Directora General

La Directora General habla sobre las reformas de las oficinas de la OMS en los países

Dra Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Palabras de apertura ante la Sexta Reunión Mundial de los jefes de las oficinas de país de la OMS
Ginebra, Suiza

7 de noviembre de 2011

Directores regionales, directivos superiores, jefes de las Oficinas de la OMS en los países, colegas, señoras y señores:

Les doy la más cordial bienvenida a esta Sexta Reunión Mundial de los Jefes de las Oficinas de la OMS en los países.

Tienen ante ustedes un orden del día muy estimulante y oportuno, pues se centra en problemas prácticos de candente importancia. Es un programa ideado claramente para compartir experiencias y las mejores prácticas. Tiene la finalidad de producir resultados y, se lo aseguro, los Estados Miembros y los asociados para el desarrollo están deseosos de obtener resultados, especialmente en los países.

Como bien sabemos, estamos en época de vacas flacas porque la crisis económica se acentúa, el dinero escasea más y más, y nuestro mundo interdependiente se ve acosado por una crisis tras otra que se extiende por todo el planeta.

Con todo, creo que podemos concordar en que el primer decenio del siglo XXI fue muy positivo para la salud pública. En los debates de la reunión abordarán ustedes los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que movilizaron mucho compromiso, dinero y actividades, y que dieron lugar a innovaciones impresionantes, en particular nuevos instrumentos de financiación y nuevas alianzas para obtener productos médicos para tratar las enfermedades de la pobreza.

Hay buenas nuevas. El número de defunciones de menores de 5 años descendió a menos de 10 millones por vez primera en casi seis décadas y siguió bajando, de suerte que la cifra actual es de 7,6 millones.

Aún así, se trata de una cifra excesiva porque más de las dos terceras partes de estas muertes se pueden evitar utilizando instrumentos baratos y muy eficaces. Pero hay que admitirlo: es un progreso, un progreso bienvenido y cuantificable.

La epidemia de tuberculosis, que alguna vez fue una emergencia de salud mundial, ha alcanzado su punto más alto. En el mundo en desarrollo, casi 7 millones de personas pueden ahora llevar una vida más prolongada gracias al tratamiento antirretrovírico de la infección por el VIH y el sida.

Durante muchos decenios, la situación del paludismo se describió como estable porque difícilmente podía ser peor. Pero ahora estamos atestiguando progresos contundentes y muchos países, especialmente africanos, comunican reducciones significativas de los casos y muertes por esta enfermedad.

El mapa del paludismo se está encogiendo. Desde 2007, la OMS ha otorgado a cuatro países el certificado que los declara exentos de paludismo.

Las esperanzas son grandes y, me parece, están plenamente justificadas porque se cuenta con el ingrediente más importante de todos. Me refiero al compromiso y la voluntad política a los niveles más altos de gobierno, como lo pone de manifiesto la Alianza de Dirigentes Africanos contra el Paludismo. Sé que en los debates abordarán ustedes la importancia del compromiso político.

Bienvenidos sean estos progresos realizados en el camino hacia una salud mejor. Al mismo tiempo, hemos de reconocer que este primer decenio del presente siglo estuvo envuelto en una gran agitación. En este mundo de interdependencia radicalmente aumentada, las crisis de los combustibles, alimentaria y financiera tuvieron efectos mundiales y también profundamente injustos porque hicieron daño a países que no habían tenido nada que ver con las causas.

Algo semejante está sucediendo con el cambio climático. Los países afectados en primer lugar y de la forma más dura son los que menos emisiones de gases de efecto invernadero han producido.

Y todas esas crisis mundiales continúan.

En el año en curso se ha recrudecido la agitación, pues se han producido desastres naturales, escaladas de los precios de los alimentos y levantamientos sociales (especialmente en la Región del Mediterráneo Oriental) nunca antes vistos. El resultado ha sido un empeoramiento del sufrimiento humano con efectos directos sobre la salud de millones de personas.

Como repito cada vez que hablo en público: nunca se olviden de la gente. Recuerden también a aquellos que, en miles de ciudades del mundo, protestan en este preciso momento contra la avaricia empresarial y el sufrimiento que esta les ha causado en carne propia, y que hace caso omiso de la equidad y la solidaridad, los valores que impulsan lo mejor de la salud pública.

Todos estos acontecimientos extraordinarios significan que la labor de la OMS se está haciendo más difícil en una época en que las expectativas de que la Organización cumpla su cometido no cesan de aumentar.

Colegas

Esta reunión se produce en un momento oportuno, ideal de hecho, pues sigue a la Reunión extraordinaria del Consejo Ejecutivo sobre la Reforma de la OMS, que terminó el jueves de la semana pasada.

Mañana informaremos acerca de los objetivos, el espíritu y al resultado notable de la sesión extraordinaria.

Con orgullo legítimo, permítanme destacar algunos puntos de la reunión extraordinaria del Consejo Ejecutivo que están directamente relacionados con los trabajos y el orden del día de la presente reunión.

Me enorgulleció en especial oír, una y otra vez, los elogios a la función singular y vital de la OMS como el único organismo con un mandato sobre la salud mundial que es verdaderamente representativo, procura el consenso y se gobierna democráticamente. Sin duda alguna, el mundo necesita un guardián de la salud como la OMS, un custodio de los valores, un protector y defensor de la salud, sobre todo del derecho a la salud.

También se dijo que la OMS tiene una reputación envidiable por su calidad científica y su excelencia técnica. Igualmente famosa es nuestra capacidad de permanencia en los países. El mundo en desarrollo está lleno de vestigios de proyectos de corta duración; pero ninguno de esta Organización, no de nuestra OMS.

Cuando los Miembros del Consejo debatieron las reformas para un futuro saludable, las necesidades y prioridades sanitarias en los países ocuparon el primer plano.

Las prioridades se deben establecer desde la base, impulsadas por las necesidades de las comunidades de los países en desarrollo y los países menos adelantados. Esas necesidades son apoyadas por expertos de todos los niveles de la Organización y por nuestro trabajo tradicional de elaboración de normas y patrones, así como la prestación de apoyo técnico a los países.

Como lo constató el Consejo Ejecutivo, el trabajo en los países es la medida más importante del desempeño de toda la Organización.

En la sesión extraordinaria pronto se hizo evidente que las expectativas con respecto a las oficinas en los países habían alcanzado niveles sin precedentes. Ello significa que debemos definir las responsabilidades de ustedes de una manera más precisa y ambiciosa. Los Miembros del Consejo reconocieron sin vacilar que había que delegar más atribuciones a dichas oficinas.

Hay que fortalecer las oficinas en los países, pero esto no se limita a agregar personal. De hecho, en algunos casos se necesita menos personal, pero de mayor categoría. Se mencionaron las aptitudes requeridas: técnicas y epidemiológicas, desde luego, pero también en materia de gestión, comunicación, negociación y tacto diplomático. Por encima de todo, en esas oficinas las aptitudes del personal deben corresponderse muy de cerca con los problemas y las necesidades sanitarias particulares de cada país.

Los Miembros del Consejo reconocieron también el acierto que representa agrupar a los países que se enfrentan con problemas comunes a fin de encontrar soluciones oportunas, pues ello facilita el intercambio de experiencias y mejores prácticas idóneas en un contexto determinado. Esto es algo que ustedes están haciendo en esta reunión.

He aquí la manera como el Consejo Ejecutivo ve el trabajo de ustedes en una OMS reformada. En una Organización verdaderamente entrelazada, ustedes canalizarán, a partir de la fuente o el nivel orgánico que corresponda, los conocimientos y la experiencia necesarios para ayudar a los países a formular sus políticas, estrategias y planes sanitarios nacionales. Estos, desde luego, formarán parte de las estrategias de cooperación de la OMS con los países y para ayudarles en este trabajo contarán ustedes con la excelente guía del año pasado.

Ustedes negociarán con todos los asociados para el desarrollo y las organizaciones de la sociedad civil la ejecución de programas en el país. Los convencerán de colaborar en armonía, rigiéndose por las mismas pautas, que sean dictadas explícitamente por el país y este asuma como propias.

Como pronto estarán hablando de ello, la carga que sobrellevan sus oficinas se vuelve particularmente onerosa cuando hay brotes epidémicos, desastres naturales, crisis humanitarias y conflictos civiles, momentos en que las amenazas para la salud se intensifican y arrecia la necesidad de actuar con sentido de urgencia.

El fortalecimiento de la capacidad institucional, especialmente de los sistemas de salud, se considera una de las prioridades principales. Los asociados para el desarrollo deben entender que la creación de capacidad es la vía hacia la autosuficiencia, algo que los países en desarrollo desean profundamente. Lo que quieren es capacidad, no caridad. El objetivo de la ayuda para el desarrollo es acabar con la necesidad de ayuda creando la autosuficiencia. Esta da lugar a un respeto por sí mismo en una situación en que los ciudadanos pueden exigir que los políticos rindan cuentas por la salvaguarda de la salud pública.

Además, ustedes movilizarán recursos para apoyar el desarrollo sanitario del país. El Consejo consideró que no hay contradicción entre la movilización de recursos en los países y la nueva política propuesta de movilización unificada de recursos en una Organización interconectada.

Los Miembros del Consejo se refirieron en términos elogiosos a la reputación de la OMS como un organismo técnico especializado. El trabajo de la Organización es relevante en cada país y beneficia a todos los países. En el mundo en desarrollo, la labor de la OMS contribuye fundamentalmente al desarrollo socioeconómico. Sin salud, el desarrollo es imposible.

Las grandes expectativas que acabo de describir son la culminación de un proceso reciente que se hizo público en la reunión del Consejo Ejecutivo en enero, cuando se empezó a hablar formalmente de las reformas.

En nombre de la Unión Africana, Kenya estableció cinco áreas prioritarias para mejorar la eficiencia y eficacia de la OMS. Una de ellas es fortalecer el trabajo de la Organización en los países, también por conducto de las oficinas locales.

Como he mencionado, una buena oficina en el país desempeña un papel decisivo para recabar más recursos internos para la salud mediante negociaciones con los ministerios de salud y de finanzas, el sector privado, las organizaciones de la sociedad civil y los medios de comunicación. En Kenya, este tipo de implicación sirvió para aumentar en US$ 400 millones el presupuesto para salud en un solo año.

Esto es una muestra de lo que pueden ustedes lograr. Es el tipo de implicación con el país que nos hace sentir orgullosos de trabajar para la OMS.

Espero a estas alturas haberlos puesto de buen humor a pesar de las largas distancias que muchos de ustedes han viajado desde distintos climas y diferentes zonas horarias.

Por desgracia, con toda franqueza, me veo precisada a estropear un poco esta enumeración de elogios.

Los Miembros del Consejo mencionaron inspecciones que han puesto de manifiesto graves problemas de mala administración, incluso financiera, en algunas oficinas en los países.

Conocemos el problema y hemos adoptado medidas para resolverlo; pero tenemos que erradicarlo por completo.

Esto forma parte imperativa de la reforma para un futuro saludable. El aumento de la delegación de atribuciones va de la mano con la exigencia de una mayor transparencia y rendición de cuentas. Cada dólar destinado a la salud tiene que invertirse exactamente en eso, sin excepción alguna.

Colegas:

Permítanme formular algunas observaciones acerca de su orden del día.

Van a abordar las emergencias sanitarias.

Los Estados Miembros reconocen plenamente la ventaja que las oficinas en los países representan cuando se producen brotes epidémicos. Los epidemiólogos en esas oficinas investigan los rumores, comprueba los datos y ponen sobre aviso al director regional o al jefe de la oficina, lo que a su vez permite que estos puedan tranquilizar al resto del mundo. En un plazo de 24 horas podemos enviar al país, cuando este lo necesita y el gobierno lo aprueba, equipos internacionales bajo la égida de la Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos. Ninguna otra organización en el mundo funciona tan bien. Ello es el resultado de la inversión que a lo largo de los años hemos hecho en nuestro personal y en la capacidad de nuestros sistemas para cumplir las obligaciones y responsabilidades que nos competen de conformidad con el Reglamento Sanitario Internacional.

Sé muy bien que ustedes hablan frecuentemente con los medios de comunicación porque leo cuando los citan y veo sus rostros en la televisión o en los medios impresos. Muchos de ustedes despliegan una gran capacidad para acallar rumores y poner las cosas en su sitio, calmando el pánico y asegurando a los ciudadanos que su gobierno está haciendo lo correcto, con todo el apoyo de la OMS cuando este es necesario.

Esas declaraciones públicas, respaldadas por la autoridad de la OMS, pueden determinar una enorme diferencia. El pánico del público siempre multiplica ampliamente los trastornos sociales y los costos de un brote, especialmente cuando se ven afectados el turismo y los intercambios comerciales.

Con toda franqueza, la OMS no logra el mismo grado de eficacia en las crisis humanitarias, pero estamos mejorando con rapidez. Estoy segura de que algunas de esas mejoras saltarán a la vista cuando examinen este punto del orden del día. La OMS agrega valor de dos maneras: ayuda a los países expuestos a los desastres o vulnerables a fortalecer su preparación y permanece allí. Cuando la atención de los medios de comunicación se acaba y otros organismos vuelven al lugar del que vinieron, la OMS sigue allí para fortalecer la capacidad de preparación para el futuro.

En este preciso momento tenemos el ejemplo del Cuerno de África, donde Etiopía es un paraíso de seguridad alimentaria en medio de una grave situación de hambruna a su alrededor. Esto se atribuye ampliamente a la buena preparación, facilitada por la participación de la OMS.

Las enfermedades crónicas no transmisibles están en el orden del día de esta reunión. Estas enfermedades, y en especial su prevención a escala de la población, son una de las prioridades de la OMS. Son parte de nuestra labor, especialmente ahora que ustedes ayudan a los ministerios de salud a negociar con otros sectores. Las causas fundamentales de estas enfermedades quedan fuera del ámbito del ministerio de salud. Por lo tanto, las medidas multisectoriales son imperativas.

Las enfermedades no transmisibles son ahora las principales causas de muerte y están por todas partes, impulsadas por tendencias universales como la urbanización acelerada y la mundialización de modos de vida malsanos. Los males como las cardiopatías, la diabetes y el cáncer no distinguen entre el norte y el sur, el clima tropical y el templado, ni los ricos y los pobres.

Las tasas de obesidad que no dejan de aumentar son un signo revelador de que no se están abordando las causas fundamentales de estas enfermedades. No hay duda de que el mundo tiene que alimentar a una población de 7 000 millones de habitantes, pero no tiene que hacerlo con comida chatarra.

These are the diseases that break the bank. In some developing countries, treatment for diabetes alone consumes 15% of the entire national health budget.

Son enfermedades que además llevan a la ruina. En algunos países en desarrollo el tratamiento de la diabetes por sí solo consume un 15% del presupuesto nacional destinado a la salud. Son enfermedades crónicas que requieren un tratamiento prolongado, cuando no de por vida. Algunos de estos tratamientos son prohibitivamente caros para los países en desarrollo, sobre todo ahora que el número de pacientes está aumentando exponencialmente.

Los costos de la lucha contra estas enfermedades pueden fácilmente engullir los beneficios de la modernización y el crecimiento económico, lo que en la práctica significa frenar el desarrollo. Hay que reconocer estas consecuencias y hacerlo al más alto nivel de los gobiernos, como se señaló en la reunión de alto nivel en torno a estas enfermedades realizada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre pasado.

Las enfermedades no transmisibles le asestan un golpe doble al desarrollo, pues por un lado causan pérdidas de miles de millones de dólares en concepto de ingresos nacionales y por otro lado cada año orillan a la pobreza a millones de personas. Y ello se explica porque demasiados países siguen dependiendo del pago de cuotas directas por los usuarios y carecen de redes de seguridad para proteger a las familias contra los gastos médicos catastróficos.

Colegas:

En una época de austeridad financiera que sigue acentuándose, es posible mantener el tremendo impulso por mejorar la salud que caracterizó el principio de este siglo. Esto lo sabemos.

Lo estamos constatando, por ejemplo, con el paludismo y con los miles de millones de dólares destinados a la Estrategia Mundial del Secretario General de las Naciones Unidas para la Salud de la Mujer y el Niño, un tema que examinarán ustedes.

Para que ese impulso continúe es imprescindible que los programas y los sistema de salud desarrollen un afán de eficiencia y una intolerancia del despilfarro.

Este fue un concepto fundamental en la preparación del Informe sobre la salud en el mundo del año pasado, en el cual se ofreció a los países una lista de opciones para empezar a avanzar hacia la cobertura universal, sean cuales sean los recursos.

De la abundancia de orientaciones que se dan en ese informe, permítanme destacar una forma de reducir el despilfarro. Una política que alienta el uso de medicamentos genéricos de buena calidad puede ahorrar hasta un 60% del costo de estos productos en muchos países.

Puedo también dar un ejemplo de las formas de aumentar los ingresos y al mismo tiempo proteger la salud. En un análisis de 22 países de ingresos bajos se demostró que, si aumentaban un 50% los impuestos al tabaco, entre todos podrían generar nuevos fondos para la salud que sumarían más de US$ 1400 millones cada año.

Colegas:

El orden del día que van a considerar es serio, valioso y representa una oportunidad singular para compartir experiencias e ideas en los próximos días.

Tengo mucho interés en escuchar sus puntos de vista, especialmente acerca de la manera en que la OMS puede promover la actuación multisectorial a favor de la salud y el desarrollo. Me interesa también saber lo que piensan sobre cómo mantener un papel protagónico en la salud mundial que permita a los otros interesados directos desplegar sus competencias básicas.

Deseo que tengan una reunión muy provechosa. Estamos aquí para escuchar.

Muchas gracias.

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