Directora General

La colaboración Sur-Sur permite que surjan y se extiendan soluciones

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Alocución de clausura de la Feria Mundial sobre Cooperación Sur-Sur
Ginebra, Suiza

26 de noviembre de 2010

Excelencias, distinguidos delegados, señoras y señores:

Permítanme que felicite a todos los asistentes y a los organizadores por esta nueva y fecunda edición de la Feria Mundial sobre Cooperación Sur-Sur, y que agradezca a la OIT y su Director General que hayan acogido esta manifestación.

Hace más de 30 años, al menos desde la formulación del Plan de Acción de Buenos Aires, que la colaboración Sur-Sur viene siendo reconocida por doquier como una vía prometedora para fomentar el desarrollo. Dados los singulares retos sanitarios que afrontamos en este siglo, dicha vía resulta hoy a la vez más pertinente y estimulante que nunca.

Permítanme que sitúe la colaboración Sur-Sur en el contexto de las estrategias generales de desarrollo con tres sencillas observaciones.

Estas observaciones son producto de una serie de realidades inapelables que empezaron a quedar patentes a medida que se estancaba en muchos países la progresión hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio relacionados con la salud, y traen consigo enseñanzas que han ayudado a la comunidad internacional a introducir algunas estrategias correctivas.

Ante todo y sobre todo, expresan un respeto mucho mayor por el papel de los países en desarrollo, no sólo como asociados en pie de igualdad, sino como los verdaderos líderes, y los mejores críticos, del proceso de desarrollo.

En primer lugar, pese a las mejores intenciones, buena parte de la ayuda al desarrollo resulta ineficaz. Durante mucho tiempo, ello se atribuyó a una escasa capacidad y un endeble liderazgo en los países receptores, pero con la Declaración de París sobre la Eficacia de la Ayuda al Desarrollo, los donantes reconocieron que quizás sus propias políticas fueran defectuosas.

Permítanme que ilustre tal extremo. Sólo en 2009, Viet Nam recibió más de 400 misiones enviadas por donantes para examinar proyectos de salud. Rwanda, por su parte, debe dar cuenta anualmente a distintos donantes de 890 indicadores sanitarios, de los que cerca de 600 se refieren únicamente al VIH y el paludismo.

En segundo lugar, la ayuda idónea es la que se canaliza de tal forma que fortalece las capacidades e infraestructuras del país receptor. Crear sistemas paralelos de compra y administración de medicamentos, o de obtención y comunicación de datos, no es la respuesta correcta.

La ayuda idónea es la que persigue acabar con la propia necesidad de ayuda, forjando para ello los medios de acción que impulsan a los países en el camino hacia la autosuficiencia. Los países desean capacidad, no caridad.

En tercer lugar, un país debe sentir como propias las iniciativas de desarrollo. La asistencia debe canalizarse de tal forma que secunde los planes y estrategias nacionales de salud y debe corresponderse con las prioridades de cada país.

Si trascendemos la cuestión del desarrollo sanitario para observar las políticas internacionales más generales, cabe efectuar otra observación. Los países en desarrollo han acabado por ver con suspicacia las políticas elaboradas en los sistemas internacionales que vinculan entre sí las finanzas, la economía y el comercio mundiales.

Sospechan que las reglas están amañadas. Resulta amargo para ellos comprobar que los beneficios acaban yendo a quienes ya tienen de todo. Por ello las conversaciones sobre el clima o las negociaciones sobre el comercio se cierran sin acuerdo alguno.

La colaboración Sur-Sur evita muchos de los problemas observados durante el primer decenio de este nuevo siglo, pues en ella se pone claramente el acento en la creación de capacidad, la autosuficiencia y la sostenibilidad. Se trata de asistencia recíproca, y ello genera confianza.

Señoras y señores:

Hay que centrarse en buscar soluciones, y esta Feria ha sido un espléndido y apasionante escaparate de soluciones y éxitos compartidos.

La colaboración Sur-Sur permite que surjan y se extiendan soluciones endógenas e ingeniosas. A veces, las experiencias del Sur demuestran que soluciones sencillas y de bajo nivel tecnológico pueden tener efectos profundos sobre un problema muy extendido.

Ya han oído hablar de ello. Valga como ejemplo el método madre canguro, surgido en Colombia, que permite salvar la vida de recién nacidos prematuros y con insuficiencia ponderal aun a falta de incubadoras y de pabellones de cuidados intensivos.

La mejor manera de transferir este tipo de experiencia es que provenga de un país hermano, con un bagaje histórico y cultural similar, con problemas comunes y aspiraciones compartidas.

Pero la colaboración, ya sea Sur-Sur o triangular, también puede traducirse en innovaciones tecnológicas punteras, especialmente adaptadas a las necesidades específicas del mundo en desarrollo, y ofrecer a los países en desarrollo la mejor tecnología existente.

En el mismo orden de ideas, quisiera compartir con ustedes una solución y algunas de las razones que ayudan a explicar su éxito.

A principios de diciembre estaré en Burkina Faso para presentar una nueva vacuna que a la larga podría acabar con las mortíferas epidemias que asolan el cinturón africano de la meningitis.

El proyecto para obtener una nueva vacuna antimeningocócica, patrocinado conjuntamente por la OMS y el PATH, tiene sus raíces en la expresión de tal necesidad por parte de funcionarios de salud africanos.

Solicitaron una nueva vacuna y definieron las características idóneas que debía reunir, entrando incluso en cuestiones como el precio. Con el objetivo de llegar a los 50 céntimos por dosis, ninguna gran empresa farmacéutica se mostró interesada, cosa que llevó a establecer un modelo radicalmente novedoso de innovación.

Los fondos procedían de la Fundación Bill y Melinda Gates, la tecnología fue transferida desde los Estados Unidos a un fabricante ubicado en la India. Médicos africanos concibieron y ejecutaron los ensayos clínicos. Canadá prestó su ayuda en temas de aprobación reglamentaria. La OMS precalificó la vacuna. Y aún habrá otro grupo de asociados que vigilará posibles eventos adversos.

Así es la asistencia para el desarrollo en su mejor expresión. Este proyecto nos librará de una pertinaz y terrorífica enfermedad, que no sólo mata, sino que también deja a muchos niños con trastornos mentales o auditivos permanentes.

Esto contribuye a la seguridad humana en África, y esto es lo que ocurre cuando se da a los países en desarrollo lo mejor que el mundo, actuando concertadamente, puede ofrecer.

Gracias.

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