Directora General

Examen externo de la respuesta de la OMS a la pandemia de H1N1

Dr Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Discurso inaugural en la reunión del Comité de Examen del Reglamento Sanitario Internacional
Ginebra, Suiza

28 de septiembre de 2010

Dr. Fineberg, distinguidos miembros del Comité de Examen, señoras y señores,

Mi personal y yo estamos a su disposición. Los funcionarios presentes reflejan la diversidad de conocimientos técnicos que ha exigido la respuesta. Haremos todo lo que podamos para responder a sus preguntas con exactitud y objetividad.

Tenemos una amplia documentación que también está a su disposición. Entre otras cosas, esos documentos les permitirán verificar qué datos existían y se examinaron cuando se tomaron las decisiones fundamentales en el contexto de una situación que evolucionaba rápidamente.

Como saben, esta ha sido la pandemia más observada y escudriñada de toda la historia. Es comprensible que la respuesta de los países y de la OMS también esté siendo examinada cuidadosamente. A algunos las medidas adoptadas les parecen ahora excesivas, teniendo en cuenta el moderado impacto de la pandemia.

Nos alegramos de que el impacto haya sido moderado. Si el virus hubiera sido más letal, ahora estaríamos siendo examinados por no haber conseguido proteger la vida de numerosas personas. Los suministros de vacunas hubieran sido demasiado escasos y tardíos, y gran parte del mundo en desarrollo se hubiera quedado prácticamente desprotegida. Por supuesto, estoy atenta a todas las percepciones que pueda haber del desempeño de la Organización en todas las áreas.

Con respecto a la pandemia, la OMS ha recibido algunos elogios y apoyos en las evaluaciones iniciales publicadas en la literatura médica y científica, así como el apoyo y la retroalimentación de los Estados Miembros. Pero también ha recibido algunas críticas.

Se han invertido grandes sumas de dinero en productos que no se han utilizado, a veces porque la población no vio su necesidad o porque puso en cuestión su seguridad. También se ha puesto en cuestión la definición de pandemia y sus fases. Lo mismo ha ocurrido con el valor clínico del oseltamivir. Los conflictos de intereses y su influencia en las decisiones se han convertido en un problema.

Pero entre las críticas y los elogios hay una posición intermedia sólida.

Está en sus manos determinar qué funcionó bien o mal, especialmente porque esta pandemia ha sido la primera gran prueba del nuevo Reglamento Sanitario Internacional. Está en sus manos asesorarnos sobre los cambios que necesita nuestra coordinación de la respuesta a las emergencias de salud pública de interés internacional.

Este examen se está realizando de forma muy rigurosa y se está tomando muy en serio. Confiamos en sus conocimientos técnicos y agradecemos la diligencia de su Presidente.

Señoras y señores,

El mundo estaba mejor preparado para una pandemia que en cualquier otro momento de la historia. Pero estaba preparado para un tipo de acontecimiento diferente del que en realidad se produjo.

La mayoría de los expertos suponían que la siguiente pandemia sería por el virus H5N1, y se daba prácticamente por segura su gravedad. Los cambios de la situación de este virus han estado frecuentemente en los titulares. Pandemia se convirtió en una palabra muy asustadora para la población y los medios de información.

El estado de espíritu era este cuando apareció el nuevo virus H1N1.

La OMS introdujo el planteamiento multifásico de la alerta de pandemia en 1999. La intención era permitir que la Organización aumentara gradualmente el nivel de preparación y alerta sin inducir una alarma pública indebida. En realidad tuvo el efecto opuesto. Se dramatizaron los pasos previos a la declaración de la pandemia y se aumentó la angustia.

Personalmente, no creo que la OMS haya exagerado la amenaza. Cuando anuncié el paso a la fase 6, recordé a todo el mundo que el número mundial de muertes era pequeño y que no esperábamos que hubiera un aumento súbito y espectacular de esas cifras. Recalqué que la abrumadora mayoría de los pacientes se recuperaban plenamente sin ninguna atención médica.

La gestión de la discrepancia entre lo que se esperaba y lo que en realidad ocurrió fue problemática. Los intentos de suavizar los planes de planes de preparación para adaptarlos a un evento de menor gravedad también resultaron problemáticos. Nadie pudo responder con certidumbre a una pregunta fundamental. ¿Podemos hacerlo sin peligro?, ¿estamos seguros?, ¿nos atrevemos a hacerlo?

Aunque muchos datos iniciales apuntaban a un impacto moderado, o incluso ligero, la mayoría de las autoridades sanitarias optaron por pecar de cautelosas.

Por definición, las nuevas enfermedades no se conocen bien cuando aparecen. Hay que tomar rápidamente decisiones con consecuencias de gran alcance en una atmósfera de considerable incertidumbre científica. La flexibilidad para adaptarse a la información que va surgiendo es decisiva.

En este aspecto, el planteamiento multifásico de la declaración de la pandemia fue rígido y restrictivo. En la comunicación del nivel de alarma las autoridades tienen que poder aumentarlo o disminuirlo.

La capacidad finita de producción de la vacuna y la lentitud del proceso de fabricación redujeron la flexibilidad de la respuesta. Algunos países hicieron grandes encargos antes de que hubiera datos para respaldar objetivamente las previsiones de las necesidades, y en particular del número de dosis.

El mundo de la salud pública se enfrentó a muchos problemas de comunicación llenos de dificultades. No previmos que muchas personas decidirían no vacunarse.

La OMS y muchos países no estaban preparados para una nueva forma de examen: el examen por la población que han hecho posible los nuevos medios electrónicos, y en particular las redes sociales. Hoy día, cada uno puede obtener instantáneamente su propia información a partir de fuentes muy diversas y tomar sus propias decisiones sobre qué consejo seguir.

El mundo de la salud pública necesita urgentemente adaptarse a esta realidad.

A medida que la pandemia progresaba, tuvimos grandes dificultades para explicar por qué el número de casos mortales confirmados mediante pruebas de laboratorio que se publicaba en nuestro sitio web no medía de forma fiable el impacto de la pandemia.

Muchos periodistas y blogueros compararon esa cifra y observaron que era menor que las estimaciones del exceso de mortalidad registrado durante las epidemias estacionales, tanto en los países como en el mundo. Esto llevó a la conclusión generalizada de que la pandemia era incluso más leve que la gripe habitual, y reforzó la percepción de que la vacunación era innecesaria.

Creo que algunas cosas funcionaron bien. El Reglamento Sanitario Internacional aportó una serie de obligaciones claras, canales de comunicación y coordinación, y rendición de cuentas mutua.

El RSI también introdujo una serie de contrapesos y salvaguardias para que nadie, incluida yo, tenga un poder sin trabas. En mi opinión, el Comité de Emergencias, en el que estaban representados expertos y países afectados, funcionó bien como organismo consultivo equilibrado e inclusivo.

Creo que la pronta distribución de reservas de oseltamivir a los países en desarrollo fue útil. En muchos casos las autoridades sanitarias pudieron anunciar la confirmación de los primeros casos acompañada del mensaje tranquilizador de que tenían medicamentos para tratarlos.

La distribución de las vacunas donadas no funcionó tan bien. Llegaron, pero mucho más lentamente de lo que se esperaba. Quiero hacer una última observación. Estuve muy implicada en los debates que llevaron a la OMS a anunciar los cambios de fases.

Puedo asegurarles que en ningún momento pude ver ni un indicio de que las decisiones o asesoramientos ofrecidos a la OMS por sus asesores científicos estuvieran influidos por los intereses de la industria farmacéutica, y no por motivos de salud pública.

En ningún momento pude ver ni un indicio de que las decisiones de la OMS estuvieran influidas por los beneficios económicos de la industria, y no por los datos epidemiológicos y virológicos.

Como he dicho al principio, yo, mi personal y nuestra documentación están a su disposición.

Compartir