Directora General

Pese a los progresos realizados, la tuberculosis es la segunda infección más mortífera entre los adultos

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Alocución con motivo del Día Mundial de la Tuberculosis
Atlanta, Georgia, Estados Unidos

24 de marzo de 2010

Dr. Frieden, Dr. Castro, colegas de los CDC, señoras y señores:

El tema del Día Mundial de la Tuberculosis de este año es Innovemos y aceleremos esfuerzos contra la tuberculosis. Se nos recuerda así la urgente necesidad de expandir las actividades y seguir buscando fórmulas nuevas e innovadoras para detener la tuberculosis.

Quiero hoy felicitarles por su nuevo y ambicioso plan para eliminar la tuberculosis en este país, titulado Juntos podemos. No puedo por menos que aplaudir esa fuerza de voluntad integradora tan característica del pueblo estadounidense. Y es también un motivo de satisfacción para mí ese énfasis especial en la necesidad de llegar a los grupos más vulnerables de la sociedad.

En un Día Mundial de la Tuberculosis que exige innovación, el plan representa en sí mismo eso, una innovación. Si un país con una carga de tuberculosis baja como los Estados Unidos consigue eliminar la enfermedad, sentarán ustedes un precedente y generarán impulso para que otros países sigan sus pasos. Como bien sabemos todos, la determinación y el impulso en pos de un objetivo propician nuevas innovaciones, tanto sencillas como de alta tecnología. Todos los países se beneficiarán de su experiencia.

Considerando los progresos logrados hasta la fecha, así como los conocimientos técnicos reunidos aquí en los CDC y en los departamentos de salud de todo el país, la eliminación es un objetivo acertado, inspirador y factible. Sí, efectivamente, ¡pueden ustedes lograrlo!

Este año marca la mitad del camino, entre 2006 y 2015, del Plan Mundial para Detener la Tuberculosis, al que tanto han contribuido ustedes como asociados de la OMS. El control mundial de la tuberculosis puede calificarse de logro ejemplar. Muchos atribuyen ese éxito a un modelo de salud pública robusto que aplica un enfoque normalizado al diagnóstico y el tratamiento.

Tras la aparición de los fármacos curativos a finales de los años cuarenta, entre las medidas de control de la tuberculosis se fueron abandonando gradualmente las intervenciones sociales y ambientales hasta entonces aplicadas. "La prevención empieza por la curación" se convirtió en el nuevo mantra. El siguiente gran paso llegó con el método DOTS, que se centró en detectar los enfermos tuberculosos más contagiosos y velar por que cumplieran el tratamiento hasta curarse.

Desde 1995, año de comienzo de la estrategia DOTS, más de 36 millones de personas se han curado, de acuerdo con las normas de atención reconocidas internacionalmente, y se han evitado unos 6 millones de muertes. Son éstas cifras importantes, como importante es el progreso que suponen. Sin lugar a dudas, el tratamiento DOTS funciona.

Pero hay también otras cifras que por su magnitud revelan motivos de preocupación importantes. El año pasado, la tuberculosis se cobró aún la descomunal cifra de 1,8 millones de vidas, convirtiéndose así en la segunda causa infecciosa de muerte entre los adultos en todo el mundo. Las tasas de casos nuevos de TB están cayendo lentamente en todas las regiones, pero todavía no en todos los países. El ritmo de disminución del número de casos y muertes es mucho más lento de lo deseable, y mucho más lento de lo factible.

En los tiempos que corren, nadie debería morir de tuberculosis, y desde luego la cifra de fallecidos no debería alcanzar los casi dos millones que se registran cada año.

Un diagnóstico y atención inadecuados, en los sectores privado y público, favorecen la propagación de la tuberculosis multirresistente y la tuberculosis ultrarresistente. El tratamiento de ambas es mucho más costoso y difícil, y su diagnóstico es extremadamente arduo, sobre todo en los entornos de recursos escasos donde se concentran la mayoría de los casos, y donde la capacidad de laboratorio es claramente insuficiente.

Como bien sabemos todos, la aparición de formas resistentes de la enfermedad refleja el fracaso del conjunto del sistema de salud en el que operan los programas contra la tuberculosis. Es un fracaso de las políticas relativas a la protección social, los laboratorios, la calidad y el uso racional de los medicamentos, el control de las infecciones y la vigilancia.

La tuberculosis farmacorresistente genera una demanda y una presión adicionales enormes sobre componentes ya frágiles del sistema de salud. En otras palabras, la tuberculosis farmacorresistente tensa y erosiona gravemente la misma capacidad necesaria para prevenir su aparición en primer lugar.

La coinfección por VIH es otro motivo grave de preocupación. Entre 2007 y 2008 se sometió a la prueba del VIH a 1,4 millones de pacientes, lo que representa un incremento de 200 000 personas respecto al año anterior. De quienes dieron positivo, un tercio se beneficiaron de la terapia antirretroviral, que prolonga la vida, y dos tercios recibieron tratamiento quimioprofiláctico para prevenir el riesgo de infecciones bacterianas mortales.

Entre las personas con VIH, el cribado de la tuberculosis y el acceso a terapia preventiva contra la enfermedad se han más que duplicado. De nuevo, se observan progresos, pero las cifras son aún muy bajas.

Señoras y señores:

Ocurre con muchas enfermedades de hoy día que, de ser un problema mundial en cuanto a su prevalencia, han pasado a quedar confinadas en gran medida a las poblaciones más pobres de las zonas más pobres. Hay quienes opinan que muchas de esas enfermedades, como la tuberculosis, la lepra o la anquilostomiasis, al igual que la neumonía infantil y las enfermedades diarreicas, desaparecerán poco a poco espontáneamente conforme mejoren las condiciones económicas y sociales.

Alianzas como la iniciativa Alto a la Tuberculosis se lanzaron porque la comunidad internacional decidió no esperar y pasar a la acción, colaborando urgentemente de manera concertada. Estas iniciativas incorporan un mensaje de urgencia y reflejan al máximo el interés por la equidad. No se debe negar a la gente el acceso a intervenciones que salvan vidas por razones injustas, en particular por causas económicas y sociales.

Hoy día la tuberculosis es sobre todo una enfermedad propia de poblaciones desamparadas, una enfermedad que ha resurgido con redoblada violencia y que la pobreza y las carencias sociales se obstinan en mantener.

Expresándolo crudamente, ante una enfermedad mortífera como la tuberculosis, la presión para tratar al máximo número de personas posible con unos recursos limitados significa que las personas a las que más cueste llegar serán las últimas a las que se llegará. Mientras eso ocurra, no estaremos haciendo bien nuestro trabajo.

Es éste un mundo cada vez más caracterizado por una urbanización rápida y no planificada, un crecimiento económico no equitativo, una desigualdad de ingresos cada vez mayor, y la existencia de grandes reductos de marginación social en todos los rincones del mundo. Un mundo así es terreno abonado para la tuberculosis, que afecta tanto a los países pobres como a los ricos.

La meta a largo plazo de la eliminación mundial de la tuberculosis, fijada para 2050, no podrá alcanzarse con las estrategias y herramientas aplicadas actualmente.

Vemos hoy que el control de la tuberculosis vuelve en parte al punto de partida: tras una época prefarmacológica en la que se promovían intervenciones sociales y ambientales, pasando por el énfasis en la expansión del diagnóstico y el tratamiento, hasta la que es posiblemente una nueva era en la que las actividades para hacer llegar a los pobres unos servicios de alta calidad se asocian a esfuerzos tendentes a reducir la probabilidad de que las personas vulnerables se vean expuestas a la infección y, posteriormente, a los factores que favorecen la enfermedad.

En otras palabras, hay que combinar la prevención primaria y la curación.

Conocemos los factores de riesgo, y sabemos que son muy frecuentes en los grupos desfavorecidos, especialmente en los entornos urbanos. Se trata de la infección por VIH, la malnutrición, la diabetes, el tabaquismo, el abuso de alcohol y de sustancias, la contaminación del aire en espacios cerrados y, sobre todo, un acceso limitado a la atención básica entre los más pobres.

Para conseguir avances auténticos y duraderos, habrá que idear medidas audaces para fortalecer los sistemas y los servicios de salud, armonizar la prevención y la atención de la tuberculosis con la agenda general en pro del desarrollo, y abordar los factores de riesgo más estrechamente asociados a las carencias sociales.

Ese es el dilema del control de la tuberculosis de cara al futuro, y es también uno de los principales problemas que ha de afrontar la salud pública hoy día.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio promueven la salud como parte de una estrategia general de reducción de la pobreza. Seamos claros, si no entendemos que hemos de llegar a los pobres, no habremos entendido nada.

Muchas gracias.

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