Directora General

Por un cambio transformador en pro de la salud en África

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Discurso ante el Comité Regional para África en su 59.ª reunión
31 de agosto de 2009

Excelencias, Presidente Kagame, Dr. Sambo, honorables ministros, distinguidos delegados, señoras y señores:

Antes que nada quisiera dar las gracias al Gobierno de la República de Rwanda por acoger este Comité Regional. Es para mí un honor haber sido invitada a esta tierra de las mil colinas, por muchas razones.

Si recordamos los devastadores sucesos de 1994, es realmente sorprendente que en sólo 15 años este país haya pasado a ser ampliamente reconocido como uno de los más estables y armoniosos de África. Se trata de una transformación radical, que es motivo de gran esperanza.

De forma análoga, el desarrollo sanitario en África exige una transformación radical, que infunda esperanza.

De los documentos preparados para esta reunión del Comité se desprende claramente que los funcionarios de salud africanos comprenden con gran detalle los obstáculos con que tropiezan las mejoras sanitarias en esta región. Conocen ustedes también con gran detalle las medidas necesarias para abordar problemas específicos, a menudo mediante un enfoque de ámbito regional.

Pero hay también una realidad igualmente patente, y es que, de mantenerse las tendencias actuales, África no alcanzará ninguno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio relacionados con la salud. Los progresos son irregulares, o muy lentos, o inexistentes, como ocurre con la mortalidad materna.

La pregunta obligada es por tanto esta: ¿qué debemos hacer para que África supere esa situación de punto muerto? ¿Cómo pueden los líderes africanos, con el apoyo de sus numerosos asociados para el desarrollo y de la OMS, superar barreras tan claramente definidas y comprendidas?

El dinero es importante, pero el dinero sin más no transformará las perspectivas de mejora de la salud en África. Las políticas aplicadas deben ser las adecuadas, y el dinero debe emplearse de forma eficaz y eficiente. Y eso adquiere más importancia si cabe en un contexto en que confluyen una recesión económica mundial, un clima que no cesa de empeorar y una gripe pandémica a estas alturas imparable.

Señoras y señores:

Hace unos días, en un vuelo de regreso a Ginebra, tuve la ocasión de leer de cabo a cabo el número de agosto de la revista New African. A través de sus artículos accedí a una perspectiva muy distinta de la que caracteriza la bibliografía sobre el desarrollo sanitario que pasa por mi mesa de trabajo.

Un artículo en particular captó mi atención y sigue presente en mis pensamientos. Se trata de una serie de opiniones, profundas y apasionadas, sobre la manera en que África y sus dirigentes se relacionan con el resto del mundo. Quiero dar las gracias a Su Excelencia el Presidente Paul Kagame por su artículo "The conversation for our time".

Se vierten en ese artículo muchas ideas sobre la buena y la mala ayuda, la dignidad, la autodeterminación y las perspectivas de esperanza en la nueva generación. Sobre todo, el Presidente considera inaplazable un cambio en el diálogo sobre el desarrollo de África.

Según argumenta, las ideas y la lógica empleadas en el pasado están agotadas y han dejado de ser pertinentes. Los viejos supuestos, argumentos, dogmas y vocabulario ya no se compadecen con la realidad.

Hace dos semanas fui testigo de parte de esa nueva realidad en África cuando visité Tanzanía y Uganda para comprobar sobre el terreno los notables progresos de la lucha contra la malaria. Los resultados son sorprendentes.

Los últimos datos de la OMS, todavía inéditos, muestran disminuciones importantes de la mortalidad en la niñez por todas las causas y de la mortalidad por malaria a medida que los países africanos se aproximan a la cobertura universal con las intervenciones recomendadas. Las estrategias que han adoptado ustedes funcionan.

Pero este éxito no se limita a las cifras. He observado signos de excelencia en la capacidad investigadora e institucional, pues 11 centros de la región están llevando a cabo actualmente ensayos de fase 3 de una vacuna antimalárica potencialmente revolucionaria.

He visto también los beneficios paralelos que reporta el control de la malaria. Conforme se generalizan las pruebas diagnósticas rápidas para esta enfermedad, los casos de neumonía infantil se detectan con mayor celeridad y se manejan mejor, y gracias a ello la mortalidad por neumonía también está disminuyendo.

He visto señales de innovación, desde la vigilancia y notificación de enfermedades en tiempo real mediante móviles, hasta fábricas de mosquitos que producen masivamente esos insectos para proyectos de investigación.

África dispone de medios, capacidad de innovación, talento y líderes comprometidos, y esa confluencia prometedora permite reubicar todos los viejos problemas bajo otra perspectiva.

Creo que va siendo hora de dejar de hablar sobre África cayendo en burdas generalizaciones. Puede que la región, globalmente, no alcance los Objetivos de Desarrollo del Milenio, pero asoman algunos destellos de éxito, en muchas esferas de la salud y en muchos países, que reflejan una realidad muy distinta.

Todos sabemos lo pobre que es África. Este continente carece de infraestructura y capacidad básicas en muchos ámbitos, pero hay algunos países que están superando esos problemas y logrando avanzar. En mi opinión, nuestros debates sobre el desarrollo sanitario en la región deberían girar en torno a ese punto.

El éxito constituye el impulso para introducir cambios transformadores. El éxito nos presenta los viejos problemas de siempre desde un ángulo diferente, que abre la vía para hallar una solución.

Señoras y señores:

Hay otra razón muy buena por la cual tiene que cambiar el modo en que hablamos de las necesidades sanitarias de este continente. Son demasiadas las políticas internacionales que han favorecido a quienes ya gozan de una buena posición.

Los sistemas internacionales que rigen los mercados financieros, el comercio interno, las economías, el intercambio comercial y los asuntos exteriores no han tenido la equidad como una meta explícita. No hay duda de que estos sistemas generan beneficios, pero no hay reglas para garantizar que dichos beneficios se distribuyan con justicia. Como consecuencia, las diferencias que se observan entre los países y dentro de estos con relación a los niveles de ingresos, las oportunidades y la situación sanitaria son hoy en día mayores que en cualquier otro periodo de la historia reciente.

El Presidente Kagame ha esgrimido un argumento formidable al hacer un llamamiento en pro de un nuevo modelo de crecimiento económico que imponga como objetivo explícito de política las inversiones en equidad social. Creo que este es al menos un camino para lograr las innovaciones transformadoras en el campo sanitario que hacen falta en África.

He procurado poner de relieve los éxitos, la capacidad potencial y la promesa que África encierra. Pero tenemos que ser realistas: el mundo en su totalidad está sufriendo reveses a causa de sucesivas crisis de alcance universal en muchos frentes. A medida que nos adentremos en el siglo actual, es probable que cada vez más crisis tengan un alcance mundial y unas causas y consecuencias igualmente mundiales que se concentrarán injustamente en los países y las poblaciones con la menor capacidad para hacerles frente.

Estoy firmemente convencida de que la gripe pandémica pondrá de manifiesto las consecuencias de muchas décadas de inversión insuficiente en los sistemas de salud y la infraestructura sanitaria, especialmente en esta región.

A la fecha he obtenido compromisos en firme por un total de 150 millones de dosis de la vacuna antipandémica que se usarán en los países en desarrollo. A esta región ya han llegado donaciones de medicamentos antivíricos.

La semana pasada, la OMS y las organizaciones internacionales de carácter humanitario con las que colabora hicieron un llamamiento a la acción para movilizar recursos y suministros para apoyar a los países en desarrollo durante la pandemia. Además de facilitar el tratamiento de las infecciones respiratorias agudas y la neumonía, las medidas incluyen crear reservas de medicamentos esenciales para mantener la continuidad de la atención de los problemas prioritarios como las enfermedades diarreicas, el paludismo, la infección por el VIH y la tuberculosis.

Señoras y señores:

Permítanme concluir ofreciendo un último consejo. Mantengan su compromiso renovado con la atención primaria de salud tal como se establece en la Declaración de Uagadugú.

Se ha comprobado que es también una forma de promover una atención de salud justa y eficiente, y de generar la capacidad de adaptación que hará falta para afrontar la próxima crisis mundial que indefectiblemente nos saldrá al paso.

La atención primaria de salud ofrece precisamente el sistema de valores y el acento en la equidad social que actualmente se echa en falta en tantos sistemas internacionales y decisiones de política.

Como acostumbra decir la señora Kagame, Primera Dama de este país, hay un proverbio africano que reza: «Llevas todas las de ganar si hablas con alguien que sabe escuchar». La crisis financiera y la caída económica han obligado a los líderes del mundo a reconocer que el pensamiento y los dogmas del pasado estaban equivocados.

Creo que en este momento el mundo está dispuesto a escuchar, a hablar del desarrollo sanitario de África de una manera diferente, de entablar una conversación más ajustada a la realidad y el potencial de esta región.

Muchas gracias.

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