alcohol– escapan al control directo del sector de la salud.

El sector de la salud puede, naturalmente, manejar esas enfermedades una vez manifestadas. Pero la tensión adicional que suponen para unos sistemas de salud ya sobrecargados es inmensa. Los costos de la atención crónica pueden ser catastróficos para los hogares, y hundir aún más en la pobreza a las familias empobrecidas.

La prevención es claramente la mejor alternativa. Pero la prevención de las enfermedades crónicas exige un enfoque multisectorial. Desembocamos así, una vez más, en los principios de la atención primaria de salud.

Señoras y señores,

En todo el mundo, la salud pública participa en tres grandes batallas.

Primero, luchamos para mantener a raya al mundo microbiano, en constante evolución. Segundo, luchamos para cambiar el comportamiento humano. Tercero, luchamos para recabar atención y recursos.

Esto no es nada nuevo, desde luego, pero los retos han crecido enormemente en cada uno de esos frentes en poco más de un decenio.

Como ya he señalado, la salud presenta cada vez más dimensiones internacionales. En cada una de esas batallas, contamos hoy con la ayuda de poderosos instrumentos y compromisos internacionales.

Todo ello refleja nuestra común vulnerabilidad, nuestra pertenencia a la misma especie humana y nuestra responsabilidad mutua en materia de salud. Y cada uno de esos factores apela a la acción colectiva.

En junio de este año entró en vigor un Reglamento Sanitario Internacional muy reforzado. Las normas revisadas han dejado de poner énfasis en las barreras pasivas en las fronteras nacionales para fomentar una estrategia de gestión de riesgos proactiva.

Mediante esa estrategia se pretende detectar rápidamente los eventos para yugularlos en la fuente, antes de que puedan transformarse en un evento internacional. De ese modo se fortalece enormemente nuestra seguridad colectiva y se eleva a nuevas cotas el poder preventivo del Reglamento.

Nunca más debemos permitir que una enfermedad como el VIH/SIDA burle nuestras redes de vigilancia y contención temprana.

En nuestra lucha para cambiar el comportamiento humano podemos emplear también otro poderoso instrumento internacional. El Convenio Marco para el Control del Tabaco se ha convertido en uno de los tratados más respaldados de la historia de las Naciones Unidas. Se trata de la mejor medicina preventiva a escala mundial.

El año próximo, la Comisión sobre Determinantes Sociales de la Salud publicará su informe. Será otro instrumento eficaz para abordar los complejos factores sociales que influyen en la salud e intentar lograr una mayor equidad en los resultados sanitarios.

En nuestra lucha para recabar atención y recursos, disponemos de la Declaración del Milenio y de sus Objetivos, que representan el compromiso más ambicioso contraído nunca por la comunidad internacional.

Esos objetivos tienen al menos dos implicaciones muy importantes para la salud en el plano normativo. La primera es que reconocen que la salud es un factor clave del desarrollo socioeconómico. Eso eleva el estatus de la salud, que ya no se considera como una mera consumidora de recursos, sino como una fuente de beneficios económicos.

Segundo, al hacer de la salud una estrategia de reducción de la pobreza, esos objetivos marcan una pauta clara para la política internacional. Por ejemplo, si deseamos que la salud mitigue la pobreza, no podemos permitir que los costos de la atención sanitaria agraven aún más la penuria de las familias pobres.

Ello tiene implicaciones para la financiación sanitaria, especialmente cuando los pobres se ven obligados a pagar de su bolsillo la atención médica. Sé que este tema está recibiendo una atención prioritaria en las Américas.

Otro ejemplo obvio es que, si pretendemos que la salud funcione como estrategia de reducción de la pobreza, tenemos que llegar hasta los pobres.

Y ahí es donde estamos fracasando.

A mitad de camino hacia las metas de 2015, debemos afrontar la realidad. De todos los Objetivos de Desarrollo del Milenio, las metas relacionadas con la salud son las que menos probabilidades tienen de materializarse.

¿Ello a qué se debe?

Estamos hablando de las metas de las que más depende la vida y la muerte de millones de personas, metas cuyo logro depende a su vez de armas de primer orden como vacunas, medicamentos y otras intervenciones.

Por primera vez, la salud pública cuenta con muestras de compromiso, recursos de nuevas fuentes, intervenciones valiosas y estrategias de reconocida eficacia para su aplicación.

Pero la realidad es ésta: la utilidad de esas intervenciones –vacunas, medicamentos, etc.– no se corresponde con la capacidad de los sistemas de salud para llegar a las personas más necesitadas y ofrecerles una atención integral a su debido tiempo.

De todas las metas relacionadas con la salud, las establecidas para reducir la mortalidad maternoinfantil son las que más problemas plantean a nivel mundial.

No es de extrañar que sea así. Los determinantes de la salud maternoinfantil son muy diversos y están estrechamente ligados a factores sociales y económicos.

Se podría argumentar que nuestra capacidad para reducir la mortalidad materna es un indicador preciso de la eficacia de los esfuerzos desplegados para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio en su totalidad.

Un requisito esencial para conseguir reducir la mortalidad materna e infantil es un sistema de salud que funcione correctamente y de forma equitativa.

Para reducir esa mortalidad, debemos retomar los valores, principios y estrategias de la atención primaria de salud.

Señoras y señores,

En mi discurso de aceptación de mi nombramiento, el pasado mes de noviembre, hice un llamamiento para que se volviera a hacer hincapié en la atención primaria como estrategia para fortalecer los sistemas sanitarios. Desde entonces, mi compromiso se ha redoblado.

Durante la conferencia internacional sobre la salud para el desarrollo, celebrada en agosto en Buenos Aires, expresé mi convicción de que no podremos alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio relacionados con la salud a menos que retomemos la estrategia de la atención primaria.

Como les dije antes, no creo que este mundo vaya a transformarse espontáneamente en un lugar justo en materia de salud. Creo que no hay ningún sector mejor situado que el de la salud para subrayar la necesidad de una mayor equidad y justicia social.

La argumentación es bien sencilla: no se le debe negar a nadie el acceso a intervenciones que salvan vidas o promueven la salud por razones injustas, en particular por motivos económicos o sociales.

En lo referente a la salud, las desigualdades son realmente un factor de vida o muerte.

Dije antes que es preciso analizar la manera de aprovechar iniciativas emprendidas a nivel internacional para apoyar los esfuerzos regionales.

Los líderes de la salud de esta región tienen muchos motivos para ser optimistas. Los jefes de Estado se implican cada vez más en las iniciativas sanitarias, a menudo en relación con enfermedades poco relevantes dentro de sus fronteras. Un ejemplo es la iniciativa del Presidente de los Estados Unidos sobre la malaria.

La reciente cumbre de jefes de gobierno de la CARICOM sobre las enfermedades crónicas es un hito histórico.

Durante el último mes hemos sido testigos del lanzamiento de nuevas iniciativas sanitarias internacionales, apoyadas por Canadá, Francia, Alemania, los Países Bajos, Noruega y el Reino Unido, encaminadas a acelerar los progresos para alcanzar los objetivos de desarrollo relacionados con la salud. Estas iniciativas reconocen plenamente la necesidad de invertir en los sistemas de salud, implicar a los países y hacer llegar la ayuda de forma menos engorrosa y más eficaz.

Quisiera dar las gracias a los países de esta región por su contribución al Grupo de Trabajo Intergubernamental sobre Salud Pública, Innovación y Propiedad Intelectual.

Quiero agradecer también a los jefes de Estado de esta región su función protagónica en muchas de las iniciativas que acabo de mencionar.

La autosuficiencia de esta región es cada vez mayor, y ello tiene implicaciones internacionales. Países de esta región que cuentan con una robusta capacidad de fabricación están cambiando la dinámica del mercado mundial de vacunas de salud pública.

Quiero agradecer la colaboración Sur-Sur que supone la ayuda que el Brasil y Cuba han proporcionado para ayudar a los países africanos a responder a una necesidad urgente de vacuna antimeningítica.

Agradezco asimismo el apoyo prestado por la región, mediante unos recursos humanos calificados y experimentados, a la última batalla entablada para liberar al mundo de la poliomielitis.

Y permítanme sobre todo que repita algo que ya les dije al principio: esta región es la que ha mantenido encendida la antorcha de la atención primaria. Quiero expresarles mi más profundo agradecimiento.

Muchas gracias.

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