Directora General

Alocución al Congreso de la OMS sobre Medicina Tradicional

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Beijing, República Popular China

Doctor Chen, honorables ministros, distinguidos invitados, señoras y señores:

Ante todo, quiero señalarles lo mucho que me complace estar aquí en Beijing para pronunciar unas palabras ante este congreso de la OMS sobre medicina tradicional. Deseo también dar las gracias al Ministerio de Salud de China y a la Administración de Medicina Tradicional China por coauspiciar este evento junto con la OMS.

Hablaré sobre la medicina tradicional en tres contextos: la realidad actual, la renovación de la atención primaria de salud, y el aumento de las enfermedades crónicas. Explicaré así cómo cada uno de esos contextos brinda varias razones convincentes para hacer un mejor uso de la medicina tradicional y de quienes la practican.

Hablaré también sobre algunos de los retos que habrá que superar para incorporar la medicina tradicional al sistema dominante de atención sanitaria de forma apropiada, eficaz y, sobre todo, segura.

Empezaré refiriéndome a la realidad actual. La medicina tradicional es por lo general una opción disponible, asequible y ampliamente usada en grandes zonas de África, Asia y América Latina.

Para muchos millones de personas, con frecuencia habitantes de zonas rurales de los países en desarrollo, las medicinas herbarias, los tratamientos tradicionales y los prácticos tradicionales son la principal fuente, si no la única, de atención sanitaria.

Se trata de una atención cercana al hogar, accesible y asequible. En algunas formas de medicina tradicional, como la medicina tradicional china y el sistema Ayurveda surgido en la India, las prácticas tradicionales se sustentan en conocimientos y experiencias adquiridos a lo largo de siglos.

En esos contextos donde la medicina tradicional tiene importantes raíces históricas y culturales, los prácticos son por lo general miembros bien conocidos por la comunidad, que inspiran respeto, y cuyas aptitudes y remedios han captado la confianza del público.

Ésa es la realidad, y esa forma de atención tiene sin duda un poder de alivio, permite tratar muchas dolencias, reduce el sufrimiento y mitiga el dolor. Ésa es la realidad, pero no es lo ideal.

Se estima que en algunos países africanos alrededor de un 60% de los niños pequeños que sufren fiebre alta, causada muchas veces por la malaria, son tratados en el hogar con remedios herbarios, y eso, reconozcámoslo, representa un problema muy grave. La malaria puede matar en sólo 24 horas, pero los medicamentos modernos pueden mejorar enormemente las perspectivas de supervivencia.

La OMS calcula que a lo largo de este año darán a luz alrededor de 136 millones de mujeres. De ellas, unos 58 millones no recibirán ningún tipo de atención médica durante el parto y el puerperio, poniendo así en peligro su vida y la de sus lactantes.

Una vez más, estamos ante un problema muy grave. El consenso al respecto es sólido: esas cifras persistentemente elevadas de mortalidad materna no disminuirán mientras no aumente el número de mujeres atendidas por parteras cualificadas y con acceso a atención obstétrica de urgencia.

El aspecto que quiero resaltar está claro: la medicina tradicional tiene mucho que ofrecer, pero no siempre puede suplir el acceso a esos medicamentos modernos y medidas de urgencia de gran eficacia que marcan la diferencia entre la vida y la muerte para muchos millones de personas.

Esto no es una crítica a la medicina tradicional, sino un recordatorio de la incapacidad de los sistemas de salud de muchos países para ampliar a la escala necesaria las intervenciones eficaces y dar alcance a las personas más necesitadas. En el contexto de la campaña emprendida para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio relacionados con la salud, ese fracaso es hoy algo ampliamente reconocido. Se están desplegando grandes esfuerzos para remediar esa situación, para fortalecer las infraestructuras, los servicios y el personal de salud básicos.

Pero hay otro aspecto de la realidad igualmente indicativo de las carencias de que adolece la prestación de atención sanitaria en el mundo de hoy. Se trata del sorprendente aumento, en las sociedades ricas, de la popularidad de tratamientos y remedios que complementan la medicina ortodoxa, o que sirven a veces de alternativa a los tratamientos convencionales.

Estudios recientes efectuados en América del Norte y Europa indican que esos remedios suelen ser utilizados por los sectores de la población con mayores ingresos y mayor nivel de instrucción. En muchos casos los costos no están cubiertos por los planes de seguro médico. El recurso a esas terapias complementarias y alternativas ha generado una industria de miles de millones de dólares que según se prevé seguirá creciendo rápidamente. Pero para los pobres eso no es una alternativa a la atención convencional.

¿Qué nos está indicando esa tendencia? La reacción de la clase médica es previsible y, creo yo, en gran parte legítima, pero encierra algunos peligros.

Como ya he comentado, algunos sistemas de medicina tradicional se remontan a miles de años atrás. A lo largo de un periodo relativamente corto, la medicina moderna ha desarrollado metodologías robustas para demostrar la eficacia de los tratamientos, garantizar la calidad, optimizar las prácticas de fabricación de los productos, analizar su seguridad y vigilar los efectos adversos tras su comercialización.

Muchas de las medicinas tradicionales, aunque no todas, poseen una base evidencial insuficiente si las sometemos a esos criterios. Las pruebas de determinación de la calidad y las normas de producción suelen ser menos rigurosas y están sujetas a menos controles. Los productos pueden eludir las estrictas normas reguladoras establecidas para garantizar la seguridad de los medicamentos. Y algunas de las personas que practican esas medicinas carecen del título o acreditación necesarios.

Son éstos motivos de preocupación legítimos, pero seguimos sin aclarar una cuestión fundamental: ¿cómo se explica ese pronunciado aumento de la utilización de medicinas complementarias y alternativas? Una vez más, la clase médica aporta quizá algunas claves. Algunos comentaristas de revistas como British Medical Journal, The Lancet y New England Journal of Medicine interpretan esa tendencia como una mordaz crítica de la medicina especializada basada en la alta tecnología, pese a sus bien documentados méritos.

La atención médica se ha despersonalizado, algunos dirían incluso que se ha hecho “despiadada". En la mayoría de los países prósperos, el número de médicos de familia y de atención primaria sigue disminuyendo. La tendencia a una atención muy especializada es contraria a una relación empática entre médico y paciente. En demasiados casos el paciente ya no es tratado como persona, sino como una cadena de montaje de partes del organismo que deberán ser manejadas, a menudo con gran lujo de conocimientos técnicos, por los especialistas oportunos.

A juicio de al menos algunos de los comentaristas, el mayor protagonismo de la medicina alternativa refleja la búsqueda de una atención de salud más compasiva, personalizada e integral. Muy probablemente esa tendencia se ve estimulada por una fe creciente en los llamados productos naturales como intrínsecamente buenos y seguros, creencia ésta en absoluto justificada. Y es muy fácil explotar esa fe con fines comerciales.

Pero es menos fácil explotar esa fe cuando la medicina tradicional está en manos de profesionales que poseen la formación, experiencia y acreditación necesarias para practicar ese arte antiguo, culturalmente respetado y útil de la atención y curación compasivas.

Señoras y señores,

El mes pasado la OMS publicó su Informe sobre la salud en el mundo, centrado este año en la atención primaria de salud y subtitulado “Más necesaria que nunca". El informe responde a los llamamientos realizados por todas las regiones del mundo para acometer una renovación de la atención primaria de salud.

La atención primaria es un enfoque holístico de la salud centrado en las personas que considera la prevención tan importante como la curación. Como parte de ese enfoque preventivo, aborda las causas últimas de la mala salud, aunque se hallen fuera del sector sanitario, lo que permite combatir más cerca de su raíz las amenazas para la salud.

Décadas de experiencia nos muestran que la atención primaria conduce a mejores resultados de salud, a un costo inferior y con mayor satisfacción para los usuarios.

Quisiera resaltar ese último punto: la mayor satisfacción de los usuarios. Personalmente considero que se trata de uno de los principales hallazgos del informe. A medida que las sociedades se modernizan, las expectativas sociales en materia de salud aumentan en todo el mundo. La población desea una atención sanitaria equitativa, así como eficiente, integral y asequible. Los estudios al respecto coinciden ampliamente. La población encuestada en numerosos países opina que todos los miembros de la sociedad deben tener acceso a la atención y recibir tratamiento en caso de enfermar o sufrir un traumatismo, sin por ello arruinarse económicamente.

Con este respaldo del Informe sobre la salud en el mundo, mis principales conclusiones parecen insoslayables. Creo que esos enérgicos llamamientos que nos llegan para renovar la atención primaria brindan una oportunidad ideal para volver a analizar el lugar de la medicina tradicional, para reenfocar de forma positiva sus muchas aportaciones en pro de una atención de salud equitativa, accesible, asequible y centrada en la persona.

Creo que esa perspectiva también se ha visto reflejada en el proyecto de Declaración de Beijing que examinarán ustedes durante este congreso.

No tiene por qué haber conflicto entre la medicina tradicional y la medicina occidental. En el marco de la atención primaria, ambas pueden combinarse de forma armoniosa y beneficiosa, en un sistema que aproveche lo mejor de cada una y compense también las deficiencias de cada una. Ahora bien, esto no es algo que vaya a ocurrir espontáneamente: es preciso tomar deliberadamente decisiones normativas. Pero es posible hacerlo.

Muchos países han logrado imbricar los dos sistemas de forma muy satisfactoria. En varios países donde los sistemas de salud están organizados en torno a la atención primaria, la medicina tradicional está bien integrada en el sistema y constituye un pilar fundamental de gran parte de la atención preventiva y el tratamiento de dolencias comunes.

Aquí en China, hospitales públicos de todo el país ofrecen terapia herbaria de eficacia demostrada para muchos trastornos, paralelamente a la medicina convencional.

Como dije al comienzo, hay que implantar medidas de salvaguarda, en forma de sistemas de regulación, capacitación y concesión de licencias o certificación, así como medidas estrictas de control de la seguridad de los productos. La validación de la eficacia y seguridad de las medicinas tradicionales requiere métodos especiales de investigación. La OMS está prestando apoyo en ese terreno, especialmente a través del Programa Especial de Investigaciones y Enseñanzas sobre Enfermedades Tropicales.

Es también un buen momento para considerar la medicina tradicional como un precioso recurso. Hay que respetarla y apoyarla como una fuente valiosa de compuestos prototipo que propiciarán avances terapéuticos y permitirán obtener nuevos tipos de medicamentos. Basta, para ilustrar este punto, con mencionar el uso de la artemisinina contra la malaria.

La investigación y el desarrollo en materia de medicina tradicional forma parte de la estrategia mundial y plan de acción sobre salud pública, innovación y propiedad intelectual adoptada en la Asamblea Mundial de la Salud este año. Además de establecer una agenda de investigación para la medicina tradicional, en ese plan de acción se aborda la necesidad de prevenir la apropiación indebida de los conocimientos tradicionales relacionados con la salud. La OMS, junto con la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, también está prestando apoyo en ese ámbito.

Señoras y señores,

La idea de que la prevención es mejor que la curación es una aportación que la salud pública debe a China y al Huangdi Neijing, el libro más importante de la antigua medicina china.

Durante sus 3000 años de historia, la medicina tradicional china ha sido pionera en el fomento de intervenciones relacionadas con la dieta, el ejercicio, la concientización sobre las influencias ambientales en la salud y la utilización de remedios herbarios como parte de un enfoque holístico de la salud.

Otras formas antiguas de medicina de otros países, como el Ayurveda en la India, abordan la salud de forma similar. Constituyen una riqueza histórica, que ha cobrado más importancia como consecuencia de los tres grandes males que afligen a la vida en el siglo XXI: la globalización de modos de vida insalubres, una urbanización rápida y no planificada, y el envejecimiento demográfico. Son éstas tendencias mundiales con consecuencias mundiales para la salud, que se manifiestan en particular como un aumento universal de las enfermedades crónicas no transmisibles, como las cardiopatías, el cáncer, la diabetes y los trastornos mentales.

Para esas enfermedades y para muchas otras afecciones, la medicina tradicional tiene mucho que ofrecer en lo relativo a prevención, consuelo, compasión y atención.

Se celebra este congreso en un momento oportuno. El contexto nunca había sido tan propicio, y las razones tan numerosas, para situar la medicina tradicional en el lugar que le corresponde para abordar los muchos males que han de afrontar todas nuestras sociedades modernas... y nuestras sociedades tradicionales.

Muchas gracias.