Directora General

Palabras de clausura pronunciadas en la 62ª Asamblea Mundial de la Salud

Dra. Margaret Chan
Directora General de la OMS

Palabras de clausura pronunciadas en la 62ª Asamblea Mundial de la Salud
Ginebra, Suiza
22 de mayo de 2009

Señor Presidente, honorables ministros, excelencias, distinguidos delegados, señoras y señores:

Estaremos todos de acuerdo en que esta reunión de la Asamblea de la Salud ha sido excepcionalmente intensa.

Han tratado ustedes muchos temas, han tomado algunas decisiones cruciales y han adoptado importantes resoluciones, todo ello en un año en que se presenta el presupuesto y en la mitad del tiempo previsto para la reunión.

Se ha hablado de temas relacionados con la preparación para una gripe pandémica y con la aplicación del Reglamento Sanitario Internacional, mientras todo el planeta observaba con atención y nerviosismo la evolución de un nuevo y volátil virus que podía depararnos aún más sorpresas.

Han transmitido ustedes al mundo una enérgica señal de compromiso tenaz en favor de programas de salud y capacidades nacionales que necesitamos tanto de forma cotidiana como en las situaciones de emergencia.

Temas como la ceguera y las formas resistentes de tuberculosis nos recuerdan el gran poder de la salud pública y de los partenariados para prevenir, tratar y curar las enfermedades.

Pero también resaltan una realidad que conocemos sobradamente, y es que ese poder de la salud pública y de nuestras mejores intervenciones se malogra ante unos sistemas de salud frágiles.

Como han señalado algunos delegados, el grado de solidez del sistema de salud de cada país será lo que más determinará la evolución de los casos de enfermedad y la supervivencia en una pandemia de gripe.

Quiero felicitarles por haber finalizado sus trabajos sobre el punto referente a la salud pública, la innovación y la propiedad intelectual. Han hallado ustedes algunas soluciones elegantes para avanzar después de muchos años y muchas horas de arduas negociaciones, búsqueda de consenso y compromisos.

Lo mismo puede decirse respecto a la reunión intergubernamental sobre el intercambio de virus gripales y el acceso a las vacunas y otros beneficios. Han dado con fórmulas elegantes para seguir avanzando, y les doy las gracias por ello.

Gran parte de los debates se han centrado en puntos dedicados a Objetivos de Desarrollo del Milenio relacionados con la salud, a la atención primaria y a las conclusiones de la Comisión sobre Determinantes Sociales de la Salud. Sus deliberaciones han demostrado un profundo conocimiento de la interrelación y sinergia mutua existentes entre esos tres grandes instrumentos de fomento de la equidad.

Se ha argumentado también aquí que esos tres instrumentos, operando en paralelo y respaldados por las políticas oportunas, conferirán a los países la resistencia necesaria para hacer frente a las tres grandes crisis mundiales, esto es, la crisis financiera, la perspectiva de una gripe pandémica y el cambio climático.

Ha quedado también muy claro que, si bien no figuran entre los Objetivos de Desarrollo del Milenio, las enfermedades crónicas son para ustedes otra fuente de preocupación. La perspectiva de la atención primaria es la mejor manera de abordar su prevención y tratamiento. Un enfoque de la salud que implique a todo el gobierno, como propone la Comisión, es la opción idónea para afrontar las causas últimas de esas enfermedades.

Las políticas que implican a la totalidad del gobierno y que propugnan explícitamente la igualdad igualdad de oportunidades, igualdad de acceso a la atención de salud e igualdad ante los sistemas de protección social - favorecen la cohesión social y la estabilidad. No se oponen a la globalización; antes bien, son su salvación.

Señoras y señores:

Durante la reunión consultiva de alto nivel sobre la gripe pandémica, varias delegaciones pidieron a la OMS que considerase otros criterios además de la propagación geográfica a la hora de determinar la fase de alerta de la pandemia.

He escuchado atentamente sus opiniones. Las fases 5 y 6 son prácticamente idénticas en lo que respecta a las medidas que desencadenan. Hay ya plenamente en marcha iniciativas de intensificación de la preparación, también por parte de la industria.

Cuando declaramos la fase 5, pedí a todos los países que activaran sus planes de preparación para la pandemia, y la mayoría así lo han hecho.

Pero incluso los planes mejor trazados deben demostrar la suficiente flexibilidad si aparece un nuevo virus que obliga a cambiar las normas previstas. Suponíamos, y temíamos, que la causa de la siguiente pandemia sería el virus aviar H5N1, altamente mortífero. Tal como ha recordado la delegación de Egipto, ese virus aviar sigue siendo una gran amenaza.

Pero nuestra preocupación más acuciante, ahora, se centra en el nuevo virus H1N1.

Por primera vez en la historia, vemos cómo se despliegan ante nuestros ojos las condiciones que conducen a la aparición de una pandemia. Por una parte, eso nos da una oportunidad sin precedentes. El mundo está alerta y en guardia como nunca antes.

Por otra parte, sin embargo, ello nos aboca a un dilema. Científicos, clínicos y epidemiólogos están reuniendo muchos datos, pero carecemos de los conocimientos científicos necesarios para interpretar esos datos con seguridad. Tenemos pistas, muchas pistas, pero muy pocas conclusiones sólidas.

Como dije antes, se han adoptado ya medidas de preparación a muchos niveles. En este sentido, no es posible hacer más.

Permítanme que les explique, considerando los conocimientos actuales, cómo podría evolucionar la situación durante las próximas semanas y meses.

En primer lugar, nos hallamos ante un virus muy contagioso. Prevemos que seguirá propagándose a nuevos países y dentro de los países ya afectados. Sobre esto apenas tenemos dudas.

Segundo, se trata de un virus sutil, taimado. No anuncia su presencia o su llegada a un nuevo país con una avalancha súbita de pacientes que busquen atención médica o requieran hospitalización. Y sin embargo, la mayoría de los países necesitan hacer súbita y masivamente pruebas de laboratorio para detectar su presencia y seguir sus huellas.

Esto crea otro dilema aún. Podemos estar todos muy agradecidos a los muchos países que se han empleado a fondo y con gran rigor para detectar e investigar los brotes y estudiar los casos clínicos, sobre todo los que han requerido hospitalización.

Esos esfuerzos amplían nuestros conocimientos sobre el virus, sus pautas de propagación y el espectro de manifestaciones clínicas que puede provocar. Pero esos esfuerzos tienen también efectos desestabilizadores y absorben recursos ingentes. ¿Cuánto tiempo puede prolongarse esa situación? Es lo que, como habrán visto, se preguntaban varias delegaciones durante la reunión consultiva de alto nivel.

La respuesta depende de la situación, las capacidades y los riesgos de cada país, incluso de las zonas afectadas dentro de cada país. La OMS no puede en este momento resolver ese dilema con unas directrices universales. Los países deberán adaptar sus respuestas en función de cómo evolucione la epidemiología de la enfermedad.

Esto es sólo el comienzo, y no sabemos lo suficiente para formular recomendaciones generalizables.

Tercero, hasta ahora el virus ha circulado sobre todo por el hemisferio norte, donde la epidemia de gripe estacional debería estar tocando a su fin.

Es preciso que vigilemos muy atentamente el comportamiento del virus H1N1 cuando se encuentre con los virus gripales que circularán durante la temporada de invierno por el hemisferio sur. La actual temporada invernal brinda a los virus gripales la oportunidad de entremezclarse y, posiblemente, intercambiar su material genético de forma impredecible.

Cuarto, en los países donde el virus H1N1 se haya generalizado y circule en la población general, cabe prever que crecerá el número de infecciones graves y mortales. Pero por el momento no parece que vayan a dispararse los casos graves y las defunciones.

Sin embargo, los países que albergan las poblaciones más vulnerables, sobre todo en el mundo en desarrollo, deberían asimilar la idea de que van a sufrir algo más que ese reducido número de casos graves que estamos viendo, casos que en definitiva se han podido identificar en las mejores condiciones posibles de detección y análisis.

Señoras y señores:

La decisión de declarar una pandemia de gripe es una responsabilidad, y un deber, que asumo con extrema gravedad.

Estudiaré toda la información científica disponible, y contaré con el asesoramiento del Comité de Emergencias creado a tenor de lo previsto en el Reglamento Sanitario Internacional.

Pero tendré también en cuenta el hecho de que el valor y la utilidad de la ciencia estriban en su capacidad para prestar un servicio a la gente. Y para prestar un servicio a la población necesitamos su comprensión y su confianza.

Muchas gracias.

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