Directora General

La Directora General de la OMS analiza el programa de reforma de la Organización

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Alocución ante el Comité Regional para Europa, 61.ª reunión
Bakú, Azerbaiyán

13 de septiembre de 2011

Señor Presidente, excelencias, honorables ministros, distinguidos delegados, Sra. Jakab, señoras y señores:

Antes que nada quisiera dar las gracias al Gobierno de la República de Azerbaiyán por la atención y amabilidad con que está cumpliendo su papel de anfitrión de esta reunión.

Visité oficialmente este país en 2008. He podido constatar personalmente la cordialidad de sus gentes, la riqueza de su patrimonio cultural, y el firme compromiso de su gobierno en pro del desarrollo sanitario.

Como el Primer Ministro me dijo en aquella visita, la responsabilidad de crear una sociedad sana rebasa con mucho el alcance del sector de la salud.

Tuve también el honor de reunirme con el Presidente de Azerbaiyán, quien me expuso el enfoque interministerial que está aplicando el país para impulsar el desarrollo sanitario, con líderes que desde los diferentes sectores complementan las iniciativas globales de mejora de la salud.

A juzgar por el orden del día de la presente reunión, la aplicación de esa perspectiva desde las más altas instancias gubernamentales es un requisito fundamental para conseguir gran parte de lo que esta Región ambiciona.

Señoras y señores,

Aunque en esta reunión van a examinarse muy diversos temas, creo que puedo formular tres observaciones de carácter general sobre su orden del día y sobre los documentos empleados.

En primer lugar, considero que su agenda es ambiciosa y audaz. Diría incluso que atrevida, sobre todo en un momento en que muchos países de la región afrontan graves restricciones fiscales.

Con sus actividades orientadas a la política de Salud 2020, aspiran ustedes nada menos que a rejuvenecer la agenda de la salud pública en la Región de Europa.

Aspiran ustedes a rejuvenecer la capacidad de esta Oficina Regional para apoyar a los ministerios de salud en su respuesta a algunos desafíos muy complejos, o lo que ustedes consideran, si uso sus mismas palabras, problemas muy “perversos”.

También se están preparando para hacer frente a algunas amenazas nuevas que están interponiéndose en nuestro camino a medida que el clima cambia, los modos de vida malsanos se globalizan rápidamente, las poblaciones envejecen, los costos sanitarios se disparan, y la recesión económica se acentúa.

Muchos de los problemas que hoy afronta esta región representan daños colaterales para la salud causados por políticas adoptadas en otros sectores, o en los sistemas internacionales que rigen el funcionamiento de este mundo altamente interconectado e interdependiente.

Como todos sabemos, estos sistemas, relacionados ya sea con el comercio o con las finanzas mundiales, tienen efectos beneficiosos, pero la distribución equitativa de esos beneficios casi nunca es un objetivo explícito de las políticas.

Esto me conduce a mi segunda observación. En consonancia con los valores tradicionales de esta región, están ustedes muy interesados por la justicia y la equidad.

Pero están también firmemente decididos a abordar las causas fundamentales, las verdaderas razones de las brechas enormes y crecientes que observamos hoy en los resultados sanitarios, en el acceso a la atención y en las oportunidades de vivir una vida mejor.

Su resolución de influir en los determinantes sociales de la salud es evidente en todo su orden del día, pero especialmente en los planes de acción contra el VIH/sida y en la lucha contra las formas farmacorresistentes de tuberculosis.

Quieren llegar a los inmigrantes, las personas sin hogar, los marginados que sufren estigmatización y discriminación, y las personas con modos de vida difíciles, como los alcohólicos y los consumidores de drogas inyectables.

Como iniciativa complementaria, se proponen diversas fórmulas para mejorar la capacidad y los servicios de salud, recurriendo en particular a la atención primaria, como vía hacia una mayor equidad en el acceso a la atención y una mayor eficiencia en la prestación de servicios.

Este debe ser el mayor desafío de todos: la maximización de unos beneficios para la salud medibles y equitativos en un momento en el que, a nivel nacional e internacional, los presupuestos destinados a la salud se han estancado o están disminuyendo.

Y esta es mi observación general final: sus objetivos son factibles. Sus documentos muestran la manera de lograrlos con un número limitado de intervenciones inteligentes de demostrada eficacia basadas en la evidencia.

Si queremos mantener el impulso de mejora de la salud que marcó el comienzo de este siglo, los programas de salud deben demostrar su interés por la eficiencia y su intolerancia del despilfarro. Sus documentos, y especialmente sus planes de acción, reflejan esa actitud de forma admirable.

Algo igualmente importante es que el informe provisional sobre la aplicación de la Carta de Tallin nos dice que aun los compromisos ambiciosos pueden llevarse efectivamente a la práctica, incluso en el actual clima de dificultades financieras.

Estoy de acuerdo. La Declaración de Tallin sobre los Sistemas sanitarios para la salud y la riqueza fue un logro histórico para la política de salud en la Región de Europa y un producto insignia de esta Oficina Regional.

La declaración no tardó en ser sometida a una dura prueba. Fue publicada en 2008, justo cuando el mundo hubo de cambiar abruptamente sus perspectivas de prosperidad por un panorama de rigurosa austeridad.

Como se ha señalado, varios países convirtieron la crisis financiera en una oportunidad política para cambiar las prioridades y lograr aumentos de la eficiencia que mitigaran los efectos adversos en las poblaciones pobres y vulnerables.

En un periodo de escrutinio crítico del gasto público, las actividades de sostén del desempeño de los sistemas de salud generaron también datos sólidos sobre la eficiencia de ese desempeño y, por tanto, sobre el uso responsable de los fondos.

Permítanme elegir como ejemplo la Red de información sobre fijación de precios y reembolso de gastos en medicamentos, una opción inteligente y eficaz para ahorrar dinero en una de las mayores partidas de gasto sanitario.

Como es bien sabido, en la Carta de Tallin se señala que "Hoy día es inadmisible que la gente se empobrezca a causa de problemas de salud."

Los avances en el cumplimiento de los compromisos de la Carta confirman la validez y la fuerza de esa declaración en la actualidad, lo cual es muy alentador en un mundo acosado por continuas crisis.

Señoras y señores,

Suscribo el tono optimista de muchos de sus documentos: los países pueden cambiar radicalmente la situación sanitaria si aprovechan las oportunidades de acción adecuadas. Aplicando intervenciones basadas en la evidencia y decisiones de política inteligentes, no cabe duda de que es posible mantener el impulso de mejora de la salud.

La colaboración multisectorial, en especial para la prevención y el control de las enfermedades crónicas no transmisibles, es una de esas oportunidades. De hecho, los enfoques que implican al conjunto del gobierno son esenciales para hacer frente a muchos de esos problemas “perversos” que quieren ustedes abordar.

Por ejemplo, como bien se indica en su plan de acción sobre el alcohol, la reducción del uso nocivo del alcohol depende de la acción concertada de las autoridades nacionales, la policía de tráfico, los responsables de la concesión de autorizaciones, el sistema de justicia penal y las autoridades en materia de seguridad, además de los funcionarios de salud.

Depende además del apoyo de organizaciones de la sociedad civil, especialmente porque esos grupos pueden ejercer presión para que se impongan controles más estrictos y se cumplan las medidas contra la conducción bajo los efectos del alcohol.

Pero, como también han señalado, a menudo los ministros de salud carecen de la suficiente autoridad, dentro de la jerarquía gubernamental, para acometer cambios fuera de sus propias carteras. A medida que la política Salud 2020 cobra forma, se hace patente que los ministerios de salud necesitan más peso político.

Paradójicamente, los ministros de salud ocupan quizá una situación sin precedentes para lograr ese peso político como consecuencia de dos tendencias especialmente preocupantes, dos tendencias que requieren la atención de la comunidad internacional y que exigen la adopción de medidas desde las más altas instancias gubernamentales.

La primera guarda relación con las máximas prioridades políticas que son la estabilidad y la seguridad internacionales. No estamos hablando ahora de seguridad sanitaria, seguridad humana o seguridad epidemiológica, sino de seguridad frente a amenazas de descontento social y fracaso del Estado.

Se trata de la seguridad contra el comienzo de conflictos que pueden exigir la intervención internacional y una asistencia humanitaria masiva. En estos momentos proporcionar esa asistencia puede ser especialmente difícil y peligroso.

Al igual que la crisis financiera de 2008, el despertar del mundo árabe este año ha cogido por sorpresa a gran parte del mundo. Con la ventaja de la mirada retrospectiva, muchos expertos y analistas consideran previsibles los eventos que se desencadenaron en Túnez y Egipto.

Citan las desigualdades arrastradas desde hace largo tiempo -en lo referente a niveles de ingresos, oportunidades, especialmente para los jóvenes, y acceso a los servicios sociales- como la causa fundamental de las ansias de cambio.

Aluden a una marea creciente de expectativas que ha alimentado tradicionalmente las protestas y revoluciones.

Se refieren también a países donde la economía crece sin cesar mientras cada año hay más y más personas por debajo del umbral de pobreza, y señalan a países que han perdido a sus clases medias.

Y llegan a la conclusión de que el nuevo imperativo político y económico para lograr un mundo estable y seguro debe ser una mayor equidad.

La salud pública, tan bien situada para mejorar la equidad, aplaudiría un cambio de ese tipo en los planteamientos de las más altas instancias.

La segunda tendencia, que abordarán ustedes, es el aumento de las enfermedades crónicas no transmisibles. La reunión de alto nivel que celebrará la semana próxima la Asamblea General de las Naciones Unidas debe ser una llamada de atención, no para la salud pública, sino para los jefes de Estado.

Estas son las enfermedades realmente arruinadoras. En un estudio reciente del Foro Económico Mundial y la Universidad de Harvard se estima que en los próximos 20 años las enfermedades no transmisibles le costarán a la economía mundial más de US$ 30 billones, lo que representa el 48% del PIB mundial en 2010.

Si no las contenemos, estas onerosas enfermedades pueden contrarrestar los beneficios derivados del progreso económico, empujando a millones de personas por debajo del umbral de pobreza.

Los profesionales de la salud y la medicina pueden preconizar la introducción de cambios en los modos de vida y de normas estrictas de regulación del tabaco, pueden tratar a los pacientes y pueden expedir facturas médicas, pero no pueden rediseñar el entorno social de modo que favorezca los comportamientos y decisiones saludables.

Cuando un problema como la obesidad está tan extendido en toda la población, la causa no puede ser la falta de voluntad de los individuos, sino la falta de voluntad política al máximo nivel.

Su plan de acción para la prevención y el control de las ENT merece una mención especial. Con un 86% de las muertes de la región causadas por este amplio grupo de enfermedades, comprendo que sea un plan severo y focalizado.

Tiene fuerza, sobre todo por su llamamiento a hacer pleno uso de las políticas fiscales y de control de la mercadotecnia para influir en la demanda de tabaco, alcohol y alimentos ricos en grasas saturadas, grasas trans y azúcar.

Como se ha señalado, el contenido de sal de los alimentos elaborados es una de las causas principales de que la ingesta diaria de sal supere la recomendada por la OMS en la mayoría de los países. Estoy totalmente de acuerdo: la reducción de la sal es una de las intervenciones de salud pública más costoeficaces y asequibles.

El enfoque adoptado en el plan de acción es similar al que pretende aplicar la OMS con su lista modelo de medicamentos esenciales. Es decir, racionalizar el uso de unos recursos escasos, de manera que se maximicen los beneficios para el mayor número de personas.

Eso es válido para cada una de las cinco intervenciones prioritarias, y para dos intervenciones complementarias expuestas en el plan de acción.

Señoras y señores,

Como ya he dicho, están ustedes rejuveneciendo la agenda de la salud pública en la Región de Europa. La OMS también está atravesando un proceso de rejuvenecimiento con su programa de reformas en curso.

Las necesidades sanitarias mundiales han cambiado considerablemente desde que se creó la OMS hace más de 60 años, y han evolucionado a un ritmo excepcional durante la primera década de este siglo. La OMS sigue teniendo un papel dirigente en la salud mundial, pero necesita evolucionar también al ritmo de esos cambios.

Las prioridades deben corresponderse con unas necesidades sanitarias urgentes ante las que la OMS está especialmente bien situada para responder, y las necesidades de financiación han de ser coherentes con esas prioridades. Se requiere disciplina presupuestaria y cambios en la dotación de personal y los procedimientos de contratación para mejorar la eficiencia, la flexibilidad y el impacto.

Un mayor liderazgo de la OMS puede propiciar una mayor coherencia en las iniciativas de muchos asociados para la salud, así como una mayor consonancia de esas iniciativas con las prioridades y los medios de los países beneficiarios.

Por todos esos motivos, en 2010 puse en marcha un proceso de consultas sobre la financiación de la OMS en el futuro, proceso que culminará en breve en un plan de reforma de la Organización.

Las reformas propuestas tienen carácter integral, pues abarcan tanto las actividades técnicas y administrativas de la OMS como los mecanismos de gobernanza que orientan esas actividades.

Ambiciosas, esas reformas contemplan la mejora de los resultados sanitarios en los países como la medida más importante del desempeño global de la OMS.

Más importante aún, las reformas están impulsadas por las necesidades y expectativas de los Estados Miembros y responden a su orientación colectiva.

Soy plenamente consciente de los retos, pero mantengo un alto nivel de compromiso y entusiasmo, así como la convicción de que, colaborando estrechamente con los Estados Miembros, el personal y los asociados, conseguiremos una OMS más eficiente, transparente y responsable, más vigorosa en esferas en las que la Organización es muy necesaria, y más focalizada en prioridades en las que es singularmente eficaz.

Por encima de todo, el resultado debe ser una OMS bien situada para afrontar los retos actuales y futuros a fin de mejorar la salud en un mundo complejo.

Doy las gracias a este Comité Regional por haber sabido iluminar mejor muchos de esos problemas "perversos", y por haber sabido idear soluciones viables.

Tal vez lo más importante es que esas soluciones reafirman el sistema de valores que orientan la labor de la OMS en los tres niveles de la Organización.

Señoras y señores,

Hay un último punto al que quiero referirme.

Al dirigirme a este Comité Regional, soy plenamente consciente de que me estoy dirigiendo también a representantes de los países que tradicionalmente se han mostrado más generosos en su apoyo financiero a la OMS.

La intensa presión interna surgida en muchos de sus países está obligando a reenfocar la asistencia para el desarrollo poniendo énfasis en el buen aprovechamiento de los fondos y en la demostración, cada vez más demandada, de que las inversiones generen resultados cuantificables.

Las actividades de la Comisión de información y rendición de cuentas sobre la salud maternoinfantil, facilitadas por la OMS, han respondido a esa tendencia.

Pero esa tendencia conlleva dos problemas que la OMS debe superar mientras llevamos a cabo las reformas.

En primer lugar, tenemos que hacer un mejor trabajo de comunicación de la naturaleza de nuestro trabajo y de su impacto. Y eso es algo que nos dicen incluso quienes más nos apoyan. Si queremos que los parlamentarios financien la labor de la OMS, es necesario que sus electores comprendan mucho mejor lo que hacemos y por qué es importante que lo hagamos.

Una descripción clara del valor añadido que aporta la OMS al desarrollo sanitario es fundamental en una coyuntura en la que se multiplican las iniciativas de salud mundial de alto nivel, como el Fondo Mundial, la GAVI, el PEPFAR y varias iniciativas contra la malaria, entre muchas otras.

El segundo problema está estrechamente relacionado con el anterior.

La repercusión de gran parte de nuestra labor es difícil de medir, o se manifiesta lejos de los focos y los titulares, o permanece incluso invisible en gran medida hasta que ocurre algo terrible, como el brote de una enfermedad, o un evento de contaminación del aire o del agua o de aumento del contenido de aditivos de determinados alimentos por encima de los niveles de seguridad.

Por ejemplo, la OMS no compra ni distribuye medicamentos antirretrovirales.

Sin embargo, la comunidad afectada por el SIDA reconoce en general el mérito de la labor técnica de la OMS, especialmente nuestro esfuerzo constante por simplificar y racionalizar las directrices terapéuticas, gracias al cual casi 7 millones de personas de entornos de bajos recursos han podido rehacer y prolongar su vida.

Obviamente, es mucho más fácil contar el número de vacunas, mosquiteros y medicamentos distribuidos por las iniciativas centradas en una sola enfermedad que medir el impacto de la labor técnica de la OMS. La OMS no compite con esas iniciativas. Trabajamos juntos, como asociados.

Quiero concluir estas palabras con un último ejemplo.

En julio, la OMS instó a los países a prohibir el uso de análisis sanguíneos comerciales imprecisos y no autorizados como medio de diagnóstico de la tuberculosis activa.

La OMS reunió y verificó meticulosamente diversos datos que demuestran de forma sólida que esas pruebas arrojan resultados incoherentes e imprecisos que ponen en peligro la vida de los pacientes.

Esas pruebas no son fiables. Los falsos positivos llevan a los pacientes a tomar medicamentos tóxicos durante meses de forma injustificada. Y los falsos negativos hacen que otras personas no tomen las precauciones necesarias para evitar nuevos contagios.

Cada año se llevan a cabo más de un millón de análisis de sangre imprecisos de ese tipo, a menudo con un gran costo económico para los pacientes, que pueden llegar a pagar hasta US$ 30 por prueba.

No cabe duda de que la OMS actúa correctamente al emitir una alarma basada en la evidencia e instar a prohibir esas pruebas, como acierta también al organizar una campaña para que se abandonen las monoterapias contra la malaria, especialmente en el sector privado.

Pero ¿cómo se mide el impacto de ese trabajo?

Señoras y señores,

El planeta necesita un guardián de la salud mundial, un protector y defensor de la salud, incluido el derecho a la salud.

La reforma, en mi opinión, parte de una posición ventajosa: las funciones y bazas singulares de la OMS.

Personalmente, tengo la determinación de lograr que el proceso de reforma refuerce esas funciones y bazas. Y espero con gran interés sus puntos de vista sobre este proceso.

Muchas gracias.

Sin embargo, la comunidad afectada por el SIDA reconoce en general el mérito de la labor técnica de la OMS, especialmente nuestro esfuerzo constante por simplificar y racionalizar las directrices terapéuticas, gracias al cual casi 7 millones de personas de entornos de bajos recursos han podido rehacer y prolongar su vida.

Obviamente, es mucho más fácil contar el número de vacunas, mosquiteros y medicamentos distribuidos por las iniciativas centradas en una sola enfermedad que medir el impacto de la labor técnica de la OMS. La OMS no compite con esas iniciativas. Trabajamos juntos, como asociados.

Quiero concluir estas palabras con un último ejemplo.

En julio, la OMS instó a los países a prohibir el uso de análisis sanguíneos comerciales imprecisos y no autorizados como medio de diagnóstico de la tuberculosis activa.

La OMS reunió y verificó meticulosamente diversos datos que demuestran de forma sólida que esas pruebas arrojan resultados incoherentes e imprecisos que ponen en peligro la vida de los pacientes.

Esas pruebas no son fiables. Los falsos positivos llevan a los pacientes a tomar medicamentos tóxicos durante meses de forma injustificada. Y los falsos negativos hacen que otras personas no tomen las precauciones necesarias para evitar nuevos contagios.

Cada año se llevan a cabo más de un millón de análisis de sangre imprecisos de ese tipo, a menudo con un gran costo económico para los pacientes, que pueden llegar a pagar hasta US$ 30 por prueba.

No cabe duda de que la OMS actúa correctamente al emitir una alarma basada en la evidencia e instar a prohibir esas pruebas, como acierta también al organizar una campaña para que se abandonen las monoterapias contra la malaria, especialmente en el sector privado.

Pero ¿cómo se mide el impacto de ese trabajo?

Señoras y señores,

El planeta necesita un guardián de la salud mundial, un protector y defensor de la salud, incluido el derecho a la salud.

La reforma, en mi opinión, parte de una posición ventajosa: las funciones y bazas singulares de la OMS.

Personalmente, tengo la determinación de lograr que el proceso de reforma refuerce esas funciones y bazas. Y espero con gran interés sus puntos de vista sobre este proceso.

Muchas gracias.

Compartir