Directora General

Discurso de la Directora General de la OMS ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Discurso pronunciado en la reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre Nuevos Desafíos a la Paz y Seguridad, y Prevención de Conflictos
Nueva York (EE.UU.)

23 de noviembre de 2011

Sr. Presidente, Sr. Secretario General, honorables ministros y embajadores, señoras y señores,

Agradezco profundamente esta oportunidad de dirigirme al Consejo, con absoluto respeto por las numerosas y pesadas cargas que recaen sobre sus hombros.

Están ustedes examinando los nuevos desafíos a la paz y seguridad y las formas de prevenir los conflictos. No es mi intención sobrecargarles proponiendo una larga lista de problemas de salud que deberían ponerse bajo su vigilancia.

Muchos de los problemas de salud de los que se ocupa la OMS causan grandes sufrimientos a la humanidad. Algunos agravan la pobreza. Sin embargo, la mayoría de ellos no suponen una amenaza directa para la paz y la seguridad, y raramente contribuyen a los conflictos.

Así pues, me centraré en algunas de las tendencias recientes de la salud que más me preocupan.

Dichas tendencias forman parte de lo que está ocurriendo en el mundo en general, donde la salud se está viendo determinada en casi todas partes por idénticas y poderosas fuerzas prácticamente universales, tales como el envejecimiento de la población, los movimientos de población dentro de los países y entre ellos, la urbanización rápida, la globalización de los modos de vida insalubres, como el abuso de sustancias, y, por supuesto, el cambio climático.

Y son nuevas porque se manifiestan en este siglo de interdependencia y conectividad sin precedentes. Los asuntos y los destinos de las naciones están más entrelazados que nunca.

Las crisis se hacen sentir cada vez más a nivel mundial. Son muy contagiosas y profundamente injustas, pues con frecuencia dañan a países que no tienen nada que ver con sus causas.

El mundo se está volviendo peligrosamente inestable, cosa que me preocupa.

Los gastos sanitarios anuales de los gobiernos van desde US$ 1 hasta US$ 7000 per cápita. La esperanza de vida presenta una diferencia de más de 40 años entre los países más ricos y los más pobres.

También me preocupan los costos cada vez más elevados de la atención sanitaria. Se calcula que 2700 millones de personas viven en países que carecen de redes de seguridad para cubrir los costos médicos.

Para una familia que ya vive al límite, la venta de su principal activo, como puede ser una vaca, para pagar la atención sanitaria significa la ruina. La OMS calcula que cada año hay 100 millones de personas que se hunden en la pobreza debido a gastos médicos catastróficos.

También me preocupan las enfermedades infecciosas, y en particular las que pueden ocasionar pandemias.

Solo este año, la OMS ha investigado cerca de 400 rumores de amenazas sanitarias graves, en su mayoría de origen infeccioso. Solo 34 fueron falsas alarmas, como rumores sobre casos de viruela o carbunco; otras 76 se consideraron de bajo riesgo para la salud internacional, y 230 fueron importantes. Por ejemplo, brotes de fiebre hemorrágica del Ebola, los diversos brotes que amenazaron con desestabilizar el Pakistán tras las inundaciones, o 54 casos de gripe aviar, 29 de ellos mortales.

Me preocupan los conflictos, pues son un caldo de cultivo perfecto no solo para los brotes epidémicos y la malnutrición, sino también para la violación de los derechos humanos, y en especial para el uso de la violencia sexual como arma.

Me preocupan los malentendidos de la población, como la creencia de que las vacunas son peligrosas. Es por ello que estamos asistiendo a grandes brotes de sarampión que nunca deberían haberse producido, sobre todo en países cuya población tiene buen nivel educacional.

Estas son algunas de mis principales preocupaciones. En relación con algunas de ellas tengo buenas noticias.

El decenio pasado, tras la crisis energética, alimentaria y financiera, se debatió vivamente la cuestión de la gobernanza. Con respecto a la crisis financiera, los analistas señalaron un fracaso de la gobernanza, la supervisión y la gestión de los riesgos en todos los niveles del sistema.

Desde el inicio del presente siglo, la OMS y sus Estados Miembros han gestionado los riesgos internacionales para la salud desarrollando nuevos regímenes de gobernanza mundial.

Tenemos el Reglamento Sanitario Internacional, que se revisó después del brote de SRAS en 2003. En el nuevo Reglamento se ha pasado de una respuesta reactiva a los brotes en las fronteras y puntos de entrada a una respuesta activa destinada a sofocar la amenaza en su origen, antes de que tenga la posibilidad de propagarse a nivel internacional.

El Reglamento abarca todos los peligros, vigilando cualquier evento agudo que cause enfermedad súbitamente, sea por infecciones, intoxicaciones alimentarias o exposición a productos químicos tóxicos o materiales radiactivos. La existencia de información básica sólida sobre lo que es habitual en un determinado periodo o zona facilita la identificación de lo inusual, como las enfermedades causadas por nuevos patógenos o por el terrorismo.

La OMS recopila información sobre potenciales brotes epidémicos a partir de una vigilancia electrónica mundial constante, y responde a través de su Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos, que cuenta con los conocimientos especializados de más de 300 instituciones técnicas y laboratorios con alto nivel de bioseguridad.

Asimismo, nos hemos dotado de un marco que dispone la obligación de compartir los virus de la gripe y los beneficios, como los medicamentos o las vacunas, en caso de gripe pandémica.

Este es el instrumento de gobernanza más reciente, aprobado por la Asamblea de la Salud en mayo de este año. Las negociaciones que condujeron a la creación de este marco fueron las más intensas y potencialmente explosivas a las que he asistido en mis 35 años de carrera profesional en el campo de la salud pública.

Pero acabó triunfando el consenso y el juego limpio, y hemos conseguido condiciones equitativas para todos, incluida la industria farmacéutica.

Estos nuevos regímenes de gobernanza nos muestran que los países realmente quieren una seguridad colectiva frente a las amenazas compartidas. Quieren que los riesgos se gestionen de forma previsora, haciendo hincapié en la prevención. Quieren reglas para una conducta apropiada y responsable, y quieren equidad y un trato justo para todos.

Hay una última cuestión que quiero señalar.

Las protestas de este año en el Oriente Medio han captado la atención mundial y han derribado algunos gobiernos.

Muchos analistas ven en estos acontecimientos revueltas contra las desigualdades de ingresos y oportunidades, sobre todo para los jóvenes. Muchos expertos están convencidos de que la mayor igualdad es el nuevo imperativo económico y político para lograr un mundo más estable y seguro.

No tengo idea de si ese cambio se producirá, pero personalmente lo recibiría con los brazos abiertos.

La prevención es el corazón de la salud pública, y la equidad su alma.

Muchas gracias.

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