Directora General

Discurso al personal de la OMS

La Dra. Margaret Chan, Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Ginebra
4 de enero de 2007

Estimados colegas de la OMS en Ginebra y en todo el mundo:

En este mi primer día en el cargo de Directora General, tengo el honor de seguir la tradición de dirigirme al personal al asumir mis funciones oficiales.

La mayoría de mis predecesores asumieron el cargo en el mes de julio. Creo que es la primera vez que un Director General puede, el mismo día en que ocupa su puesto, aprovechar la ocasión para desear al personal un feliz año. Espero que éste sea un año de felicidad y salud para todos ustedes y sus familias.

En primer lugar, debo expresar mi más profundo agradecimiento al Dr. Anders Nordström. Asumió el cargo repentinamente tras el trágico fallecimiento del Dr. LEE Jong-wook y ha logrado que nuestro trabajo siguiera su curso sin problemas. Bajo su dirección tuvieron lugar las reuniones del G8 y de los comités regionales, el desarrollo de varios documentos de política muy importantes, y el proceso de elección. Cabe señalar también su supervisión de los preparativos para el próximo Consejo Ejecutivo. Debido a esa destacada participación, me complace anunciarles que tanto Anders como yo presentaremos informes al Consejo Ejecutivo este mes.

Deseo asimismo expresar mi agradecimiento a la OMS, a su personal, a todos ustedes, y a mis predecesores. Asumo el cargo con orgullo: orgullo de nuestra reputación de excelencia técnica, orgullo del valor y el impacto de nuestro trabajo, y orgullo de la eficiencia de nuestras actividades.

Se espera mucho de nosotros. Empezando por una buena base que nos permita ser ambiciosos en nuestros proyectos y más exigentes en la manera de evaluar nuestro impacto.

Creo que hay razones para ser optimistas en el campo de la salud. Y digo esto porque nuestra labor nunca había ocupado un lugar tan destacado en la agenda política. Las sumas de dinero que están aportando diversas fundaciones, organismos de financiación y los gobiernos carecen de precedentes. Es obvio que sigue habiendo aún importantes necesidades no atendidas, pero la salud no había contado hasta ahora con tal cantidad de medios. Es la primera vez que disponemos de tantos instrumentos eficaces a la espera de la voluntad política y los fondos necesarios para aplicarlos.

Les pondré un ejemplo. El mes pasado viajé a Washington, D.C. para asistir a la Cumbre de la Casa Blanca sobre la Malaria. Constaté allí de primera mano el renovado interés por combatir una enfermedad muy antigua. La malaria ya no constituye una amenaza interna para la salud en la mayoría de los países ricos, pese a lo cual dichos países se han comprometido a ayudar a los otros, a garantizar que toda una serie de intervenciones esenciales, como el suministro de mosquiteros, medicamentos e insecticidas, lleguen a todos cuantos las necesiten. Y es que fuera del mundo rico esa enfermedad causa un elevado número de defunciones prevenibles y mina los esfuerzos de vastas poblaciones.

Considero este renovado compromiso en la lucha contra la malaria, y también contra muchos otros problemas de salud, como una expresión de la solidaridad mundial que aflora cuando la salud está en juego. Veo también en ese compromiso el reconocimiento de que la mala salud y la pobreza están estrechamente ligadas, al igual que las mejoras de la salud y las perspectivas de desarrollo.

La solidaridad mundial en pro de la salud se manifiesta también en muchas otras iniciativas, y esto también invita al optimismo. La amenaza a la seguridad internacional que suponen los brotes epidémicos es un claro ejemplo. La amenaza de una gripe pandémica no ha remitido. La entrada en vigor, en junio de este año, del Reglamento Sanitario Internacional revisado será para mí un gran motivo de satisfacción. Su aplicación reforzará la eficacia de los mecanismos ya disponibles de alerta y respuesta ante brotes.

Lo ocurrido con las enfermedades tropicales desatendidas constituye otro ejemplo de solidaridad. Estas enfermedades no aprovechan los viajes internacionales, no son una amenaza para la situación sanitaria o la economía de los países ricos, no saltan a los titulares de los informativos. Sin embargo, causan un inmenso sufrimiento y discapacidad a millones de personas y las hunde en la pobreza. El mundo ha empezado a prestar atención a esas enfermedades y está logrando avances sin precedentes en esa línea, con objetivos ambiciosos, intervenciones excelentes, y una creciente evidencia de los múltiples beneficios que de ello se derivan para la salud. Esa atención a enfermedades largo tiempo desatendidas constituye un signo positivo de que la salud es hoy una responsabilidad compartida por la comunidad internacional.

La importancia fundamental de la salud se ve claramente reflejada en los Objetivos de Desarrollo del Milenio. He aquí otro ejemplo de solidaridad internacional. Somos conscientes de los retos que esto supone para la OMS y para sus asociados, y sabemos asimismo que nuestro trabajo no se agota en el logro de esos objetivos.

Paradójicamente, uno de nuestros mayores desafíos consiste en gestionar todo ese enorme interés por la salud mediante fórmulas que aseguren mejoras duraderas y que no sobrecarguen a los países receptores. El terreno de la salud pública se ha convertido en un escenario harto complejo y concurrido. En medio de tanto optimismo y actividad, considero que una de las principales responsabilidades de la OMS es la función de coordinación que debe asumir. Como líder reconocido de la salud pública, debemos procurar que las cada vez más numerosas iniciativas emprendidas en ese campo respondan a unas necesidades sanitarias muy amplias, de manera coordinada y en consonancia con las prioridades de los países y de sus poblaciones.

Las iniciativas centradas en enfermedades específicas también tienen su lugar, y eso es algo que deseo subrayar. Pero el concepto de atención primaria es fundamental para garantizar una mejor integración de las actividades. Debemos procurar que exista una estrecha interacción entre los programas, para conseguir así múltiples logros sanitarios. No hay beneficio neto cuando un país consigue avanzar hacia las metas definidas para una enfermedad específica pero al mismo tiempo retrocede en otros muchos indicadores básicos relacionados con la salud. Una tendencia por la que debemos felicitarnos son esas iniciativas de implementación de un paquete de intervenciones de promoción de la salud, como por ejemplo, en el caso del sarampión, mosquiteros tratados con insecticida, comprimidos de tratamiento vermífugo, suplementos de vitamina A y vacunación contra la poliomielitis, además de la inmunización antisarampionosa.

Nos incumbe la tarea de establecer la agenda sanitaria internacional, y establecerla de manera que resulte convincente para todos nuestros asociados. Tenemos el mandato constitucional de actuar como la autoridad directiva y coordinadora de la acción sanitaria. Ésa es nuestra responsabilidad, y debemos desempeñarla de manera que se reconozca la importante contribución de los muchos asociados con que contamos.

Considero que también forma parte de nuestra labor la evaluación continua del impacto de nuestras actividades. Otra lección que he aprendido en mi vida es ésta: lo que se mide se hace.

Estimados colegas:

Como ya he señalado, expondré mi visión para la OMS con más detalle en la Asamblea de la Salud que se celebrará en mayo. Por el momento, me limitaré a aclarar algunos de mis compromisos iniciales y a esbozar algunos planes para este año.

Me he comprometido a promover la atención primaria integrada como estrategia de fortalecimiento de los sistemas de salud. De todos mis compromisos iniciales, éste es el que ha provocado más debate, dentro y fuera de la Organización. Como ya saben ustedes, hemos hecho del concepto de atención primaria un aspecto prioritario para la realización de amplias consultas.

En el contexto más amplio del desarrollo, reconocemos la importancia del sistema de valores que inspira ese enfoque: la prioridad de la equidad, el acceso universal según las necesidades, el suministro de atención integrada y asequible, el control local y la sostenibilidad. Teniendo en cuenta la relación directa existente entre la salud y la mitigación de la pobreza, así como nuestro compromiso en pro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, es obvio que esos valores tienen una enorme importancia en la actual agenda de desarrollo internacional.

He señalado que deseo que mi liderazgo sea juzgado por el impacto de nuestra labor en la salud de dos poblaciones concretas: las mujeres y los habitantes de África. Estos dos compromisos no implican necesariamente la creación de nuevos grupos orgánicos o programas especiales, ni una reasignación de fondos. Se trata de hacer hincapié en la eficacia, en la pertinencia de nuestras actividades y en su impacto en las personas más necesitadas.

La OMS tiene una larga tradición de compromiso en favor de las personas más necesitadas, en particular de los grupos más vulnerables. Las mujeres constituyen un grupo vulnerable: por el trabajo que hacen, por su función de cuidadoras, por los riesgos que corren durante el embarazo y el parto, y por su bajo estatus en algunas sociedades. Pero las mujeres son también agentes de cambio.

He oído decir que necesitamos menos «creación de capacidad» y más «liberación de capacidad». ¡Buena idea! Estoy de acuerdo. Los individuos, las familias y las comunidades presentan algunos puntos fuertes que, si se aprovechan y encauzan correctamente, pueden transformar la sociedad.

El impacto de nuestras actividades en la salud de la población de África es otro indicador esencial de nuestra eficacia. En este sentido, acogí con beneplácito la publicación, en noviembre del pasado año, del primer Informe sobre la Salud en la Región de África. En este momento de optimismo, ese informe constituye un aleccionador recordatorio de los enormes retos que aún tenemos por delante.

No se trata de problemas nuevos, pero han adquirido un mayor relieve - y se han hecho más apremiantes - conforme se reconocía que la salud es un factor clave para el desarrollo socioeconómico. Ni puede decirse tampoco que esos problemas se limiten al continente africano, pues se observan en cualquier lugar donde haya poblaciones desfavorecidas.

Fijémonos en tres de los retos señalados. En primer lugar, el informe sobre África llega a la conclusión de que el limitado desarrollo sanitario debe atribuirse en gran medida a las enfermedades infecciosas, y en particular a tres de ellas: el VIH/SIDA, la tuberculosis y la malaria. Son ésos los tres agentes más mortíferos en muchas partes del mundo, pero sobre todo en África.

En segundo lugar, el informe señala a la atención la carga añadida de enfermedades crónicas. Estamos asistiendo a un aumento de las enfermedades crónicas en todo el mundo. Pero en África las complicaciones de esas enfermedades, como los accidentes cerebrovasculares, la insuficiencia cardiaca y renal y algunas formas de cáncer, se producen a más temprana edad y en poblaciones más extensas.

Por último, en su tercera conclusión principal, el informe menciona la precariedad de los sistemas nacionales de salud como el mayor desafío afrontado por el continente en materia de salud pública. Coincido plenamente con esa conclusión, y añadiría que el fortalecimiento de los sistemas de salud constituye uno de los grandes retos para toda la Organización.

De ahí la importancia de nuestras actividades de reactivación del concepto de atención primaria de salud. En esa tarea, no debemos olvidar los nuevos problemas generados por las enfermedades crónicas. Los sistemas de salud suelen conseguir contener las emergencias de enfermedades infecciosas que periódicamente se producen, pero son mucho menos eficaces en su lucha contra las enfermedades crónicas.

Aunque la situación es especialmente grave en África, esas conclusiones son igualmente válidas para las poblaciones subatendidas y las bolsas de pobreza que hay por todo el mundo, ya sea en AMRO, EMRO, EURO, SEARO o WPRO.

A lo largo de mis viajes y de las conversaciones mantenidas en las últimas semanas, me he reafirmado en mi convicción de que he heredado una Organización fuerte. Cuando trabajaba fuera de ella en Hong Kong, consideraba que la OMS era uno de los organismos más eficientes y eficaces de las Naciones Unidas. El año pasado, en una noticia sobre la gripe aviar publicada en primera plana en un influyente diario financiero se describía a la OMS como uno de los organismos de las Naciones Unidas que sabe emplear bien el dinero. Esforcémonos por mantener esa reputación de eficiencia y eficacia.

He heredado también algunos compromisos importantes. Destaca en primer lugar el impulso imprimido a la erradicación de la poliomielitis. Que quede claro: tenemos que lograrlo. No se trata sólo de alcanzar un objetivo, se trata de ofrecer ese logro como obsequio a todas las generaciones de niños que nacerán en el futuro. Iniciamos este año con nuevos instrumentos y estrategias que nos permitirán acometer nuestro trabajo redoblando la eficacia. Necesitamos también dar un renovado impulso a las convicciones y el compromiso, por parte tanto de los dirigentes políticos como de la comunidad de donantes.

Queridos colegas:

Un cambio de liderazgo entraña siempre dos cosas. Primero, la OMS pasa a ser el centro de atención. Segundo, todo cuanto hagamos será minuciosamente analizado.

No está mal ser el centro de atención, porque podemos aprovechar la ocasión para hacer balance de la situación. ¿Por qué es importante la OMS? ¿Por qué merece un buen liderazgo? A juzgar por algunas noticias y artículos recientes, la labor que realizamos se considera indispensable. Muchos observadores han llegado además a la conclusión de que merecemos más fondos. Nos complace oír eso, ¿no es así? Sobre todo en un año en que se presenta el presupuesto.

Sentirse escrutado es ya otra cuestión. Sé que estoy siendo observada con atención. Sé que debo dar ejemplo. Mi comportamiento como funcionaria internacional debe estar libre de tacha. Y esta expectativa la extiendo a todo el personal. Les daré dos ejemplos de lo que quiero decir con eso. Primero, no toleraré ningún episodio de acoso ni cualquier otra forma de mala conducta, y abordaré esos casos con prontitud e imparcialidad.

Segundo, no toleraré tampoco ninguna forma de abuso de nuestras relaciones con los Estados Miembros. Les recuerdo que es inadmisible que se use la buena voluntad de los países para intentar influir en la Organización en beneficio personal o en beneficio de cualquier programa. La confianza que los Estados Miembros depositan en nosotros se basa en nuestra vocación de imparcialidad y objetividad.

Querría referirme ahora a algo que probablemente reviste para ustedes un particular interés. ¿Voy a anunciarles hoy una gran reorganización? No. Respetaré mi promesa: sí a las reformas, no a los cambios drásticos.

El Director General dispone generalmente de seis meses para prepararse antes de asumir el cargo. Yo sólo he contado con seis semanas. He considerado conveniente, por tanto, abrir un periodo de transición en tres etapas que durará todo este año. La primera fase de diálogo y preparación continuará hasta el final de enero. La segunda etapa, de introducción de cambios, se extenderá de febrero a julio. Y la última etapa, de consolidación, se prolongará desde agosto hasta el final del año.

Durante esta primera fase preparatoria, he estado escuchando a mis interlocutores y aprendiendo, reuniendo la información y las opiniones que necesito como base para tomar decisiones. He hablado con cada uno de los Directores Regionales en varias ocasiones. Mi equipo de transición ha celebrado videoconferencias con cada oficina regional. Y estoy reuniéndome personalmente con todos los directores de la Sede. La mayoría de estas reuniones ya han tenido lugar.

En el curso de la campaña pude escuchar el parecer de varios Jefes de Estado y ministros de salud, y desde entonces me he reunido con varios de ellos.

Me he reunido también personalmente con cuantos jefes ejecutivos de organizaciones asociadas y ONG he podido. Hasta la fecha he podido conversar con los jefes del ONUSIDA, el Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria, la GAVI, el UNICEF y el FNUAP, así como con los Secretarios Generales, saliente y recién nombrado, de las Naciones Unidas. Dentro de poco celebraré reuniones con otros organismos.

Me he reunido con representantes oficiales de la Fundación Bill y Melinda Gates, la Fundación de las Naciones Unidas, la Unión Africana y las Fundaciones Nippon/Sasakawa, Bloomberg, Doris Duke y Rockefeller. Por último, aquí en Ginebra he mantenido conversaciones con embajadores de numerosos países.

Todos esos organismos y personas complementan o facilitan nuestro trabajo, o expresan las necesidades sanitarias de las poblaciones. Forma parte de mi trabajo garantizar que las actividades emprendidas por tantos actores estén bien coordinadas y se compaginen de forma estratégica.

A lo largo de estas reuniones y conversaciones, me ha sorprendido constatar la excelente reputación de que goza la OMS. He advertido un profundo respeto por la labor que realizamos, y un sincero reconocimiento de nuestra autoridad técnica. Por supuesto, podemos conseguir una Organización aún mejor: más austera, más flexible y con mayor capacidad de respuesta a unas demandas muy complejas y en continua transformación.

Durante la segunda etapa de la transición, que comenzará en febrero, nombraré a un equipo de la alta gestión. Pero lo haré de manera gradual. Una excepción, no obstante, es la que se deriva del hecho de que debo nombrar a mi Director General Adjunto a la mayor brevedad, y así lo haré en los próximos días.

El acervo de talento y experiencias que necesito en las altas esferas depende de lo que esta Organización desee conseguir y de la forma más idónea de realizar el trabajo. Lo mismo puede decirse de nuestra estructura organizacional, que precisa algunos ajustes. Nuestra estructura tiene que ser lógica, y favorecer la acción coordinada entre programas relacionados. Eso amplificará el impacto de nuestras actividades y nuestros recursos.

Observo algunas oportunidades para agrupar actividades relacionadas. Estoy creando un equipo especial para introducir esos cambios estructurales durante los próximos meses. Este equipo especial de gestión de los cambios estará encabezado por el Director General Adjunto, y sus miembros procederán de las oficinas regionales y las oficinas en los países, así como de la Sede.

Estoy resuelta a defender el papel directivo de la OMS como autoridad técnica en el campo de la salud. Para ello, debo garantizar que la orientación que facilitemos sea coherente y esté basada en la mejor evidencia disponible. Si queremos articular una política y una estrategia adecuadas, tenemos que garantizar la coherencia en el conjunto de la Organización. Me reuniré periódicamente con los Directores Regionales para intercambiar opiniones y trazar estrategias conjuntas, tanto gerenciales como programáticas. Celebraré asimismo reuniones semanales con los Subdirectores Generales.

La eficacia - acción con impacto - exige de la OMS una orientación clara y coherente, y exige también rendición de cuentas política y técnica. Los Directores Regionales son funcionarios elegidos. En su trabajo son política y técnicamente responsables ante los países de su región. Los Subdirectores Generales son nombrados en función de su competencia técnica, y son responsables de la ejecución técnica de los programas en toda la Organización.

Como ya he señalado antes, la verdadera medida de nuestra eficacia será el impacto que tengamos en las personas, en la población de los países. A este respecto, las responsabilidades y funciones que deben desempeñar nuestras oficinas en los países son decisivas. En las últimas semanas he oído reiteradamente referencias a la importancia de la labor realizada en esas oficinas, así como al valor de la experiencia directa que tienen los Representantes de la OMS.

Del 20 al 22 de marzo celebraré una reunión de personal superior que congregará a Directores Regionales, Subdirectores Generales, directores de la Sede y de las oficinas regionales, y Representantes de la OMS y Oficiales de Enlace de las oficinas en los países. Dicha reunión brindará la oportunidad de discutir mi visión para el futuro con nuestros altos funcionarios y nos ayudará además a coordinar nuestras actividades en toda la Organización.

En marzo también, reuniré en Ginebra a los presidentes de todas las asociaciones del personal para conocer sus puntos de vista. Mi capacidad para administrar eficazmente esta Organización dependerá de mi grado de conocimiento de todas esas opiniones. La realización de consultas y la comunicación son procesos que valoro altamente. El intercambio de información y el tratamiento equitativo de todos los funcionarios serán la norma.

Dije al comienzo que deseo que éste sea un buen año para todo el personal. La salud, a mi parecer, es un rayo de esperanza en un mundo sacudido por noticias alarmantes. Creo que ésa es otra de las razones de la proliferación de actores e iniciativas que observamos en la salud pública. La acción sanitaria nos permite a todos expresar nuestros sentimientos humanitarios a la humanidad.

La eficacia de la OMS depende de su personal. Desde mi responsabilidad como principal funcionaria técnica y administrativa, me propongo gestionar esta Organización de manera que conserve su reputación de excelencia técnica y utilidad. Puedo ayudar a elegir el rumbo adecuado entre intereses en conflicto y a evitar influencias políticas indebidas. De este modo, puedo contribuir a motivarles, a hacer que disfruten de trabajar para la OMS.

Pero la motivación es también una cuestión personal. Les haré una última sugerencia: dondequiera que hayan nacido, cualquiera que sea el país en que hayan crecido y se hayan formado, fíjense bien en su cultura y en sus creencias. Estoy segura de que encontrarán en ellas esos valores que defendemos cada día en la labor que llevamos a cabo. Ahí radica la belleza de la diversidad cultural, nuestros valores universales, y el valor humano de nuestro trabajo.

Estimados colegas:

Muchas gracias de nuevo. Les deseo a ustedes y a sus familias buena salud en este nuevo año.

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