Directora General

Discurso pronunciado en el Comité Regional para Asia Sudoriental (62ª reunión)

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Katmandú, Nepal
8 de septiembre de 2009

Señor Presidente, honorables ministros, distinguidos delegados, Director Regional Dr. Samlee, colegas del sistema de las Naciones Unidas, señoras y señores:

Valoro mucho la determinación que reflejan los documentos sometidos a este Comité. Están ustedes aprovechando el sorprendente éxito de las estrategias de intensificación del control del sarampión.

Están ustedes buscando alternativas prácticas para conseguir que la atención proporcionada en el sector privado esté más en consonancia con las prioridades estratégicas nacionales, y más sometida a regulación y control de calidad. Intentan así que los Gobiernos rindan cuentas más plenamente por la atención sanitaria proporcionada en sus países. Y todo ello como parte de un impulso más amplio hacia la cobertura sanitaria universal, uno de los principios de la atención primaria.

Están intentando también disponer de personal sanitario competente, motivado y distribuido de forma adecuada y equilibrada. Una vez más, al actuar así, su objetivo es contribuir a la meta superior de garantizar un acceso equitativo a los servicios de salud, otro principio de la atención primaria de salud.

Con el apoyo de centros colaboradores de esta región, están formando a enfermeras y agentes de salud comunitarios para que traten numerosos problemas de salud, en particular las infecciones respiratorias agudas. Es una medida inteligente, y adoptada en el momento oportuno.

Pero tenemos también otra muestra de su determinación. Esta región está hoy a punto de conseguir erradicar la poliomielitis. Sólo algunas zonas de dos estados de la India, Uttar Pradesh y Bihar, siguen siendo endémicas. Se ha puesto fin a los brotes declarados en países que estaban antes libres de la poliomielitis, y este año no se han registrado nuevas reinfecciones.

La poliomielitis causada por el poliovirus de tipo 1, la cepa más peligrosa, está empezando a perder la batalla en el reservorio más tenaz del mundo, las regiones occidentales de Uttar Pradesh. La calidad de las campañas de vacunación no admite parangón, y se dispone de nuevos instrumentos para superar los peculiares retos técnicos que se plantean en esta área.

En Bihar, el otro reservorio que aún queda del poliovirus de tipo 1, habrá que seguir optimizando las operaciones en la muy complicada cuenca del río Kosi. En cada campaña de vacunación se deberá inmunizar a todos los menores de cinco años. Hay que aplicar plenamente estrategias especiales para inmunizar a los niños de las poblaciones migrantes.

Quisiera aprovechar esta oportunidad para agradecer al Gobierno de la India su firme compromiso político de acabar de erradicar la poliomielitis. Quiero asimismo dar las gracias al Primer Ministro por su reciente decisión de asignar fondos extraordinarios para superar esos retos aún pendientes.

Hay un segundo compromiso igualmente patente en los documentos presentados a este Comité. Me refiero a la apuesta decidida de esta región en pro de la renovación de la atención primaria. Se trata de un compromiso en favor de la atención primaria no solo como perspectiva a aplicar, sino también como un conjunto de valores sociales y principios éticos.

La determinación y el compromiso son imprescindibles en este contexto de confluencia de una recesión económica mundial, un clima que no cesa de empeorar y una gripe pandémica a estas alturas imparable.

Señoras y señores:

El nuevo virus pandémico H1N1 ha arraigado rápidamente y es en la actualidad la cepa de virus gripal dominante. Esta pandemia seguirá con nosotros durante bastantes meses todavía.

El virus llegó a esta región algo más tarde que a otros lugares. Sólo unos pocos países, como la India, Indonesia y Tailandia, están viéndose castigados por la pandemia en estos momentos. Pero puedo asegurarles que la pandemia llegará a todos sus países, y esta gripe no es como la estacional.

La pandemia someterá a una dura prueba la capacidad del mundo para garantizar la justicia. Creo que pondrá de manifiesto, de forma cuantificable y trágica, las consecuencias de varias décadas de falta de inversión en sistemas de salud e infraestructuras básicas, y mostrará crudamente, en términos de vida o muerte, lo que entraña el descuido de la equidad en las políticas internacionales.

El mismo virus que causa perturbaciones manejables en los países prósperos puede tener efectos devastadores en países que carecen de capacidad diagnóstica y de laboratorio, no disponen de suficientes consultorios, personal y servicios de cuidados intensivos, han de afrontar situaciones frecuentes de desabastecimiento de medicamentos esenciales, no aplican medidas adecuadas de control de las infecciones en los establecimientos sanitarios, carecen de agua salubre y del saneamiento básico imprescindible para la higiene personal y, en fin, no pueden regular la venta de productos inútiles a personas desesperadas.

¿Qué sentido pueden tener para esas personas consejos como "lávese las manos", "llame al médico" o "acuda rápidamente a urgencias"?

No quiero ser alarmista. La OMS sigue considerando que la pandemia es de gravedad moderada. Una mayoría abrumadora de pacientes siguen presentando un cuadro leve y se recuperan plenamente en una semana, incluso sin tratamiento médico.

Pero este virus puede matar, y lo hace en un grupo de edad relativamente joven. En el caso de la gripe estacional, alrededor de un 90% de las defunciones corresponden a personas de edad. En esta pandemia, la mayoría de las defunciones se han producido en personas de menos de 50 años. Los países deben estar preparados para la sobrecarga que ello supondrá para los servicios de salud.

Desde el punto de vista clínico, nos hallamos ante un virus de extremos, que no parece conocer términos medios. En un extremo están los casos leves a que acabo de referirme, pero en el otro hay un pequeño porcentaje de pacientes que desarrollan rápidamente un cuadro muy grave.

Aunque esos casos son pocos, la carga que suponen para los servicios de salud es desproporcionadamente alta. Para salvar esas vidas hay que contar con unos servicios de cuidados intensivos altamente especializados, con equipo igualmente especializado y personal muy cualificado. Una vez más, vamos a comprobar que la diferente capacidad de atención sanitaria de los distintos países marca la diferencia entre la vida y la muerte.

Científicos y médicos no comprenden aún por qué algunos pacientes presentan un cuadro clínico mucho más grave, pero se está investigando esta cuestión. Algunos de esos pacientes son jóvenes que tenían buena salud y no presentaban ningún factor de riesgo conocido.

Lo que sí sabemos sin ninguna duda es que las embarazadas presentan un mayor riesgo de defunción en esta pandemia. Este mayor riesgo adquiere más relevancia en el caso de un virus como este, que infecta de forma preferente a los jóvenes; pero es que además en esta región la mortalidad materna es ya demasiado alta.

Como he dicho antes, esta pandemia nos concierne a todos y todos debemos salir adelante juntos. Tengan por seguro que contarán con el apoyo de la OMS y de toda la comunidad de ayuda humanitaria.

Señoras y señores:

Hay una cuestión que es inevitable plantear: ¿En qué posición debemos situar a la salud pública en esta coyuntura de múltiples crisis mundiales que nos acosan en varios frentes?

Cada vez más, expertos y analistas de sectores mucho más influyentes que el de la salud pública están teniendo que admitir algunos fallos de los sistemas internacionales que rigen el funcionamiento de este mundo.

No les queda otro remedio. La crisis financiera sacudió repentinamente a todo el planeta, asestándole un duro golpe en su punto más vulnerable: el dinero. La codicia sembró el terreno de la crisis, que se propagó de forma incontrolada al fallar la gobernanza de las empresas y la gestión de riesgos a todos los niveles del sistema.

El cambio climático es hoy el precio que tendremos que pagar inevitablemente por la miopía de algunas políticas. La búsqueda de la riqueza económica ha primado sobre la protección de la salud ecológica del planeta.

Son demasiadas las políticas internacionales que han actuado favoreciendo a quienes gozan ya de una situación acomodada. Los sistemas internacionales que rigen los mercados financieros, las economías, el comercio y las relaciones exteriores no han adoptado la equidad como un objetivo explícito. Estos sistemas generan beneficios, pero ninguna norma garantiza que esos beneficios se distribuyan de forma justa.

Muchos líderes mundiales reconocen hoy que la fe ciega en el poder de las fuerzas del mercado para resolver cualquier problema no estaba justificada. Son demasiados los modelos de desarrollo que han asumido que las condiciones de vida y el estado de salud de los pobres mejorarían automáticamente de una forma u otra a medida que los países se modernizaran, liberalizasen su comercio y mejoraran su economía. No ha sido así.

Durante mucho tiempo se ha dado por sentado que una mayor eficiencia del mercado traería consigo, automáticamente, una mayor equidad en la esfera sanitaria. Tampoco ha sido así. Por el contrario, lo que estamos observando ahora, sobre todo en esta región, es una brecha cada vez mayor entre la calidad de la atención que prestan los servicios de salud financiados con fondos públicos y la calidad de la atención dispensada en el sector privado, que mantiene más sanos a los más adinerados.

Afortunadamente, esos viejos supuestos e ideas, desmentidos contundentemente por la crisis financiera, están dando paso a otra forma de pensar. En la cumbre de abril del G-20 en Londres, los líderes mundiales abogaron por rediseñar radicalmente los sistemas internacionales.

Señalaron que es necesario introducir en esos sistemas una dimensión moral y pertrecharlos para tener en cuenta los verdaderos valores y preocupaciones de la sociedad, y aludieron a valores críticamente ausentes como son el sentido de comunidad, la equidad y la justicia social.

Estos planteamientos pueden resultar novedosos para los líderes mundiales, pero a la salud pública ese lenguaje le resulta muy familiar, pues se remonta nada menos que a la Declaración de Alma-Ata.

No deja de ser una ironía que, por una vez, los bandazos de la historia nos sean favorables. Hace treinta años, el potencial de la atención primaria para revolucionar la prestación de atención sanitaria se vio abortado por una crisis petrolífera, una recesión económica y la aplicación de programas de ajuste estructural.

En la actualidad, una crisis financiera y una grave recesión económica han empujado a los líderes mundiales hacia ese sistema de valores que siempre ha encarnado la atención primaria. Puede que esta vez, por fin, en un mundo vapuleado por tantas crisis en tantos frentes, nuestros mensajes consigan un mayor eco.

Para finalizar, quiero expresar de nuevo mi agradecimiento por el compromiso renovado de esta región en pro de la atención primaria de salud, que según se ha comprobado permite promover una atención de salud justa y eficiente y establecer una sólida capacidad de recuperación para hacer frente a la próxima crisis mundial, ineluctable en este mundo imperfecto.

Muchas gracias.

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