Directora General

Cerrar la brecha de salud mental

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Alocución pronunciada en el Foro del Programa de Acción en Salud Mental
Ginebra, Suiza

7 de octubre de 2010

Excelencias, colegas y asociados por la salud pública, representantes de asociaciones profesionales y de la sociedad civil, señoras y señores.

Les agradecemos el apoyo que han prestado todos ustedes, bien financiero o bien sobre el terreno, en calidad de investigadores, profesionales, representantes de grupos de pacientes, o defensores de los derechos del paciente.

La magnitud del problema que estamos abordando conjuntamente se puede apreciar en parte con algunas cifras. La OMS estima que hay en todo el mundo más de 150 millones de personas que padecen depresión, y unos 125 millones de personas con trastornos por consumo de alcohol.

Unos 40 millones de personas padecen epilepsia, y 24 millones la enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia. Todos los años, casi un millón de personas ponen fin a su vida.

La OMS estima además que los trastornos mentales, neurológicos y por uso de sustancias representan el 14% de la carga mundial de morbilidad. Las tres cuartas partes de esa carga corresponden a países de ingresos bajos y medios.

Pero las cifras por sí solas no bastan para medir el sufrimiento, el aislamiento, la pérdida de productividad, el freno al desarrollo del potencial humano, y el freno al desarrollo en general en los países.

El impacto es aún más importante porque hay muchas personas que desarrollan esos trastornos a edades tempranas y no reciben ninguna ayuda efectiva, del tipo que fuere, a lo largo de su vida.

Hoy estamos dando un gran paso para lograr corregir un problema fundamental como es la brecha entre el número de personas con trastornos mentales que necesitan y merecen tratamiento y el número de quienes lo reciben.

En algunas zonas del mundo en desarrollo esa brecha es casi del 80%. ¿Cómo puede ignorarse una carga de esa magnitud cuando ya tenemos los conocimientos prácticos para combatirla? ¿Por qué esa brecha tan enorme en materia de salud mental?

Como todos sabemos, para cerrar esa brecha hay que salvar muchos obstáculos, a veces interrelacionados. La ignorancia es uno de ellos: la ignorancia del público sobre esos trastornos, y la ignorancia de los políticos sobre los muchos mecanismos por los que frenan el desarrollo de los países.

Las personas con trastornos mentales están estigmatizadas en su comunidad y marginadas en las agendas de desarrollo nacionales e internacionales. Los recursos son insuficientes, y se usan de forma ineficiente, desperdiciándolos a veces en intervenciones que no tienen efectos beneficiosos, que pueden incluso ser perjudiciales, y que carecen de base científica.

Tal vez lo más importante es que los esfuerzos desplegados para cerrar la brecha de salud mental se han visto obstaculizados por la creencia generalizada de que para mejorar ese componente de la salud se requieren tecnologías ultramodernas muy costosas, aplicadas en entornos muy especializados por personal altamente especializado.

En otras palabras, tropezamos con la percepción errónea de que la atención de salud mental es un artículo de lujo en la agenda sanitaria: de que esa atención está fuera del alcance en los entornos con recursos limitados, donde otras enfermedades con mayor mortalidad acaparan la mayor parte de la ayuda financiera interna y externa.

Pero ahora tenemos una buena razón para cuestionar esa forma de pensar.

Gracias a la publicación de la Guía de Intervención mhGAP, disponemos hoy de un instrumento técnico sencillo para detectar, diagnosticar y tratar los trastornos mentales, neurológicos y por uso de sustancias más comunes y onerosos, cualquiera que sea el nivel de recursos.

Se priorizan resueltamente intervenciones que puedan llevar a cabo médicos, enfermeras y ayudantes de medicina que trabajan atareadamente con unos recursos limitados en servicios de primer y segundo nivel.

Los problemas de salud mental, ya se trate de depresión, epilepsia, demencia o dependencia del alcohol, son trastornos reales, que causan muerte y discapacidad, que causan sufrimiento. Se acompañan de síntomas, y pueden ser tratados sean cuales sean los recursos.

Ese es el mensaje que podemos hoy transmitir con confianza.

Con independencia de lo precario que sea el sistema de salud o de lo limitado de los recursos, siempre se podrá hacer algo.

En lo que constituye un logro fundamental, la Guía de Intervención condensa todo un acervo de conocimientos técnicos y experiencia clínica, al que han contribuido cientos de expertos, en menos de cien páginas de sabiduría clínica y consejos prácticos concisos.

La guía, efectivamente, amplía a los no especialistas la preparación para el diagnóstico y el tratamiento, conciliándola con sus apretadas jornadas de trabajo.

Hay fármacos eficaces contra muchos de esos trastornos. La guía proporciona información sobre cuándo usar o no determinados medicamentos. Adoptando una perspectiva equilibrada, abarca también muchas intervenciones psicosociales simples y eficaces, como la educación del paciente y su familia, los consejos para dormir bien, y la relación con fuentes comunitarias de apoyo social. Se trata de medidas viables, de atención de primera línea.

Han participado en la elaboración de la guía más de 150 expertos colaboradores y revisores, y 20 organizaciones internacionales y asociaciones profesionales.

Les felicito a todos por este logro, que abre las puertas para cambiar el panorama de la atención de salud mental.

Señoras y señores:

La publicación de la Guía de Intervención es el tercero de una serie lógica de pasos.

En primer lugar, se trataba de documentar la brecha de salud mental, cuantificarla, y lograr que la gente reflexionase y tomara nota.

En segundo lugar, había que explicar lo que entrañan esas necesidades no cubiertas, contar lo que ocurre, e ilustrar las consecuencias con datos.

Y en tercer lugar, había que colmar esa laguna, proponiendo para ello medidas viables.

Disponemos de un instrumento técnico sencillo y bien fundamentado, que dota de las aptitudes necesarias a los no especialistas. Pero esto es solo el comienzo.

El siguiente paso, crucial, consiste en documentar la aplicación y el impacto con datos obtenidos en los países.

La OMS ha puesto en marcha un programa de expansión de la atención contra esos trastornos en seis países: Etiopía, las Islas Salomón, Jordania, Nigeria, Panamá y Sierra Leona.

Se les informará hoy a ustedes sobre la experiencia de algunos de esos países, y tendrán que estudiar si es posible reproducir los éxitos conseguidos a una mucho mayor escala.

Se analizarán también aquí las posibilidades de integración de las intervenciones de salud mental en los servicios ya existentes de atención primaria, para lo cual deberán tener en cuenta tanto los obstáculos como los factores favorables.

Por encima de todo, lo que van a hacer ustedes es proporcionar ayuda. Ayuda para los muchos millones de personas debilitadas por esos trastornos, y ayuda para los médicos, enfermeras y ayudantes de medicina que desean atender todas y cada una de las necesidades de salud de sus pacientes, pero que hasta ahora carecían de los conocimientos teóricos y prácticos requeridos para ello.

Les deseo una reunión muy provechosa.

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