Directora General

Por qué el mundo necesita iniciativas sanitarias mundiales

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Alocución pronunciada en el Diálogo de alto nivel sobre la maximización de las sinergias positivas entre los sistemas de salud y las iniciativas sanitarias mundiales
Venecia (Italia)

22 de junio de 2009

Excelentísimo señor Alcalde de Venecia, excelentísimo señor Presidente de la Región del Véneto, señores ministros, colegas del sistema de las Naciones Unidas, representantes de iniciativas sanitarias mundiales, investigadores y universitarios, miembros de la sociedad civil, señoras y señores:

En primer lugar, permítaseme dar las gracias a la ciudad de Venecia por albergar este evento, y agradecer al Gobierno de Italia el apoyo prestado. También agradezco a los muchos contribuyentes del mundo entero que tan generosamente han dado su tiempo, sus descubrimientos y sus concienzudas aportaciones.

Creo que ya podemos dejar morir un viejo y divisivo debate. Me refiero al debate que opone las iniciativas cuyo objeto es una enfermedad determinada al programa de fortalecimiento de los servicios de salud.

Como lo he dicho desde que asumí el cargo, los dos enfoques no se excluyen mutuamente. No están en conflicto. No representan un conjunto de opciones contrapuestas. Todo lo contrario. Pueden y deben reforzarse mutuamente. Necesitamos a ambos.

Este es uno de los trabajos, creo, de este diálogo de alto nivel: formular políticas y prácticas idóneas que ayuden a los dos enfoques a operar de consuno, en armonía, de modo que se reduzca el despilfarro y la duplicación y se gane en eficiencia.

Necesitamos que operen de consuno para facilitar lo que yo creo es el objetivo más importante en el que todos estamos de acuerdo: salvar vidas y mejorar los resultados sanitarios. El informe sobre las sinergias positivas tiene sus limitaciones, que los propios coautores admiten sin titubeos. Sin embargo, nos proporciona la base más sólida posible para evaluar la situación actual y establecer políticas fundamentadas para el futuro.

Señoras y señores:

Las iniciativas sanitarias mundiales se establecieron con un claro sentido de su finalidad y una gran ambición. Se pusieron en marcha para salvar vidas, con carácter de urgencia, aun cuando al comienzo no se supiera todo lo que era necesario hacer, o cuál era el mejor medio de hacerlo.

Hubo riesgos, y hubo oportunidades perdidas, que se podrían haber evitado con una mejor planificación. Pero también hubo osadía, o, para utilizar las palabras del informe, un vigorizador sentido de ambición y de finalidad.

Había también un claro imperativo mundial para actuar. La epidemia de SIDA demostró precisamente la importancia del acceso equitativo y universal. Con el advenimiento de la terapia antirretroviral, para muchos millones de personas, la posibilidad de acceder a los medicamentos y servicios fue equivalente a la posibilidad de sobrevivir.

Esto es lo esencial del argumento de equidad: no se puede negar a una persona el acceso a intervenciones que pueden salvarle la vida por motivos injustos, incluida la imposibilidad de pagar.

Estas iniciativas sanitarias mundiales han permitido reunir conocimientos sobre la marcha, y así, han arrojado luz sobre una de las causas de gran parte de la mala salud en el mundo: la debilidad y falta de equidad de los sistemas de salud.

Los sistemas de salud débiles son antieconómicos. Despilfarran el dinero y diluyen los réditos de las inversiones. Despilfarran el dinero cuando los sistemas de regulación no controlan el precio ni la calidad de los medicamentos.

Desaprovechan la formación cuando los trabajadores son seducidos por las mejores condiciones de trabajo o la mejor remuneración que les ofrecen en otras partes. Pierden en eficiencia cuando se siguen procedimientos innecesarios, o cuando no es posible realizar un procedimiento indispensable debido a interrupciones en la cadena de suministros.

Desperdician oportunidades de reducir la pobreza cuando los costos de la atención o la incapacidad de los servicios de prevención empujan a los pobres a una pobreza aún mayor.

Pero sobre todo, los sistemas de salud débiles desperdician vidas.

Los sistemas de salud débiles son casi ciertamente el mayor impedimento para mejorar la salud en el mundo de hoy. Son el obstáculo principal que mengua el poder de las iniciativas sanitarias mundiales.

La comunidad dedicada a la tuberculosis ejemplifica claramente el problema. La aparición de la tuberculosis farmacorresistente representa un fallo no sólo del programa de lucha sino de todo el sistema de salud en el que ese programa funciona.

Al buscar medios de resolver este difícil conflicto, podemos extraer enseñanzas de los datos factuales que se ofrecen en el informe como también de la propia historia.

Uno de los motivos del éxito de la erradicación de la viruela fue la constante utilización de la investigación para guiar unas operaciones estratégicas cada vez más afinadas. La campaña contra la viruela tenía una capacidad intrínseca para responder, adaptarse y cambiar de velocidad a medida que se conocían nuevos datos científicos.

La campaña para la erradicación del paludismo no la ha tenido. De las muchas razones expuestas para explicar el fracaso de esta campaña, una es particularmente pertinente para el diálogo de alto nivel de hoy. Es ésta: incluso las iniciativas mejor financiadas y gestionadas fracasarán si se carece de las infraestructuras y los servicios básicos necesarios para sustentar de manera sistemática la detección de casos y su tratamiento.

La historia del programa de lucha contra la oncocercosis es otro ejemplo instructivo. Al comienzo, éste era el programa de lucha más vertical que imaginarse pudiera: los helicópteros dejaban caer los insecticidas desde el cielo.

Cuando la carga de la enfermedad disminuyó, el programa evolucionó. Nos trajo la estrategia de la distribución de una mayor gama de intervenciones dirigidas a la comunidad. Esta estrategia es ahora una herramienta importante para extender la atención primaria de salud.

Señoras y señores:

Ha llegado el momento de empezar a escuchar qué nos dicen los datos factuales, y dejar de lado los informes anecdóticos, o los elogios o las críticas fundados en la ideología más que en datos objetivos. Permítaseme destacar cuatro puntos que personalmente considero importantes.

Primero, estas iniciativas han hecho indudablemente un gran bien. Han salvado o prolongado millones de vidas. Esta era la finalidad global. No necesito decir más.

Segundo, es equivocado concluir, categóricamente, que estas iniciativas han debilitado los sistemas de salud. Se pusieron en marcha en un momento en que los sistemas de salud ya eran débiles, a veces estando al borde del colapso, tras décadas de descuido. Las iniciativas mundiales pueden haber acentuado algunas debilidades específicas ya existentes, pero no las provocaron.

En el informe se señalan algunos problemas. Con una mejor planificación se podría haber evitado el establecimiento de sistemas paralelos de información y de compra y distribución de suministros. Como sabemos, estos sistemas paralelos han contribuido a la duplicación de tareas, al aumento de los costos y al socavamiento de las capacidades nacionales.

El panorama desigual que revela el informe a menudo puede atribuirse a las diferencias de la capacidad de los sistemas de salud. Los sistemas de salud más fuertes han estado en mejores condiciones de maximizar los beneficios del apoyo de esas iniciativas y contrarrestar los efectos potencialmente negativos.

En realidad, el impulso y el dinamismo de estas iniciativas han hecho más notorias las debilidades concretas de los sistemas de salud. Esto, a su vez, ha permitido una definición más precisa de los problemas y un enfoque mejor centrado de las soluciones.

Mi tercer punto está estrechamente relacionado con lo anterior. A mi juicio, algunos de los mejores datos del informe son las pruebas contundentes de que las iniciativas sanitarias mundiales pueden ser flexibles y responder a las necesidades.

Parte de su «vigorizador sentido de ambición y finalidad» consiste en la capacidad para resolver problemas, a menudo de maneras muy innovadoras.

En su búsqueda de resultados, están dando solución a los problemas mismos que han puesto de manifiesto. Como se dice sencillamente en el informe: se están adaptando y mejorando constantemente.

Mi cuarto punto es una petición directa a ustedes. El informe cita abundantes ejemplos de innovaciones premeditadas y exitosas.

Gracias a estas innovaciones el personal de salud está llegando a las zonas rurales y permanece allí, la legislación se está modificando para que el personal de enfermería pueda prescribir medicamentos, y la comunidad de trabajadores de la salud y las organizaciones de la sociedad civil tienen plena participación. Gracias a ellos también se puede reducir el precio de los medicamentos, racionalizar el peso a los tratamientos de segunda línea, y aprovechar los avances en las tecnologías de la información y la comunicación a una velocidad y con una eficacia que han desafiado a los escépticos.

Presten estrecha atención a estas innovaciones. Es indudable que han permitido simplificar las operaciones, ahorrar dinero y ganar mucho en eficacia.

También han permitido mejorar la calidad de la atención dispensada a los pacientes. Y ésta ha sido una de las características distintivas comunes de esas iniciativas: han mejorado la calidad de la atención gracias a intervenciones de calidad garantizada y a protocolos de tratamiento normalizados, estableciendo así un nuevo punto de referencia para la salud mundial.

Señoras y señores:

Nos reunimos en un momento en que el mundo se enfrenta con múltiples crisis en múltiples frentes. Las crisis mundiales como la recesión económica y el cambio climático afectarán con mayor intensidad a los países en desarrollo.

Siendo estos países los más vulnerables, soportarán la mayor parte de las consecuencias. Y como tienen el menor grado de resiliencia, les llevará más tiempo recuperarse.

Como se anunció a principios de este mes, el mundo está viviendo el comienzo de la pandemia de gripe de 2009. Creo firmemente que esta pandemia revelará, de manera muy notoria, mensurable y trágica, lo que significa exactamente, en términos de vida o muerte, haber descuidado durante decenios, las necesidades sanitarias y los sistemas de salud en grandes partes del mundo.

Las diferencias y desigualdades que todos nosotros estamos tratando tan arduamente de liquidar es probable que sigan creciendo aún más. El precio del fracaso seguirá aumentando.

Sencillamente, no podemos permitirnos desviarnos de nuestra finalidad central. No podemos dejar que el impulso, el dinamismo, decaigan en ningún momento. Debemos aprovechar todas las oportunidades posibles para potenciar la eficacia y reducir el despilfarro. Vamos aprendiendo a medida que vamos haciendo camino, con un apropiado sentido de la urgencia.

Ya hemos hecho frente a algunos desafíos, pero ahora estamos avanzando, aprendiendo, adaptando, cooperando, salvando vidas.

La OMS valora a todos sus asociados en el ámbito de la salud mundial, y valora sus contribuciones inconfundibles al mejoramiento de la salud. Estoy orgullosa de estas alianzas de colaboración, y me siento sumamente alentada por la atención que se está prestando a los sistemas de salud.

No es éste un trabajo fácil. No es un trabajo glamoroso; pero es absolutamente necesario hacerlo.

Muchas gracias.

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