Reunión consultiva urgente de partes interesadas sobre la interrupción de la transmisión del poliovirus salvaje
Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud
Excelencias, estimados amigos y colegas, señoras y señores, ésta es la primera ocasión que tengo de hablar como Directora General en una reunión de partes interesadas. Como habrán oído, constituyen ustedes sin duda un grupo prestigioso: científicos eminentes, asociados comprometidos, ilustres ministros.
Ante todo, quiero agradecerles que hayan venido a Ginebra con tan poco tiempo de aviso. Pedí personalmente que se convocara esta reunión, y pedí que se celebrara de forma urgente.
Se trata de una reunión consultiva de alto nivel, cuya finalidad es examinar críticamente la idea de llevar a término la erradicación de la poliomielitis.
La reunión de hoy puede ser un evento decisivo. Hemos llegado a un punto crítico en nuestro camino hacia la erradicación de la poliomielitis. Estamos en la estación de baja transmisión del virus, pero estamos también, no puedo ocultárselo, con el flujo de efectivo más bajo que nunca. Es más, en abril el flujo de fondos será negativo. Ésa es la realidad.
Si no le hacemos frente redoblando de inmediato nuestro compromiso, el virus podría ganar la batalla. Nos hallamos ante la mejor y quizá última oportunidad de erradicar la poliomielitis.
He descrito este momento como nuestra mejor oportunidad. En cierto modo, la tarea pendiente ofrece perspectivas más alentadoras que nunca. Tenemos que interrumpir la transmisión endémica del poliovirus salvaje en zonas limitadas de sólo cuatro países y en algunas zonas más que se han visto reinfectadas. En este sentido, el virus jamás había estado tan acorralado.
Tenemos en marcha una vigilancia muy sensible, posiblemente la mejor en el campo de la salud pública. Podemos decir con seguridad que hoy día somos capaces de detectar todas las cadenas de transmisión del virus. Sabemos a qué atenernos.
Hemos erradicado ya una de las tres cepas del poliovirus salvaje. Disponemos de vacunas monovalentes mejoradas para la inmunización focalizada. Disponemos de nuevas estrategias adaptadas a la situación epidemiológica y los retos operacionales propios de cada uno de los cuatro países aún afectados. Sabemos cómo avanzar.
Pero afrontamos también graves problemas que hay que discutir y evaluar con toda franqueza. No hemos cumplido el plazo fijado originalmente, y los más escépticos han expresado respetuosamente su opinión.
Se han planteado algunas dudas respecto a la eficacia de la vacuna, el acceso a la misma, la seguridad, la pobreza, la financiación y la competencia de otros programas de salud. Y sabemos por experiencia que los rumores pueden hacer peligrar los progresos que logremos colectivamente.
Pero sabemos a qué atenernos y cómo avanzar. Sin embargo, ello depende en gran medida de nuestra capacidad para avanzar de manera distinta a como hemos hecho hasta ahora.
A los países afectados les digo que me alegra ver que sus presidentes y primeros ministros han enviado a altos representantes, a personas que pueden influir en las decisiones. Para tener éxito, debemos llegar a todos los niños de las zonas que todavía están afectadas, y para ello necesitamos el compromiso de las más altas esferas de la Administración.
A los otros asociados punteros en esta empresa, la Asociación Rotaria Internacional, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y el UNICEF, que también están representados en esta sala, les digo que su compromiso no debe flaquear.
A los Directores Regionales de la OMS les digo que en la Organización hemos empezado ya a trabajar de distinta manera. Hemos hecho de la erradicación de la poliomielitis una de las máximas prioridades interregionales de la Organización. La presencia aquí de los Directores Regionales consolida nuestra reforzada colaboración interna. Y ésa es la nueva manera de trabajar en la OMS.
Y a la comunidad internacional de donantes, por último, quisiera decirles que su compromiso es absolutamente vital. Van a ver hoy nuevos datos que muestran por qué, a lo largo de 20 años, todas las alternativas propuestas para combatir la poliomielitis costarán más, en sufrimiento humano y en dólares, que llevar a término la erradicación. En otras palabras, concluir el trabajo empezado es la mejor apuesta.
Señoras y señores:
Hasta la fecha la salud pública ha conseguido erradicar sólo una enfermedad: la viruela. Los tiempos han cambiado desde entonces. La erradicación mundial de un virus en un planeta poblado por más de 6000 millones de personas no es tarea fácil.
Se me ha señalado reiteradamente que no existen obstáculos científicos o técnicos importantes para erradicar la poliomielitis. Los problemas con que tropezamos son básicamente operacionales y financieros.
Los países están cansados. El personal está cansado. Los donantes están cansados. Pero yo les digo: estamos a punto de conseguir la victoria. Tenemos en esta sala a personas que poseen las aptitudes de liderazgo y el poder necesarios para lograr una rotunda victoria de la salud pública. Se trata sin duda de un evento decisivo.
¿Qué es lo que está en juego? Permítanme compartir con ustedes algunos de los datos más importantes. Hemos invertido en esto más de 18 años, y casi 5000 millones de dólares. ¿Cómo nos juzgará la historia si dilapidamos esa inversión? ¿Tendríamos excusa si no somos capaces de conseguir y encauzar el compromiso, los fondos y la determinación necesarios para terminar el trabajo?
Sabemos que el esfuerzo de erradicación ha sido fundamental para reducir el número de casos de poliomielitis paralítica. Éstos han disminuido espectacularmente, de los 350 000 registrados en 1988 a menos de 2000 el pasado año. Son unos resultados realmente impresionantes, pero el trabajo no acaba ahí.
Sabemos que el esfuerzo de erradicación ha permitido crear infraestructuras y formular estrategias que han sido muy beneficiosas para otros programas. Por poner un ejemplo, les diré que la iniciativa contra el sarampión, que recientemente no sólo alcanzó sus ambiciosas metas sino que las sobrepasó, se implementó en gran parte a través de la infraestructura puesta en marcha contra la poliomielitis.
El impulso imprimido a la lucha contra la poliomielitis ha demostrado que es posible lograr tasas muy altas de cobertura de la población aun con una infraestructura sanitaria precaria y unos niveles altos de pobreza. Esto constituye un dato alentador para otras iniciativas, en particular para las orientadas a alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
El caso de la poliomielitis demuestra que es posible expandir las intervenciones para llegar a las personas más necesitadas. Ello es así porque las propias comunidades locales se encuentran en el centro de la implementación. También ellas son asociados que se juegan mucho en esta batalla.
Podríamos citar otros logros importantes y estimulantes, y la lista podría alargarse. Pero ¿tenemos que detenernos aquí, tan cerca de nuestro objetivo último? ¿Son suficientes esos logros?
Me explicaré. En realidad, está en juego algo más. Desde sus comienzos, el impulso para erradicar la poliomielitis ha sido una expresión del poder de las alianzas de salud pública para propiciar logros notables y duraderos. La mayoría de nosotros aún conserva vivas imágenes de lo que significa la poliomielitis. Recuerden los pulmones de acero, y aquellos amigos y compañeros de clase con parálisis y obligados a emplear muletas o dispositivos ortopédicos para las piernas.
Tenemos muy pocas oportunidades, como comunidad internacional, para hacer algo indudablemente beneficioso para todos los países del mundo. Quiero resaltar de nuevo la idea de vulnerabilidad universal. Si no terminamos el trabajo, el resto del mundo seguirá amenazado por la poliomielitis.
Tenemos pocas oportunidades para mejorar el mundo de forma permanente. Aprovecharlas es un acto de solidaridad, un signo de nuestra responsabilidad compartida en pro de la salud.
La erradicación de la poliomielitis será un legado permanente de todos nosotros -y de quienes actúan sobre el terreno- a las futuras generaciones de niños.
Señoras y señores,
Convoqué esta reunión, y me comprometo personalmente a que se apliquen sus resultados. Ése es mi deber.
Como ya les he dicho, tenemos que actuar de otro modo, y eso es lo que estamos haciendo en la OMS.
Poco después de asumir el cargo hablé de las perspectivas de erradicación de la poliomielitis en una reunión celebrada con los Directores Regionales. Su opinión fue unánime y categórica: debemos acabar este trabajo.
La semana pasada el Director Regional para África reunió a representantes de las otras regiones de la OMS para elaborar una estrategia conjunta de erradicación como máxima prioridad interregional de la OMS.
En una resolución adoptada en 1988, los Estados Miembros de la OMS se comprometieron públicamente a erradicar la poliomielitis. Ese compromiso se ha renovado varias veces desde entonces. Tenemos un mandato claro para erradicar la enfermedad, y tengo el deber llevar a la práctica ese mandato que nos han encomendado los Estados Miembros.
El próximo mes de mayo informaremos a la Asamblea de la Salud de las conclusiones y recomendaciones de esta reunión.
Como les decía antes, para concluir este trabajo necesitamos conseguir muestras de compromiso, fondos y determinación. Y cuando hablo de determinación me estoy refiriendo a algo que la Asociación Rotaria Internacional supo expresar muy bien en una intervención realizada en la reunión que celebró el Consejo Ejecutivo el pasado mes de enero: "La poliomielitis puede ser erradicada, debe ser erradicada, y será erradicada".
Una vez más, muchas gracias a todos por haber venido. Espero con gran interés los resultados de esta reunión. Es mucho lo que está en juego, para mí personalmente, para la OMS y sus numerosos asociados, para el mundo y, por supuesto, para todas las generaciones futuras de niños.