Directora General

La búsqueda de una política sanitaria mundial coherente

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Discurso de apertura en la Unión Europea
Bruselas, Bélgica

11 de junio de 2010

Excelencias, honorables ministros, distinguidos delegados, señoras y señores,

Gracias por esta oportunidad de dirigirme a tan distinguida audiencia. Gracias, también, por la Comunicación sobre el papel de la Unión Europea en la salud mundial y otros documentos extraordinarios preparados con motivo de esta conferencia de alto nivel.

Los países representados en esta sala se encuentran entre los contribuyentes más generosos y los socios más comprometidos con el desarrollo sanitario internacional. Doy mucho crédito a sus puntos de vista sobre el futuro y a la experiencia que han adquirido durante décadas de cooperación sanitaria internacional.

De los recursos invertidos se esperan resultados, y tiene sentido que busquen ustedes la mayor rentabilidad posible a sus inversiones en la salud.

Tienen ustedes grandes ambiciones. En la búsqueda de formas de fortalecer la contribución de la UE a la salud mundial están explorando algunas cuestiones muy complejas que pueden determinar el desarrollo internacional de la salud durante años.

Esta búsqueda de una política sanitaria mundial coherente es común. En la OMS también estamos abordando estas cuestiones, en diálogo con nuestros Estados Miembros y asociados para el desarrollo, cuando reflexionamos sobre la financiación futura de la OMS para que ofrezca lo que se espera de ella y está en posición de ofrecer.

Esta conferencia también tiene una relevancia inmediata, ya que la UE está preparando su aportación a la cumbre de las Naciones Unidas sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) que se celebrará en septiembre. Estamos en la recta final. Tenemos que avanzar muy rápido. Para ello, tenemos que entender lo que nos está frenando y hacer frente a esos obstáculos de manera inteligente, que dé resultados duraderos, mucho más allá de 2015.

Agradezco muy especialmente su compromiso con el fortalecimiento de los sistemas de salud. Ustedes han puesto el fortalecimiento de las capacidades en un lugar central para lograr el objetivo de política global consistente en la cobertura universal con servicios de salud de calidad.

Como hemos aprendido desde el comienzo de este siglo, la existencia de intervenciones muy eficaces y de dinero para comprarlas no mejorará los resultados sanitarios si no hay sistemas de dispensación eficientes y equitativos. Esto es especialmente cierto para las poblaciones pobres y desfavorecidas, que constituyen el centro de atención de los ODM y del desarrollo de la salud en general.

Señoras y señores,

El impulso para alcanzar los ODM ha estimulado la creación de varias iniciativas sanitarias mundiales diseñadas para reducir la mortalidad por determinadas enfermedades, pero la debilidad de las capacidades nacionales dificulta la tarea.

Los instrumentos de gobernanza de la salud mundial, como las normas y estándares para garantizar la seguridad del aire, el agua, los alimentos, los productos químicos o los medicamentos significan poco si no hay capacidad de reglamentación, inspección y aplicación.

El potencial de instrumentos jurídicos como el Convenio Marco para el Control del Tabaco o el Reglamento Sanitario Internacional para garantizar la seguridad colectiva frente a amenazas comunes se ve comprometido cuando los países no pueden garantizar el cumplimiento de las leyes o detectar brotes epidémicos e identificar su causa.

Los progresos no pueden valorarse y las estrategias no pueden perfeccionarse si no hay datos procedentes de sistemas de información fiables. Los servicios de salud públicos con escasez de suministros y personal no serán utilizados, obligando a las personas pobres a recurrir a servicios privados más caros, incluso para la asistencia corriente.

Estas son las realidades que tenemos hoy ante nosotros y que obstaculizan la consecución de los ODM relacionados con la salud y de una mayor eficiencia y equidad en la prestación de la asistencia sanitaria.

Señoras y señores,

En mi opinión, su compromiso con la cobertura universal y su énfasis en la creación de capacidades forma parte de un programa de acción sanitaria clásico, renovado para afrontar los retos propios del siglo XXI.

En la definición de un papel más vigoroso y coherente de la UE en la salud mundial buscan ustedes equidad y eficiencia, y hacen hincapié en la prevención, así como en la curación. Reconocen ustedes el derecho a la salud y la obligación que tienen los gobiernos de hacerse cargo de su propia agenda sanitaria.

De acuerdo con el énfasis en la prevención, subrayan ustedes la necesidad de abordar las múltiples causas que están en la raíz de la mala salud y que tienen su origen en sectores no sanitarios. Por encima de todo, un enfoque que tiene como objetivo fortalecer las capacidades fundamentales sienta las bases para soluciones duraderas, aumenta la autonomía y contribuye a una ayuda eficaz.

Aunque los problemas abordados tienen nuevas dimensiones de complejidad, los enfoques están bien establecidos y han demostrado su valía. En el documento de trabajo sobre la cobertura universal de los servicios de salud preparado para esta conferencia se describe el enfoque holístico y participativo de la salud que se estableció en la Declaración de Alma-Ata como base de los sistemas de salud modernos, con el que estoy totalmente de acuerdo.

También creo que todos coincidimos en que la aplicación de estos enfoques es mucho más difícil hoy que hace 30 años, cuando se firmó la Declaración de Alma-Ata. Permítanme que dé algunos ejemplos.

La cuestión de la identificación nacional con el programa de salud se ha vuelto mucho más compleja, tocando las raíces mismas de la responsabilidad de un gobierno con respecto a la salud y la rendición de cuentas ante sus ciudadanos. La salud es un área de trabajo atractiva, y son muchos los que participan en ella.

Hay más asociados y organismos ejecutando programas en el sector de la salud que en cualquier otro sector. Los problemas son conocidos: la duplicación de esfuerzos, la fragmentación de la atención, los costos de transacción elevados, la mala armonización con las prioridades y capacidades nacionales, y la imprevisibilidad de la financiación de un sector con elevados costos recurrentes. Por ejemplo, Viet Nam recibió en 2007 más de 750 misiones de donantes. ¿Se lo pueden imaginar?

Estoy segura de que estarán de acuerdo en que tenemos que cambiar nuestra conducta y predicar con el ejemplo con respecto a la eficacia de la ayuda, la Declaración de París y el Programa de Acción de Accra. Tenemos que recurrir a la Alianza Sanitaria Internacional Plus como modelo para lograr una mayor coherencia de nuestros esfuerzos en los países.

Si se percibe que la atención sanitaria es financiada y prestada en gran medida fuera del control gubernamental, ¿cómo se puede exigir responsabilidades a las autoridades nacionales por el incumplimiento de las expectativas del público? ¿Cómo pueden los resultados positivos reforzar la confianza de la población en su gobierno y aumentar así la estabilidad política?

Los enfoques participativos también plantean grandes retos. La revolución de las tecnologías de la información y las comunicaciones ha contribuido a aumentar las expectativas de buena calidad y asequibilidad de la atención médica entre el público. En el lado positivo, esta tendencia crea demandas populares que los políticos harían bien en prestar atención.

Por otra parte, las personas pueden obtener información de múltiples fuentes y hacer sus propias decisiones sobre qué creer y en quién confiar. La gente hace sus propias decisiones sobre si las vacunas contra el sarampión, la poliomielitis o la gripe pandémica son necesarias y seguras.

La prevención es también mucho más exigente. Las tendencias mundiales, como el envejecimiento de la población, la urbanización o la globalización de modos de vida insalubres, han contribuido a un aumento de las enfermedades crónicas no transmisibles y una inversión de la carga de morbilidad. Las enfermedades de las sociedades ricas afectan ahora a los pobres. Alrededor del 80% de la carga de morbilidad se concentra en los países con menos capacidad para gestionar los costos y demandas de la atención a enfermos crónicos.

La prevención es sin duda la mejor opción, pero los factores de riesgo comunes a estas enfermedades radican en sectores que escapan al control directo de la salud pública.

Asegurar beneficios sanitarios duraderos se ha vuelto más costoso, más frágil y éticamente más peligroso. Aunque los costos han disminuido sustancialmente, el tratamiento antirretrovírico para el sida sigue siendo caro.

En tiempos de recesión económica suele hacerse un cálculo a menudo peligroso. ¿Cuántas vidas se pueden salvar con una determinada cantidad de dinero? Este es el tipo de pregunta que con frecuencia se planteaban los ministros de finanzas en el pasado. ¿Cuántos niños podrían vacunarse por el costo de mantener en vida a un adulto con sida?

En mi opinión, la vida se abarata cuando las prioridades se establecen en función del costo de las intervenciones, especialmente cuando sigue habiendo tantos millones de personas que se infectan con el VIH. El tratamiento antirretrovírico es una cuerda de salvación para toda la vida. La única estrategia de salida éticamente aceptable es dar prioridad a la prevención de la infección por VIH.

Tenemos una vacuna contra el cáncer cervicouterino, el cáncer más frecuente en la mujer en el mundo en desarrollo. Tenemos nuevas vacunas para prevenir la neumonía y las enfermedades diarreicas, las dos principales causas de muerte de niños pequeños en todo el mundo. Pero ¿pueden los países, los donantes, los asociados para el desarrollo y la Alianza GAVI introducir esas nuevas vacunas y mantener su entrega?

En el mejor de los mundos posibles, cada persona debería tener acceso a lo mejor que la ciencia y la medicina pueden ofrecer, pero en realidad son el dinero y la posición social quienes a menudo determinan quién vive y quién muere.

Esta es la esencia del argumento de la equidad: a la gente no se le debe negar el acceso a la atención, a intervenciones que salvan vidas o fomentan la salud por motivos injustos, como los económicos o sociales.

Como ejemplo final, el objetivo de mejorar el acceso a los medicamentos ya no consiste principalmente en hacer coincidir los medicamentos esenciales con las necesidades prioritarias y garantizar la asequibilidad. Hoy en día, las cuestiones del acceso tocan aspectos muy complicados relacionados con los derechos de propiedad intelectual, la promoción de la calidad de los productos genéricos, los programas de incentivos para que se desarrollen productos para las enfermedades de los pobres, la desvinculación de los precios de los costes de I+D, el acuerdo sobre los ADPIC y ADPIC-plus, y otros temas espinosos relacionados con el comercio.

Su agenda es muy buena, da en la diana y se apoya en un sistema de valores convincente. Como he dicho, apuntan ustedes alto. Nada de esto es fácil, pero hay que abordar los problemas, muchos de los cuales se han descuidado durante décadas. En la recta final hacia 2015, no podemos esperar más.

Señoras y señores,

A medida que continuamos esta búsqueda común de una política sanitaria mundial coherente, permítanme que dé dos consejos breves.

En primer lugar, hay que mantener el impulso. Los ODM han sido buenos para la salud pública. Han demostrado el valor de la acción internacional centrada en un número limitado de objetivos con plazos determinados. Aunque los progresos han sido más lentos de lo esperado, también hemos visto algunas mejoras impresionantes en el acceso a la atención y la reducción de la mortalidad.

Además, el impulso para alcanzar los ODM ha desatado lo mejor del ingenio humano. Nos ha dado una serie de nuevos instrumentos y mecanismos para financiar iniciativas sanitarias, aumentar la eficacia de la ayuda, motivar a la industria para que desarrolle medicamentos y vacunas muy necesarios para las enfermedades de los pobres, asegurar fondos para comprar medicamentos a fuentes totalmente nuevas, y hacer que los precios de los medicamentos sean más asequibles.

La experiencia obtenida durante el último decenio nos dice que el aumento de la inversión en el desarrollo de la salud funciona.

Ahora la atención está muy centrada en reducir la mortalidad materna y neonatal, cosa que es bienvenida. Centrar la atención en la necesidad de reducir estas muertes significa enfocarla hacia la absoluta necesidad de fortalecer los sistemas de salud.

Al mismo tiempo, ello no debe desviar la atención de otros problemas de salud urgentes, como las enfermedades no transmisibles crónicas, el VIH/sida, la tuberculosis o las enfermedades tropicales desatendidas. Los brotes recientes de sarampión nos recuerdan la necesidad de mantener la cobertura de inmunización infantil en sus niveles actuales, que no tienen precedentes.

En segundo lugar, hay que hacer de la justicia una piedra angular de las políticas para el desarrollo sanitario internacional. Demasiados modelos de desarrollo de la salud han partido del supuesto de que las condiciones de vida y el estado de salud de alguna manera mejorarían automáticamente con la modernización de los países, la liberalización de su comercio y el crecimiento económico rápido, pero no ha sido así.

Por el contrario, las diferencias entre los países y dentro de un mismo país con respecto a los niveles de ingreso, las oportunidades, el estado de salud, el acceso a la atención y la esperanza de vida son mayores hoy que en cualquier otro momento de la historia reciente.

En cierto sentido, los ODM funcionan como una estrategia correctiva. Su objetivo es compensar los sistemas internacionales, las finanzas, los negocios, el comercio y las relaciones exteriores, que crean beneficios pero carecen de reglas que garanticen la distribución equitativa de esos beneficios.

No es de extrañar pues que los países con economías en desarrollo y emergentes sospechen de los acuerdos internacionales y teman que las reglas sean manipuladas para favorecer a los privilegiados y poderosos. No es de extrañar que las negociaciones comerciales internacionales se rompan y siga siendo difícil alcanzar un acuerdo sobre la mejor respuesta colectiva al cambio climático.

Décadas de experiencia nos dicen que este mundo no se convertirá por sí solo en un lugar justo en lo que a salud se refiere. Los sistemas de salud no evolucionarán de forma automática hacia una mayor equidad ni hacia la cobertura universal. Las decisiones económicas de un país no protegerán a los pobres ni fomentarán su salud de forma automática.

La globalización no se autorregulará para asegurar una distribución equitativa de los beneficios. Los acuerdos comerciales internacionales no garantizarán por sí solos la seguridad alimentaria, laboral o sanitaria ni el acceso a medicamentos asequibles.

Todos esos resultados requieren decisiones políticas explícitas. La equidad solo se produce cuando es un objetivo político explícito.

Los valores de la equidad y la justicia social están explícitos en el planteamiento de la UE para la salud mundial y también están en la base del diseño y la prestación de servicios de salud en sus propios países, lo cual presta mayor legitimidad y autoridad a su voz en las cuestiones internacionales.

Como he dicho, apuntan ustedes alto y abordan los temas difíciles, pero creo que van por buen camino. Y quiero felicitarlos por su valentía.

Los ODM representan el ataque más ambicioso de la historia contra la miseria humana. Si el impulso para alcanzar estas metas fortalece los sistemas de salud y la autonomía se mejorarán las perspectivas de salud de las personas pobres que viven en lugares pobres mucho más allá de 2015.

Gracias.

Compartir