Directora General

La prevención es la mejor opción para hacer frente a las enfermedades no transmisibles

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Palabras de presentación ante el foro de la Red Mundial contra las Enfermedades No Transmisibles (NCDnet)
Ginebra, Suiza
24 de febrero de 2010

Sus Altezas Reales, excelencias, honorables ministros, colegas del sector de la salud pública, señoras y señores,

Es para mí un gran placer dirigirme a un grupo donde están representadas tantas partes del mundo, tantas asociaciones y sociedades con conocimientos especializados sobre diversas enfermedades y tantos promotores de modos de vida más saludables. Igualmente alentador es el compromiso de la realeza, de otros organismos de las Naciones Unidas, de los organismos de financiación y de los líderes en materia de salud y desarrollo.

La diversidad y el alto nivel de los conocimientos técnicos que se han reunido en esta sala constituyen en sí mismos una manifestación de la necesidad de una profunda preocupación y una amplia dedicación por nuestra parte.

Tenemos un problema. Un gran problema que parece destinado a hacerse aún mayor. Las enfermedades no transmisibles, consideradas durante mucho tiempo como acompañantes de la riqueza de las sociedades, han sufrido un cambio. La mayor parte de la carga de las enfermedades cardiovasculares, los cánceres, la diabetes, las enfermedades respiratorias crónicas y las enfermedades mentales recae en la actualidad sobre los países de ingresos bajos y medianos. Enfermedades que antaño se asociaron a la abundancia se concentran ahora en gran medida entre los pobres y los desfavorecidos.

En gran parte, este cambio de la carga de morbilidad puede atribuirse a poderosas fuerzas mundiales que están conformando las condiciones de salud en todo el mundo. El envejecimiento de la población, la urbanización rápida no planificada y la globalización de los modos de vida malsanos son tendencias universales, pero cuyas consecuencias no se hacen sentir de modo uniforme. Los países en desarrollo son los más vulnerables y los menos resistentes, los que se ven más afectados y los que tienen menos capacidad de adaptación.

Aunque muchas enfermedades no transmisibles evolucionan lentamente, los modos de vida están sufriendo cambios de gran alcance a una velocidad impresionante.

Estas tendencias tienen enormes repercusiones ahora que la comunidad internacional está tratando de mejorar la salud como estrategia de reducción de la pobreza. Los costos de la atención crónica pueden resultar catastróficos para los pacientes y los sistemas de salud, dejando cada año a muchas familias por debajo de la línea de la pobreza.

Cuando pensamos en la carga que supone la atención crónica nos encontramos con una segunda suposición muy generalizada que ya no se sostiene. Durante mucho tiempo se consideró que las muertes por enfermedades no transmisibles eran acompañantes inevitables del proceso de envejecimiento, y hemos asistido muchas veces a la negación de su importancia por este motivo. Es cierto, todos acabaremos por morir de algo, pero no necesariamente tan pronto.

De los 35 millones de muertes que se calcula que se producen cada año debido a las enfermedades no transmisibles, cerca de 15,8 millones, esto es, un 40% son muertes prematuras prevenibles por ataques al corazón, accidentes vasculares cerebrales, diabetes o asma.

Y no son solo las muertes lo que hay que tener en cuenta cuando pensamos en la carga que suponen estas enfermedades. Enfermedades como la diabetes o el asma, que a menudo requieren atención durante toda la vida, pueden comenzar en la infancia. La hipertensión y algunos cánceres también pueden aparecer en niños y adultos jóvenes.

Además, estamos en un mundo en el que se calcula que hay 43 millones de preescolares obesos o con sobrepeso. Pensad lo que esto significa en términos de riesgo para su salud y costos asistenciales a lo largo de toda su vida.

Otra reflexión: la actual podría ser en mucho tiempo la primera generación de niños que tienen una esperanza de vida menor que sus padres. Pensad lo que significa esto como medida de nuestro progreso colectivo en lo social y lo económico.

Señoras y señores,

Estáis reunidos aquí para dar una respuesta precisa y vigorosa a las enfermedades no transmisibles, que son entidades complejas y multifacéticas ligadas a poderosas tendencias que no se revierten fácilmente. Ante tanta complejidad es acertado simplificar, y eso es lo que habéis hecho.

La red NCDnet se centra en las cuatro grandes enfermedades —cardiovasculares, respiratorias crónicas, cáncer y diabetes— que en la actualidad son la causa del 60% de las muertes mundiales.

La red NCDnet se centra en los cuatro grandes factores de riesgo: consumo de tabaco, dietas malsanas, inactividad física y consumo nocivo de alcohol. Estos factores de riesgo son compartidos, lo cual simplifica el enfoque operacional, y modificables, lo cual abre la puerta a la prevención.

La red NCDnet se centra también en cuatro factores de riesgo biológicos: la hipertensión arterial, la hipercolesterolemia, la hiperglucemia y el aumento del índice de masa corporal. Una vez más, esto simplifica el enfoque operacional del cribado, la detección temprana y el encauzamiento de las intervenciones.

Pero permítanme que señale lo evidente. Todo lo que podamos hacer para simplificar el enfoque operacional es de gran importancia porque los retos, igual que las enfermedades en sí mismas, son enormes.

Los países en desarrollo siguen debatiéndose con las enfermedades infecciosas y la debilidad de sus sistemas de salud. Tienen que hacer frente a una manifiesta escasez de personal, carencias de medicamentos y financiación, y a veces una ausencia total de planes de seguro que protejan a los pacientes de los costos catastróficos de la atención sanitaria. La debilidad de los servicios de salud públicos llevan a los pacientes a acudir al sector privado, más caro y a menudo no regulado, incluso para una atención rutinaria.

En gran parte del mundo en desarrollo los sistemas de salud están enfocados hacia el tratamiento de episodios de enfermedades infecciosas a los que el paciente sobrevive o muere. Sobra decir que esos sistemas de salud están muy mal preparados para hacer frente a las demandas y los costos de la atención crónica.

La prevención es sin duda la mejor opción. Necesitamos centrarnos en medidas que abarquen a la totalidad de la población y faciliten la adopción de modos de vida saludables. Para ello tenemos que implicar a otros sectores en una estrategia pangubernamental y hemos de estar preparados para hacer frente a una fuerte oposición de algunos grupos de presión muy poderosos. Pero podemos hacerlo.

Señoras y señores,

Tenemos un enorme problema rodeado de enormes obstáculos, pero también tenemos una enorme oportunidad, y hemos de asegurarnos de que la aprovechamos.

La salud pública se ha encontrado antes en situaciones similares, como al principio de la epidemia de VIH/SIDA o cuando aparecieron los primeros indicios de que el tabaco estaba relacionado con el cáncer de pulmón. Entonces perdimos esas oportunidades. Vimos venir un gran problema, pero no pudimos lograr la determinación para hacerle frente, de cara, enérgicamente, antes de que se nos fuera de las manos.

Hoy disponemos de una estrategia mundial y de un plan de acción acordado, con estrategias y responsabilidades claramente definidas. Tenemos el Convenio Marco para el Control del Tabaco como modelo de colaboración que reúne a múltiples sectores para prevenir en su origen una de las principales causas de enfermedad y muerte prematura.

En el Consejo Ejecutivo de enero se ha avanzado con otros dos instrumentos de política que definen una serie de opciones de política flexibles, respaldadas por medidas de eficacia y costoefectividad demostradas, para hacer frente al uso nocivo del alcohol y frenar la comercialización de alimentos y bebidas poco saludables destinados a los niños.

Tenemos el respaldo de la Comisión sobre Determinantes Sociales de la Salud y del compromiso renovado con la atención primaria de salud.

Disponemos de un gran acervo de datos científicos y de una amplia experiencia. En lo que se refiere a las enfermedades no transmisibles, muchos países en desarrollo se encuentran donde estaban los países ricos hace algunos decenios. Como sabemos, muchos de estos países han montado campañas exitosas contra el cáncer y las enfermedades del corazón. El intercambio de estas valiosas experiencias es otra justificación convincente para la colaboración internacional e intersectorial a través de iniciativas como NCDnet.

Señoras y señoras,

Por último, tengo que abordar la cuestión de la equidad. Se puede medir la tensión arterial, se pueden controlar la hipertensión y la hipercolesterolesmia, se puede detectar precozmente la diabetes y tratarla, sea con dieta o con fármacos.

Se puede tratar el asma, se puede tratar el cáncer, a veces curarlo, y en casi todos los casos aliviar de forma económica y eficaz el dolor que causa.

Esta es la cara humana de vuestra agenda. Los mayores beneficios se obtendrán probablemente con la prevención, pero debemos sentirnos igualmente obligados a actuar ante todo sufrimiento humano innecesario, cualquiera que sea su causa.

Gracias.

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