Directora General

Acceso a los medicamentos: papel de las políticas de adquisición

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Palabras de presentación pronunciadas en un simposio técnico conjunto de la OMS, la OMPI y la OMC sobre el acceso a los medicamentos
Ginebra, Suiza

16 de julio de 2010

Señor Pascal Lamy, Doctor Francis Gurry, estimados colegas de la salud y el desarrollo, señoras y señores:

Me alegro de tener aquí la oportunidad de estudiar conjuntamente la manera de conseguir que las prácticas de adquisición de medicamentos, las políticas de propiedad intelectual, las políticas de competencia y en última instancia los precios contribuyan a mejorar el acceso a los medicamentos.

Entre todas las cuestiones discutidas en los órganos deliberantes de la OMS, el acceso a los medicamentos provoca sistemáticamente los debates más acalorados, divisivos y potencialmente explosivos. Tanto más cuanto que estas discusiones derivan casi inevitablemente hacia cuestiones relacionadas con los precios, las patentes, la protección de la propiedad intelectual y la competencia.

Los debates se ven enturbiados a menudo por sospechas: sospechas de que las normas que rigen el comercio internacional de productos farmacéuticos están amañadas para favorecer a los ricos y los poderosos; de que los intereses económicos prevalecerán sobre los sanitarios; de que los medicamentos serán tratados como cualquier producto básico, pese a que fomentan la salud y salvan vidas; y de que el contexto social es un factor que suele ignorarse cuando los derechos de los titulares de patentes cobran más importancia que el derecho a la salud.

Los debates se ven más complicados aún por una profunda desconfianza. Los países poco preparados para las negociaciones comerciales temen verse engañados. Los países que desean usar las flexibilidades previstas en el Acuerdo sobre los ADPIC temen ser objeto de sanciones comerciales como represalia. Los países temen que las compañías farmacéuticas usen tácticas injustas, cualquier ardid imaginable, para debilitar la competencia de los genéricos de bajo precio.

Comprendo esas suspicacias y las manifestaciones de desconfianza. Forma parte de mi trabajo comprenderlas, y asumir esas preocupaciones es un requisito para lograr consensuar la manera de imprimir más equidad a las políticas de salud pública y los resultados sanitarios.

En cierto sentido, no hay nada nuevo en cuanto al objetivo primordial de estos debates. Mejorar el acceso a los medicamentos ha sido una prioridad de la OMS desde que la Organización inició su andadura en 1948. Las listas modelo de medicamentos esenciales de la OMS se remontan a 1977.

Pero si bien el problema del acceso a los medicamentos no es ninguna novedad, la situación actual es muy distinta que en el pasado. La búsqueda de una mayor equidad, en términos de ingresos, oportunidades, acceso a los medicamentos y servicios de salud, se ha convertido en una estrategia de afrontamiento de las singulares presiones que plantea un mundo en proceso de globalización.

En un mundo estrechamente interdependiente, las vidas y las oportunidades, incluidas las perspectivas de mejoras de la salud, se rigen por sistemas internacionales que generan beneficios pero carecen de normas que garanticen una distribución equitativa de esos beneficios.

El mundo ha cambiado, pero en absoluto para mejor en el caso de unos mil millones de personas que viven en el límite de la supervivencia. Las diferencias en resultados sanitarios son hoy mayores que en cualquier otro momento de la historia reciente. Los habitantes de los países ricos pueden esperar vivir más del doble que los de los países pobres.

Una mujer del África subsahariana afronta durante el embarazo y el parto un riesgo de morir más de cien veces mayor que el de una mujer que viva en Europa. Estas muertes son en gran medida prevenibles, pues la falta de acceso a medicamentos esenciales contribuye a ellas de forma relevante.

No es esta una situación favorable para la salud, y tampoco para la cohesión social y la estabilidad.

Señoras y señores,

Es una satisfacción poder aprovechar esta oportunidad de colaborar con la OMC y la OMPI para estudiar conjuntamente las políticas de adquisición de medicamentos, los sistemas de fijación de precios y la propiedad intelectual desde una perspectiva de salud pública. El acceso a los medicamentos constituye una prioridad tan pertinente como estimulante para nuestras actividades de colaboración, que sé que tendrán continuidad

Y como parte de este esfuerzo por consensuar y concretar los problemas y sus posibles soluciones, quisiera exponerles algunas consideraciones y datos de carácter general, que nos ayudarán a entender por qué el acceso a los medicamentos constituye un tema tan emotivo, sobre todo desde la perspectiva del mundo en desarrollo.

Hay dos hechos incuestionables. En primer lugar, el argumento ético de partida: no se puede negar a la gente el acceso a medicamentos que salvan vidas o fomentan la salud por razones injustas, en particular por causas económicas.

Sin embargo, la industria farmacéutica opera en respuesta a factores económicos y a las fuerzas del mercado. Estamos hablando al fin y al cabo de una industria lucrativa, no de un filántropo o de una empresa humanitaria. ¿Qué incentivos tiene esta industria para fijar los precios en función de su asequibilidad para los pobres?

Segundo, los precios influyen de forma decisiva en el acceso a los medicamentos. Ese acceso depende también de muchos otros factores, como la lejanía a los mismos, la falta de personal, las deficiencias de las prácticas de adquisición y los sistemas de suministro, y la ausencia de planes de seguro médico. Pero el precio puede ser una barrera definitiva para el acceso entre los pobres. Para estos, acceso y asequibilidad son por lo general una y la misma cosa.

La OMS aprendió mucho durante las negociaciones que desembocaron en la adopción de la Estrategia mundial y plan de acción sobre salud pública, innovación y propiedad intelectual. Algunas de las tensiones entre los móviles de una industria interesada en los beneficios y una salud pública orientada por la ética se pueden soslayar, si no evitar por completo.

La mejora de las prácticas de adquisición es un terreno en el que la OMS y el UNICEF tienen amplia experiencia y algunas enseñanzas que compartir, como podrán comprobar ustedes más tarde. Las prácticas de compras del sector público repercuten tanto en la disponibilidad como en el precio de los medicamentos, y son un buen punto de partida para estudiar la manera de ampliar el acceso a los fármacos.

Aportaré algunos datos para ilustrar este problema y la necesidad de hacerle frente.

Hasta un 90% de la población de los países en desarrollo compra medicamentos pagándolos de su bolsillo. Los medicamentos representan el segundo gran gasto de los hogares, inmediatamente por detrás de los alimentos. Como decía antes, el precio importa.

La organización del sector farmacéutico de un país, su capacidad para adquirir productos de forma eficiente e imparcial, el control de la calidad, la reglamentación y sus medidas de aplicación de la ley son todos ellos factores que influyen en la disponibilidad y el precio de los medicamentos.

La eficiencia de la distribución también es importante. Cuando se agotan las reservas de los servicios del sector público, los pacientes se dirigen al sector privado, donde los precios de los medicamentos y la calidad de la atención escapan a menudo a toda forma de regulación.

Las encuestas realizadas en 30 países de bajos ingresos muestran que los medicamentos genéricos obtenidos en el sector privado cuestan más de 6 veces su precio internacional de referencia.

Los precios de los medicamentos originarios y de los genéricos, tanto en el sector público como en el privado, son sensiblemente más bajos cuando los procedimientos de distribución son más eficientes, no hay corrupción y los márgenes comerciales son razonables.

He aquí algunos de los problemas que podemos afrontar mediante unas políticas de adquisición más eficientes. Y aprovechar esta oportunidad de colaboración en ese sentido es una buena idea.

Muchas gracias.

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