Directora General

El convenio para el control del tabaco, una victoria de la salud pública

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Palabras de presentación con motivo del 5.o aniversario del Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco
26 de febrero de 2010

Sr. Mseleku, Dr. Nikogosian, excelencias, distinguidos invitados, colegas del sector de la salud pública, señoras y señores,

Hace algunos años, los directivos de las empresas tabacaleras definieron la OMS como el principal enemigo de esa industria. Siempre hemos estado extremadamente orgullosos de esa distinción y nos hemos esforzado arduamente para mejorar nuestra reputación.

Resulta que era una distinción clarividente. Como se ha confirmado con el tiempo, el peor enemigo de la industria tabacalera se reservaba grandes logros.

Hoy celebramos el 5.o aniversario de la entrada en vigor del Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco. Como sabemos, la industria tabacalera es implacable, astuta, rica y poderosa. Y como sabemos también, ni la OMS ni la salud pública son ricas, pero con el Convenio Marco en vigor, somos ciertamente poderosos.

Si se aplicaran plenamente las medidas previstas en el Convenio Marco, se podrían vencer, o al menos resistir, las tácticas de la industria tabacalera, por despiadada que sea y bien financiada que esté.

En este 5.o aniversario celebramos una verdadera victoria de la salud pública y rendimos tributo a un modelo de colaboración internacional en aras de la protección de la salud en un mundo cada vez más interdependiente.

Un mundo en el que salud está sometida, por doquier, a las mismas fuerzas poderosas, tales como la mundialización de los modos de vida insalubres. Un mundo en el que las amenazas a la salud son cada vez más transnacionales en sus causas y consecuencias.

Estas amenazas y tendencias son universales, pero sus consecuencias no se hacen sentir de modo uniforme. Los países en desarrollo son los más vulnerables y los menos resistentes, los que se ven más afectados y los que tienen menos capacidad de adaptación.

Como sabemos, los países en desarrollo son un territorio particularmente prometedor para la comercialización de los productos de tabaco. En esos países, como en los demás, las niñas y las mujeres constituyen un mercado con un atractivo y lucrativo potencial de crecimiento y son, en consecuencia, un objetivo de la industria tabacalera.

Los países en desarrollo siguen debatiéndose con las enfermedades infecciosas, la debilidad de su capacidad sanitaria, la manifiesta escasez de personal, la carencia de medicamentos y la inexistencia de planes de seguro que ofrezcan protección social. Esos países están mal equipados para hacer frente a los costos y las demandas adicionales de la oleada de enfermedades crónicas que inevitablemente provocará el aumento del consumo de tabaco.

La prevención es, con diferencia, la mejor opción.

En un estudio publicado recientemente en The Lancet se calculaba que la aplicación plena de tan solo cuatro medidas costoefectivas entre las previstas en el Convenio Marco podría evitar 5,5 millones de muertes en 10 años. Se trata de estadísticas convincentes y ese es el poder preventivo del Convenio. Se trata de una oportunidad en la que los gobiernos y la comunidad internacional solo pueden salir ganando.

Señoras y señores,

El Convenio Marco de la OMS para el Control del tabaco es un tratado joven. Un aspecto positivo es que es ya uno de los tratados con más adherentes en la historia de las Naciones Unidas, y su aplicación está siendo objeto de un estrecho seguimiento.

En el aspecto negativo, dicho seguimiento revela claramente que todavía estamos lejos de alcanzar plenamente todo el poder preventivo del Convenio. Por ejemplo, la población mundial protegida por leyes nacionales que propician los entornos sin tabaco apenas supera el 5%. Aunque los impuestos sobre el tabaco son el medio más eficaz de reducir su consumo, solo 21 países lo gravan con impuestos superiores al 75% del precio de venta al por menor.

En muchos países ricos el consumo de tabaco ha sufrido una reducción significativa que se ha acompañado de reducciones correspondientes de la incidencia de enfermedades cardíacas, accidentes vasculares cerebrales, cánceres y muchas otras enfermedades directamente relacionadas con el consumo de tabaco. Pero incluso en esos países, el consumo de tabaco sigue siendo elevado entre los grupos de ingresos más bajos y las poblaciones desfavorecidas.

Lo más alarmante es que el consumo de tabaco está aumentando en muchos países en desarrollo. Aunque la industria tabacalera está batiéndose en retirada en algunas partes del mundo, en otras sigue avanzando.

Aunque hemos de admitir que es necesario mejorar los resultados, hoy es una buena ocasión para reflexionar sobre lo que significó el tratado cuando entró en vigor hace cinco años, y las promesas que encierra para el futuro.

Permítanme analizar brevemente la importancia del tratado en el contexto de las tendencias y problemas que tiene ante sí la salud pública a principios de esta segunda década del siglo XXI.

Primero, como he mencionado, las amenazas a la salud que tienen una dimensión internacional son cada vez más numerosas. El Convenio Marco, igual que el Reglamento Sanitario Internacional revisado, ofrece a los países un instrumento para garantizar la defensa colectiva frente a amenazas comunes. Las medidas de carácter poblacional funcionan, tienen una gran costoefectividad, y pueden aplicarse en todos los entornos, cualesquiera que sean sus recursos.

Segundo, la entrada en vigor del tratado nos muestra el poder que tiene los datos científicos para vencer una oposición considerable, basada en gran parte en argumentos económicos. Durante las negociaciones, esos datos sirvieron para vencer temores exagerados en cuanto a los medios de vida de los cultivadores de tabaco y los trabajadores de la industria tabacalera, los ingresos de las empresas publicitarias, los intereses de los restaurantes y bares, y la supervivencia de eventos deportivos y culturales que dependían del patrocinio de empresas tabacaleras.

No fue fácil, y la batalla contra la oposición sigue, especialmente en los países en desarrollo. Pero al final los intereses de la salud prevalecieron sobre las inquietudes económicas. Al final, pesaron más el derecho de la población a respirar aire sin humo de tabaco y el derecho de nuestros hijos a verse protegidos de la adicción a un producto mortal.

Es evidente que el Convenio representa una victoria del poder de la prevención y un esfuerzo por controlar en su origen una importantísima causa de enfermedad, discapacidad y muerte prematura.

En un momento en que se reconoce la necesidad de un enfoque pangubernamental de la salud, el Convenio demuestra que este sector puede persuadir a otros para que tomen medidas como los impuestos, las advertencias sanitarias gráficas, la legislación o la prohibición de la mercadotecnia y su cumplimiento.

Estoy convencida de que el Convenio Marco puede verse también como un instrumento de equidad. Todas las personas, independientemente de su lugar de nacimiento o de su estatus social, merecen la misma protección frente a los peligros para su salud.

Un instrumento internacional como este ayuda a los países en desarrollo a apercibirse de las poderosas tácticas de la industria tabacalera y a hacerles frente. Además, un tratado como este permite a los ciudadanos pedirles cuentas a los gobiernos incapaces de proteger a la salud pública de los peligros del tabaco.

Por último, el Convenio ilustra la necesidad apremiante de fortalecer las capacidades de los países, sobre todo en el mundo en desarrollo, y es aquí que la OMS tiene una función operacional.

Nuestro personal se encuentra sobre el terreno proporcionando a los gobiernos apoyo técnico práctico para aplicar el tratado mediante la elaboración de leyes, la adopción de prácticas óptimas o el reconocimiento de las tácticas bien conocidas de la industria tabacalera. Todos los países se beneficiarán de estos esfuerzos, que fortalecerán nuestra defensa colectiva.

Señoras y señores,

Me queda por hacer un último comentario. La industria tabacalera, autocalificándose de «responsable», sigue pidiendo un lugar en la mesa de negociación de los protocolos del Convenio.

Como se ha señalado recientemente en un reportaje de la revista The Economist, eso sería como poner al zorro a cuidar el gallinero. La respuesta es un no rotundo.

Como mis predecesores, no estoy dispuesta a mantener conversaciones con la industria tabacalera, aunque sí diré que a pesar de sus intimidaciones hemos recorrido un largo camino.

Con el respaldo del Convenio Marco de la OMS, sabemos cómo resistir los ataques.

Gracias.

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