Directora General

Conmemoración del 30º aniversario de la erradicación de la viruela

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Discurso de apertura del acto conmemorativo del 30º aniversario de la erradicación de la viruela
Ginebra (Suiza)

17 de mayo de 2010

Dr. Mahler, Dr. Henderson, Sr. Roy, colegas del ámbito de la salud pública, señoras y señores:

Me cabe el gran honor de descubrir esta estatua en un lugar tan destacado del predio de la OMS. Su presencia recordará, al personal y a los visitantes, la consecución de un éxito verdaderamente notable que ha reportado beneficios permanentes para la salud en todos los rincones del mundo.

Me siento igualmente honrada por la presencia de personas que han desempeñado un papel crucial en ese logro trascendental; me refiero al Dr. Mahler, el Dr. Henderson y muchos otros.

El liderazgo en la OMS es importante, pero un éxito de tal magnitud depende, en última instancia, de decenas de miles de abnegados trabajadores que literalmente recorrieron cada palmo de este planeta en jeep, a lomo de burro y en barcas de pesca; en jornadas a pie a través de selvas y desiertos; prestando asistencia a tribus nómades en remotas zonas de montaña y, bajo un calor abrasador, a los habitantes de las aceras de los barrios miserables de Asia.

Cuando se inició el programa intensificado de erradicación, nadie sabía exactamente qué se debía hacer, cómo evolucionarían los progresos, o si la iniciativa tendría éxito.

La historia de la viruela y de su erradicación ha sido escrita, y la salud pública se sigue beneficiando de las numerosas enseñanzas adquiridas. El éxito se atribuyó a un sólido componente de investigación, a la particular atención prestada a la epidemiología y la vigilancia, y a la flexibilidad que permitió adaptar los enfoques en función de los nuevos avances y corregir el rumbo cuando fue necesario.

El desarrollo y la validación de la estrategia de barrera de vacunación permitieron simplificar considerablemente los esfuerzos operacionales y logísticos. Se inventó la aguja bifurcada, y hay quienes sostienen que la guerra contra la viruela la ganó, finalmente, una aguja de coser modificada.

El personal que luchó contra la viruela debió enfrentar situaciones de guerra, vastos desplazamientos de población, diversas creencias religiosas y culturales, fetiches, y curanderos con sus cajitas metálicas de pústulas variólicas.

No obstante, a pesar de las increíbles adversidades, una de las cadenas de transmisión viral más antiguas de la historia, con no menos de 3.000 años persistencia, se quebró en un pequeño puerto del océano Índico, hace más de 30 años.

Por definición, la erradicación de una enfermedad exige la cooperación de todos y cada uno de los países. La historia de la erradicación de la viruela es también la historia de la silenciosa colaboración entre las dos superpotencias durante algunos de los años más calientes de la Guerra Fría.

Esta estatua nos recuerda la importancia de tal logro y la manera en que los recursos puestos a disposición de la OMS pueden multiplicarse ampliamente, si todo el mundo aúna sus esfuerzos en pos de una causa humanitaria.

La obra evoca un tiempo de gran idealismo que supo concitar el talento, el compromiso ferviente y el sacrificio personal. Sobre todo, da testimonio del poder de la cooperación internacional en materia de salud para conseguir beneficios enormes y duraderos.

Muchas gracias.

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