Directora General

Puesta en marcha de un consorcio de investigación y desarrollo innovadores para las enfermedades tropicales desatendidas, la malaria y la tuberculosis

Dra Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Puesta en marcha de un consorcio de investigación y desarrollo innovadores para las enfermedades tropicales desatendidas, la malaria y la tuberculosis
26 de octubre de 2011

La OMS acoge con agrado el lanzamiento por parte de la OMPI de un consorcio destinado a acelerar el desarrollo de nuevos medicamentos, medios de diagnóstico y vacunas contra las enfermedades tropicales desatendidas, la malaria y la tuberculosis.

La demanda de esos productos es enorme, pues ese grupo de enfermedades afecta a más de mil millones de personas. Como todos sabemos, las fuerzas del mercado no logran impulsar la innovación porque ese mercado en concreto carece prácticamente de capacidad de pago. Cualquier precio, si se multiplica por millones, es demasiado alto para que puedan pagarlo los mil millones de personas más desvalidas del mundo.

En un mundo que afronta una nueva era de austeridad financiera, considero que la innovación es un mecanismo decisivo para mantener el gran impulso de mejora de la salud que ha caracterizado el comienzo de este siglo.

En el caso de algunas de estas enfermedades, disponemos de medicamentos potentes y seguros para las campañas masivas de prevención. En otros casos, en cambio, los fármacos disponibles son anticuados y tóxicos.

Como muestra la historia reciente, cualquier intento de eliminar o erradicar una enfermedad debe ir acompañado de investigaciones si quiere tener éxito.

Cuando se aceleran las actividades de control de una enfermedad, sobre todo si se trata de la administración masiva de medicamentos, los microbios causantes de esa enfermedad sufren un gran estrés, y ello se traduce en una presión selectiva.

Las pequeñas mutaciones que permiten a un microorganismo resistir el poder destructivo de un medicamento son una ventaja evolutiva que acelera considerablemente la aparición de farmacorresistencia.

Las enfermedades tropicales desatendidas requieren el tipo de interés por la innovación que caracteriza al consorcio que hoy se pone en marcha. Compartir y centralizar una base de datos de los activos de propiedad intelectual disponibles, en una plataforma abierta, es una medida con muchas posibilidades de acelerar el desarrollo de nuevos productos.

Pese a las muchas personas afectadas, las enfermedades tropicales desatendidas no suelen ser detectadas por el radar de los problemas de salud prioritarios.

Estas enfermedades no se propagan extensamente ni amenazan a los grupos más ricos, sino que arraigan en las zonas con viviendas precarias, escasez de agua salubre y sistemas de saneamiento, suciedad, y abundancia de animales e insectos portadores de enfermedades.

Combatir esas dolencias es combatir una de las mayores causas de pobreza y sufrimiento. Esas enfermedades son causa de ceguera, deformidades, debilidad y discapacidad. En muchas sociedades, el estigma social que conllevan, especialmente para las mujeres, es un destino peor que la muerte.

Cualquier mejora gradual de las herramientas de que disponemos puede reportar enormes beneficios para multitud de personas.

Quisiera alentar a los miembros de este consorcio y a cuantos lo apoyan a hacer de las metas de asequibilidad y accesibilidad un componente capital de nuestra labor en el campo del desarrollo de nuevos productos. Los funcionarios de salud del mundo en desarrollo me lo señalan sin cesar: una vacuna demasiado cara es peor que no tener ninguna vacuna.

Igualmente importante es respetar el fuerte deseo que tienen los países en desarrollo de una asistencia que les ayude a erigir su propia capacidad de I+D para manejar sus propias enfermedades y necesidades de salud prioritarias.

El objetivo de cualquier forma de asistencia para el desarrollo sanitario debe ser la autosuficiencia. En otras palabras, una buena ayuda es la que consigue hacerse innecesaria.

Quiero recordar también a este grupo que no se requieren avances científicos sofisticados para conseguir innovaciones revolucionarias. En el caso de la lepra, por ejemplo, la observancia del tratamiento pasó a ser mucho mayor cuando la introducción de blísteres permitió simplificar los complejos regímenes terapéuticos aplicados.

Por último, quiero asegurarles que tendrán el apoyo de la OMS. Aunque no forma parte del consorcio, la Organización asesorará a la OMPI en cuestiones técnicas. Estamos bien situados para cumplir esa función.

Durante décadas, la OMS ha estado muy presente en los países endémicos, trabajando codo a codo con los funcionarios de salud locales.

El personal de la OMS conoce bien las demandas que imponen estas enfermedades, y el tributo que se cobran, en los entornos muy empobrecidos.

Nuestros funcionarios conocen las mejoras de los productos existentes que pueden suponer una gran diferencia en términos de simplificación del tratamiento, de reducción de los efectos secundarios, o de una mayor seguridad que permita su administración por personal no médico.

También son capaces de definir las características ideales de una nueva arma revolucionaria capaz de cambiar el curso de la lucha contra una enfermedad, especialmente de enfermedades para las que se cuenta con un magro arsenal, como la leishmaniasis y la enfermedad de Chagas.

Espero sinceramente que el lanzamiento de este consorcio ayude a dejar fuera de combate a algunos de esos compañeros de viaje ancestrales de la pobreza.

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