Directora General

Posición de la salud en tiempos de crisis

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Discurso pronunciado en la Sesión Inaugural conjunta de la 27.ª Reunión de Ministros de Salud y la 62.ª reunión del Comité Regional para Asia Sudoriental
7 de septiembre de 2009

Excelentísimo señor Madhav Kumar Nepal, Muy Honorable Primer Ministro de la República Democrática Federal de Nepal, honorables ministros, embajadores, distinguidos delegados, Dr. Samlee, señoras y señores:

Buenos días.

En primer lugar, quiero agradecer al Gobierno de Nepal su gesto de acoger la sesión conjunta de la 27.ª Reunión de Ministros de Salud y la 62.ª reunión del Comité Regional para Asia Sudoriental.

El mundo está atravesando la peor situación económica vivida por lo menos en las últimas tres décadas. El mundo está atravesando la primera pandemia de gripe declarada en las cuatro últimas décadas. El mundo está percibiendo ya los efectos del cambio climático, y esos efectos seguirán aumentando aún durante varias décadas.

Y sin embargo el mundo se halla también en medio de la campaña más ambiciosa emprendida nunca para reducir la pobreza y las grandes desigualdades en salud, con la mirada puesta en los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

¿Cómo está reaccionando la salud pública en esta confluencia de tendencias? Por un lado, la salud pública se ve reforzada por un compromiso sin precedentes, por la determinación de alcanzar metas ambiciosas, y por la creatividad demostrada para que así sea.

Por otro lado, la salud pública se ve castigada por las crisis mundiales, con consecuencias globales que injustamente afectan de manera desproporcionada a los países y poblaciones con menos posibilidades de afrontarlas.

¿Cómo podemos mantener el impulso logrado para mejorar la salud bajo la presión de una recesión económica mundial, un clima que empeora y una gripe pandémica a estas alturas imparable?

La necesidad de resistir hasta el final es hoy mayor que nunca. Precisamente debido a estas crisis mundiales, el precio del eventual fracaso es cada vez mayor. Los países en desarrollo son los que más vulnerabilidad y menos resistencia presentan ante las crisis mundiales. Son los más castigados y los que más tardan en recuperarse.

El mundo está ya peligrosamente desequilibrado. Las diferencias de ingresos, de oportunidades y de resultados sanitarios, en los países y entre ellos, son hoy mayores que en cualquier otro momento de la historia reciente.

Si no mantenemos el impulso actual para mejorar la salud, resistir hasta el final, cumplir nuestras promesas y no apartarnos de nuestros objetivos, lo que es ya una mala situación empeorará con toda seguridad.

Un claro ejemplo de esto es la salud de la mujer. Desde que asumí el cargo, esa ha sido una de mis prioridades.

Me alegro de encontrarme en un país que está formulando rápidamente políticas encaminadas a reducir la mortalidad materna, y que está haciéndolo de forma sistemática. El enfoque que están ustedes aplicando es además práctico y realista, como se refleja en el Plan de Incentivo de la Maternidad aplicado en 2005.

Como todos sabemos, el número de defunciones asociadas al embarazo y el parto no disminuirá mientras no haya más mujeres atendidas por parteras cualificadas al dar a luz y con acceso a atención obstétrica de urgencia. Hay que abordar asimismo el tema de las barreras financieras a la atención, en particular el costo del transporte, como se está haciendo en Nepal. Este país tiene además un plan para mejorar el estatus de la mujer, y esto también es una muy buena noticia.

Estos y otros planes hacen hincapié en la equidad como principio capital de la atención primaria. Mañana hablaré de la importancia del compromiso de esta región en la renovación de la atención primaria de salud.

Un compromiso renovado en la atención primaria es fundamental para secundar los esfuerzos invertidos en la salud de la mujer. Esa dependencia es harto patente en un informe que he encargado sobre la mujer y la salud. El informe, que se publicará en noviembre, analiza los muchos riesgos sanitarios que deben afrontar las mujeres a lo largo de su vida, y presenta una agenda para hacer que cambie esa situación.

Necesitan ustedes un liderazgo sólido. Necesitan ustedes una atención de salud integral y adaptable que supere el marco estrecho de la salud reproductiva. Necesitan ustedes unas políticas adecuadas y, sobre todo, necesitan ustedes datos para fijar las prioridades y vigilar los progresos.

Mañana les resumiré también lo que sabemos sobre la pandemia de gripe y sobre las manifestaciones de esta enfermedad. Sabemos que el nuevo virus pandémico H1N1 ha arraigado rápidamente en 188 países y es en estos momentos la cepa de virus gripal dominante. La pandemia seguirá con nosotros durante bastantes meses.

Una vez más, la capacidad de respuesta de los sistemas de salud influirá de forma decisiva en el impacto de la pandemia en diferentes países. Aunque el nuevo virus es prácticamente idéntico en todos los brotes, cabe prever que tendrá un impacto muy distinto en los países con recursos limitados y sistemas de salud precarios con pocos medios, sobre todo en lo que atañe a los cuidados intensivos.

Un sistema de salud es una institución social, una institución que hace mucho más que traer niños al mundo y repartir píldoras, a la manera en que una oficina de correos reparte cartas. Correctamente administrado y financiado, un sistema de salud que pugne por la cobertura universal contribuirá a la cohesión y la estabilidad sociales.

Este mundo necesita urgentemente más cohesión y estabilidad social. También necesita urgentemente más equilibrio y equidad, sobre todo en el acceso a la atención sanitaria.

Señoras y señores:

La salud pública nada pudo decir ante las políticas que sembraron la crisis financiera o crearon las condiciones del cambio climático. Pero la salud pública tiene mucho que decir sobre la pandemia de gripe y sobre la manera de gestionarla y de reducir su impacto.

En esta ocasión los jefes de Estado y los ministros de finanzas, turismo y comercio escucharán atentamente a los ministros de salud. Entre los extremos del pánico y la complacencia se extiende el terreno sólido de la vigilancia, y ahí es donde nos movemos.

Tenemos que articular los mensajes y consejos adecuados, a partir de los primeros datos, en cuanto surjan, en el contexto de una situación en rápida evolución. Tenemos que adoptar algunas decisiones de gran alcance, decisiones a menudo onerosas y amenazadas por una incertidumbre científica considerable.

No es una tarea fácil, pero se trata de una emergencia de salud pública, y en eso consiste nuestro trabajo.

Muchas gracias.

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